Días de fiesta
Hoy es un día especial. Sigo viva. Tengo un plato en la mesa y sueños sobre la almohada. Mantengo las ilusiones. Me rodeo de amigos. Poseo la suerte de tener un trabajo, una sonrisa, un vestido y un amor en alguna parte (ya llegará). Además os tengo a vosotros. O no. Pero estais ahí. Hoy es un día especial, y por eso quiero mostraros (algunos ya lo conoceis) un texto especial para mí. Quizá no sea el más íntimo. Ni el más bello. Ni el más triste. Pero por alguna razón sobresale sobre los demás a mis ojos. Porque hoy es un día especial. Como todos, aunque a veces no lo sepa ver.
Rezando para no soñar, pan de ayer para hoy, billetes de autobús a cualquier parte en donde no estuviese yo, con tan sólo veintidós años había usado tanto mi identidad que me cansé de ella. El mundo que respiraba olía a habitación cerrada y naftalina. Y, harta de estar harta, decidí comprarme un Yo nuevo. Desconociendo el coste de una nueva vida comencé a ahorrar laboriosamente para hacerme con una buena suma de dinero (no me iba a conformar con Yo de saldo). Hurgué entre los cojines de los sofás de todas las casas a las que me invitaban, pedí en la boca del metro (“Por caridad, una limosna para alguien que quiere cambiar de Yo. No tengo ni un mal beso que llevarme a la boca”), aposté a doble o nada a la carta más alta lo poco que me dieron en la casa de empeño por mis minutos de olvido. Y con mi puñado de monedas en el bolsillo empecé la búsqueda de mi nueva identidad.
Comencé por probarme algunas vidas encuadernadas, dibujadas con palabras, otros Yos que viajaban a países en donde los conejos llevaban reloj, o en donde la gente no medía más que mi dedo pulgar. Pero ninguna me quedaba como yo deseaba. Algunas eran muy estrechas, otras demasiado holgadas, y, desde luego, todas mantenían ese corte de irrealidad que tanto incomoda. Así que pensé que lo mejor sería buscarme un Yo de segunda mano, de esos que tienen algún descosido, pero que ya saben lo que es vivir. Barajé diversas posibilidades: podría comprarme un Yo domador de leones, o músico de guardia, o repartidor de caramelos. También me hubiese gustado ser enfermera de almas, o consejera de flores.
Así salí a la calle en busca de alguien que estuviese dispuesto a venderme su identidad. Visité bares inundados de humo; bibliotecas llenas de otros Yos que se probaban, como yo había hecho antes, vidas encuadernadas; aulas vacías; jaulas llenas; estaciones de tren en donde otras personas no cruzaban su mirada con la mía. Marqué números de teléfono al azar. Busqué bajo la luz del sol y en la oscuridad de la noche. Observé en silencio y grité de desesperación. Navegué por la sección de anuncios por palabras de periódicos locales y nacionales, en mares de ginebra , sobre paraísos artificiales aún por descubrir. Recité versos en la Plaza Mayor, pero nadie se paró a escucharme.
Cuando ya había perdido la esperanza de encontrar una persona a la que me apeteciera comprarle su identidad, apareciste tú, te colaste por la ventana de mi habitación, en mi vida, entre mi ropa, en los huecos que necesitaban ser llenados. Me olvidé a tu lado de telediarios parciales, de propuestas de ley, de países invadidos, de aburridos juicios, de pisotones sin "perdón", del "más de lo mismo", de mi cuadriculado "uno más uno son dos" (porque a veces son tres, e incluso hasta cuatro), de solitarias rutinas y heridas pasadas , y pensé que había llegado la hora de proponerte comprar tu Yo. De olvidar mi vieja vida y comenzar otra nueva, aunque fuese ajena, aunque no me perteneciera. De suplantar la identidad que tanto había estado buscando.
Estaba a punto de plantearte la idea cuando algo me hizo cambiar de opinión.
Si yo me convertía en tú, nunca podría llegar a besarte...
Rezando para no soñar, pan de ayer para hoy, billetes de autobús a cualquier parte en donde no estuviese yo, con tan sólo veintidós años había usado tanto mi identidad que me cansé de ella. El mundo que respiraba olía a habitación cerrada y naftalina. Y, harta de estar harta, decidí comprarme un Yo nuevo. Desconociendo el coste de una nueva vida comencé a ahorrar laboriosamente para hacerme con una buena suma de dinero (no me iba a conformar con Yo de saldo). Hurgué entre los cojines de los sofás de todas las casas a las que me invitaban, pedí en la boca del metro (“Por caridad, una limosna para alguien que quiere cambiar de Yo. No tengo ni un mal beso que llevarme a la boca”), aposté a doble o nada a la carta más alta lo poco que me dieron en la casa de empeño por mis minutos de olvido. Y con mi puñado de monedas en el bolsillo empecé la búsqueda de mi nueva identidad.

Comencé por probarme algunas vidas encuadernadas, dibujadas con palabras, otros Yos que viajaban a países en donde los conejos llevaban reloj, o en donde la gente no medía más que mi dedo pulgar. Pero ninguna me quedaba como yo deseaba. Algunas eran muy estrechas, otras demasiado holgadas, y, desde luego, todas mantenían ese corte de irrealidad que tanto incomoda. Así que pensé que lo mejor sería buscarme un Yo de segunda mano, de esos que tienen algún descosido, pero que ya saben lo que es vivir. Barajé diversas posibilidades: podría comprarme un Yo domador de leones, o músico de guardia, o repartidor de caramelos. También me hubiese gustado ser enfermera de almas, o consejera de flores.
