Regresos
(...) Por un lado asfixia, por el otro desamparo. Quizá sea mi carácter el que está destinado al inconformismo, el que no encaja en ningún contexto, el que no encuentra su lugar. Estoy cansada. Cansada de sentimientos contradictorios. Cansada de amar desde el odio y de odiar desde el amor. Cansada de mis dos caras: la primera, la que canta, la que ríe, la que besa, la despreocupada, la que ama; la segunda, la que llora, la que grita, la que escribe, la que odia, la que se larga corriendo de todas partes (...)
Fragmento de un relato escrito a mis 17 años
En ocasiones algo (alguien) te recuerda que hay una parte de ti que odias, ese lado amargo que no sabe de atardeceres ni de manos en los tobillos. La que escribe hoy entiende de facturas sin pagar. Llaeza se ha tomado unas vacaciones. Os avisará a su vuelta.
Fragmento de un relato escrito a mis 17 años
En ocasiones algo (alguien) te recuerda que hay una parte de ti que odias, ese lado amargo que no sabe de atardeceres ni de manos en los tobillos. La que escribe hoy entiende de facturas sin pagar. Llaeza se ha tomado unas vacaciones. Os avisará a su vuelta.
De otros
El silencio se desliza por mi cuerpo estos días como un suave pañuelo de seda, cubriéndome sin cubrirme, desnudándome a medias. No es porque esté muy ocupada. Que lo estoy. No es por desánimo. Que lo tengo. Es por miedo a decir. Por pánico a tener que medir palabras... Por eso os dejo a solas con García Nieto. Que él os cuente. Que él os recite. Que él os emocione, ya que yo hoy no soy capaz de hacerlo.
¿Estoy despierto? Dime. Tú que sabes
cómo hiere la luz, cómo la vida
se abre bajo la rosa estremecida
de la mano de Dios y con qué llaves,
dime si estoy despierto, si las aves
que ahora pasan son cifra de tu huida,
si aún en mi corazón, isla perdida,
hay un lugar para acercar tus naves.
Angel mío, tesón de la cadena,
tibia huella de Dios, reciente arena
donde mi cuerpo de hombre se asegura,
dime si estoy soñando cuanto veo,
si es la muerte la espalda del deseo,
si es en ti donde empieza la hermosura.
¿Estoy despierto? Dime. Tú que sabes

cómo hiere la luz, cómo la vida
se abre bajo la rosa estremecida
de la mano de Dios y con qué llaves,
dime si estoy despierto, si las aves
que ahora pasan son cifra de tu huida,
si aún en mi corazón, isla perdida,
hay un lugar para acercar tus naves.
Angel mío, tesón de la cadena,
tibia huella de Dios, reciente arena
donde mi cuerpo de hombre se asegura,
dime si estoy soñando cuanto veo,
si es la muerte la espalda del deseo,
si es en ti donde empieza la hermosura.
Breve
Ya me contarás por qué mi sobriedad desacostumbrada y mis pocas ganas de ser. Porque tú me conoces como nadie sin haberme descubierto y no le encuentro más razón que la razón a unos besos sin abrir. Y sí. Desatemos las pasiones sin importarnos los terceros, ahoguemos los recuerdos en mi copa sin champán, que quiero que tu cuerpo ocupe mi alma, que no me apetece pensar en un futuro lleno de facturas por pagar. Y a vosotros, encended la caldera, que no os sorprenda el invierno sin compañía. Cerrad las ventanas, no vaya a entrar el viento en vuestras casas y corra el aire entre vosotros. Apagad las luces de vuestros hogares, las farolas del alumbrado público, los faros de los coches que iluminan la ciudad. Que no necesito verle para amarle.
Memoria selectiva
Será la falta de tiempo, o de imaginación, o de vida, la que hace que reedite este texto. También puede ser vanidad. Le tengo cariño especial por lo que representó para mi y está poco poblado de lecturas...
Recuerdo tus ganas de luchar suavizando mis esquinas, envolviendo vitales silencios que más tarde morían de risa, que se apagaban en la penumbra, que se convertían en jadeos de ilusiones. Recuerdo los azares provocados, las “uves” que robábamos a las cervezas para suplantarlas por “tes” y convertir así las espumas en certezas tan ciertas como que tú me amaste aunque sólo fuera por un breve espacio de tiempo, un paréntesis en el que se encontraron unas manos y una nuca, un vestido y un amor –qué más da que éstos últimos acabaran en el suelo de mi cuarto, uno arrugado de sudor, el otro desgastado por el uso-. Recuerdo –aunque también he podido soñarlo, ¿quién es capaz de distinguir en estos tiempos las quimeras de las realidades?- tus dedos llenando mis rincones, tus rincones clamando en mi desierto, tu desierto poblado de mis dedos. Círculos viciosos y vicios tan circulares como la irregular esfericidad de mis dos senos, como el humo que moldea tu cigarro. Recuerdo mis manos buscando la calidez en los bolsillos de tu abrigo mientras la lluvia barría calle abajo besos antes guardados y cubiertos de naftalina, movimientos acompasados con la fragilidad de tu deseo. Pero se me olvidó tu silueta solitaria arrastrando agonía por la acera, el rencor que escupía tu abrazo, la venganza suspendida en el aire. Olvidé que vendías bien caro tus gestos de afecto, que, como dice mi abuela, hoy ya nadie vende duros a cuatro pesetas...
