NOTA SOBRE EL PIANO
Ella pensaba en la posibilidad de que los libros establecieran puertas,pero nunca esperó encontrar la llave. Cuando uno aprende de memoria el número de baldosas de su pasillo,da las gracias y piensa que es necesario encontrar certezas desde otras latitudes. Dejo la casa en reformas, cojo un tren, respiro hondo. Viajar se parece a repasar todas las posibilidades antes de volver a casa.
Sigo cerca...
BALONES DE PLAYA
Anoche me acosté hecha un ovillo.
Lo hice con premeditación, nocturnidad y alevosía. Vamos, con toda intención.
Decidí enroscarme en mí misma, sin discriminación, para que cada partícula de mi piel sintiera el roce y el calor de la compañía hermana. No podía verme, pero imaginación me sobra y me convertí en ese tercero que espía desde el techo y que procesa en el cerebro una imagen en 3D de una masa humana, una grotesca parodia de un enorme balón de playa pinchado; y digo pinchado porque todos sabemos que según se desinflan estos balones se van quedando amorfos y pierden toda redondez y símil con el círculo perfecto que yo ilusamente pretendía. No conté con mi oxidada elasticidad y mis curvas varias que anulaban tan digno propósito.
Yo, que normalmente duermo de costado y más bien estirada, ayer abracé mis rodillas, forcé el cuello hasta colocar mi cabeza entre mis senos y doble piernas y pies. Supongo que necesitaba sentirme rodeada. (¡Que triste! ¿no?)
Lo hice con premeditación, nocturnidad y alevosía. Vamos, con toda intención.
Decidí enroscarme en mí misma, sin discriminación, para que cada partícula de mi piel sintiera el roce y el calor de la compañía hermana. No podía verme, pero imaginación me sobra y me convertí en ese tercero que espía desde el techo y que procesa en el cerebro una imagen en 3D de una masa humana, una grotesca parodia de un enorme balón de playa pinchado; y digo pinchado porque todos sabemos que según se desinflan estos balones se van quedando amorfos y pierden toda redondez y símil con el círculo perfecto que yo ilusamente pretendía. No conté con mi oxidada elasticidad y mis curvas varias que anulaban tan digno propósito.
Yo, que normalmente duermo de costado y más bien estirada, ayer abracé mis rodillas, forcé el cuello hasta colocar mi cabeza entre mis senos y doble piernas y pies. Supongo que necesitaba sentirme rodeada. (¡Que triste! ¿no?)
...
El tiempo se detiene a sudar mis tardes de domingo. Las gotas resbalan de forma vaga, pegajosa, aburrida...marcando el ritmo de esta siesta que no me abraza. Me levanto acompañada del sabor amargo de monedas sucias en la boca, me volví a vender por dos duros al mundo de los sueños. Fuera truena y sonríen mis fracasos mientras se burlan de mis pasos secuestrados, amordazados con una cuerda a la pata de mi cama, mis tobillos desisten de pelear antes de empezar. Dicen que quieren ir a todo los lados, pero siempre tienen excusa y hoy, claro, llueve.
CICATRICES
Hoy, por fin, me doy cuenta de que es inutil intentar enterrar el dolor. No sirve de nada. Se extiende a través de la tierra, bajo mis pies; se filtra en el agua que bebo y me está envenenando la sangre.
Las heridas se cierran, pero siempre quedan cicatrices más o menos visibles que volverán a molestar recordandote en la piel su existencia, y con ella el golpe que las originó. Y el recuerdo del golpe afectara a decisiones futuras, te hará arrastrarte por oscuros pasados, te creará miedos inútiles, y te hará crecer como una criatura apagada y cobarde; sobre todo si llevas varias hostias a la espalda.
¿Para qué intentar huir y dejar atrás la ciudad donde caiste? ¿Por la vana esperanza de que en otro lugar, en un clima más benigno, ya no te dolerán las cicatrices y beberás agua más limpia? A tu alrededor se alzarán las mismas ruinas de tu vida, porque allá donde vayas llevarás la cuidad contigo. No hay cuidad nueva, la vida malograda lo es en cualquier parte.
PD: Hacen falta 42 músculos para mostrar mi mejor sonrisa y sólo cuatro para alzar mi dedo corazón y mandarlo todo a tomar por culo.
Las heridas se cierran, pero siempre quedan cicatrices más o menos visibles que volverán a molestar recordandote en la piel su existencia, y con ella el golpe que las originó. Y el recuerdo del golpe afectara a decisiones futuras, te hará arrastrarte por oscuros pasados, te creará miedos inútiles, y te hará crecer como una criatura apagada y cobarde; sobre todo si llevas varias hostias a la espalda.
¿Para qué intentar huir y dejar atrás la ciudad donde caiste? ¿Por la vana esperanza de que en otro lugar, en un clima más benigno, ya no te dolerán las cicatrices y beberás agua más limpia? A tu alrededor se alzarán las mismas ruinas de tu vida, porque allá donde vayas llevarás la cuidad contigo. No hay cuidad nueva, la vida malograda lo es en cualquier parte.
