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Mil y una palabras al aire...
Bienvenido, siéntate, toma un café... Estás en tu casa...
Acerca de
Yo desnuda de domingo y cubierta de cenizas, intentando encontrar en los rincones de tu sexo una palabra con la que construir un mal verso, capeando el temporal en tu regazo, refugio que se tambalea con la tormenta; tú, musicando mis lamentos, congelando instantes de júbilo y cervezas a medias...

______________________________ LOS DIBUJOS DE PIT ______________________________ TIZA ______________________________ MIGUEL DOMINGO ______________________________
Sindicación
 
FELIZ 2005
Supongo que lo que me hace enseñar lo que hay bajo mi ropa y mi piel aquí cada madrugada es la confianza que me brinda el anonimato, el "pronunciar" palabras sin que podais escudriñar mi rostro, mi emoción al hablar del Amor, el miedo que siento a despojarme de mi armadura ante alguien, no vaya a ser que lleve una daga en la mano y la guerra en el pecho.

Quiero librarme por un día de ese soy pero no soy, de esa invisibilidad que me procura vuestro abrigo cada noche. Yo, que tengo las manos vacías, hoy tan sólo os puedo ofrecer el esbozo de mi rostro, una sonrisa y mis mejores deseos para el nuevo año que comienza.
Brindaré por vosotros, por los que ya habeis entrado en mi vida y por los que AÚN no conozco.

Gracias por vuestros pensamientos plasmados en pantalla, por vuestras atenciones, por mermar mi soledad, por soñar juntos con palabras lo que nadie se atreve a gritar al viento cuando vamos en el metro, en el trabajo, en bares llenos de humo. Gracias por hacer que deje de sentirme como un islote abandonado en mitad del gran océano...

 
Cuando alguien pregunta si aún te recuerdo, le contesto que depende del tiempo...
Llueve aunque no llueva. Dulcemente llueve en mis manos y llueve en mis ojos, arrastrando la ceniza compartida, los restos del fuego que un día nos consumió; intenta mi lluvia borrar tus pronombres a base de caricias húmedas y escalofríos alados que vuelan de mi boca a mi sexo y de mi sexo a tu recuerdo, demorándose por el camino en advertirme que ya no somos los que fuimos, que me he convertido en pretérito imperfecto, en fotografías tintadas de sepia. Te imagino entonces redactando en el aire nuestro ayer : "La historia se llamaba Llaeza, y me escribía versos en servilletas de papel para después esconderlos por los rincones de la casa, enredados entre las sábanas, en las esquinas de los armarios, en el cajón de su ropa interior. Tenía la grata manía de pasearse desnuda por el salón sin bajar las persianas (sospecho que los vecinos la echan tanto de menos como yo) e impregnaba el aire de un delicioso aroma a arándanos y pan recién horneado." Más tarde, en ocasiones, truena aunque no truene. Truena mi pecho en un fracasado intento de acallar la imaginaria tempestad que golpea tras el cristal, a ver quien grita más alto, interminable guerra de sentimientos encontrados, balanza que se tambalea cada instante hacia un extremo. Es entonces cuando te imagino arrojando reproches al aire, confiado en que llegarán a mi. Y vaya si llegan. En noches frías percibo tu susurro a lo lejos, maldiciendo mi nombre: "La historia se llamaba Llaeza y tenía una facilidad vocacional para hacer añicos las ilusiones. Dejó en mi ya ajado corazón una muesca profunda e imborrable. Maldita sea. Malditos los besos pronunciados y los hoteles que un día compartimos. Malditas sus ganas de perder, sus mentiras disfrazadas de medias verdades, el otro lado de su línea telefónica."

Aunque también, de vez en cuando, clarea el tiempo, sale el sol y la historia entonces tan sólo se llama Nosotros. Y no funcionó, simplemente eso. Y me olvido ( e imagino que olvidas) trincheras construidas sobre palabras amargas y semblantes contraídos...
 
Parece...
Parece que últimamente mi Julieta
no encuentra a su Romeo
y me cambio de planeta
con excesiva frecuencia,
cada vez que abro los ojos
aborrezco lo que veo
y las llaves que me encuentro
nunca abren los cerrojos
de la caja de sorpresas...

Parece que últimamente no escucho,
no miro, no toco, no beso como antes
y, la verdad, me cuesta mucho
aceptar la inmensidad del tiempo
que quiere hacerme entender a golpes
que el mundo sigue girando
a pesar de que yo me pare...

