MI CASERA ME CUENTA LOS KIKIS
¿Conocéis esa sensación de angustia en la que sientes algo así como si llevases un misil Tomahawk clavado en el pecho? Llevo todo el día repitiéndome, como en una especie de letanía mantra: “Mi vida es maravillosa, yo soy maravillosa, mi destino es maravilloso”. Pero claro, no hay quien se lo trague.
Vivo de alquiler, en el trabajo me mandan a por café, el hombre de mi vida se ha vuelto gilipoyas, y yo no sé qué narices hacer con mi pelo. Además no puedo sintonizar la Primera en mi televisor, así que me pierdo todas las noches el telediario de Lorenzo Milá. Cuando sale sin corbata, enloquezco...
De todas estas desgracias, lo que peor llevo es lo del alquiler. Sobre todo teniendo en cuenta que mi casera vive en el piso de abajo y lleva la cuenta de mis kikis (¿kikis?,qué cursi soy, Señor). Me la encuentro en la escalera:
-Buenos días, niña. Oye, que esa cama hace mucho ruido, que esta noche mi marido no podía dormirse...
-Oh, lo siento (si yo durmiese a tu lado tampoco podría dormirme). Esto... se ha estropeado el calentador, el agua sale congelada.
-Qué cosa tan rara, ese calentador es buenísimo, y no tiene ni diez años... Pero bueno mujer, ja ja ja, el agua fría prieta las carnes.
-Ya, pero me gustaría que llamase usted a un fontanero (porque yo las carnes aun las tengo prietas, gracias a Dios).
-Bueno, ya subiré yo a ver qué le has hecho al calentador. Y a ver si esta noche podemos dormir todos...
-Sí, claro (¡a que me quito el misil Tomahawk y te lo clavo!).
Mi vida es maravillosa, yo soy maravillosa, mi destino es maravilloso...
Vivo de alquiler, en el trabajo me mandan a por café, el hombre de mi vida se ha vuelto gilipoyas, y yo no sé qué narices hacer con mi pelo. Además no puedo sintonizar la Primera en mi televisor, así que me pierdo todas las noches el telediario de Lorenzo Milá. Cuando sale sin corbata, enloquezco...
De todas estas desgracias, lo que peor llevo es lo del alquiler. Sobre todo teniendo en cuenta que mi casera vive en el piso de abajo y lleva la cuenta de mis kikis (¿kikis?,qué cursi soy, Señor). Me la encuentro en la escalera:
-Buenos días, niña. Oye, que esa cama hace mucho ruido, que esta noche mi marido no podía dormirse...
-Oh, lo siento (si yo durmiese a tu lado tampoco podría dormirme). Esto... se ha estropeado el calentador, el agua sale congelada.
-Qué cosa tan rara, ese calentador es buenísimo, y no tiene ni diez años... Pero bueno mujer, ja ja ja, el agua fría prieta las carnes.
-Ya, pero me gustaría que llamase usted a un fontanero (porque yo las carnes aun las tengo prietas, gracias a Dios).
-Bueno, ya subiré yo a ver qué le has hecho al calentador. Y a ver si esta noche podemos dormir todos...
-Sí, claro (¡a que me quito el misil Tomahawk y te lo clavo!).
Mi vida es maravillosa, yo soy maravillosa, mi destino es maravilloso...
MUJER FATAL
Cansada de darme de bofetadas contra los intríngulis del corazón, acudí a pedir consejo a una amiga a la que, intuyo, le salieron antes los colmillos de vampiresa que los dientes de leche.
Después de un cursillo intensivo sobre tacones de aguja, pestañas postizas y caídas de ojos, salí rauda y veloz a poner en práctica sus lecciones. Bueno, no tan veloz, porque resulta que los tacones de diez centímetros tienen una querencia especial por los agujeros de las alcantarillas y te obligan a caminar como si estuvieses esquivando minas antipersonales. Si a esto le sumamos los vanos intentos porque mi minifalda no mostrase hasta el rincón más oscuro de mi alma, y evitar que mis pestañas postizas saliesen volando por su propia cuenta, veremos que para una mujer fatal el simple acto de desplazarse representa una empresa titánica.
En cuanto alcancé el local de moda, me aferré a un taburete como náufrago a su tabla, pero al rato descubrí que mantener las piernas cruzadas, estilo fuego en el cuerpo, más de quince minutos, provoca dolorosos calambres a la altura de las pantorrillas, que transforman tu sonrisa seductora en una mueca penosa. Total, que me volví a casa con los zapatos en la mano y convencida de que no es que las mujeres guapas sean tontas; es que todos los accesorios que se necesitan para serlo, no te dejan pensar.