EVOHÉ
Mueven mis ganas de amarte las manecillas del reloj. Tic tac. Tic tac. Con pausada tranquilidad cuando me encuentro a solas y me oprime el pecho tu ausencia. Con vertiginosa rapidez al pensar en la cuenta atrás y los segundos que pierdo lejos de tu manos y tu boca. Y mientras veo como se escapan mis días ante mis propios ojos, me mece el suave rumor de las palabras de Cortázar, inventando tiempos mejores...
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sústalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que embulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo como poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiento, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer una fílulas de cariaconcia. Y sin embergo era a penas el principio, porque un momento dado ella se tordulaba los urgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios, apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía. De pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadeoyante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpásmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio se sentían valparamar, perlinos y márulos, temblaba el troc, se vencían las marioplumas y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en cariñas casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Mensaje oculto. O no :P
Prometo no volver a suplicar nunca por nadie.
Intentare no confundir los sueños con soñarte.
No seguiré esperando cada noche a los piratas
que hunden cada barco que relleno con mi alma.
Si no me queda tiempo, para ti pretendo
que no me importe el daño reservado tanto tiempo.
Perdóname por no intentar luchar siempre a tu lado,
ya no me quedan miedos ni entusiasmos mal pagados.
Hoy quiero asegurarme de que escuchas las miradas
que por mi boca salen dibujadas con palabras.
No habrá nada peor que el llanto incierto asegurado
ni habrá mejor olvido que mi risa entre tus brazos.
Recojo los silencios que perdí por cobardía
mientras suenan golpes secos de tu olor en la mesilla.
No quiero que se pierdan las miradas pero veo
que el amor tantas veces no se habla y no lo entiendo.
Confieso que fui yo quien más perdió aquella mañana
y que tú ganaste al fin la libertad sin desearla.
No puedo azucarar la inmensidad que ahora me falta
pero veo que es más fácil ignorar...
Promesas, ay, promesas, dulces, cálidas, perdidas.
Por fin he comprendido que los hechos son la vida.
Ya puedo asegurarme un gran dolor de compañía,
o mejor condenarme a la nostalgia de por vida
si no me queda tiempo sólo para ti pretendo
que no te lleguen nunca todos mis remordimientos.
Perdóname por estar a la altura de tu rango
y perdóname por escuchar de mi boca el engaño.
Recojo los silencios que perdí por cobardía
mientras suenan golpes secos de tu olor en la mesilla...
No quiero que se pierdan las miradas pero veo
que el amor tantas veces no se habla y no lo entiendo.
Confieso que fui yo quien más perdió aquella mañana
y que tú ganaste al fin la libertad sin desearla.
No puedo azucarar la inmensidad que ahora me falta.
Pero veo que es más fácil ignorar...
Canción compuesta por TIZA (Concierto domingo 6 de febrero junto a Rash, Maluca, Chaouen y Pepin Tre. Sala Clamores [Madrid] a las 19:30)
Intentare no confundir los sueños con soñarte.
No seguiré esperando cada noche a los piratas
que hunden cada barco que relleno con mi alma.
Si no me queda tiempo, para ti pretendo
que no me importe el daño reservado tanto tiempo.
Perdóname por no intentar luchar siempre a tu lado,
ya no me quedan miedos ni entusiasmos mal pagados.
Hoy quiero asegurarme de que escuchas las miradas
que por mi boca salen dibujadas con palabras.
No habrá nada peor que el llanto incierto asegurado
ni habrá mejor olvido que mi risa entre tus brazos.
Recojo los silencios que perdí por cobardía
mientras suenan golpes secos de tu olor en la mesilla.
No quiero que se pierdan las miradas pero veo
que el amor tantas veces no se habla y no lo entiendo.
Confieso que fui yo quien más perdió aquella mañana
y que tú ganaste al fin la libertad sin desearla.
No puedo azucarar la inmensidad que ahora me falta
pero veo que es más fácil ignorar...
Promesas, ay, promesas, dulces, cálidas, perdidas.
Por fin he comprendido que los hechos son la vida.
Ya puedo asegurarme un gran dolor de compañía,

o mejor condenarme a la nostalgia de por vida
si no me queda tiempo sólo para ti pretendo
que no te lleguen nunca todos mis remordimientos.
Perdóname por estar a la altura de tu rango
y perdóname por escuchar de mi boca el engaño.