Parece que me canso de recorrer las aceras
donde no crecen los sueños,
donde los perros sin dueño
lamen la mano a cualquiera,
donde camisas blancas
reposan cubiertas de sangre,
donde almendras amargas
aumentan mi sed y mi hambre
de Ti...
 
¿Dónde estás?
Que sí. Que estoy bien. Que mis letras grises se convierten en palabras rojas y verdes, e incluso amarillas cuando en vez de escribir pronuncio. Que me gustan las nostalgias plasmadas en el papel, pero en el aire prefiero dibujar una buena sonrisa de esas que impregnan la sala con aroma a limón y hojas de higuera. Que me siento sola en ocasiones, pero no más que Tú, que me esperas en alguna parte solo, o sin la compañía adecuada, que viene a ser lo mismo.

Es cierto que ahora me pregunto dónde estás cuando más te necesito, en estos días en que una palabra o un silencio son razón suficiente para que todo se derrumbe y una nube deje de ser algo bello para convertirse en presagio de chubasco, en indicio de tu ausencia. Pero es el precio que me toca pagar por rechazar amores de sofá y duermevelas a su lado, es consecuencia de decisiones tomadas a golpe de corazón y llanto, me declaro culpable, qué le voy a hacer si no soy capaz de conformarme sin Ti. Y te he confundido tantas veces... He imaginado que doblabas la esquina al ver una silueta parecida a la tuya y la he perseguido por la ciudad , creyendo aspirar tu esencia. He equivocado tu rostro en el rostro de mil amantes, me he vaciado de amor en bocas que no eran tu boca, he mendigado atenciones en puertas a medio abrir.

Y... ¿qué más contarte? Que me falta el aliento cuando me sobra tu ausencia, que concibo el mundo en parcelas de a dos, que me siento mitad en donde quiera que esté, que no dejaré de esperarte... Pero todo eso ya lo sabes, porque a Ti te sucede lo mismo...

 
Desnudez
Me desnudo ante vosotros de caricias y lamentos para contaros lo que hace tiempo sé y no me atrevo a pronunciar. Las palabras se ahogan en mi garganta confundidas entre restos de cerveza y humo de recuerdos, pero sé que puedo hacerlo, sé que al fin lograré hablar, aunque qué más da, si ninguno de vosotros conoce mi timbre de voz, ni mi tendencia a comerme las uñas, ni que me ruborizo con facilidad, ni siquiera mi fingida autoestima . Eso sí, todos me habeis visto en cueros cuando, perdida de madrugadas, me dibujo en esta tela de araña, red de redes, cajón de suspiros... Cómo contaros que los árboles mueren de pie y yo muero agazapada en frases anónimas y cafés imaginarios, cómo comportarme frente a la cruda realidad de compartir ilusiones con las ilusiones mismas, vosotros, fantasmas de mi presente, compañeros de noches de insomnio. Puede que me encuentre cada día contigo en la línea 6, puede que te haya empujado sin intención de hacerlo en el caos de la Plaza Mayor, quizá me hayas mirado mal y te haya pedido perdón sin saber que me despojas de mi coraza de miedos cada noche... Quién sabe... Lo cierto es que no tengo más que frases de agradecimiento hacia vosotros, que os debo algo más que mis letras tristes, que estas Navidades brindaré de manera especial por cada una de las personas que me abrigais de lectura...
 
La felicidad
Cierto mercader envió a su hijo al más sabio de todos los hombres para aprender el secreto de la felicidad. El muchacho anduvo muchos días por el desierto hasta llegar a un castillo que se encontraba en los altos de una montaña. El sabio que el muchacho buscaba vivía allí.

Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas que conversaban por los rincones, una pequeña orquesta tocando suaves melodías y había una mesa cubierta con los platos más deliciosos de aquella región del mundo. El sabio conversaba con todos y el muchacho tuvo que esperar dos horas para ser atendido.

El sabio escuchó el motivo de la visita del muchacho y le dijo que en ese momento no tenía tiempo de explicarle el secreto de la felicidad. Le sugirió que se diera un paseo por su palacio y volviera después de dos horas.


"Quiero pedirte un favor" dijo el sabio, entregando al muchacho una cucharilla en la que dejó caer dos gotas de aceite. "Mientras vas caminando lleva esta cucharilla sin permitir que se derrame el aceite".