Así salí a la calle en busca de alguien que estuviese dispuesto a venderme su identidad. Visité bares inundados de humo; bibliotecas llenas de otros Yos que se probaban, como yo había hecho antes, vidas encuadernadas; aulas vacías; jaulas llenas; estaciones de tren en donde otras personas no cruzaban su mirada con la mía. Marqué números de teléfono al azar. Busqué bajo la luz del sol y en la oscuridad de la noche. Observé en silencio y grité de desesperación. Navegué por la sección de anuncios por palabras de periódicos locales y nacionales, en mares de ginebra , sobre paraísos artificiales aún por descubrir. Recité versos en la Plaza Mayor, pero nadie se paró a escucharme.
Cuando ya había perdido la esperanza de encontrar una persona a la que me apeteciera comprarle su identidad, apareciste tú, te colaste por la ventana de mi habitación, en mi vida, entre mi ropa, en los huecos que necesitaban ser llenados. Me olvidé a tu lado de telediarios parciales, de propuestas de ley, de países invadidos, de aburridos juicios, de pisotones sin "perdón", del "más de lo mismo", de mi cuadriculado "uno más uno son dos" (porque a veces son tres, e incluso hasta cuatro), de solitarias rutinas y heridas pasadas , y pensé que había llegado la hora de proponerte comprar tu Yo. De olvidar mi vieja vida y comenzar otra nueva, aunque fuese ajena, aunque no me perteneciera. De suplantar la identidad que tanto había estado buscando.
Estaba a punto de plantearte la idea cuando algo me hizo cambiar de opinión.
Si yo me convertía en tú, nunca podría llegar a besarte...
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Qué bonito post! Gracias!
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Ojalá, Yarince, ojalá... :)
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Espero que tu post no sea fruto de tu imaginación, sino de la realidad que estás viviendo. Y si no es así, te deseo que sea un presagio.
Comentario:
Gracias, chic@s os quieroooooooooooooooo ;) ¿Cómo explicaros la compañía que me haceis? ;)
Rosa, siento no poder ayudarte. Mira que conozco logs, eh? pero creo que ninguno es de Valencia. De todas formas si encuentro alguno serás la primera en saberlo ;)
Muacccs para tod@s
Rosa, siento no poder ayudarte. Mira que conozco logs, eh? pero creo que ninguno es de Valencia. De todas formas si encuentro alguno serás la primera en saberlo ;)
Muacccs para tod@s
Comentario:
necesito ayuda, estoy de becaria en un periodico de valencia y me gustaría hacer un reportaje sobre los bloggers valencianos, me puedes ayudar o conoces a alguien de valencia que tenga una weblog, sólo quiero hablar por telf con alguien que me explique un poco sobre las webslog y que opinen, me puedes ayudar?te estaria muy agradecida si pudiera contactar contigo de alguna forma,si eres de valencia o conoces a lguien que tenga un blog y sea valenciano...puedes mandarme el telf a mi mail??muchas gracias
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muy bueno...sos el pajaro que vuela mas alto en esta jaula-red.
felicitaciones argentinas
felicitaciones argentinas
Comentario:
Qué maravilla, Llaeza, qué maravilla...
Muchas veces descubrimos nuestro yo bajo la mirada de quien nos quiere...
Un beso fuerte y enhorabuena!
Muchas veces descubrimos nuestro yo bajo la mirada de quien nos quiere...
Un beso fuerte y enhorabuena!
Comentario:
Me encanta que te sientas viva y afortunada de estarlo; si se es capaz de apreciar cada día como si fuera de fiesta es que se ha llegado a lo máximo; que haya muchos días de fiesta en tu calendario.
bsss
El texto que quieres que te diga; sabes que soy un incondicional entregado; me encanta tu forma de escribir y expresar.
bsss
El texto que quieres que te diga; sabes que soy un incondicional entregado; me encanta tu forma de escribir y expresar.
Comentario:
Creo que hay pocas cosas mejores que encontrar a alguien cuando menos te lo esperas y llegar a sentirte capaz de todo...a mi tambien se me ocurrió esa idea alguna vez y llegué a la misma conclusión, pero creo que no habría sabido expresarla tan bien nunca ;)
Un besín.
Un besín.
Comentario:
¡¡Si te compras un yo nuevo... me pido el tuyo actual!! ;) En serio... jamás cambies tu yo... vale demasiado y nadie lo merece tanto como tu.
bss
bss
Comentario:
Guuuuaaaauuuu! Que hermosura Llaeza. Me has transportado. Me ha encantado. Sentí a medida de la lectura como si se alzara cada vez más el significado, como una introdución-nudo-desenlace subiendo a las alturas y descendiendo al vacio. Mariposas en el estomago rebolotean cuando leo y se me remueven cosas por dentro. Gracias, tantas Gracias. Eres buena en lo que haces, mucho.
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No son muy tiernos los de la foto?
Comentario:
...y eso hubiese sido terrible.
:-)
un abrazo!
:-)
un abrazo!
TIZA