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Algo que leEarl
Desvarío. A veces pontifico, a veces solo rajo cual condenado y otras me disperso.
Acerca de
Bueno, ese de ahí soy yo, más o menos. Con mi mejor cara. Total, lo que iba a escribir en este hueco sería mentira, así que... psé...
 
Entrada friqui. El bicho que falta en los libros de bichos.
Comentarios pensando en mis grupos de juego.

Los pejotas. Ellos mismos.

Suelen ser el mayor peligro al que se enfrenta el grupo aventurero.

Algunas subespecie de esta criatura letal:

El líder del grupo. Como teme cagarla, no decide nada, lo que provoca que el grupo sea siempre receptor de los ataques más que emisor.

El pollo del mapa. el Laberinto de Minos lo diseñó un arquitecto que pretendía ser pollo del mapa de su grupo, intentando trazar los planos
de un pasillo. ¿No os habéis preguntado por qué los grupos y aventureros sensatos llevan comida para veinte días cuando van a salidas de dos? Porque llevan un pollo del mapa y eso les va a desgraciar. Al menos se minimizan los riesgos de morir de hambre, se dicen. En realidad, simplemente prolongan la agonía.

El jugador agorero. SIEMPRE tiene que abrir la boca para decir "ahora es cuando pifia" y alguien pifia, claro.

El jugador temerario. Suele llevar un personaje de una clase y una raza que convierte las temeridades en actos suicidas, y debería saber cómo son las cosas y actuar en consecuencia. No lo hace, así que acaba declarando cosas como "mi hada duende maga se aleja del grupo y se dirige a esa cueva misteriosa que hay a doscientas yardas. Entro y la exploro yo solo sin decirle nada a nadie". Esto suele ir seguido de una serie de muertes de personajes, cuando deciden ir a buscar a su compañero (que, normalmente, ya ha sido masticado y está empezando a ser digerido por -solo es un ejemplo- un plantígrado encadenado.

El jugador fatalista. Sabe que van a morir todos, pero no expresa sus
ideas con la suficiente convicción. Sabe que lo que están haciendo es
evitable, y que se puede dar media vuelta y luchar otro día, pero
desenfunda y avanza.

El jugador sin suerte. Los dados no le quieren, y como consecuencia sus compañeros mueren al intentar salvarle, o cuando él intenta salvarles. Normalmente, no dura mucho.

El jugador con suerte. Los dados le quiere, y como consecuencia, sus
compañeros mueren al intentar salvarle, o cuando él intenta salvarles.
Normalmente, sobrevive a varios grupos, para desgracia de estos.

El jugador toca bolsas escrotales. Normalmente firma la sentencia de
muerte del grupo al decir cosas como "¿esto es todo? vaya mierda de
bichos" o "puuufffff, tío (al Máster), cómo se nota que trucas las tiradas". Una que es inapelable es la frase (similar a) "vaya aventura
más coñazo" o "¡maburrooooo!"

El jugador repetitivo. Repite con los errores. Repite con los aciertos.
Se convierte en algo predecible. Si lanza un conjuro un día y coge a sus compañeros en el área de efecto, al día siguiente volverá a hacerlo. O bien porque se olvida o bien porque piensa que el Máster no va a repetir el puteo. Al repetir los aciertos se convierte en jugador toca bolsas escrotales.

El jugador analfabeto. No se lee el libro. No sabe lo que puede hacer su personaje. No sabe lo que puede hacer con su personaje. No sabe lo que puede hacer por las reglas. No sabe lo que no puede hacer por las reglas. No sabe lo que hacen sus conjuros, habilidades, talentos, aptitudes, objetos y/o mascotas o allegados. Se le reconoce cuando, después de la muerte del grupo dice algo que suele empezar por "anda, si tenía..." o "jo, si lo sé utilizo..."