Veintiún añitos
Vale, he estado liado y no he podido... naaah. En realidad, no me ha apetecido, pero que nada, ponerme a escribir aquí.
Menudo fin de semana he tenido. Bricolage informático, para empezar. ¡Putos informáticos! No vuelvo a hacerles caso. Me quedo con mi outlook, que sé usarlo. Lo demás es para gente con conocimientos arcanos.
Ayer estuve de friquicumpleaños. Tenía que haber partida, porque era un día especial, pero mis "amigos" me dejaron tirado, uno a uno. Qué se le va a hacer. Y ya van dos seguidos. En fin, lo de hoy es una entrada un pelín friqui, así que los no iniciados en los Misterios del Dado pueden seguir de largo. Mañana algo más terrestre y mortal, lo prometo.
Cuando dejé de jugar no tenía canas. Ahora tengo la barba plagada de ellas, y empiezan a salirme en las sienes. Me hago mayor y no me preocupa. O sea, me empezará a preocupar cuando celebre las erecciones, pero por ahora no me preocupa.
Miro hacia atrás: veintiún años de friqui, y ni se sabe cuánta gente ni cuántas mesas. Y juegos... boooof, ni se sabe, tampoco. Si me pongo a hacer recuento... hum... no sé, son muchos. ¿Y detrás de la pantalla? Tampoco sé cuántas veces.
Veintiún años de partidas, de tirar dados (bueno, al principio teníamos que sacar unos papelitos de un vaso de plástico, y los primeros dados fueron una celebración que compartíamos en toda la mesa). Aún me quedan un par de dados de mi primer juego de dados completo. Creo que me quedan el d12, el d10, y el mítico d20. Están muy tocados, los pobres, y vinieron invertidos de fábrica. En teoría, cambian de color con el calor, pero es al revés. Tienen un color muy pocho a temperatura ambiente, y si los sometes al frío, se ponen de un color azul enfermizo. El d20
lo suelo utilizar para los ataques de los muertos vivientes :-D.
Y el que sí que tengo, y bien cuidadito, es mi primer d4
. Ese d4 es una horterada total. Violeta, con los numeritos de color dorado. Aakkks. Comprábamos los dados como podíamos, y cuando podíamos. ¿Podéis imaginar lo que es comprar los dados por correo? Pero no como ahora, pinchando en enlaces de Internet, y con tarjetas de crédito. Nooo, qué va. ¡Lujos! ¡Teníamos que hacer los pedidos a USAmérica, vía correo ordinario y adjuntando un cheque! Y, cosa curiosa, nunca nos daban el cambio.
Luego empezaron a llegar libros de importación. Aquella época molaba, porque si tenías un libro en inglés, seguro que casi nadie más lo tenía, y entonces eras la hostia. Además, el hobby era un poco más selecta, y no se dedicaba a él cualquier tipejo, como ahora. Antaño no habríamos tenido que soportar a enfermos que encuentran relaciones extrañas entre el id, el ego, el superego y el demiurgo en un juego de enanos y elfos que van por mazmorras a matar dragones y todo lo que se les ponga por delante.
Joder, qué tiempos. Lo que nos preocupaba era sobrevivir, para que los demás no se chotaran de nosotros por haber petado. Luego llegó lo de "rolear", de verdad. Hasta entonces, los grupos aventureros eran una panda de tíos muy raros que vivían en cavernas y túneles oscuros, llenos de monstruos, y que tenían una vida muy triste. Básicamente, su rutina diaria era caminar, registrar habitaciones, matar todo lo que se moviera y tirarse a descansar donde mismo les pillara.
Tenía que ser un chou, llevar una cámara virtual a una de esas expediciones. Imagínate: la cámara recorre un pasillo a oscuras, de paredes húmedas, y recoge el sonido distante de pasos desconocidos, de pies que se arrastran, garras que arañan las piedras, el repicar de las goteras... llega a una puerta mal colocada de nuevo sobre sus goznes, pasa a través de la puerta... y descubre una habitación con cinco o seis tíos tirados donde pillan, durmiendo en medio de los cadáveres de los anteriores moradores de la estancia (en aquella época no nos preocupábamos por las enfermedades, y el concepto de "funeral" consistía en "saquear el cadáver y dejarlo donde caiga"). Dos de esos tipos están haciendo otras cosas aparte de dormir: hay un tío pequeñito empollando un libro, y otro con cara de concentración, rezando. De repente, los dicen "ya", y todos se levantan y van a la siguiente habitación.
