El Canal de Isabel II abre sus puertas a la naturalidad de Chillida
Un domingo cualquiera me despierto con ganas de arte. El tráfico está benévolo y me planto en Plaza Castilla en cinco minutos. La gente se amontona para ver los imposibles dibujos de Escher, pero yo prefiero visitar a Chillida. Tengo algunas preguntas que hacerle. Cómo se escucha a la piedra, se peina al viento o se atrapa la luz de los acantilados vascos. Son desafíos para el arte que sólo pueden ser superados con un lenguaje natural, el lenguaje de Chillida.
A las puertas de la Fundación Canal, una escultura en hierro sale a mi encuentro invitándome a entrar. Es "Lotura XXVII", un entramado de vigas de hierro anudadas entre sí, combinando las líneas rectas con las curvas. No es el primer Lotura ni el último que realizó Eduardo Chillida, fallecido en agosto de 2002. Quizá tampoco sea la obra más impactante de esa colección, pero lo cierto es que no puedes evitar su magnetismo.Hechizada por su llamada, entro en el museo. Sesenta piezas del artista donostiarra me dan la bienvenida. Resulta extraño ver la obra de Chillida entre cuatro paredes; es como entrar en un invernadero donde las plantas respiran apaciblemente, pero extrañando, sin duda, el contacto salvaje con la naturaleza. Así es la obra de Chillida, creada para integrarse en espacios abiertos, para tomar la calle y fundirse con su entorno, ya sea rural o urbano. Prueba de ello es el proyecto más ambicioso del autor, el Museo Chillida Leku, donde sus obras descansan y sus admiradores caminan como si fuera un bosque. A pesar de la cuidadosa disposición que ha previsto la Fundación Canal, es inevitable echar en falta algo. El aire, la luz, el frío o el calor. Las obras de Chillida no llegan a asfixiarse, pero yo diría que están tristes... Supongo que habilitar el Retiro era antieconómico y algo arriesgado.

A pesar de las limitaciones, la sencillez de Chillida cautiva desde el primer momento. A la entrada de la exposición un bloque de hierro de casi 6.000 kilos te invita a la escucha y al diálogo. Es el "Esertoki III", cuya traducción literal sería "lugar para sentarse", y forma parte de la serie "Diálogo-Tolerancia". Desde su primera obra en hierro, el "Ilarik", en 1951, Chillida ha escapado de lo establecido y ha seguido su propio instinto. El artista rechaza la "perfección" del ángulo recto que considera intolerante e incompatible con con otros ángulos. Por eso busca ángulos cercanos al recto, pues le resultan más activos y naturales, así como la combinación con las formas curvas. En este "asiento de hierro" el autor contrapone verticalidad y horizontalidad, huyendo de los artificios del ángulo de 90 grados. Así se construye un lenguaje natural.
Atendiendo a su invitación, me dispongo a escuchar. Un bloque compacto de granito titulado "Escuchando a la Piedra III" me hace entrar en contacto con el espíritu primario de la materia. Para ello, Chillida trabaja líneas claras y simples, y crea surcos en la superficie de la piedra que llegan hasta su interior, de donde emana su energía. Su título hace referencia a la estrecha relación del artista con la piedra durante el proceso de creación. "La piedra es el universo del que parto. Trabajo su interior y creo en ella un espacio en relación al universo" Así definió Chillida en una ocasión su relación con este material.A la derecha de esta escultura contrasta un gran bloque de alabastro que irradia luz y vitalidad a toda la sala. Es el "Homenaje a Pili", su mujer desde 1950. Dicen que fue a partir de un viaje a Grecia en 1965, donde Eduardo Chillida se reconcilia con la tradición preclásica, cuando el artista comienza a trabajar el alabastro. Este material le permite contener la luz y penetrar en el interior de la obra, vaciarla y dejar que la inunde la claridad. Esta pieza es también un homenaje al mar Cantábrico, su maestro. Las formas curvas que dibuja Chillida recuerdan al oleaje y a la fuerza del mar que baña su tierra.

Al final de la sala tres bloques macizos de hierro me esperan. El "Iru Burni III" evidencia la relación con lo natural mediante este conjunto de piezas de movimiento ascendente que recuerda al crecimiento vegetativo. Además, estos tres bloques crean un entorno habitado por el espacio, donde el viento y la luz pueden pasar libremente. Se trata de un lugar para el encuentro y el respeto, pues las tres piezas parecen mantener un diálogo desde la individualidad de cada una.
Estas cuatro obras principales se enmarcan entre dibujos, collages y gravitaciones del artista que visten las paredes de la sala. Lo más novedoso, sin duda, son las gravitaciones. Estas obras compuestas por papeles recortados y cosidos reflejan la lucha constante de Chillida contra la gravedad. En ocasiones están pintadas con tinta negra y quedan suspendidas en el aire por unos finos hilos. Dejan pasar la luz y el espacio, lo que transmite un acentuado sentido espiritual. Chillida se aleja de la técnica del collage y da un importante paso en esta búsqueda del espacio y la sensibilidad.
Las salas laterales recogen dibujos abstractos y figurativos donde Chillida estudia los límites entre la forma y el espacio. Entre los dibujos figurativos la obsesión captar esta relación materia-espacio se observa en la constancia que demuestra el autor al dibujar sus manos. La exposición ofrece muestras desde el año 59 hasta 1985 donde Chillida dibujó sus manos y las infinitas posibilidades que estas brindaban.Acompañando al arte, diversos documentos dan testimonio de la forma de trabajar del artista. Algunas fotos muestran a un robusto Chillida que, enfundado en su peto vaquero, da forma a "La Casa del Poeta", obra que se encuentra en una de las salas. Pero donde mejor se ve el buen hacer de Chillida y su comunicación con cada una de sus creaciones, es en el documental realizado por Susana Chillida, hija del artista vasco. En esos 59 minutos de película descubro al Chillida artista que acaricia cada obra y al Chillida humano, un abuelo empeñado en jugar con su nieto a las manualidades. Es aquí donde entiendo por fin el lenguaje natural de Chillida. Este artista trabaja con la piedra para crear sus bloques de tierra cocida. Sus herramientas son tan naturales como sus propias manos o como los regalos que da la naturaleza, ya sea el hierro o minerales similares. Con estos utensilios Chillida trabaja su obra, respetando lo natural y dialogando con la Naturaleza en su propio idioma.
Y antes de irme, una mirada a un viejo conocido. El "Peine del viento" también ha viajado a Madrid, pero lo ha hecho en pequeñas dimensiones. Con tan sólo 67 centímetros de altura el proyecto de una de las obras más famosas de Chillida augura algo grande. Aquí sólo han podido traer un pequeño boceto. No iban a dejar a la cornisa cantábrica despeinada...

Coordenadas espacio-tiempo:
Del 20 de Diciembre de 2006 al 18 de febrero de 2007, en la Sala de Exposiciones de la Fundación Canal.
Canal de Isabel II, C/ Mateo Inurria, 2.
Metro Plaza Castilla (L1, 9, 10)
Autobuses más importantes: 70, 107, 129, 174.
Todos los días de 11:00 a 20:00h. Miércoles de 11:00 a 15:00h.