Mi amiga la devoradora de hombres ha intentado consolarme diciéndome que, como soy tan buena chica, pasaré la Eternidad en el Cielo. Flaco consuelo, si pensamos que quien está allí creó a los hombres a su imagen y semejanza...
Después de un cursillo intensivo sobre tacones de aguja, pestañas postizas y caídas de ojos, salí rauda y veloz a poner en práctica sus lecciones. Bueno, no tan veloz, porque resulta que los tacones de diez centímetros tienen una querencia especial por los agujeros de las alcantarillas y te obligan a caminar como si estuvieses esquivando minas antipersonales. Si a esto le sumamos los vanos intentos porque mi minifalda no mostrase hasta el rincón más oscuro de mi alma, y evitar que mis pestañas postizas saliesen volando por su propia cuenta, veremos que para una mujer fatal el simple acto de desplazarse representa una empresa titánica.
En cuanto alcancé el local de moda, me aferré a un taburete como náufrago a su tabla, pero al rato descubrí que mantener las piernas cruzadas, estilo fuego en el cuerpo, más de quince minutos, provoca dolorosos calambres a la altura de las pantorrillas, que transforman tu sonrisa seductora en una mueca penosa. Total, que me volví a casa con los zapatos en la mano y convencida de que no es que las mujeres guapas sean tontas; es que todos los accesorios que se necesitan para serlo, no te dejan pensar.
Mi amiga la devoradora de hombres ha intentado consolarme diciéndome que, como soy tan buena chica, pasaré la Eternidad en el Cielo. Flaco consuelo, si pensamos que quien está allí creó a los hombres a su imagen y semejanza...
¿QUÉ HACE UNA CHICA COMO TÚ EN UN SITIO COMO ÉSTE?
Hoy me he levantado, me he pesado, me he llenado la cara de potingues, y me he instalado en el sofá, delante del televisor. He estado viendo una serie en la que una señora va por ahí pegándole patadas a todo el mundo, la muy cafre. Su compañero de aventuras es tontito, y su compañera tontísima. Ella es superlista. He visto el anuncio de una serie de televisión que se llama El pasado es mañana, y yo he pensado que no, que el pasado es hoy. Me explico. ¿No habéis mirado a veces hacia atrás y habéis deseado cambiar vuestro pasado? Nos pasamos la vida deseando haber actuado de forma diferente o haber dicho lo que no dijimos. Pensad en la cantidad de guiones de cine en los que los protagonistas vuelven al pasado para arreglar sus errores, con lo que acaban cambiando su futuro. Pues se me ha ocurrido pensar que todos tenemos la oportunidad de arreglar los errores de nuestro pasado, si pensamos que desde mañana mismo, el día de hoy será nuestro pasado. Si cambias el hoy, estás cambiando tu pasado. No sé, a lo mejor ingerir demasiado chocolate atonta las neuronas y empiezo a delirar...
Creo que encerrarme en casa no es buena idea, porque voy a acabar pareciéndome a Morticia. Además he pensado que mi ego malherido necesita oír eso de ¿Vienes mucho por aquí? ¿Te puedo presentar a mi amigo? ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?¿Te puedo invitar a una copa? Creo que nos conocemos... ¿Te han dicho alguna vez que te pareces a Sandra Bullock? Puede que os parezca una frivolidad, pero es que esto es una emergencia y necesito un tratamiento de choque, porque me siento tan insignificante como un piojo.
Así que me voy a poner el rímel y los tacones... ¡y que corran los daiquiris!
P.D.: SEGURO QUE PENSÁIS QUE SOY UNA FRÍVOLA, PERO OS RECUERDO QUE LAS CHICAS BUENAS VAN AL CIELO, Y LAS MALAS... A TODAS PARTES!
Creo que encerrarme en casa no es buena idea, porque voy a acabar pareciéndome a Morticia. Además he pensado que mi ego malherido necesita oír eso de ¿Vienes mucho por aquí? ¿Te puedo presentar a mi amigo? ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?¿Te puedo invitar a una copa? Creo que nos conocemos... ¿Te han dicho alguna vez que te pareces a Sandra Bullock? Puede que os parezca una frivolidad, pero es que esto es una emergencia y necesito un tratamiento de choque, porque me siento tan insignificante como un piojo.
Así que me voy a poner el rímel y los tacones... ¡y que corran los daiquiris!
P.D.: SEGURO QUE PENSÁIS QUE SOY UNA FRÍVOLA, PERO OS RECUERDO QUE LAS CHICAS BUENAS VAN AL CIELO, Y LAS MALAS... A TODAS PARTES!
