<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><channel><title><![CDATA[Mil y una palabras al aire...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/llaeza/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[<b> Bienvenido, siéntate, toma un café... Estás en tu casa... </b>]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[PRIMEROS VUELOS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/llaeza/c_140.htm]]></link><description><![CDATA[He estado de vacaciones. De sentir. De volar. De estremecerme de palabras y mariposas que me suben por el pecho y me aletean en los labios. Pero he vuelto. Ahora sólo me voy de vacaciones a Irlanda, las otras no me interesan. Os dejo lo último que he escrito, aunque leído en el rincón de una cueva con la emoción quemándome los dedos suena mucho mejor. <br/><br/><br/>No sé, me importa un pito que las mujeres <br/>tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; <br/>un cutis de durazno o de papel de lija. <br/>Le doy una importancia igual a cero, <br/>al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco <br/>o con un aliento insecticida. <br/>Soy perfectamente capaz de sorportarles <br/>una nariz que sacaría el primer premio <br/>en una exposición de zanahorias; <br/>¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, <br/>bajo ningún pretexto, que no sepan volar. <br/><br/>Oliveiro Girondo<br/><br/><br/>Autumn leaves, alzo la cabeza y comienza a llover con prisa, con una intensidad que no veía en Madrid desde hace meses, como si hubiese abierto la caja de sorpresas y se escapara un poco de viento del norte, de tormenta de octubre, gracias por la lluvia, amor, no me creeré que no has sido tú, y ahora todo huele distinto y todo suena distinto, y las vecinas corren a descolgar la ropa de los tendales y ríen, y el patio se llena de manos que recogen sábanas y pinzas de plástico de colores, y a mí me inunda un reprimido sollozo de felicidad, gracias, gracias, gracias. Te beso tanto que encuentro tus labios familiares, se amoldan a los míos, encajan por el uso. Apago la voz de Edith Piaf y abro aún más las ventanas, me dejo mecer por el ruido rítmico de la lluvia, que me amodorra, que me susurra que hoy es un día de manta y libro, de reclinar la cabeza en tu pecho y ven aquí, que hace frío y qué haces levantándote  pudiendo apurar minutos de sábanas, anda, no te vayas, Julieta y yo exclamamos al unísono que aún no ha amanecido y te escondo bajo la tela, nos enterramos en el olvido (escaezu, en mi tierra el escaezu no es victoria sobre el mal ni sobre nada, según Benedetti) y dejo el cuchillo, no llevo armas ni ropas, vengo desnuda, las manos vacías y el corazón rebosante, rubor en las mejillas por no saber/poder explicar ni decir ni querer ni escaecer, y esto que quería ser un cuento se ha convertido en un poema con alas, en domingos inventados de sofá, en un intento de adivinar lo que me quiere decir tu boca cuando no me habla, en un saltar al vacío, en un querer explicar que la razón secreta de mi alegría es un pájaro azul, una palabra en la noche, la luna de agosto, calles estrechas, conteos de vida, querer encontrar el mar de Madrid. Cómo contarte sin contar y decirte sin decir, si el silencio es obligado y mis manos retienen palabras tristes y hermosas, si la lluvia aún no ha arrastrado toda la ceniza compartida,  el llanto contenido, el dolor de lo que fue una grieta en mi vientre, el sufrimiento que provoca ver cómo desaparece una sonrisa, la escarcha de mis manos, ¿la ves?, está ahí, al lado de los restos del naufragio, y después de la tormenta sale el sol repartiendo esperanza como caramelos de colores, como palomas blancas lanzadas al viento, como nomeescaezcas expuestos al sol y canciones que se nos  caen de los bolsillos, todo para él, los confetis, las rosas, el cava, las lágrimas que ya han cambiado de color y me dejan respirar, y de repente se despereza el mar allá lejos, la lluvia allá lejos, y me inundan las ganas de correr de un lado a otro, los acantilados, el olor de la higuera, las hojas que caen sobre mi ventana en Llanes, la mermelada de mora, vuelvo a sentir, vuelvo a ser yo. Y tú, ¿sabes volar?