Y los monstruos eran gente de fiar, en aquellos tiempos. Eran gente seria, responsable, que no abandonaba su puesto. Te esperaban en su habitación, para que siempre supieras dónde estaban. Si te perseguían, era para ir por los pasillos. En cuanto entrabas en una habitación, te dejaban tranquilo y se volvían a la suya.
¡Y los cubos gelatinosos! ¡Los de ahora es que son así! ¡Los viejos cubos gelatinosos tenían esa forma porque vivían en túneles cuadrados! ¿A quién se le ocurriría esa genialidad de bicho?
Y los personajes eran lo que eran, y no cosas raras. El mago era mago, y el guerrero, guerrero. Y así morían. Bueno, también estaban los elfos, que eran... eso, elfos. Y los enanos, enanos. Hay que admitir que fue una mejora cuando los elfos aprendieron un oficio, y los enanos empezaron a entrar en el mercado laboral. Al fin y al cabo, los humanos eran una cosa y luego otra.
Ahora se ha perdido gran parte de toda esa bonita tradición que hacía del mazmorreo un deporte divertido. Bueno, por suerte para algunos, tenemos el HackMáster. Otras pobres almas vacías no saben ver más allá del envoltorio autoparódico y prefieren seguir en el entorno para nenas de esos mal llamados "juegos", menores y para pusilánimes.
Luego nos llegó la narratividad, que era una cosa especial, nueva, y que se puso de moda entre la gente que en vez de soñar con sacarse una primitiva, sueña con tener algo interesante en sus vidas, y dicen sentir la angustia interna. Personalmente, lo de rolear y llevar personajes, creo que ya me había llegado mucho antes. A mí, y a todo el mundo. Lo que pasa es que necesitábamos una excusa, y el que eso nos lo pusieran en las reglas "mira, está aquí, ESCRITO", venía de vicio.
Pero en el fondo era una excusa para seguir tirando dados (Esta vez en cantidades ingentes) y seguir partiendo caras y ganando peequis.
Y seguimos progresando, y subimos de nivel, como los personajes. Recorrimos estrellas, fuimos caballeros Jedi ("anda, mira, Skywalker, ¿también eres Jedi? qué casualidad, chico. Tenemos que quedar para tomar algo con unos colegas que tengo"), salvamos al mundo en ni se sabe cuántas veces, ocasiones y circunstancias (tampoco se sabe ni la de mundos distintos que salvamos), nos vestimos, sin rubor alguno, de mallas, y encima nos pusimos los calzoncillos por fuera (la excusa ideal para repartir hostias, y encima salvar el mundo), recorrimos miles de (¿millones? ¿cientos?) millas (1 milla = 1'6 kilómetros) bajo tierra, millas de mazmorras, y nunca nos preocupábamos por el realismo o por qué no se caía el mundo de arriba, si todo lo de abajo está perforado.
Y como nos hacíamos mayores, perdíamos parte de la inocencia y empezábamos a hacernos preguntas sobre la vida de los personajes. Y como eran muy tristes, les dábamos una vida más allá del mazmorreo y el reparto de galletas. De repente, los personajes gastaban su oro en algo que no fueran toneladas de raciones, y se relacionaban con otras personas que no fueran contratados para llevar antorchas y cargar con el tesoro y las raciones (y que invariablemente, se convertían en un suministro de experiencia portátil: tanto los peequis por matarles al final de las aventuras como por los peequis del tesoro que llevaban... que conseguíamos que contabilizada como tesoro obtenido en combate tras haberlo regalado al pobre peenejota en cuestión antes de matarle... ni los KODT me superan en esa cafrada :-P).
Y con esa inocencia perdida, descubrimos una nueva diversión: se pasa bien, pasándolo mal. Si tu personaje sufre y las pasa putas, es más héroe, y lo disfrutas más cuando vences. Y si mueres... te sientes menos tonto y le puedes echar la culpa al dejota (por suerte, ya habíamos olvidado la costumbre de tirarnos los bocatas y de darnos de hostias).
Inciso: jugábamos en casa de un colega, que tenía una madre que no nos merecíamos. Nos preparaba unas meriendas.... decenas (sí, DECENAS) de sángüiches vegetales y de atún, jarras (sí, en plural) de limonada natural... ¡y la colaba! ¡sin pulpa! Era increíble, aquello.
