Viceversa
Me asomo apuertas entreabiertas intentando vislumbrar qué hay en el interior de tus ojos, oteando el horizonte en ellos, creyendo ver un pedazo de lo que fui. No tomes en cuenta mis palabras hoy, por favor, no vaya a ser que mañana huya más rápido de lo normal y tengas que echar a correr detrás de mi de nuevo. Sin llegar a ningún sitio. Sin una meta que alcanzar. Sin un hogar al que arrimar tus manos. Y al escribir tengo miedo de verte, necesidad de verte, esperanza de verte, desazones de verte.
Mientras el sol espera a que suene el timbre de salida para esconderse, Cortázar me susurra que no debo avisar. Remueven viejas dudas nuevos miedos en mi mente. Y viceversa. Tengo
miedo de hallarte, preocupación de hallarte, certidumbre de hallarte, pobres dudas de hallarte. Como ayer y mañana, se tambalea mi certeza. Deslizo por el teclado palabras inconexas. Me refugio en frases propias para no recordar las ajenas. Las tuyas. Y las de ellos. Tengo urgencia de oírte, alegría de oírte, buena suerte de oírte y temores de oírte.
Río sollozos y lloro alegrías. Me abrazo y desprecio. Todo y nada. Tú y yo. Blanco y negro. Sol y sombra. O sea, resumiendo, estoy jodida y radiante. Quizá más lo primero que lo segundo. Y también viceversa.
Mientras el sol espera a que suene el timbre de salida para esconderse, Cortázar me susurra que no debo avisar. Remueven viejas dudas nuevos miedos en mi mente. Y viceversa. Tengo
miedo de hallarte, preocupación de hallarte, certidumbre de hallarte, pobres dudas de hallarte. Como ayer y mañana, se tambalea mi certeza. Deslizo por el teclado palabras inconexas. Me refugio en frases propias para no recordar las ajenas. Las tuyas. Y las de ellos. Tengo urgencia de oírte, alegría de oírte, buena suerte de oírte y temores de oírte. Río sollozos y lloro alegrías. Me abrazo y desprecio. Todo y nada. Tú y yo. Blanco y negro. Sol y sombra. O sea, resumiendo, estoy jodida y radiante. Quizá más lo primero que lo segundo. Y también viceversa.
Sucede que a veces
Llaeza se ha tomado un descanso. Afortunadamente, Ismael Serrano, no, y saca nuevo disco el próximo lunes. No he podido evitar colgar esta canción. Aún no he escuchado la melodía que acompaña a la letra. Pero no hace falta. Tampoco pondré imágenes. Cuando algo es bello por sí solo, sobran los adornos.
Sucede que a veces la vida mata y el amor
te echa silicona en los cerrojos de tu casa,
y te abre un expediente de regulación,
o te expulsa del Edén, hacia tierras extrañas.
Sucede que a veces sales de un bar y la luz
quema la piel de este vampiro que te ama,
te llena la frente de fino polvo marrón-sur,
bostezas y te queman agujetas en las alas.
Pero sucede también
que, sin saber cómo ni cuándo,
algo te eriza la piel
y te rescata del naufragio.
Y siempre es viernes, siesta de verano,
verbena en la aldea, guirnaldas en mayo,
tormentas que apagan el televisor.
Teléfonos que arden, me nombra tu voz,
hoy ceno contigo, hoy Revolución,
reyes que pierden sus coronas,
verte entre la multitud,
abrazos que incendian la aurora
en las playas del sur.
Sucede que a veces la vida mata y te encuentras
solo y en este corazón no reciclable
se hunden petroleros desahuciados y sospechas
que provocan miopía en lanzadores de puñales.
Sucede que a veces la vida mata y el invierno
saca su revólver, te encañona en las costillas,
te aterran los álbumes de fotos y el espejo,
huele a pino el coche y el mar a gasolina.
Pero sucede también
que, sin saber cómo ni cuándo,
algo te eriza la piel
y te rescata del naufragio.
Y siempre es viernes, siesta de verano,
verbena en la aldea, guirnaldas en mayo,
tormentas que apagan el televisor.
Teléfonos que arden, me nombra tu voz,
hoy ceno contigo, hoy Revolución,
reyes que pierden sus coronas,
verte entre la multitud,
abrazos que incendian la aurora
en las playas del sur.
Sucede que a veces la vida mata...
Y siempre es viernes, siesta de verano...
Hoy ceno contigo, hoy revolución...
Sucede que a veces la vida mata y el amor
te echa silicona en los cerrojos de tu casa,
y te abre un expediente de regulación,
o te expulsa del Edén, hacia tierras extrañas.
Sucede que a veces sales de un bar y la luz
quema la piel de este vampiro que te ama,
te llena la frente de fino polvo marrón-sur,
bostezas y te queman agujetas en las alas.
Pero sucede también
que, sin saber cómo ni cuándo,
algo te eriza la piel
y te rescata del naufragio.
Y siempre es viernes, siesta de verano,
verbena en la aldea, guirnaldas en mayo,
tormentas que apagan el televisor.
Teléfonos que arden, me nombra tu voz,
hoy ceno contigo, hoy Revolución,
reyes que pierden sus coronas,
verte entre la multitud,
abrazos que incendian la aurora
en las playas del sur.
Sucede que a veces la vida mata y te encuentras
solo y en este corazón no reciclable
se hunden petroleros desahuciados y sospechas
que provocan miopía en lanzadores de puñales.
Sucede que a veces la vida mata y el invierno
saca su revólver, te encañona en las costillas,
te aterran los álbumes de fotos y el espejo,
huele a pino el coche y el mar a gasolina.
Pero sucede también
que, sin saber cómo ni cuándo,
algo te eriza la piel
y te rescata del naufragio.
Y siempre es viernes, siesta de verano,
verbena en la aldea, guirnaldas en mayo,
tormentas que apagan el televisor.
Teléfonos que arden, me nombra tu voz,
hoy ceno contigo, hoy Revolución,
reyes que pierden sus coronas,
verte entre la multitud,
abrazos que incendian la aurora
en las playas del sur.
Sucede que a veces la vida mata...
Y siempre es viernes, siesta de verano...
Hoy ceno contigo, hoy revolución...
TIZA