<br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Llaeza]]></author></item><item><title><![CDATA[Paz]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/llaeza/c_139.htm]]></link><description><![CDATA[Eduardo Madina lo ha dicho alto y claro: llevábamos cien años de dictaduras encadenadas en Euskadi. Ojalá ese pasado en el verbo se mantenga, sea real, no se vuelva presente de nuevo. Me emociona la entereza con la que habla ese hombre de las personas que le <img src="http://www.netcom.es/efyenia/images/picasso.jpg" width="45%" align="right">quisieron borrar del mundo. Su voz clara y sus afirmaciones rotundas. Me gustó lo que dijo en La pelota vasca, y me gusta lo que dice ahora, pero, sobre todo, lo que me gusta es como lo dice, desde una posición tan objetiva en su dolor que asusta por lo coherente.<br/><br/>Hoy todos hablábamos sin hablar. Cuando he escuchado la noticia en la radio me he emocionado y no he dicho nada. Nadie ha dicho nada. Pero todos pensábamos en el derecho a salir sin miedo a la calle. En el derecho a no despedirte de tus hijos cada mañana pensando en que puede ser la última vez. En el derecho a que no se hurgue en la herida aún abierta usando a los fallecidos como arma arrojadiza.<br/><br/>Salgo de mi silencio hoy para gritar que ya era hora, con la esperanza de que sea permanente.<br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Llaeza]]></author></item><item><title><![CDATA[Amigos]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/llaeza/c_138.htm]]></link><description><![CDATA[La mujer con miedo a sentirse sola reprime un grito y vuelve a echar cuentas de nuevo. Repasa con extrema minuciosidad cada uno de los nombres escritos en azul y cuando ha acabado repite la operación con los nombres escritos en rojo, garabateando sumas y restas en un viejo cuaderno cuadriculado con la expresión consternada del que recibe una mala noticia sin esperarlo, mientras murmura para sí que ojalá fuese miércoles por la tarde. <br/><br/>Ahora mismo le gustaría ir a hacer rebotar piedras contra el agua del estanque. Eso relaja a la mujer con miedo a sentirse sola y hoy está nerviosa porque esta semana hay más nombres señalados en rojo de los que entraban en las previsiones, y no le salen las cuentas. <i>Ojalá fuera miércoles por la tarde</i>, piensa. Y es que la mujer con miedo a sentirse sola es recepcionista en un hotel y cuando libra los miércoles por la tarde ese día a las cinco y diecisiete acude al estanque a escuchar el ruido que provocan las piedras que ella misma hace rebotar contra el agua. Lo llama música acuática. Elige diecinueve piedras con cuidado y juega a hacerlas saltar entre los juncos. No hay una razón clara para que sean diecinueve, pero siempre son diecinueve, y es que a la mujer con miedo a sentirse sola le encantan los números. Lleva la cuenta de los amigos que tiene con una preocupación obsesiva. Apunta sus nombres, sus apellidos, sus números de teléfono y la fecha de sus cumpleaños en un viejo cuaderno cuadriculado. Pero lo realmente relevante, lo que de veras le importa  a la mujer con miedo a sentirse sola es saber cuántos son y, sobre todo, poder decirlo. Adora sacar el tema en sus conversaciones. <i>Pues a mí </i>–suelta en cuanto encuentra ocasión- <i>me es imposible quedar con todos mis amigos, no tengo tiempo, son ciento cincuenta y tres</i>, y frunce el ceño mientras entorna los ojos hacia arriba, simulando calcular por si acaso ha olvidado alguno.