Y también descubrimos que eso del mazmorreo está bien, y la suspensión de la credibilidad, pero que hacer todo eso con visos de realismo, en un mundo creíble... era más divertido todavía. Demonios, de repente, los reyes se molestaban si le tirabas los trastos a sus hijas. ¡Y la gente se mosqueaba cosa mala cuando quemábamos los pueblos!
Las cosas empezaron a cambiar. Nos empezamos a llevar bien (o a intentarlo) con la población peenejotil.
Estábamos listos para *interpretar*
Me ahorraré los detalles, pero diré que por suerte descubrimos que "interpretar" es lo que hacíamos, solo que tomándonos a nosotros mismos un poquito más en serio.
Aaains, qué bonito es el rol. Con pelotillas, con casillas, con dados o sin ellos (incluso con monedas, oiga), qué bonito y qué bien lo he pasado con él. No cambiaría ni un solo momento del que he pasado con esa afición (y encima, que ahora me da de comer) por pasarla de ninguna otra forma. Años de sesiones satisfactorias, de pasarlo bien con los amigos (porque, a la mínima que una mesa permanezca unida durante más de cuatro sesiones, ahí hay amigos), de reirnos, de seguir comentando las partidas, de contarnos lo sucedido una y otra vez (y eso que muchas veces, lo contamos a gente que estuvo presente)...
Es la gloria, amigos, es la gloria :-)
Un abrazo, y que vuestros dados os sean siempre fieles.
Menudo fin de semana he tenido. Bricolage informático, para empezar. ¡Putos informáticos! No vuelvo a hacerles caso. Me quedo con mi outlook, que sé usarlo. Lo demás es para gente con conocimientos arcanos.
Ayer estuve de friquicumpleaños. Tenía que haber partida, porque era un día especial, pero mis "amigos" me dejaron tirado, uno a uno. Qué se le va a hacer. Y ya van dos seguidos. En fin, lo de hoy es una entrada un pelín friqui, así que los no iniciados en los Misterios del Dado pueden seguir de largo. Mañana algo más terrestre y mortal, lo prometo.
Cuando dejé de jugar no tenía canas. Ahora tengo la barba plagada de ellas, y empiezan a salirme en las sienes. Me hago mayor y no me preocupa. O sea, me empezará a preocupar cuando celebre las erecciones, pero por ahora no me preocupa.
Miro hacia atrás: veintiún años de friqui, y ni se sabe cuánta gente ni cuántas mesas. Y juegos... boooof, ni se sabe, tampoco. Si me pongo a hacer recuento... hum... no sé, son muchos. ¿Y detrás de la pantalla? Tampoco sé cuántas veces.
Veintiún años de partidas, de tirar dados (bueno, al principio teníamos que sacar unos papelitos de un vaso de plástico, y los primeros dados fueron una celebración que compartíamos en toda la mesa). Aún me quedan un par de dados de mi primer juego de dados completo. Creo que me quedan el d12, el d10, y el mítico d20. Están muy tocados, los pobres, y vinieron invertidos de fábrica. En teoría, cambian de color con el calor, pero es al revés. Tienen un color muy pocho a temperatura ambiente, y si los sometes al frío, se ponen de un color azul enfermizo. El d20
Y el que sí que tengo, y bien cuidadito, es mi primer d4
Luego empezaron a llegar libros de importación. Aquella época molaba, porque si tenías un libro en inglés, seguro que casi nadie más lo tenía, y entonces eras la hostia. Además, el hobby era un poco más selecta, y no se dedicaba a él cualquier tipejo, como ahora. Antaño no habríamos tenido que soportar a enfermos que encuentran relaciones extrañas entre el id, el ego, el superego y el demiurgo en un juego de enanos y elfos que van por mazmorras a matar dragones y todo lo que se les ponga por delante.
Joder, qué tiempos. Lo que nos preocupaba era sobrevivir, para que los demás no se chotaran de nosotros por haber petado. Luego llegó lo de "rolear", de verdad. Hasta entonces, los grupos aventureros eran una panda de tíos muy raros que vivían en cavernas y túneles oscuros, llenos de monstruos, y que tenían una vida muy triste. Básicamente, su rutina diaria era caminar, registrar habitaciones, matar todo lo que se moviera y tirarse a descansar donde mismo les pillara.
