logotipo

img_google
Diario de una loca ciudadana
Abogada incontrolada se presenta para amenizaros las veladas
Acerca de
Hola cibernautas!!! ¿Qué os puedo decir sobre mí? Pues que soy abogada, me encanta la ropa y los zapatos, leer y hacer deporte, vivo pegada al móvil y lo que más adoro es divertirme. ¿Os atrevéis a infiltraros en mi blog?
Enlaces
Cosas de abogados
Donde esté la fiesta...
Sindicación
 
Vuelta a la rutina
Hola otra vez, ya estoy de nuevo aquí, contándoos mi vida. La verdad es que he tenido el blog un poco olvidado, sobretodo desde que llegué de Lanzarote, pero no porque yo haya querido, sino porque me he ido a pasar mis últimos días de vacaciones con mis padres a Montanejos.

Y hoy, de nuevo es domingo, y mañana vuelto al buffete. Han sido unas vacaciones intensas pero cortas. Ya tengo ganas de repetir, pero habrá que esperar. Eso sí, las próximas tocan con mi chico.

Bueno, ya que estoy, os cuento como terminé el viaje.

Justo después del día en que salimos de fiesta, nos fuimos de excusión a la Graciosa, una isla pequeñita pegada a Lanzarote. Era preciosa: paisajes increibles, vistas de vértigo...pero lo que más nos llamó la atención es lo popular que es la cultura de allí y lo maravillosa que es la gente. Acabamos maravilladas, sobretodo porque no te esperas que en un lugar tan bonito de España siga todo tan puro, tan virgen, tan bello. Hicimos muchísimas fotos.

Luego, al día siguiente, nos levantamos pronto y volvimos a ir de compras y por la tarde a la playa de nuevo. Estamos acostumbradas a la de Valencia y pensamos que había que aprovecharla a tope. Es todo super diferente. Luego, por la noche fuimos a tomar algo, pero ese día nos acostamos pronto, ya que al día siguiente ya cogíamos en avión de vuelta a Valencia. En cuanto a Carla, quedó con el chico de la otra noche en el pub. Pobrecilla, para un chico que le gusta de verdad y va y no puede estar con él. Pero así es el amor, viene cuando y donde menos te lo esperas. Eso sí, quedaron en que hablarían y que en teoría se volverían a ver. Nunca se sabe, pero por lo menos Carla se quedó un poco más contenta.

Y ese fue nuestro viaje. La verdad es que lo hemos pasado muy bien y hemos quedado encantadas con el sitio. Si puede ser, espero poder volver algún día.

Eso sí, sin más preámbulos, una vez acabadas las vacaciones, hay que volver a la rutina.


 
Bebe con moderación
Anoche fue la bomba. La verdad es que en un principio no íbamos a salir de fiesta, ya que habíamos estado todo el día en la playa (por cierto, estamos negrísimas las dos), y luego habíamos ido de compras, con lo que llegamos al hotel rebentadísimas.

Sin embargo, pronto cambiamos de idea, ya que, además del buen tiempo que hacía, ideal para salir por ahí incluso en minifalda, desde el hotel se empezaban a escuchar vestigios de gente que ya estaba de fiesta y nos entraron unas ganas horribles de salir, más que nada porque la última noche que salimos nos lo habíamos pasado genial.

-Estamos de vacaciones, así que no hay peros que valgan. ¡Vámonos de fiesta! - me soltó Carla. Y yo evidentemente, asentí y empezamos a prepararnos como locas.

Así que, una vez super emperifolladas y superhiperpuestas, nos fuimos de pubs y, como era de esperar, la una picando a la otra y la otra a la una, acabamos bastante ciegas, con lo que terminamos hablando con todo maromo que pasaba por nuestro lado. Al final, acabamos acopladas a un grupo de chicos, entre los cuales, había uno super buenorro, al que las dos le habíamos echado el ojo, con lo que acabamos yéndonos con ellos a una discoteca de la zona.