Corazón de Cerdo
Acaban de romperme el corazón. Me diréis que eso no tiene importancia, que es un detalle insignificante que no alterará el rumbo del universo, y que cada día le parten el corazón a miles de personas. Pero es que el mío tiene ya unos costurones... que no gano para remiendos. Mi corazón es como un viejo abrigo tan roto por miles de sitios, tan zurcido, tan parcheado, tan remendado y vuelto a remendar ... que no admite ni una costura más.
Lo que más me fastidia cuando me parten el corazón es que salgo a la calle y todo el mundo me parece inmensamente feliz, y entonces me obsesiono con la idea paranoica de que Cupido me tiene debajo de un diente.
Un amido, intentando consolarme, me ha dicho que estadísticamente es muy difícil que vuelvan a rompérmelo. Y yo me he acordado de ese chiste en el que un señor le dice a otro que en Madrid atropellan a un hombre todos los días, y el otro le contesta: ¡pues pobre hombre, estará hecho polvo!
Pues eso, que la estadística me la paso yo por el forro, porque a costa de las veces que me han roto el corazón, seguro que en alguna parte hay varias personas a quienes no se lo han roto nunca, y eso es un injusticia social. Así que creo que alguien devería inventarse una ONG. Corazones en Cabestrillo sin Fronteras, o algo así, que luche por corregir esa tendencia de que el corazón siempre nos lo partan a los mismos.
Yo, por mi parte, le he pedido a mi médico de cabecera que me recete algo que inhiba las glándulas del enamoramiento, porque considero que soy un caso de alto riesgo, pero parece ser que ese tipo de tratamientos no los paga la Seguridad Social. También le he pedido un trasplante de órgano, puesto que el mío no admite ni un zurcido más, pero dice que en esto del corazón hay mucha lista de espera. Sin embargo me han contado que gracias a los últimos avances de la medicina, ahora te pueden trasplantar el corazón de un cerdo. Enseguida he aceptado encantada, y me pregunto cuántos de los que me han roto el corazón llevarían un corazón de cerdo trasplantado.
Lo que más me fastidia cuando me parten el corazón es que salgo a la calle y todo el mundo me parece inmensamente feliz, y entonces me obsesiono con la idea paranoica de que Cupido me tiene debajo de un diente.
Un amido, intentando consolarme, me ha dicho que estadísticamente es muy difícil que vuelvan a rompérmelo. Y yo me he acordado de ese chiste en el que un señor le dice a otro que en Madrid atropellan a un hombre todos los días, y el otro le contesta: ¡pues pobre hombre, estará hecho polvo!
Pues eso, que la estadística me la paso yo por el forro, porque a costa de las veces que me han roto el corazón, seguro que en alguna parte hay varias personas a quienes no se lo han roto nunca, y eso es un injusticia social. Así que creo que alguien devería inventarse una ONG. Corazones en Cabestrillo sin Fronteras, o algo así, que luche por corregir esa tendencia de que el corazón siempre nos lo partan a los mismos.
Yo, por mi parte, le he pedido a mi médico de cabecera que me recete algo que inhiba las glándulas del enamoramiento, porque considero que soy un caso de alto riesgo, pero parece ser que ese tipo de tratamientos no los paga la Seguridad Social. También le he pedido un trasplante de órgano, puesto que el mío no admite ni un zurcido más, pero dice que en esto del corazón hay mucha lista de espera. Sin embargo me han contado que gracias a los últimos avances de la medicina, ahora te pueden trasplantar el corazón de un cerdo. Enseguida he aceptado encantada, y me pregunto cuántos de los que me han roto el corazón llevarían un corazón de cerdo trasplantado.
A veces la vida
Creo recordar que era John Lennon el que decía “la vida es aquello que nos ocurre mientras nosotros hacemos otros planes”. Y tenía más razón que un santo: ¿a quién le ha salido la vida como había planeado? Da igual los planes que hagas, los cabos que ates, el futuro que proyectes, la vida te va a dejar siempre de piedra. Recuerdo que cuando tenía catorce años, mi futuro a la vista era conseguir trabajo en una fábrica de pescado local, quitándole las vísceras con los dedos a las sardinas. Yo asumía con toda naturalidad que así sería, y que tal vez me casaría con un marinero. Pero resulta que la vida me dio una patada en el culo y me plantó en Madrid, lejos de cualquier conservera, y al marinero aún lo estoy esperando. Así que aprendí a no hacer demasiados planes, porque me he convencido de que son una pérdida de tiempo. Ya lo decía el maestro Serrat: “De vez en cuando la vida nos gasta una broma y nos despertamos sin saber qué pasa...”.