La vuelta
Han pasado unos días más de los seis meses. Muchas cosas estaban en suspenso, y me prometí no tocar el blog hasta que cerrara algunas de ellas. El trabajo nuevo era una de ellas.
Estaba pendiente del trabajo, que dependía de muchas cosas. Primero, que me cogieran, luego, que después de la ETT me hicieran de empresa, luego, que me hicieran indefinido. Con todo esto, de forma paralela y sabiendo que en el fondo dependía lo anterior del cierre, estaba tras una meta que, parece, quienes no alcanzan no son personas. Pero bueno, voy a contaros, directamente, el final del ciclo.
El tío me tuvo una hora y pico dando vueltas, porque tuve un par de fallos simpáticos. Hay que decir que, aunque cabrón y duro, era justo y no se callaba, sino que al menos te humillaba diciéndote que la habías cagado, sobre la marcha.
Nada más empezar, la primera en la frente. Llego a una rotonda, voy a hacer el cedalpaso, y se me va el pie del pedal. Reacciono y freno medio invadiendo el carril. Por suerte tenía a otro incorporándose a mi izquierda que me resguardaba. Me dice el tío:
- Es un ceda el paso. Sabe que tiene que parar en la línea de detención ¿verdad?
Y yo:
- Sí que lo sé, sí.
Y pongo cara de fastidio, pensando para mí "zas, ahí va la primera grave".
Sigo, me incorporo a Bronxtoles, y va el tío y me lleva por un sitio que no había visto en la vida. Me defiendo como puedo, salgo de nuevo a Bronxtoles y me veo por calles conocidas.
- Cuando pueda, vamos a aparcar a la derecha.
Muevo la cabeza como un muñeco articulado, que se vea que controlo y miro antes de maniobrar, señalizo, miro el sitio que se notaba había visto el tío, reduzco a primera, me acerco, veo que no entro y sigo tal cual, al siguiente sitio. Yo, más chulo cun ocho, pensando "ja ja, a mí me vas a pillar, voy a ese, que tengo sitio de sobra".
Aparco en dos maniobras, señalizando, con calma, y tal. Me acerco al de delante, dejo sitio para el siguiente, echo el freno de mano y sigo el protocolo:
- Ya.
- ¿Sabe usted lo que significa eso? - me dice el examinador.
Veo una cosa roja. Parece un poste. Me retuerzo para comprobar la cagada.
- A ver... Sí. Una parada del bus. Vale, captado, no pasa nada, ya me voy.
El tío me mira con su cara de vinagre.
Sigo, dum dum dum. La calle se estrecha a un carril ancho, voy por mi derecha y me empieza a adelantar peña. Me doy cuenta (la verdad es que me di cuenta de que mi profesor, a mi lado, ponía caras) y tiro de golpe a la izquierda. Señalizo. Nótese el orden.
- Cuando pueda, haga un cambio de dirección a la izquierda.
Lo hago de puta madre. De repente, el profesor pone caras. Miro por el espejo, el examinador pone caras. Pienso "¿Qué pasa?". Nota mental: mirarme lo de tararear en voz alta "el Torito Guapo".
La cosa sigue. Parece uno de esos exámenes en los que la cagas y el tío decide prolongar la agonía por darte la oportunidad o el golpe de gracia, lo que se tercie. En un cambio de dirección medio que casi invado el carril contrario, pero solucioné la cosa justo a tiempo. Por suerte el hombre estaba anotando alguna falta anterior y no se percató.
Cuando me dice que aparque, lo hago. De puta madre, de nuevo. Par de maniobras, doble bordillo, digo lo de:
- Ya.
Y me dice:
- Detenga el vehículo, vamos a cambiar.
Freno de mano, primera marcha, me quito el cinturón, compruebo que no viene nadie, salgo y...
- ¿No se le olvida algo antes de salir?
- Ah, sí, quitar el contacto.
Y le miro con cara de "por favor, no me mate".
El examen del siguiente fue apoteósico. Digamos que recorrió cosa de sesenta centímetros antes de que el examinador le dijera al profesor que cogiera el coche y volviéramos al centro de exámenes. Sin exagerar, oiga.
Nada, esperamos a que las otras se examinaran, con la angustia. Encima de estar seguro de haber suspendido (en tanto tiempo, algo habré hecho que yo no haya visto), tengo que consolar al otro (que lleva la friolera de unas ciento veinte prácticas, nada más).
Llegan las otras y el profesor nos echa la charla, chorreándonos los fallos. Cuenta los fallos de la suspensa, al suspendido... Bueno, suspendió con un solo fallo, con la palabra "accidente" apuntada en la hoja, así que no le dijo mucho. Cuenta los fallos de la aprobada y le dice "has aprobado" cuenta los míos, un fallo, dos fallos, tres fallos, cuatro fallos, cinco fallos...
- Aprobado.
Como juré que haría si aprobaba, al más puro estilo Bruce Willis y sin mostrar pudor ni respeto alguno por los sentimientos de los dos suspendidos, rompí a bailar.
