“La mentalidad de esta generación es más abierta y vanguardista”Modesto Lomba: Diseñador de moda
En pleno corazón de Madrid, en uno de esos edificios con solera y subiendo por una escalera de madera que cruje, se encuentra el taller de Modesto Lomba. Nos recibe Ángela Ortiz, su jefa de prensa, que nos conduce hasta una amplia sala en la que cuelgan infinidad de vestidos de novia. La luz natural penetra tras sortear unas blanquísimas contraventanas. Llegó. Con un hilo de voz débil, pero seguro, comienza a contestar todas nuestras preguntas.
Living MadriZ. (L.MZ.) ¿Qué es la Asociación de Creadores de Moda de España?
Modesto Lomba (ML.) Un foro de profesionales con idénticas inquietudes que reflexionan sobre su profesión.
L.MZ. ¿Con tan pocos miembros?
M.L. No somos una asociación generalista. A la mayoría de nosotros nos avala una historia; y también hay nuevas incursiones, como Ailanto. Siempre se vota democráticamente. El criterio, bueno o malo, es el nuestro. Queremos creadores que nos aporten mucho.
L.MZ. Hay quien recela ante las ayudas que recibís de las autoridades…
M.L. Tenemos firmados una serie de protocolos de cooperación con el Gobierno central, la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento e IFEMA. No obstante, la mayoría de los que nos critican nunca ha solicitado el ingreso en la Asociación. Que lo hagan.

L.MZ. El PP se mostró siempre muy interesado en este sector, con iniciativas como el Plan Integral de la Moda o la creación del Museo del Traje. ¿Y el nuevo ejecutivo?
M.L. Al igual que Pilar del Castillo, Carmen Calvo nos ofrece toda su ayuda. Habrá que conservar todo lo bueno, que es mucho, y mejorar en aspectos tan cruciales como el de la proyección internacional. Desde la Comunidad de Madrid, con Esperanza Aguirre, se nos alienta a seguir con un proyecto del que salimos beneficiados todos. Piensa que somos Cibeles, la pasarela más importante de España, por número de visitantes, por metros cuadrados y por beneficios.
L.MZ. Sin embargo, cada vez son más las pasarelas españolas: Gaudí, El Carmen en Valencia, Moda Cálida en Gran Canaria, Murcia Abierta…
M.L. Lo ideal sería una grande y libre (risas, ¡el presidente de la Asociación copiando al Caudillo!), aunando esfuerzos en busca de la proyección que España merece.
L.MZ. Y Madrid prepara una nueva cita con la Moda pero al aire libre, muy “a la romana”.
M.L. La iniciativa parte de una productora privada con el beneplácito del Ayuntamiento. Sería una forma de democratizar los desfiles. Cibeles es un encuentro entre profesionales (productores, compradores, prensa…) y esta iniciativa iría dirigida a todos, con colecciones más espectaculares, más cerca de la “costura”.

L.MZ. Has dicho que lo que le falta a España es proyección internacional. ¿Qué es lo que le falta para cambiar esto
M.L. Nuestros grupos de inversores apoyan a personajes extranjeros. Hace falta que crean en nosotros; si no, es imposible el despegue. Estados Unidos e Italia lo hicieron y ahí están. En los años ochenta yo consumía Agatha Ruiz de la Prada, nadie la entendía, y hoy es la que más vende. Su obra en Japón o Italia hubiera triunfado desde el primer día.
L.MZ. Entonces, ¿qué es lo que pasa?
M.L. Todavía hay mucho complejo de inferioridad. Descubrimos a Balenciaga después de triunfar en París. Firmas como Loewe depositan su confianza en extranjeros (Narciso Rodríguez, Oña Selfa…). Y está el consumo masivo de productos foráneos como conciencia de grupo. ¿Quién va a creer en España si los españoles no terminan de concienciarse?
L.MZ. Conscientes de la repercusión mediática de la moda, muchas comunidades financian experiencias como éstas. Por el contrario, el País Vasco, exportador de genios del diseño como Balenciaga, Miguel Palacio, Miriam Ocáriz, Lemóniez o los Alianto, y con un sentimiento independentista, no parece interesado en este sector. Solo hay que pensar en el binomio Vittorio & Lucchino en Sevilla o Francis Montesinos en Valencia para notar la diferencia.