<br/> <br/>La mujer con miedo a sentirse sola cuando tiene un rato libre en la recepción del hotel hace balance de sus amigos como el avaro vacía su hucha y cuenta monedas, con la impaciencia del que nunca está satisfecho del todo, y enumera las bajas y las nuevas <img src="http://blogs.ya.com/aliciazul/http://blogs.ya.com/llaeza/files/soledad.png" width="65%" align="right"> incorporaciones mientras los señala con un rotulador (el rojo para las primeras, el azul para las segundas) y apunta una explicación detallada en los márgenes de las hojas de su viejo cuaderno cuadriculado. <i>A. M. C., 655708597, nacido el diecinueve de abril de mil novecientos setenta y cuatro, causó baja voluntaria como amigo el doce de diciembre de dos mil cinco a través de llamada telefónica en la que me reprochaba falta de atención hacia su persona</i>. La mujer con miedo a sentirse sola marca su nombre en rojo y piensa que esta semana ya son demasiados, como la media siga así bajará de la centena de amigos en un par de meses. <i>Ojalá fuera miércoles por la tarde</i>, murmura.<br/> <br/>La mujer con miedo a sentirse sola nunca llama a nadie para que la acompañe en sus días libres. No es que no quiera pasar tiempo con sus amigos, simplemente trabaja en la recepción de un hotel y sus horarios no suelen cuadrar con los de los trabajos de las personas que conoce. No sabe que tendrá que buscarse otra excusa cuando al día siguiente su jefe le dé libre el sábado por la mañana y tampoco llame a nadie para que la acompañe a escuchar su música acuática.<br/><br/><br/><br/><br/><br/><i>A Carlos, por tener razón, un amigo al que no ves es un nombre en una agenda.</i><br/><br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Llaeza]]></author></item><item><title><![CDATA[Cuento acabado]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/llaeza/c_135.htm]]></link><description><![CDATA[<i>¿No crees?</i> , me ha preguntado el hombre que se ha sentado  a mi lado en el autobús. Y yo no le he dicho nada porque opino que cuando alguien pide un consejo en realidad está reclamando un silencio, como quien arroja una piedra desde un precipicio y aguza el oído, aún sin esperar advertir sonido alguno. Una pared contra la que estrellar platos sucios. <br/><br/> El hombre que se ha sentado a mi lado en el autobús hace un momento estrellaba contra mi pared que se ha enamorado de la que cree que es la mujer equivocada. Y que se acuesta con ella los segundos martes de cada mes, al caer el sol, desde hace dos años. También que nunca le ha comido el coño un sábado por la noche al volver del cine o un domingo por la mañana, cubiertos de sábanas y pereza. Ni siquiera un lunes gris de sofá y duermevela, o un jueves antes de almorzar. Sólo los segundos martes de cada mes, al caer el sol, desde hace dos años, con la inercia de quien acude a cubrirse las canas una vez cada quince días o paga mensualmente el alquiler y ya no hace planes ni concreta otras citas para la fecha en la que sabe que debe ir a la peluquería o a hacer cola en el banco. Eso me ha contado. Que la presunta mujer equivocada folla con él como quien paga facturas o se tiñe el pelo. Y que esa es la razón por la que sospecha que es la mujer equivocada. <br/><br/> El hombre que se ha sentado a mi lado en el autobús ha azotado contra mi pared que su vida cojea como un perro viejo al que se le hubiese clavado un cristal en la pata delantera derecha. <i>Es la ilusión, ¿comprendes?</i>  me dice, y sigue contándome que la pata delantera derecha es la más importante, la que aguanta el peso, como la ilusión, que la de su vida está dañada y ahora le cuesta caminar, mantenerse en pie, que le duele el mero hecho de pensar en ello y buscar metáforas absurdas, le lastima el simple gesto de intentar utilizarla como apoyo, que no se puede sujetar en su ilusión porque la tiene herida. Eso me ha dicho. Que su vida cojea porque se ha clavado un cristal en la ilusión. <i>¿Entiendes?</i> me repite, y yo he creído que sí pero quizás no, quizás no haya entendido, he torcido la boca en una mueca tensa que pretendía hacerle entender mi incomodidad ante tal desparrame de desnudez y sinceridad cruda, y he permanecido callado porque me parece que cuando alguien pregunta algo así en realidad reclama un silencio, una pared en blanco contra la que estrellar la porcelana de sus platos embadurnados de problemas.