Recojo los silencios que perdí por cobardía
mientras suenan golpes secos de tu olor en la mesilla...
No quiero que se pierdan las miradas pero veo
que el amor tantas veces no se habla y no lo entiendo.
Confieso que fui yo quien más perdió aquella mañana
y que tú ganaste al fin la libertad sin desearla.
No puedo azucarar la inmensidad que ahora me falta.
Pero veo que es más fácil ignorar...
Canción compuesta por TIZA (Concierto domingo 6 de febrero junto a Rash, Maluca, Chaouen y Pepin Tre. Sala Clamores [Madrid] a las 19:30)
Amaos los unos encima de los otros (pintada en un muro de una universidad cualquiera...)
Decía mi buen amigo Baudelaire que Dios es un escándalo. Un escándalo que da rentas. Cuánta razón tenía. En nombre de Dios se compran limusinas, se envuelve a sus representantes en túnicas de oro y se venden bendiciones a granel. Por si esto no fuera poco se puebla de SIDA a golpe de sermón el tercer mundo. Un verdadero escándalo que parece no escandalizar a muchos. He conocido religios@s que son bellísimas personas. Otros no. Como todos. Pero la Iglesia como institución me produce, siendo políticamente correctos, una grave aversión [me asquea]. Muertos caídos bajo la Justicia Infinita y la Libertad duradera. Si Dios existiera y fuera consciente de las atrocidades que en su nombre se cometen, ya se habría suicidado. Dobles morales. Las palabras humildad y pobreza bordadas en seda con hilo de oro. Inquisiciones obsoletas que se resisten a aceptar el AMOR, con mayúsculas, si es entre dos personas del mismo sexo. Matrimonios por amor censurados. Otros borrados de un soplo, con el símbolo del dólar de por medio. Bonita forma de entender el cariño. Curioso el elevado y escondido número de casos de abusos sexuales a menores entre sus filas. Extraño el miedo que les suscita el sexo. Quien lleve tan sólo suciedad en sus ojos no podrá ver nada bello en parte alguna...
¿Creeis que que me condenarán por herejía? ;)
¿Creeis que que me condenarán por herejía? ;)
Frío en las manos II
No sé por qué últimamente tengo la sensación de que todo el que se acerca a mí está dotado de un maravilloso talento para convertir en arte todo lo que roza. Me pasó con Alfredo y su música. Con Serena y sus fotografías. Y ahora me sucede con Pit y sus dibujos. Este que embellece mi diario hoy, y podía haber adornado mi texto ayer, es suyo. No dejeis de visitar su página: http://www.telefonica.net/web/cucol
POR
POR
LO
QUE
A MI
RESPECTA,
SIGO
TENIENDO
FRÍO...
Frío en las manos
El frío que araña mis tobillos no sólo hiela mis manos. También daña las cosechas y sube el precio de las patatas, hace que revienten las cañerías de Soledad, y les da a sus hijos la excusa perfecta para no bañarse antes de ir al colegio en varios días. Anima a subir la temperatura de la calefacción y con ella la factura del gas. Impide que María luzca en clase su ombligo con desfachatez ante Mario
estudiante de Derecho, que hace semanas que no aparece por la facultad porque tan inútil (al entender de algunos) parte del cuerpo de su compañera era lo único que hacía su estancia en el aula agradable. Recorre el cuerpo de Víctor que se cubre con cartones a la entrada de un conocido edificio bancario, sirviendo de modelo para un fotógrafo callejero ávido de contrastes que enfoca mal porque los guantes de lana le dificultan la tarea. Pero no se los quita, hace demasiado frío. El mismo que araña mis tobillos y hiela mis manos. El que sirve como excusa para que Ana y Silvia se abracen en la calle ajenas a miradas inquisidoras que ni siquiera imaginan que ellas no sienten otra cosa que calor, calor del bueno, del que abriga con corazón y deseo.
Y, si te conozco bien, tan gélidos días hacen que se multipliquen tus ganas de encontrame y encender la hoguera...
estudiante de Derecho, que hace semanas que no aparece por la facultad porque tan inútil (al entender de algunos) parte del cuerpo de su compañera era lo único que hacía su estancia en el aula agradable. Recorre el cuerpo de Víctor que se cubre con cartones a la entrada de un conocido edificio bancario, sirviendo de modelo para un fotógrafo callejero ávido de contrastes que enfoca mal porque los guantes de lana le dificultan la tarea. Pero no se los quita, hace demasiado frío. El mismo que araña mis tobillos y hiela mis manos. El que sirve como excusa para que Ana y Silvia se abracen en la calle ajenas a miradas inquisidoras que ni siquiera imaginan que ellas no sienten otra cosa que calor, calor del bueno, del que abriga con corazón y deseo. Y, si te conozco bien, tan gélidos días hacen que se multipliquen tus ganas de encontrame y encender la hoguera...