Una vez allí, rápidamente noté que Claudio, (como así se llamaba, no le pegaba, la verdad) me había echado el ojo y yo, borracha como una cuba, le seguí bastante el juego. Me lo estaba pasando super bien, bailando, ligoteando, además de que ví que mi amiga Carla, muy lista ella, ya había conocido a otro, que estaba bastante bueno también, con el que se estaba ya enrollando. Estaba super contenta, me estaba divirtiendo.

Sin embargo, justo en el momento perfecto (menos mal que no más tarde porque sino hubiera sido demasiado tarde) sonó una canción que me sonaba y que provocó que se me bajará todo el colocón y volviera a la vida real en cuestión de segundos. Era la canción preferida de Óscar: SAVE TONIGHT.

Así que, ni corta ni perezosa, me solté del moreno con el que estaba bailando y me largué de la discoteca sintiéndome un poco mal por como me había portado con mi chico. No se lo merecía, la verdad. Por lo menos, ya que yo acabé la noche un poco triste por no poder estar con mi chico, sé que Carla ligó con el rubiales y que se lo pasó de muerte con él. En resumen, unas vacaciones casi perfectas.




 
Desde Lanzarote
Hola. Llevo dos días en Lanzarote y, si por mi fuera, me quedaría un mesecito entero, eso sí, con la compañía de mi niño. Pero no podrá ser, puesto que dentro de unos días llegará la vuelta al trabajo. una pena, pero al mismo tiempo una alegría, porque llevo poquísimo separada de Óscar y ya lo echo de menos. ¡Por Dios! ¡Cuánta empalagosidad!

En fin, estoy aquí en manguilla larga y sin chaqueta. El tiempo aquí es genial, incluso hay gente que se pasa horas tomando el sol y bañándose en la playa. Yo, como siga así, mañana me voy de cabeza al agua. Además, estamos en un hotel de lujo, 4 estrellas pero muy bien puestas, con jacuzzi, piscina al aire libre, piscina climatizada, gimnasio, sala de quiromasaje, discoteca... Vamos, que no te dan ganas de salir del hotel, sino fuera porque Lanzarote me encanta: las personas, super simpáticas, la arena de sus playas, los sitios para salir de fiesta. Lo podría describir todo en una sola palabra: genial.

Bueno, os tengo que dejar porque me está llamando Carla para ver si nos vamos de compras. Madre mía, aún no he salido de la cuesta de enero y me quiero ir a centros comerciales a amortiguar las rebajas. Si es que mira que caemos en la trampa, con el rollo de que son rebajas acabo gastándome el doble que si no lo fueran. Será que soy una compradora compulsiva.

Bueno chicos, os seguiré escribiendo desde aquí, si es que tengo tiempo, porque llevo ya dos días que no paro. Y lo que me queda...
 
Yo y mis vacaciones
Me voy de viaje. Y es que, después de tanto rogarle a mi jefe, por fin me ha dado las vacaciones. Tengo que reconocer que la cuesta de enero este año se me ha hecho demasiado larga, y el estrés, las compras y el aumento de casos en el bufete con la llegada del nuevo año me han agotado por completo.

Sin embargo, no estoy tan contenta como debería porque, (ahí el inconveniente de trabajar con mi chico), resulta que él no se puede venir conmigo, ya que hace falta gente en el bufete y nos tenemos que ir turnando en esto de los días libres. Así que, aunque contenta por un lado, y un poco triste por otro, he llamado a mi gran amiga Carla (doña me apunto a un bombardeo) y le he ofrecido el plan que yo tenía pensado: unos relajantes cinco días en Lanzarote.

Así, como era de esperar, Carla me ha dicho que se venía conmigo encantada (ya lo sabía yo, más que nada porque ella es su propia jefa, o sea, es dueña de su propio negocio, con lo que no tiene que rendir cuentas a nadie a la hora de cogerse unos días de vacaciones) y juntas nos hemos dirigido a la agencia de viajes a buscar el billete a nuestro destino y, si podía ser, para poder irnos cuanto antes. Así que dicho y hecho, volamos para allá el domingo a las doce en un vuelo directo desde el aeropuerto de Manises.