<br/> <br/>Parece ser que el hombre que se ha sentado a mi lado en el autobús los segundos martes de cada mes, al caer el sol, es el amante de la presunta mujer equivocada, pero el resto del tiempo se transforma en el Director General del Departamento de Ventas de una conocida empresa de transportes. Me lo ha contado él mismo. Eso y que acude a su trabajo un poco como la presunta mujer equivocada acude a follar con él, como quien paga facturas o se tiñe el pelo, por lo que también empieza a sospechar que su trabajo es el equivocado. <i>¿No crees?</i>, me ha preguntado. Y yo no le he dicho nada, porque opino que cuando alguien pide un consejo en realidad está reclamando un silencio, como quien arroja una piedra desde un precipicio y aguza el oído, aún sin esperar advertir sonido alguno. Una pared contra la que estrellar platos sucios. <br/><br/> El hombre que se ha sentado a mi lado en el autobús ha seguido  rompiendo su vajilla en mi pared, hablándome de manos propias y besos ajenos, de que de niño soñaba con ser astronauta y ahora sólo es Director General de Ventas, arrojando desde su precipicio piedras en forma de ¿No crees? hacia el vacío de mi abismo callado. Y yo he permanecido inmóvil, observando como entre pausas y suspiros sus platos se estrellaban contra mi silencio, recubriendo de pedacitos de barro cocido y barnizado el suelo del autobús, formando a los pies de los pasajeros una especie de tapiz de confesiones en voz alta, <img src="http://www.bluethinking.com/evam/cpg132/albums/userpics/10001/plato.jpg" width="45%" align="right">alfombra de añicos de sueños truncados, y los trozos de cerámica de sus platos sucios resbalan entre mis piernas que ahora comienzan a incorporarme como si yo no notase la amargura de sus palabras, como si no me sintiese identificado con sus frases lánguidas y su mirada perdida, con su quería ser y no soy, pulso el botón solicitando parada como si nada fuese conmigo, como si el hombre que se ha sentado a mi lado en el autobús sólo fuera el hombre que se ha sentado a mi lado en el autobús y no fuera también yo, y aquel chico de gafas del asiento de atrás , y la rubia que sonríe sin sonreír al lado del conductor, como si mi vida se diferenciara en algo de la suya, y me bajo en la próxima que es la mía reprimiendo un grito de dolor, y así voy, camino del trabajo, cojeando levemente a causa de un pedazo de loza sucia que se ha introducido en mi zapato y se me ha clavado entre los dedos del pie derecho.<br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Llaeza]]></author></item><item><title><![CDATA[Inconstancias y fantasías]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/llaeza/c_134.htm]]></link><description><![CDATA[<a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/llaeza"></a><img src="http://www.filmarchiv.at/events/cinelatino/pics/ellado.jpg" width="50%" align="right">Soy efímera, inconstante, voluble. Paso de la euforia al llanto con facilidad. Necrófila de instantes, los atesoro cuando ya se han evaporado, los entierro en una esquina de mi mente para sacudirles el polvo el día menos pensado, me como el ayer saboreando el hoy, no sé si comprendes, si me explico, y qué más da si yo lo único que quiero es compartir, transcribiros un texto de una película que ayer me hizo volar, escribir, penetrarme con palabras. <br/><br/><i>I. me partió el corazón, pero al herirlo lo creó, nunca lo entenderías, mi pobre I., mi querido I., nunca hubiera podido pagarte esto que hiciste en mí, iluminaste <a target="_blank" href="http://www.culturalianet.com/art/ver.php?art=7160"><b>el lado oscuro de mi corazón</b></a>, ¿por qué decidiste permanecer pobre, dejándome a mí tan rica? </i><br/><br/>I. me partió el corazón y me postró en el suelo, arrodillada, menos mal que personas como <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/serena"><b>tú</b></a> me hacen recuperar altura y elevarme a tres palmos de la tierra cada mañana, pintar de azul el asfalto, remendar las heridas, construir castillos con las migas de pan que sobran de la cena, y, eh, sí, a ustedes,  si esto les parece fantasía, si creen que vivo en un sueño, no me despierten, déjenme dormir.