Tenía que ser un chou, llevar una cámara virtual a una de esas expediciones. Imagínate: la cámara recorre un pasillo a oscuras, de paredes húmedas, y recoge el sonido distante de pasos desconocidos, de pies que se arrastran, garras que arañan las piedras, el repicar de las goteras... llega a una puerta mal colocada de nuevo sobre sus goznes, pasa a través de la puerta... y descubre una habitación con cinco o seis tíos tirados donde pillan, durmiendo en medio de los cadáveres de los anteriores moradores de la estancia (en aquella época no nos preocupábamos por las enfermedades, y el concepto de "funeral" consistía en "saquear el cadáver y dejarlo donde caiga"). Dos de esos tipos están haciendo otras cosas aparte de dormir: hay un tío pequeñito empollando un libro, y otro con cara de concentración, rezando. De repente, los dicen "ya", y todos se levantan y van a la siguiente habitación.
Y los monstruos eran gente de fiar, en aquellos tiempos. Eran gente seria, responsable, que no abandonaba su puesto. Te esperaban en su habitación, para que siempre supieras dónde estaban. Si te perseguían, era para ir por los pasillos. En cuanto entrabas en una habitación, te dejaban tranquilo y se volvían a la suya.
¡Y los cubos gelatinosos! ¡Los de ahora es que son así! ¡Los viejos cubos gelatinosos tenían esa forma porque vivían en túneles cuadrados! ¿A quién se le ocurriría esa genialidad de bicho?
Y los personajes eran lo que eran, y no cosas raras. El mago era mago, y el guerrero, guerrero. Y así morían. Bueno, también estaban los elfos, que eran... eso, elfos. Y los enanos, enanos. Hay que admitir que fue una mejora cuando los elfos aprendieron un oficio, y los enanos empezaron a entrar en el mercado laboral. Al fin y al cabo, los humanos eran una cosa y luego otra.
Ahora se ha perdido gran parte de toda esa bonita tradición que hacía del mazmorreo un deporte divertido. Bueno, por suerte para algunos, tenemos el HackMáster. Otras pobres almas vacías no saben ver más allá del envoltorio autoparódico y prefieren seguir en el entorno para nenas de esos mal llamados "juegos", menores y para pusilánimes.
Luego nos llegó la narratividad, que era una cosa especial, nueva, y que se puso de moda entre la gente que en vez de soñar con sacarse una primitiva, sueña con tener algo interesante en sus vidas, y dicen sentir la angustia interna. Personalmente, lo de rolear y llevar personajes, creo que ya me había llegado mucho antes. A mí, y a todo el mundo. Lo que pasa es que necesitábamos una excusa, y el que eso nos lo pusieran en las reglas "mira, está aquí, ESCRITO", venía de vicio.
Pero en el fondo era una excusa para seguir tirando dados (Esta vez en cantidades ingentes) y seguir partiendo caras y ganando peequis.
Y seguimos progresando, y subimos de nivel, como los personajes. Recorrimos estrellas, fuimos caballeros Jedi ("anda, mira, Skywalker, ¿también eres Jedi? qué casualidad, chico. Tenemos que quedar para tomar algo con unos colegas que tengo"), salvamos al mundo en ni se sabe cuántas veces, ocasiones y circunstancias (tampoco se sabe ni la de mundos distintos que salvamos), nos vestimos, sin rubor alguno, de mallas, y encima nos pusimos los calzoncillos por fuera (la excusa ideal para repartir hostias, y encima salvar el mundo), recorrimos miles de (¿millones? ¿cientos?) millas (1 milla = 1'6 kilómetros) bajo tierra, millas de mazmorras, y nunca nos preocupábamos por el realismo o por qué no se caía el mundo de arriba, si todo lo de abajo está perforado.
Y como nos hacíamos mayores, perdíamos parte de la inocencia y empezábamos a hacernos preguntas sobre la vida de los personajes. Y como eran muy tristes, les dábamos una vida más allá del mazmorreo y el reparto de galletas. De repente, los personajes gastaban su oro en algo que no fueran toneladas de raciones, y se relacionaban con otras personas que no fueran contratados para llevar antorchas y cargar con el tesoro y las raciones (y que invariablemente, se convertían en un suministro de experiencia portátil: tanto los peequis por matarles al final de las aventuras como por los peequis del tesoro que llevaban... que conseguíamos que contabilizada como tesoro obtenido en combate tras haberlo regalado al pobre peenejota en cuestión antes de matarle... ni los KODT me superan en esa cafrada :-P).
Y con esa inocencia perdida, descubrimos una nueva diversión: se pasa bien, pasándolo mal. Si tu personaje sufre y las pasa putas, es más héroe, y lo disfrutas más cuando vences. Y si mueres... te sientes menos tonto y le puedes echar la culpa al dejota (por suerte, ya habíamos olvidado la costumbre de tirarnos los bocatas y de darnos de hostias).