- Badabadúm, badúm, badúm, badúm, badúm badero, badabadúm, badúm, badúm, badúm, badúm badero.
E·
Estaba pendiente del trabajo, que dependía de muchas cosas. Primero, que me cogieran, luego, que después de la ETT me hicieran de empresa, luego, que me hicieran indefinido. Con todo esto, de forma paralela y sabiendo que en el fondo dependía lo anterior del cierre, estaba tras una meta que, parece, quienes no alcanzan no son personas. Pero bueno, voy a contaros, directamente, el final del ciclo.
El tío me tuvo una hora y pico dando vueltas, porque tuve un par de fallos simpáticos. Hay que decir que, aunque cabrón y duro, era justo y no se callaba, sino que al menos te humillaba diciéndote que la habías cagado, sobre la marcha.
Nada más empezar, la primera en la frente. Llego a una rotonda, voy a hacer el cedalpaso, y se me va el pie del pedal. Reacciono y freno medio invadiendo el carril. Por suerte tenía a otro incorporándose a mi izquierda que me resguardaba. Me dice el tío:
- Es un ceda el paso. Sabe que tiene que parar en la línea de detención ¿verdad?
Y yo:
- Sí que lo sé, sí.
Y pongo cara de fastidio, pensando para mí "zas, ahí va la primera grave".
Sigo, me incorporo a Bronxtoles, y va el tío y me lleva por un sitio que no había visto en la vida. Me defiendo como puedo, salgo de nuevo a Bronxtoles y me veo por calles conocidas.
- Cuando pueda, vamos a aparcar a la derecha.
Muevo la cabeza como un muñeco articulado, que se vea que controlo y miro antes de maniobrar, señalizo, miro el sitio que se notaba había visto el tío, reduzco a primera, me acerco, veo que no entro y sigo tal cual, al siguiente sitio. Yo, más chulo cun ocho, pensando "ja ja, a mí me vas a pillar, voy a ese, que tengo sitio de sobra".
Aparco en dos maniobras, señalizando, con calma, y tal. Me acerco al de delante, dejo sitio para el siguiente, echo el freno de mano y sigo el protocolo:
- Ya.
- ¿Sabe usted lo que significa eso? - me dice el examinador.
Veo una cosa roja. Parece un poste. Me retuerzo para comprobar la cagada.
- A ver... Sí. Una parada del bus. Vale, captado, no pasa nada, ya me voy.
El tío me mira con su cara de vinagre.
Sigo, dum dum dum. La calle se estrecha a un carril ancho, voy por mi derecha y me empieza a adelantar peña. Me doy cuenta (la verdad es que me di cuenta de que mi profesor, a mi lado, ponía caras) y tiro de golpe a la izquierda. Señalizo. Nótese el orden.
- Cuando pueda, haga un cambio de dirección a la izquierda.
Lo hago de puta madre. De repente, el profesor pone caras. Miro por el espejo, el examinador pone caras. Pienso "¿Qué pasa?". Nota mental: mirarme lo de tararear en voz alta "el Torito Guapo".
La cosa sigue. Parece uno de esos exámenes en los que la cagas y el tío decide prolongar la agonía por darte la oportunidad o el golpe de gracia, lo que se tercie. En un cambio de dirección medio que casi invado el carril contrario, pero solucioné la cosa justo a tiempo. Por suerte el hombre estaba anotando alguna falta anterior y no se percató.
Cuando me dice que aparque, lo hago. De puta madre, de nuevo. Par de maniobras, doble bordillo, digo lo de:
- Ya.
Y me dice:
- Detenga el vehículo, vamos a cambiar.
Freno de mano, primera marcha, me quito el cinturón, compruebo que no viene nadie, salgo y...
- ¿No se le olvida algo antes de salir?
- Ah, sí, quitar el contacto.
Y le miro con cara de "por favor, no me mate".
El examen del siguiente fue apoteósico. Digamos que recorrió cosa de sesenta centímetros antes de que el examinador le dijera al profesor que cogiera el coche y volviéramos al centro de exámenes. Sin exagerar, oiga.
Nada, esperamos a que las otras se examinaran, con la angustia. Encima de estar seguro de haber suspendido (en tanto tiempo, algo habré hecho que yo no haya visto), tengo que consolar al otro (que lleva la friolera de unas ciento veinte prácticas, nada más).
Llegan las otras y el profesor nos echa la charla, chorreándonos los fallos. Cuenta los fallos de la suspensa, al suspendido... Bueno, suspendió con un solo fallo, con la palabra "accidente" apuntada en la hoja, así que no le dijo mucho. Cuenta los fallos de la aprobada y le dice "has aprobado" cuenta los míos, un fallo, dos fallos, tres fallos, cuatro fallos, cinco fallos...
- Aprobado.
Como juré que haría si aprobaba, al más puro estilo Bruce Willis y sin mostrar pudor ni respeto alguno por los sentimientos de los dos suspendidos, rompí a bailar.
- Badabadúm, badúm, badúm, badúm, badúm badero, badabadúm, badúm, badúm, badúm, badúm badero.
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