<br/><br/><i>Nunca veas a una puta con luz de día, es como mirar una película con la luz encendida, como el cabaret a las diez de la mañana, con los rayos de sol atravesando el polvo que se levanta cuando barres, como descubrir que ese poema que te hizo llorar a la noche, al día siguiente apenas te interesa, es como sería este puto mundo si hubiera que soportar las cosas tal y como son. Como descubrir al actor que viste haciendo Hamlet en la cola del pan, como el vacío cuando te pagan y no sentís ni siquiera un poquito, como la tristeza cuando te pagan y sentiste  por lo menos un poquito, como abrir un cajón y descubrir una foto de cuando la puta tenía nueve años, como dejarte venir conmigo sabiendo que cuando se acabe la magia vas a estar con una mujer como yo, en Montevideo.</i><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Llaeza]]></author></item><item><title><![CDATA[Es un privilegio estar vivo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/llaeza/c_133.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://www.elpais.es/recorte.php?xref=20051006elpepivin_1&id=SCO&type=Ges" width="55%" align="right">En mi contrato temporal con la existencia no tengo más intención que la de amontonar sensaciones que hagan estremecer mi pecho, que dibujen una sonrisa en mi rostro, que me hagan exclamar "Ha merecido la pena pasar este día". <br/><br/>Cuando tienes la certeza de que a cada tic-tac de reloj una vida se apaga, adquieres la obligación de encender la tuya.<br/><br/><br/>El primer mundo debería dejar de mirarse el ombligo. Y yo formo parte de ese primer mundo. Hoy estoy triste. Hoy he tenido tiempo para ver el telediario.<br/><br/><br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Llaeza]]></author></item><item><title><![CDATA[Maquillajes]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/llaeza/c_131.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://www.lauramartino.com/belleza/maquillaje/maquillaje_edad.jpg" width="60%" align="right"> La mujer que vendía en la esquina gritaba a pleno pulmón que su algodón de azúcar era el mejor de toda la feria. <i> Nunca han probado ninguno como éste</i>, repetía, y se tocaba sus trenzas de niña que aún quiere serlo pero ya no lo es, con sus 45 años cumplidos y su top rosa con lunares verdes, negándose a crecer, contrastaban sus cintas de colores de moda con los surcos de su rostro como las piruletas y los algodones de azúcar que anunciaba a voz en grito con la botella de vino a medio terminar que descansaba en el suelo, fundiendo edades como cuando cumples 16 y se mezclan los juegos y el deseo, y las muñecas y alguna droga, pero hacía tiempo que ella había dejado la adolescencia y el tiempo de ambigüedad en el que confluyen la mujer y la niña, ella lo sabía, y yo también. Sin embargo cuando paseaba por allí seguía gritándole que era la flor más hermosa del jardín. Y ella me sonreía como si me creyera.]]></description><author><![CDATA[Llaeza]]></author></item><item><title><![CDATA[Como si...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/llaeza/c_130.htm]]></link><description><![CDATA[Ando últimamente despistada, amor, no sé qué me pasa, como si no tuviese a quien agarrarme, me quejo demasiado, de lo que me gustaría hacer y no hago, de lo que podría haber sido, voy a trabajar con el rumor de mi último sueño enredado en el cabello, salto al otro lado recogiéndome la pereza para no tropezar en las escaleras mecánicas del metro. Línea 6. Circular. Cuando llegué imaginaba los vagones llenos de ilusiones, de ojos que besaban y de bocas que veían, y ahora... ahora sólo ando un poco despistada, amor, no te preocupes. Soy feliz. No tan feliz como antes, o como mañana, pero estoy bien, tengo un plato en la mesa y cuando vuelvo a casa me esperan tres sonrisas diarias, no se puede pedir más (y sin embargo), será el otoño, es lo que se debe hacer en septiembre, ¿no?, yo nostalgio, él nostalgia, y, ay, cómo me