PD: Hacen falta 42 músculos para mostrar mi mejor sonrisa y sólo cuatro para alzar mi dedo corazón y mandarlo todo a tomar por culo.
ABRAZOS...
Cuando
las patadas, asustadas, rebotan en mi bajo vientre,
buscar abrazos en 15 metros a la redonda se reduce a
cruzar con más fuerza
las patadas, asustadas, rebotan en mi bajo vientre,
buscar abrazos en 15 metros a la redonda se reduce a
cruzar con más fuerza
la chaqueta de lana sobre mi pecho...
CAMIINÉ...
Un día amanecí mascando regaliz, sin ganas de desayunar y con ganas de empadronarme en tus sueños.
En ese momento lo tuve todo claro, jamás debía permanecer presa dentro de una botella de cristal y jamás llevaría encima un paraguas si bajaba el nivel del río. Nunca me había gustado la idea de permanecer en silencio y supe que no iba a esperar a que me respondieses. Partiría al día siguiente. No podía esperar más, el viento soplaba de cara y ya casi sabía montar en bicicleta sin ayuda de nadie. Ya nunca miraría lo que dejaba atrás, hacía tiempo que había roto mi partida de nacimiento. Había decidido caminar hasta perder el camino que me perseguía. Me había enamorado de las hojas que caen en otoño y, como ellas, yo quería dejarme llevar por el viento, por una escoba sin dueño o por la inercia de la lluvia que resbala en los pasos de cebra. No iba a parar quieta costase lo que costase, siempre en movimiento hasta que te encontrase. Entonces di el primer paso…
No me costó despistar a quienes no me acompañarían en el camino. Borraba mis huellas a cada paso. Temía desgastarme antes de tiempo y si no era necesario no encendía una luz cuando me iba a dormir. El tiempo no importaba, había olvidado el reloj en otra muñeca, no recordaba ni su mano ni sus ojos. Caminé y no dormí durante cuarenta noches. No sabía a quién buscaba, solo tenía la certeza de haberme encontrado a mí misma cuando me creía perdida. Con la boca llena no podía hablar pero nada me impedía imaginarte con los ojos cerrados. Poco a poco fue cobrando forma la sombra de una llave. Conforme avanzaba se iba haciendo más y más grande. No había rastro de la llave que iluminaba su propia sombra. Tuve miedo, no me importa reconocerlo. Dudé de todo, dudé de que yo fuera real, dudé de que tú fueras real…y lloré porque tenía sed y había perdido el juicio.
…Y me quedé dormida. Me asusté al despertar porque no había luz. Cuando estaba a punto de gritar descubrí que estaba allí, siempre había estado allí. Abrí la boca y me hice con el tacto de una llave. Ahora ya tenía un sentido que darle a mis pasos, tenía una llave y un futuro al que no temer. Me senté y encendí la luz…
En ese momento lo tuve todo claro, jamás debía permanecer presa dentro de una botella de cristal y jamás llevaría encima un paraguas si bajaba el nivel del río. Nunca me había gustado la idea de permanecer en silencio y supe que no iba a esperar a que me respondieses. Partiría al día siguiente. No podía esperar más, el viento soplaba de cara y ya casi sabía montar en bicicleta sin ayuda de nadie. Ya nunca miraría lo que dejaba atrás, hacía tiempo que había roto mi partida de nacimiento. Había decidido caminar hasta perder el camino que me perseguía. Me había enamorado de las hojas que caen en otoño y, como ellas, yo quería dejarme llevar por el viento, por una escoba sin dueño o por la inercia de la lluvia que resbala en los pasos de cebra. No iba a parar quieta costase lo que costase, siempre en movimiento hasta que te encontrase. Entonces di el primer paso…
No me costó despistar a quienes no me acompañarían en el camino. Borraba mis huellas a cada paso. Temía desgastarme antes de tiempo y si no era necesario no encendía una luz cuando me iba a dormir. El tiempo no importaba, había olvidado el reloj en otra muñeca, no recordaba ni su mano ni sus ojos. Caminé y no dormí durante cuarenta noches. No sabía a quién buscaba, solo tenía la certeza de haberme encontrado a mí misma cuando me creía perdida. Con la boca llena no podía hablar pero nada me impedía imaginarte con los ojos cerrados. Poco a poco fue cobrando forma la sombra de una llave. Conforme avanzaba se iba haciendo más y más grande. No había rastro de la llave que iluminaba su propia sombra. Tuve miedo, no me importa reconocerlo. Dudé de todo, dudé de que yo fuera real, dudé de que tú fueras real…y lloré porque tenía sed y había perdido el juicio.
…Y me quedé dormida. Me asusté al despertar porque no había luz. Cuando estaba a punto de gritar descubrí que estaba allí, siempre había estado allí. Abrí la boca y me hice con el tacto de una llave. Ahora ya tenía un sentido que darle a mis pasos, tenía una llave y un futuro al que no temer. Me senté y encendí la luz…
...
El parpadeo inquieto
de tus pupilas desveladas
un recuento de caricias y un ruego al segundero...
de tus pupilas desveladas
telegrafiaba la noche en mis mejillas;
un recuento de caricias y un ruego al segundero...





