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Mil y una palabras al aire...
Bienvenido, siéntate, toma un café... Estás en tu casa...
Acerca de
Yo desnuda de domingo y cubierta de cenizas, intentando encontrar en los rincones de tu sexo una palabra con la que construir un mal verso, capeando el temporal en tu regazo, refugio que se tambalea con la tormenta; tú, musicando mis lamentos, congelando instantes de júbilo y cervezas a medias...

______________________________ LOS DIBUJOS DE PIT ______________________________ TIZA ______________________________ MIGUEL DOMINGO ______________________________
Sindicación
 
Septiembre hace un año
Será que llega Septiembre y su rumor me escupe nostalgias con forma de llovizna suave, de orbayu conocido, de húmedos recuerdos. Será que llega Septiembre por lo que agacho el corazón y se me encogen las orejas. O al revés. Miro hacia atrás y veo tu silueta cada vez más lejos, persiguiéndome, incansable, pero con la lejanía de a quien le comienzan a fallar las piernas y se hace más y más y más pequeño en la distancia, tirandome piedras que ya no golpean con la misma fuerza. Me sorprendo oliendo otros vientres, enredándome en otra bocas, saboreando un sexo aún por explorar, distinto al tuyo, que estaba lleno de huecos conocidos y aromas de hogar. Hablo otros idiomas. Bebo de otros vasos. Mis dedos encajan en puzzles desiguales.

Será que llega Septiembre, pero hoy me acuerdo de ti. De viajes con una sola maleta. De llegadas con sonrisas de bienvenida que no eran la tuya. De mi caminar a solas. De promesas diluidas en olvido, en rostros ajenos, porque, amor, ya no somos los que éramos y si te encuentro por la calle puede que no te llame amor sino Usted. O puede que ni te llame. Sí, lo más probable es que pase de largo mirando tu silueta como quien ve un fantasma de otra época, un holograma del pasado, como cuando mis padres se empeñan en recordar mi infancia y me enseñan vídeos de la niña que fui. Así te veré, como un momento robado al ayer, seguro que de color sepia.

Será que llega Septiembre. O que quiero dar el sprint final para perderte de vista. Porque hacía mucho que no me sucedía. Lo de pensar en ti, digo. Quizá mañana se me pase. Como una mala fiebre. Y no vuelva más que una vez al año, en tiempos de constipado y hojas que caen.
 
Caminos cruzados
Abrazo tus flores secas como quien se agarra a un clavo ardiendo, sabiendo que tarde o temprano tendré que soltarlas, así, de repente, como si hubiera un momento preciso para todo y el nuestro se acabara sin previo aviso, repentinamente, llenando de hojas inertes la habitación y de incertidumbre mis mejillas. Recuerdo tu brazo rodeando mi cintura, recubriendo mi angustia, intentando hallar un hueco por el que colar un dedo en mi blusa, a la altura de mi vientre y hacerme cosquillas que despertaran mi sonrisa. Gracias por las lágrimas maquilladas de domingos por la mañana, por tus manos dibujando desvergüenzas en mi nuca, por los silencios entendidos y tu piel sobre mi piel, pero supongo que esto se acaba y empieza aquí. Casilla de la muerte en el juego de la oca, y a volver a caminar sobre los pasos ya dados. O no, que ya sabes que hoy soy sencilla margarita y según sople el viento me convierto en lirio altivo o en romántica orquídea. Dime a qué te huelo hoy, que quizás el espejo me engañe y me esté convirtiendo en flores secas, como esas que me regalas en forma de suspiros, a los que me abrazo como a un clavo ardiendo.


Adónde vamos a llegar, cariño, si en el fondo sabemos que nos gusta perdernos y caminar sin rumbo por si el azar nos reúne en la misma bifurcación.
 
Todo lo que tengo
Súbete a mis hombros si quieres tocar la luna. Es lo más que puedo ofrecerte, un empujón hacia donde quieras llegar, la promesa de una espalda en la que alzarte.






















 
Juegos de manos
Lo peor de la espera consiste en encarar al minuto y azuzar la paciencia. Que se agite tu pecho y se detenga el reloj. Que las agujas se pongan en huelga y se muevan levemente, a cámara lenta, como si fuesen unos muslos de mujer en una película erótica. Pero esta incertidumbre no entiende de sudor ni entrepiernas pausadas, no sabe de movimientos lentos ni segundos interminables. Sólo repite "YA", "QUIERO", "AHORA", "HOY", que el mañana detiene gemidos y apaga deseos. Y en una hora cabe una vida, si estoy a tu lado incluso dos. Apuesto dos lustros a que hoy no es el día. Venga, siempre te ha gustado jugar. Déjame sacar la bola negra de la bolsa. La que hace que me toques y me tense. Que te alejes y me encienda. Desplazo mi mano por el suave tapiz verde, agarro los dados y los lanzo todo lo lejos que puedo. Hasta tus pies. Doble o nada. Caras arriba o cruces de dedos. Y mientras una voz grita "Sigan jugando", me agarro a quien saque la carta más alta. As de corazones y mi cadera busca tu mano. Desayuno sin diamantes, con galletas y tu olor. Todo al 13 rojo. Sigo esperando a que un día haya suerte y me toque lo jugado.
 
Carencias
Dime que aún soy yo cuando alzo la barbilla y paseo la mirada por tu rostro ladeado, por mis manos que se arrastran en el techo de tu boca. Bárreme la incertidumbre, frótame la angustia, como quien le quita el polvo a un viejo jarrón inservible, exiliado en el fondo del armario, condenado a ser lo que otros quieran que sea. Borra con tu lengua las nostalgias de la mía, ruge cuando sepas que me apago dulcemente, dame de beber cuando yo no te lo pida. Ámame despacio, lléname de rumbo, busca bocabajo la raíz que nos enlaza. Siente mi cordura. Sopla mis pestañas. Ata a tu cintura la luz que acaricia mis pies descalzos, mi alma vestida. Rompe mi silencio. Dibújame un hogar en el que calentar entrañas retenidas, caricias desbordadas, amor ensalivado. Sueños entreabiertos. Cerrojos de ventanas interiores. Mordiscos sin te quieros y dulzuras sin gemidos. Yo sin ti y tú allá lejos. Naguando carencias. Porque siempre falta algo.



He vuelto. Creo. Espero. Quiero.

 
Cumpleaños de amor
¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano,
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles

Ángel González





Mis ojos ya no son los de ayer. Ni siquiera son los de hace un segundo. Varían, mutan, mudan de color según la luz, el sentimiento, la época del año.

Pero hay cosas que nunca cambian. Por ejemplo, la forma en que los miras. Mis ojos no son ojos porque te miren, son ojos porque tú los miras, con tu mirada transparente, esa que ruegas encontrar en otro rostro.

Felicidades, chiquitina. Ayer, mientras soplabas las velas, repetías: Hoy soy epecial, con ese brillo en la cara que ilumina la casa cuando sonríes. No es cierto. Resulta que no es que hoy seas especial. Es que eres especial en cada segundo y expresión.

Te quiero, Serena...