revienta que ella nostalgie, en otoño se le deben robar versos a Benedetti y besos a cualquiera, y me acuerdo de cuando asábamos castañas y <img src="http://netdial.caribe.net/~postdata/Rayuela-Zeno%201988.jpg" width="60%" align="right">agotábamos corduras, te lo había advertido, me quejo demasiado, y hoy han muerto cinco personas porque alguien intentó contener la esperanza con una alambrada, y yo aquí, llorando por ellos y por mí, como si el dolor que siento en las manos cuando llueve y nadie me acaricia el pelo se pudiese equiparar con la desazón de quien está dispuesto a arriesgar su vida a una sola carta, y morir en el intento, amor, me siento mal por sentirme mal, en un dolor que se muerde la cola, como la línea 6, circular, y esto no es literatura, esto no es llegar y enlazar palabras, esto es llegar y desnudarse aquí y que veais mis estrías y que mi pecho no es perfecto,  y qué bien que no sabes quien soy, y qué miedo el querer gritar y no conseguirlo, abrázame, así, en la distancia, como si comprendieras lo que escribo (como si yo me supiese explicar).<br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Llaeza]]></author></item><item><title><![CDATA[E.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/llaeza/c_129.htm]]></link><description><![CDATA[No he hablado nunca con E. Sin embargo él se ha pasado por aquí, a hurtadillas, alguna vez. O eso me han dicho. No he hablado nunca con E. Pero sé que es una buena persona. Además, me ha dado permiso para enseñaros su <a target="_blank" href="http://www.piensaenpixel.com"> <b>trabajo</b> </a>. Además, apoya la cultura. Además, ha realizado este vídeo de Antonio de Pinto. Además, lo ha hecho maravillosamente bien.<br/><br/><br/>Para ver el vídeo, pinchad en este enlace--> <a target="_blank" href="http://www.piensaenpixel.com/video/espantando_palomas.mov">ESPANTANDO PALOMAS</a> <img src="http://www.jornada.unam.mx/1997/mar97/970306/palomas.jpg" width="60%" align="right"><br/><br/><br/>Si no teneis una buena conexión hay que tener un poco de paciencia. Si la teneis, también. Pero merece la pena. Espero que disfruteis. La canción es maravillosa.<br/><br/><br/><br/>* Añadido: Parece que hay problemillas para ver el vídeo. Yo lo he abierto sin problemas con <a target="_blank" href="http://www.apple.com/quicktime/download/win.html">Quicktime</a>, por si os sirve de algo. <br/>]]></description><author><![CDATA[Llaeza]]></author></item><item><title><![CDATA[El beso]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/llaeza/c_128.htm]]></link><description><![CDATA[El hombre que cumple años observa el regalo de 180 x 120 centímetros que reposa sobre la mesa de su sala de estar, levanta los ojos y mira emocionado a su mujer, que a su vez fija la vista en él, sonriente, orgullosa y convencida de haber acertado en la adquisición incluso antes de que su marido rasgue el papel de colores que cubre el objeto en cuestión. <img src="http://www.albertopancorbo.com/paintings/Beso%20postal.jpg" width="62%" align="right"><br/>El hombre que cumple años pasea su vista desde la cinta de colores que corona lo que con toda seguridad es un cuadro hasta la camisa de su esposa, no sabiendo qué retirar primero, el papel o la blusa, de qué envoltorio desprenderse antes. Hace tiempo que nada entre ellos es como al principio, cuando cualquier lugar era propicio para susurrarse palabras de amor al oído e introducir las manos entre las ropas, cuando uno se adelantaba a los pensamientos del otro y casi no era necesario articular palabras, con mirarse a los ojos era suficiente para saber, comprender y actuar en consecuencia. Hace años que esto no sucede. Un ejemplo de ello, piensa el hombre que cumple años, es que hace casi una década que su mujer no acierta con sus regalos. Lo que antes era una fiesta, una comunión de vidas cubierta de complicidad se ha convertido en un molesto rompecabezas. Son un jeroglífico el uno para el otro. Pero esta vez él ha decidido que sea distinto. El hombre que cumple años se ha fijado un