Unas horas después, Óscar me ha llamado a casa. No me ha dicho exactamente que le molestara que me fuera, pero, desde que ha sabido lo de mis vacaciones y de las ganas que yo tenía de hacer un viaje, lo he notado un poco distante y he sabido que era porque no le parecía demasiado bien la idea de que me fuera sin él. Sin embargo, yo no le he dado importancia. Igual soy un poco egoísta y no pienso en mi chico lo que debería, pero lo que tengo claro es que necesito un descanso y lo necesito ya, y una cosa así es imposible de conseguir si me quedo en Valencia.

-¿Tu me entiendes cariño? Necesito unas vacaciones. Necesito apartarme de Valencia, de mi familia, del trabajo, de todo. Sólo te pido que confíes en mí y nada va a pasar, ¿vale? Te quiero. – le he dicho tiernamente.
-Ya lo sé Sonia, si yo confío en ti, y no es que me moleste el hecho en sí de que te vayas, pero ¿entiéndeme tú a mi también no? Ponte en mi lugar. Son cinco días en una isla con una amiga y con doscientos tíos cachitas tirandoos los trastos. Que sepas que te echaré de menos.
-Yo a ti también bobo. Te llamaré todos los días, y tranquilo que en verano nos vamos juntos de viaje y recuperaremos el tiempo perdido ¿de acuerdo?


Y ahí nuestra conversación.

Hasta donde hemos llegado. Yo, dándole cuentas a un tío de si me voy o me dejo de ir de vacaciones. Con lo que era yo en mis tiempos… Bueno, es igual, le quiero.





 
Tregua
Atónita, así es como estoy. No os podéis creer quién ha decidido hacer las paces conmigo. En efecto, Piernas kilométricas. No sé si es que es un oscuro plan de venganza, de esas que se sirven en plato bien frío, si es que la abducido un OVNI y la han transformado en la Madre Teresa de Calcuta, o si es que simplemente ha decidido dejar atrás nuestras diferencias. La cuestión es que esta mañana, mientras estaba en el servicio (sitio secreto de reuniones clandestinas de las marujas del bufete), me he enterado de que la que antes me deseaba lo peor ha intentado convencer a mi jefe de que le volviera a traspasar a Óscar el caso de los maltratos que le había retirado semanas antes. Lógicamente, se ha topado con la negativa de Sánchez, puesto que a estas alturas hacer tal cosa sería una locura. Pero el mero hecho de haber tenido ese detalle ya me ha dejado boquiabierta.

Para indagar más sobre el asunto, en lugar de preguntarles a las cotillas de la oficina he decidido ir directamente al despacho de Piernas Kilométricas. Y allí estaba ella, sumida entre un montón de papeles, con sus piernas entrecruzadas y con un café entre manos, que debía de saber a rallos por la cara que ha puesto imitando al Fari. He golpeado la puerta (toc-toc) y, mientras se quitaba sus gafas en plan mosca atómica (de esas que se llevan ahora), me ha dicho en tono amable: "Pasa, Sonia".

-Hola... (¡Mierda! ¿Cómo se llamaba esta tía?) ¿Qué tal? Mira, me he enterado de lo que has hablado con Sánchez y, aunque desconozco los motivos, venía a agradecertelo, también en nombre de Óscar.
-No hay de qué.
-Sin embargo... ¿se puede saber a qué viene ese repentino cambio de actitud? -le he preguntado sin corte alguno.
-Mira, sé que tanto Óscar como tú sois unos buenos abogados. Yo no supe diferenciar mi vida personal de la profesional e intenté perjudicarte, haciendo lo mismo con él. Sólo quería enmendar mi error. Sé que no vamos a ser amigas, sinceramente porque no nos soportamos, pero ya no tengo nada en contra tuya, y mejor sería actúar con normalidad.