M.L. Nosotros, Luís Devota y yo, tuvimos que dejar Vitoria y venir a Madrid porque no encontramos ningún apoyo por parte del gobierno cultural vasco.
L.MZ. ¿Y la continua pugna entre Gaudí y Cibeles?
M.L. De verdad que no es tal. Es más producto de cierto sector de la prensa que una realidad.

L.MZ. ¿Tanto poder tenemos los periodistas?
M.L. Relativo. Hay mucha prensa, pero poco especializada en moda. Estoy harto de crónicas es las que algo es horroroso porque sí. Es tan fácil criticar... Pero ¿Dónde están los argumentos? Hay mucho hedonista que escribe para leerse y se deja llevar por sus filias. ¿Por qué voy a creerme la información política de un medio si el que escribe sobre moda es un embustero? Pero, claro, la moda todavía no se toma en serio. ¡Y esto de la nona no es un grupo de maniquíes desfilando con trapos!
L.MZ. La moda masculina es un capítulo en el que experimentas, como puede verse es tus desfiles, pero que no terminas de comercializar. Los modistas españoles parecéis centrados en la mujer y, los pocos que se atreven a vestir a hombres, desfilan fuera. Es el caso de Armand Basi y Toni Miró en París o de Custo y Miguel Adrover en Nueva York. ¿Qué pasa con el hombre en España?
M.L. No pasa nada. La ropa de hombre me encanta. Creo que Devoto y Lomba podrían aportar mucho a este género. Ahora estoy buscando una empresa que me fabrique bien y leve a cabo el desarrollo comercial.
L.MZ. ¿Para cuando una pasarela masculina?
M.L. En principio el proyecto de Gaudí con Comi a la cabeza, era centrarse en el hombre. Es una pena, pero se ha olvidado. Las firmas que desfilan fuera ven como sus propuestas se diluyen entre las estrellas nacionales. Ése es el caso de París. Deberíamos buscar un espacio común y demostrar lo que valemos.

L.MZ. ¿Y cierto eso de que el hombre moderno del siglo XXI es el cliente con mayúsculas de las firmas de moda?
M.L. Cada vez me sorprende más encontrarme con empresarios que hablan abiertamente de desarrollar productos para este nuevo modelo, un sector altamente consumista. La mentalidad de esta generación es más abierta y vanguardista.
L.MZ. ¿Y es diferente?
M.L. Hay valores universales pero lecturas muy distintas.
L.MZ. Y para esta temporada ¿con qué deberíamos llenar nuestro armario?
M.L. Por un lado prendas clásicas y por otro más color, más atrevimiento, más modernidad. Aunque nada es excluyente. En Cibeles presenté unos trajes satinados muy estructurados que casi parecían una segunda piel.
L.MZ. ¿Qué te horroriza en el vestuario de los madrileños que ves día a día por la calle?
M.L. No me gusta opinar sobre la ropa de nadie. La única lectura válida es la del espejo. Yo miro volumen, la arquitectura de la prenda. Me implico estéticamente en cada creación, pero debe ser quien la lleve el que dé el visto bueno. Sólo te ves guapo si te sientes completamente seguro con lo que llevas.
Las rebajas dan el pistoletazo de salidaEl pasado lunes, ocho de enero, los grandes almacenes y comercios de la mayoría de las comunidades autónomas dieron el pistoletazo de la salida a la avalancha de multitudes que se deja ver por las rebajas en la cuesta de enero. A primera hora de la mañana los dependientes sustituían los adornos navideños por carteles publicitarios de descuentos que marcaban ofertas de entre el 20 y el 50%.
Con algunas colas demás, empujones para pagar y el termómetro marcando los 3 grados de temperatura, comenzaron las rebajas. La gran afluencia de público desde primeras horas de la mañana, a la espera de los descuentos, denota la intención de todos de renovar el armario con esos descuentos que alcanzan hasta el 50% en muchos artículos.