Inciso: jugábamos en casa de un colega, que tenía una madre que no nos merecíamos. Nos preparaba unas meriendas.... decenas (sí, DECENAS) de sángüiches vegetales y de atún, jarras (sí, en plural) de limonada natural... ¡y la colaba! ¡sin pulpa! Era increíble, aquello.
Y también descubrimos que eso del mazmorreo está bien, y la suspensión de la credibilidad, pero que hacer todo eso con visos de realismo, en un mundo creíble... era más divertido todavía. Demonios, de repente, los reyes se molestaban si le tirabas los trastos a sus hijas. ¡Y la gente se mosqueaba cosa mala cuando quemábamos los pueblos!
Las cosas empezaron a cambiar. Nos empezamos a llevar bien (o a intentarlo) con la población peenejotil.
Estábamos listos para *interpretar*
Me ahorraré los detalles, pero diré que por suerte descubrimos que "interpretar" es lo que hacíamos, solo que tomándonos a nosotros mismos un poquito más en serio.
Aaains, qué bonito es el rol. Con pelotillas, con casillas, con dados o sin ellos (incluso con monedas, oiga), qué bonito y qué bien lo he pasado con él. No cambiaría ni un solo momento del que he pasado con esa afición (y encima, que ahora me da de comer) por pasarla de ninguna otra forma. Años de sesiones satisfactorias, de pasarlo bien con los amigos (porque, a la mínima que una mesa permanezca unida durante más de cuatro sesiones, ahí hay amigos), de reirnos, de seguir comentando las partidas, de contarnos lo sucedido una y otra vez (y eso que muchas veces, lo contamos a gente que estuvo presente)...
Es la gloria, amigos, es la gloria :-)
Un abrazo, y que vuestros dados os sean siempre fieles.
Comentario:
Jodó. Y parece que fue ayer cuando estábamos en tu maloliente casa de calvorota avejentado celebrando tus veinte años de tiradados... Qué cosas, oye, qué cosas.
Comentario:
Ahora! Ahora entiendo lo del puto cumpleaños...... Pues para que lo sepas, mi cumplerol es el dia 20 (estoy bastante seguro, o quizás fuera el domingo pasado, dia 13, no estoy al 100% que semana fue) y cumplo, pues... 16 años jugando. Tampoco está mal :)
Darok.-
"...ahora si, felicidades, sabiendo por qué..."
Darok.-
"...ahora si, felicidades, sabiendo por qué..."
Comentario:
Pues felicidades, supongo ;). Tu artículo me ha hecho pensar.. Resulta que todavía no soy mayor de edad!! Pero ya me falta poco :D
Comentario:
¿8.20? Eso es de débiles. Un domingo a las 7.30, arreglarse y desayunar en 30', coger un autobús desde Toledo y jugar a HackMáster. ¡Eso es ser rolero! ;P
Comentario:
Abuelo cebolleta, con sus canas y todo...
Pues yo tengo mas ilusion que nunca por jugar: rol, tablero, todo lo que sea.
Y tambien tengo mas canas.
Pues yo tengo mas ilusion que nunca por jugar: rol, tablero, todo lo que sea.
Y tambien tengo mas canas.
Comentario:
Levantarse a las 08:20 para ir a jugar a HM... no tiene precio.
Comer Doritos y beber Coca-Cola... pues tampoco tiene precio.
Escuchar y contar batallitas de partidas y vivencias del ejército... menos precio aún.
Y robarle los peequis al pejota que se estaba dando de leches con el orco al llegar tu y arañarle con tu hacha de batalla para, posteriormente, observar el careto del semielfo...Eso sí que no tiene precio!!! :D.
Comer Doritos y beber Coca-Cola... pues tampoco tiene precio.
Escuchar y contar batallitas de partidas y vivencias del ejército... menos precio aún.
Y robarle los peequis al pejota que se estaba dando de leches con el orco al llegar tu y arañarle con tu hacha de batalla para, posteriormente, observar el careto del semielfo...Eso sí que no tiene precio!!! :D.
Comentario:
Jejeje, me hubiera emocionado leer una historia así si no la hubieses contado ya varias veces durante tus partidas. :)
Un saludo y feliz friki-cumple.
zidair.-
Un saludo y feliz friki-cumple.
zidair.-