Después de escuchar esto, le he dicho que era un pensamiento muy maduro y que estaba de acuerdo, y me he marchado, no sé si más contenta que asombrada o más asombrada que contenta. La cuestión es que parece ser que Piernas Kilométricas ha decidido lanzar una tregua, espero que no como la de ETA. No te digo, ¡si al final me tocará llamarla por su nombre y todo!
 
Creo que hice lo correcto
Hola de nuevo. Siento no haber escrito antes, pero es que ultimamente ando muy ocupada. Os estaréis preguntando si fui al final a la cita con Jose. Pues mira, al final pasó lo que debía pasar. La respuesta es no. Después de meditarlo con la almohada y de leer los comentarios de mis seguidores, poquitos pero valiosos, decidí que lo mejor era pasar de un tio que, al fin y al cabo, tampoco me ha aportado tanto en esta vida, salvo algunas noches, cómo decirlo, excitantes.

Así que cogí el móvil al día siguiente y llamé a Jose. Me daba bastante palo tener que desquedar con él, pero bueno imagino que lo entendería. De todas formas no tengo intención de volverlo a ver. He estado varios años sin saber de su existencia por cosas de la vida y ahora mismo no me apetece meterme en líos ni recordar viejos tiempos. Me quedo con los nuevos que, de momento, están siendo mejores.

La verdad es que no me puedo quejar. Conservo un trabajo que, quitando a alguna desgraciada (ya sabéis todos quién) y a un jefe a veces un tanto insoportable, me gusta bastante; suelo estar de buen humor; y tengo a mi lado a alquien muy especial. Por fín me he dado cuenta de lo que siento por él y he decidido no dejar escapar a alguien como Óscar. Así que nada de quedar con el canario, que no me iba a traer más que problemas con mi chico. Vale que tomar un café no iba a significar enrollarme con él ni nada por el estilo, pero no creo que le hiciera mucha gracia a Óscar. Cabía también la posibilidad de no decirle nada, pero entonces tanto secretismo sería como admitir que algo podía pasar. Conclusión: ni cafés ni coca-colas con el canario.

Así que después de hablar con Jose para anular la cita, agradeciéndole de todos modos la invitación, hice otra llamada a mi niño. "Cariño, ponte guapo que hoy te invito yo a cenar. Y nada de peros".- le dije decididamente.
Y, sinceramente, no me arrepiento para nada de haber pasado del otro pobrecillo porque, a cambio, pasé una velada estupenda acompañada del chico al que quiero. ¿Qué más se puede pedir?
 
En plan amigos
Esto es increíble. Jose me ha vuelto a llamar. Y la culpa es mía porque soy idiota. Resulta que cuando nos dejamos de ver borré su número de la agenda, pensando que nunca más íbamos a coincidir. Es lógico pensar eso teniendo en cuenta que él es de Canarias. Cómo iba a imaginar yo que vendría a vivir aquí, y más aún, que se acordaría de mi. Me sube el ánimo que lo haya hecho, pero vamos, es que lo ha hecho en el momento menos idóneo. Total, que antesdeayer cuando me llamó, en lugar de apuntarme su número para no volverlo a coger en caso de que volviera a las andadas, dejé el tema estar y no volví a pensar en él. Claro, hasta hoy, que me ha vuelto a llamar.

Resulta que estaba comiendo con Óscar en el bar que hay al lado del bufete, y he visto que un número desconocido me llamaba. Lo he cogido y, para mi sorpresa, era otra vez él. Esta vez, con la excusa de que no oía muy bien le he dicho a Óscar que me salía fuera para hablar mejor, y menos mal que ha colado. Joer, parece que tenga un detector, porque sólo me llama cuando estoy con mi chico, y tampoco es que estemos todo el día pegados como lapas. En fin, pura casualidad.

