Las rebajas dan el pistoletazo de salidaEl pasado lunes, ocho de enero, los grandes almacenes y comercios de la mayoría de las comunidades autónomas dieron el pistoletazo de la salida a la avalancha de multitudes que se deja ver por las rebajas en la cuesta de enero. A primera hora de la mañana los dependientes sustituían los adornos navideños por carteles publicitarios de descuentos que marcaban ofertas de entre el 20 y el 50%.
Con algunas colas demás, empujones para pagar y el termómetro marcando los 3 grados de temperatura, comenzaron las rebajas. La gran afluencia de público desde primeras horas de la mañana, a la espera de los descuentos, denota la intención de todos de renovar el armario con esos descuentos que alcanzan hasta el 50% en muchos artículos.
Aunque era domingo, las aglomeraciones y carreras de la gente más madrugadora, en su mayoría mujeres de mediana edad, pero también de jóvenes a la búsqueda de ropa rebajada, sigue su tradición natural. Todos quieren algunas de las prendas que ya han visto en los días anteriores y que ahora pueden comprar con descuento.
Son las 10:00 de la mañana y estamos ante la monumental Calle Preciados. Comenzamos nuestro viaje por El Corte Inglés, los grandes almacenes de la capital. Las cámaras de televisión graban el momento, las mujeres se dejan hasta el zapato corriendo, montones de ropa ante nuestras narices, revolvemos, buscamos y siempre observamos que el de al lado tiene algo que tu necesitas. ¿Necesidad o gula de una fecha tan emotiva?A lo largo del pasillo, con las bolsas llenas de guantes, paraguas y todos esos elementos característicos de un invierno que ha llegado a las rebajas por el retraso de temperaturas, observamos la escalera mecánica esa que nos llevan directamente a las secciones de confección de ropa, con importantes rebajas en ropa de firma.
Por lo tanto, nos liamos a coger varias prendas y nos dirigimos a los probadores para ver cómo nos quedan, y con los ojos puestos en los precios al final la bolsa se llena. Hacemos recuento: dos camisetas, un jeans, calcetines, ropa interior, un abrigo, un jersey de esos que siempre quisimos ¿hará pelotillas? Vamos que llevamos ropa para un regimiento pero como no es suficiente, salimos del centro y nos dejamos caer por las calles Carretas, Montera, Arenal o la misma Gran Vía. Zapaterías a precio de saldo, Stradivarius, Pull & Bear, Off Ten, Blanco, Peleterías y un Zara Taras, que si estamos en rebajas ¿Qué descuento se hará aquí?
Vamos tienda por tienda y nos percatamos que gracias a una gran cantidad de percepciones como «la publicidad, los carteles y los descuentos» nuestro cuerpo va de cabeza al interior de cada una de ellas, haciéndonos comprar de forma «compulsiva».
Miramos el reloj, son las dos de la tarde y sin darnos cuenta tenemos el maletero lleno y el estómago vació. Por lo tanto, aprovechamos la situación y comemos por el centro. ¡Ya da igual lo que cueste el aparcamiento! Con lo que nos hemos ahorrado lo pagamos, y así el ciclo de la vida de Madrid sigue su cauce.
Comida rápida (Burguer King), menús del día (Restaurante Brillante), o algo tradicional (Casa Pepe), todo sienta bien después de haber conseguido esas gangas que tanto deseabas. Después del café y del cigarro dan las 15:30 horas. Es el momento de continuar la marcha. El centro está a rebosar y decidimos cambiar de tercio, nos dirigimos a un centro comercial, Príncipe Pío, dónde tenemos todo a mano sin salir a la calle.
La tarde se convierte en una repetición monótona de la mañana. Tienda por tienda seguimos llenando el carro: gorras, bufandas, camisetas y sudaderas. Todo es necesario o eso queremos pensar. El centro comercial está hasta la bandera y aunque en las colas se escuchen barbaridades, “(…) el año que viene yo no aguanto esto, por 3 duros más lo compro en navidad”, “(…) realmente lo necesitas, niña no ves la cola que hay”, “(…) pero bueno la gente no descansa, no dicen que están apurados en enero”, nosotros seguimos ahí los primeros.
La tarde se hace eterna, el dolor de pies aumenta y en los estantes ya queda más bien poco. Los empleados solo piensan e que esto acabe y mientras esperamos la última cola nos da por recordar el día. Las broncas de la gente, los gritos, discusiones, carreras, empujones, pero todo con el fin últimos de volver a casa con la tarjeta vacía y la sonrisa plena.
Y aunque sean las 21:48 de noche, yo estoy pagando y sólo puedo imaginar, que esto dura hasta el mes de febrero y ya froto las manos de solo pensar el día que volveré a las rebajas. ¡Jejeje!