Aunque era domingo, las aglomeraciones y carreras de la gente más madrugadora, en su mayoría mujeres de mediana edad, pero también de jóvenes a la búsqueda de ropa rebajada, sigue su tradición natural. Todos quieren algunas de las prendas que ya han visto en los días anteriores y que ahora pueden comprar con descuento.
Son las 10:00 de la mañana y estamos ante la monumental Calle Preciados. Comenzamos nuestro viaje por El Corte Inglés, los grandes almacenes de la capital. Las cámaras de televisión graban el momento, las mujeres se dejan hasta el zapato corriendo, montones de ropa ante nuestras narices, revolvemos, buscamos y siempre observamos que el de al lado tiene algo que tu necesitas. ¿Necesidad o gula de una fecha tan emotiva?A lo largo del pasillo, con las bolsas llenas de guantes, paraguas y todos esos elementos característicos de un invierno que ha llegado a las rebajas por el retraso de temperaturas, observamos la escalera mecánica esa que nos llevan directamente a las secciones de confección de ropa, con importantes rebajas en ropa de firma.
Por lo tanto, nos liamos a coger varias prendas y nos dirigimos a los probadores para ver cómo nos quedan, y con los ojos puestos en los precios al final la bolsa se llena. Hacemos recuento: dos camisetas, un jeans, calcetines, ropa interior, un abrigo, un jersey de esos que siempre quisimos ¿hará pelotillas? Vamos que llevamos ropa para un regimiento pero como no es suficiente, salimos del centro y nos dejamos caer por las calles Carretas, Montera, Arenal o la misma Gran Vía. Zapaterías a precio de saldo, Stradivarius, Pull & Bear, Off Ten, Blanco, Peleterías y un Zara Taras, que si estamos en rebajas ¿Qué descuento se hará aquí?
Vamos tienda por tienda y nos percatamos que gracias a una gran cantidad de percepciones como «la publicidad, los carteles y los descuentos» nuestro cuerpo va de cabeza al interior de cada una de ellas, haciéndonos comprar de forma «compulsiva».
Miramos el reloj, son las dos de la tarde y sin darnos cuenta tenemos el maletero lleno y el estómago vació. Por lo tanto, aprovechamos la situación y comemos por el centro. ¡Ya da igual lo que cueste el aparcamiento! Con lo que nos hemos ahorrado lo pagamos, y así el ciclo de la vida de Madrid sigue su cauce.
Comida rápida (Burguer King), menús del día (Restaurante Brillante), o algo tradicional (Casa Pepe), todo sienta bien después de haber conseguido esas gangas que tanto deseabas. Después del café y del cigarro dan las 15:30 horas. Es el momento de continuar la marcha. El centro está a rebosar y decidimos cambiar de tercio, nos dirigimos a un centro comercial, Príncipe Pío, dónde tenemos todo a mano sin salir a la calle.
La tarde se convierte en una repetición monótona de la mañana. Tienda por tienda seguimos llenando el carro: gorras, bufandas, camisetas y sudaderas. Todo es necesario o eso queremos pensar. El centro comercial está hasta la bandera y aunque en las colas se escuchen barbaridades, “(…) el año que viene yo no aguanto esto, por 3 duros más lo compro en navidad”, “(…) realmente lo necesitas, niña no ves la cola que hay”, “(…) pero bueno la gente no descansa, no dicen que están apurados en enero”, nosotros seguimos ahí los primeros.
La tarde se hace eterna, el dolor de pies aumenta y en los estantes ya queda más bien poco. Los empleados solo piensan e que esto acabe y mientras esperamos la última cola nos da por recordar el día. Las broncas de la gente, los gritos, discusiones, carreras, empujones, pero todo con el fin últimos de volver a casa con la tarjeta vacía y la sonrisa plena.
Y aunque sean las 21:48 de noche, yo estoy pagando y sólo puedo imaginar, que esto dura hasta el mes de febrero y ya froto las manos de solo pensar el día que volveré a las rebajas. ¡Jejeje!