El muchacho comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio, manteniendo siempre los ojos fijos en la cucharilla. Cuando pasaron las dos horas, regresó con el sabio.


Entonces preguntó el sabio: "¿Has visto las tapicerías de Persia que hay en mi comedor?" ¿Viste el jardín que el maestro de jardineros se tardó cien años para plantar? ¿Te diste cuenta de los bellos pergaminos de mi biblioteca?"

El muchacho, avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación era no derramar las gotas de aceite que el Sabio le había confiado.

" Vuelve, pues, y conoce las maravillas de mi mundo" dijo el Sabio. "No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa" Ya más tranquilo, el muchacho cogió la cucharita y volvió a pasear por el palacio, fijándose esta vez en todas las obras de arte que pendían del techo y de las paredes. Vio los jardines, las montañas en derredor, la delicadeza de las flores, la exquisitez con que cada obra de arte estaba colocada en su sitio. Al regresar al lado del Sabio, relató con pormenores todo lo que había visto.


"Pero, ¿dónde están las dos gotas de aceite que te confié?" preguntó el Sabio.

Mirando hacia la cucharilla, el muchacho se dio cuenta de que las había derramado.


El más sabio de los sabios le dijo al muchacho "Pues ése es el único consejo que te puedo dar : El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo sin olvidarte nunca de las dos gotas de aceite de la cucharita".
 
Una amistad en colores
Cuentan por ahí que hay personas capaces de dibujar con palabras olores, sentimientos, imágenes comparables tan sólo con ilustraciones de cuentos de Andersen y elefantes de Dalí. Ojalá fuese yo una de ellas para poder describir con exactitud cómo huele su bondad de niña desvalida, cómo se puede palpar su emoción cuando llora, el maravilloso crujir de sábanas cuando se da la vuelta mientras duerme. Ojalá pudiese haceros llegar tan sólo una de sus sonrisas para que entre por vuestra ventana tal y cómo hace por la mía y os ilumine oscuras noches de invierno y os caliente el corazón, adormecido el mío antes por los golpes de otras vidas. Ojalá fuese capaz de compartir con todos vosotros sus manos sin fondo, sus ojos llenos de agua de sueños, su vitalidad a raudales...

A ti, Serena, por airear mi armario viejo cuando sólo olía a ropa usada y naftalina... A ti y a todos los que saben amar sin pedir nada a cambio, a los que hacen de la amistad una bandera y se echan a la mar con ella en alto...


 
Píntame de adioses cuando dobles las esquinas...





Puntos_suspensivos.mp3 (Archivo de audio)









 
MUCHO MÁS QUE DOS








TE QUIERO PORQUE TU BOCA SABE GRITAR REBELDÍA...





*Foto tomada en el concierto homenaje al bando republicano celebrado en Rivas Vaciamadrid en junio de este año.
 
Desamor de media tarde
Me hablan las bocas de metro de encuentros desencontrados y abrazos recibidos, de adioses sin pañuelos, de billetes de regreso y amores de estación. Me tintinea la razón en el bolsillo como si fuese chatarra oxidada, monedas de cambio obsoletas que me hacen evocar segundos nublados por la imaginación desmedida, descubierta y desahuciada. Debilita mis manos tu presencia y aún así nunca logro llegar a la hora a mis citas, maldito reloj atrasado, malditas mis ganas de perder, las pérdidas ocasionales, las ocasiones en que te quise retener y no pude, no quise, no supe. Susúrrame al oído que aún es posible lo imposible, diplomado en puzzles sin terminar, piezas que me faltan, sexo que me sobra, dime que mis días no son páginas en blanco, que aún existen versos escritos a medias, algún borrón y cuenta vieja, saludos de lunes maquillados de caricias de sábado. Invéntame de nuevo y borra mis esquinas grises, dobla mis recuerdos una y otra vez hasta hacer que desaparezcan, varita mágica y cuenta hasta tres, que me hace falta tu voz. Más cerca, más claro, más nosotros y menos tú y yo, amor de media tarde y desayuno sin rosas, sin periódico, sin un cuerpo que respirar. Ahoga mis gritos con tu boca, ata a tu cama mis muñecas, no sea que comprenda la verdad y mis manos deseen golpearme, mea culpa, lo admito, pero entiéndeme, mi vida, en cierto modo yo también soy la que fui.
 
Senderos que se birfucan



¿CUÁL ME LLEVARÁ AL LUGAR ADECUADO?