objetivo: recuperar esa conexión que hacía que su esposa adivinara lo que pensaba casi incluso antes de que él lo pensara. Para ello ha creído necesario comenzar por algo sencillo, entiende que es un proceso complejo que requiere un ritmo pausado, aunque creciente. Durante las semanas anteriores a su aniversario el hombre que cumple años ha ido dejando a su mujer pistas inequívocas que la conducirán a obsequiarle con aquello que más ansía en estos momentos: un cuadro de un conocido pintor impresionista francés que representa una pareja de amantes besándose. Ha encontrado la imagen increíblemente romántica para tomar como símbolo de esta nueva etapa juntos. Será perfecto, piensa el hombre que cumple años, y, a partir de este primer paso, todo será más fácil. Sonriendo, se acerca a la mesa preparado para desnudar el lienzo, seguro de conocer lo que va a encontrar.<br/><br/>El hombre que cumple años desenvuelve su regalo, mira el cuadro con rabia, mira a su mujer con más rabia aún y mientras aprieta los dientes vuelve a observar el presente, una tela pintada de blanco, enmarcada en mármol blanco. <i>No ha entendido nada</i>, piensa, <i>¿qué es esto? Ella y sus manías modernistas, ella y su imperiante egoísmo, ¡Dios, cómo la odio! ¿cómo he podido pensar que podría recuperar la ilusión a su lado? Está claro que nos hemos perdido, somos dos completos desconocidos.</i><br/><br/>La mujer del hombre que cumple años pasa una mano por el lienzo y comienza a hablar…<br/><br/><b>Un cuadro blanco sobre una pared blanca provoca un efecto luminoso y flexible que hace que veamos lo que queramos ver según nuestro indicador de ánimo. En días especialmente turbios se ve el vacío más absoluto, no hay nada, si fijamos bien la vista podríamos verlo incluso oscuro, sombrío, ¿qué oculta? ¿qué quiere?, se ríe, impoluto, recordándonos nuestras manchas y miserias, ¿qué dice? nos mira desde lo alto anunciándonos nuestra derrota. En días especialmente nostálgicos podríamos creer atisbar indicios de amores pasados: mira, esa sombra lleva su sonrisa, cómo me recuerda a su rostro la apenas perceptible línea de luz que llega desde la ventana hasta la esquina izquierda del lienzo, en conjunto representa su manera de decir nada con todo, su silencio a gritos y sus conversaciones calladas. En días especialmente dulces se dejan entrever los pliegues de unas sábanas, el tierno rayo de sol que anuncia el despertar del día y hasta puedo vislumbrar como te acurrucas en mi regazo, sí, ¿cómo que no eres capaz de verlo? Si está tan claro que golpea el rostro con fuerza ¿no lo ves?, ¿no lo sientes? Alza tu mano y pásala suavemente por la superficie blanca del óleo, a ver si palpando te das cuenta de que casi todo es moldeable y cambiante, de que lo que hoy es un paisaje nevado mañana es un vaso de desayuno, pasado un vestido de novia, al siguiente un lirio cortado. Y una mañana te despiertas y te das cuenta de que nunca será homogéneo del todo, y descubres matices en el fondo y le das nombre, en el centro aparece un blanco sueño, de esos que aclaran las madrugadas y humedecen de alegría los ojos, y más a la derecha y hacia arriba se percibe un blanco magia, colmado de palabras susurradas dibujadas a carboncillo (carboncillo blanco, eso sí, que aunque no exista, se inventa). También hay blancos oscuros, blanco miedo, blanco dudas, que le dan a cierta hora del día un aspecto sombrío y estremecedor, el de hospital recién pintado, el de cama abandonada. Y en días especialmente normales, tan sólo soy capaz de ver algo sin completar. Algo para llenar de color. A tu lado.</b><br/><br/>El hombre que cumple años se acerca a su mujer y la besa con la pasión de la primera vez, sin darse cuenta de que la tenue luz del día que entra a través de la ventana dibuja la silueta de ambos en la tela blanca de la misma forma en que se encuentran los dos amantes del cuadro de un conocido pintor impresionista francés.<br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Llaeza]]></author></item></channel></rss>