Una vez que estaba fuera del bar le he dicho que me sentía halagada por su invitación, pero que en estos momentos estaba con alguien y me era imposible quedar con él. Jose, tras unos segundos de silencio incómodo y corte por su parte, me ha dicho que no me preocupara, que no teníamos que quedar si no quería, y que, de todas formas, él sólo quería saber de mí, sin ninguna otra intención, así que podíamos quedar en plan amigos. No sé si creérmelo, porque tenía toda la pinta de que lo que en realidad deseaba era volverse a acostar conmigo y no precisamente interesarse por mi vida o mi trabajo. Pero, me ha sabido mal y le he dicho que mañana por la tarde podíamos quedar para tomar café.

Sinceramente, ahora que lo estoy meditando creo que he hecho mal. Yo sólo lo veo como un amigo (eso sí, un cañón de amigo) y sé que, aunque quede con él, no va a pasar nada entre nosotros. Pero dicen que el que juega con fuego se quema y, además, ¿cómo me sentaría a mí que Óscar quedara con un ex rollo suyo que encima está más buena que el pan? Bufff, creo que tendré que llamar para anular la cita. Es lo mejor, ¿no?

 
Oportuno donde los haya
No me lo puedo creer. Tanto tiempo sin comerme una rosca y ahora que estoy estable con un chico tienen que aparecer amoríos antiguos, que ya había olvidado. En mi último encuentro casual con Jose me dijo en un mensaje que me llamaría. Pues bien, mira a ver si el chico es más oportuno.

Ayer estaba con Óscar en su casa. Habíamos quedado para cenar, ver alguna película (comedia romántica a poder ser) y pasar la noche juntos. La verdad es que con el ajetreo de las fiestas y mi estancia en Montanejos hacía tiempo que no dormíamos juntos, y no hay nada mejor que despertar abrazada a la persona que amas.

Llegué a eso de las 10. Óscar ya había preparado la cena: pato a la naranja con patatas asadas, ni más ni menos. Otra de las cosas que me encandilan de él es que está hecho todo un cocinero. Vamos, queno tiene nada que envidiar a Arguiñano. Después de una cena deliciosa, con muchas risas a causa del vino, muchas miradas cómplices y sonrisas pícaras, decidimos dejar la película para otro día y pasar a la acción. Es lo que suele pasar cuando llevas tiempo sin estar a solas con tu pareja, que después de cenar decides adelantar el postre y olvidar todo lo demás. Estábamos besándonos en su sofá al calor de la chimenea, cuando de repente empezó a sonar mi móvil. Al principio no le hicimos caso: si era algo importante volverían a llamar. Pues bien, después de la tercera llamada decidí contestar.

-¿Quién es? .- dije pensando que más vale que fuera importante por haberme interrumplido.
-Soy Jose (¡¡¡DIOS!!! ¿Por qué todo me pasa a mí). Pues mira, resulta que estoy aquí cerca de tu casa con unos amigos y me preguntaba si ibas a salir esta noche. Ya sabes, para charlar un rato.
-Uy. pues me va a ser imposible. Hoy tengo planes.
-¿Y podríamos quedar otro día?

Yo no sabía como salir del paso. No tenía intención de decirle que tení novio, no porque quisiera algo con él, sino porque Óscar estaba al lado y podía pensar que había tenido algún rollo con algún tío, cuando sólo me besé con él durante segundos. Sólo fue eso, un beso sin importancia, que yo no inicié por cierto, y que se acabó en cuanto mi mente anuló los efectos del alcohol que corría por mis venas. Así que le dije, que ya le llamaría cuando pudiera (mentira, por supuesto), me despedí y colgué.

Óscar no sospechó nada, puesto que tras dejar el móvil en la mesita del comedor me plantó un besazo, dejando desatar después toda la pasión. Fue entonces cuando comprendí que, a pesar del morbo que desprende Jose (de lo bueno que está para ser más claros), quién ocupa mi corazón, el chico del que estoy enamorada, estaba justo enfrente.