La primera cita
Bien, me quedé en que acordamos vernos al día siguiente en un lugar...
Ese día llegó, era un viernes de verano, un día perfecto.
Desde la mañana que me levanté, estuve planeando qué me iba a poner, cómo me iba a peinar, en mi clóset parecía haber pasado un remolino, quería verme realmente hermosa e hice mi mayor esfuerzo para lograrlo. Finalmente llegó la hora de irme y arranqué... Llegué a la hora y al lugar dónde habíamos acordado vernos y ella se acercó caminando a mi auto, llevaba puesto un traje negro y unos lentes obscuros y traía el pelo recogido, se veía como toda una ejecutiva, yo estaba muy nerviosa y tenía mucho miedo porque su forma de vestir hacía que ella aparentara más edad de la que tenía en ese entonces (20 años) y yo siempre he aparentado menos edad (en ese entonces 18 años) y pensé que se notaría mucho la diferencia de edades, pero aún así la mujer se veía igual o más hermosa de cómo la había imaginado. Ella se acercó a mi ventana, se bajó los lentes y me miró a los ojos sonriendo, me extendió la mano y me dijo “Hola Lucía, yo soy Paulina mucho gusto” le tomé la mano casi temblando y le dije “Mucho gusto Paulina”. Después me preguntó: “¿Nos vamos en tu auto o en el mío?”, yo le dije que en el suyo, bajé del auto y caminamos juntas hacia el suyo. Mientras íbamos en su carro cruzamos muy pocas palabras, sólo hablábamos de dónde sería bueno ir a tomar unas cervezas y comentarios como “hace calor” o “cómo estás”, hasta que llegamos a un restaurante.
Nos sentamos, y ella ordenó dos cervezas, empezamos a platicarnos nuestras vidas, nuestras experiencias y un montón de cosas. Yo empecé a perder el miedo y a sentirme más en confianza con ella. Paulina tenía mucha más experiencia que yo, ella llevaba unos años en el ambiente y había tenido varias parejas (hombres y mujeres) las últimas eran sólo mujeres y por lo mismo la mayoría de sus amistades eran personas gays. En cambio yo llevaba una vida heterosexual y la única experiencia que había tenido con una chica no tenía mucha relevancia. Estuvimos platicando muy a gusto durante un par de horas más hasta que ella me hizo la proposición de que fuéramos a un bar gay, (más bien lésbico por que la mayoría que iban eran mujeres), que ella frecuentaba mucho para sentirnos más en nuestro ambiente y servía de que yo conocía un lugar gay, ya que nunca había estado en uno. Yo sinceramente no quería ir, jamás en mi vida había pisado un lugar así y todo era nuevo para mí, las cosas estaban pasando tan rápido que me estaba dando mucho miedo, además tenía miedo de encontrarme a alguien conocido en ese lugar, pero ella siguió insistiendo hasta que me convenció. Fuimos a dejar mi auto a mi casa y nos fuimos en el suyo.
Llegamos al lugar y yo estaba muerta de miedo, volteaba sorprendida a todas partes y no podía creer lo que veía, había un montón de mujeres lesbianas sin pena alguna, unas abrazadas, otras besándose o tomándose las manos, en fin, sentía un miedo normal como cualquier persona que va empezando a entrar en el ambiente. Paulina notó que yo estaba muy nerviosa e incómoda y me dijo “Tranquila no te preocupes, no pasa nada, ya te acostumbrarás... Finalmente es tu ambiente ¿no?” yo sólo me reí y le dije “Esta bien”. Nos sentamos en una mesa y Paulina pidió dos cervezas, yo seguía volteando sorprendida a todas partes mientras ella saludaba a todo mundo, parecía que conocía al bar entero, a cada chica que saludaba me presentaba. Poco a poco me fui acostumbrando a ver a todas esas chicas tan liberales y me empecé a sentir un poco más cómoda y seguimos platicando. Entre más platicábamos, más me daba cuenta de la maravillosa persona que era. Yo empecé a ponerme un poco nerviosa porque pensé que en algún momento de la noche, Paulina me tomaría la mano o quizá trataría de besarme, para ella no sería nada nuevo, ella ya estaba acostumbrada y seguramente lo habría hecho ya varias veces. Sin embargo, nunca lo intentó, me respetó toda la noche y en ningún momento me puso en una situación incómoda.
Más tarde nos retiramos del lugar y ella me dejó en mi casa. Antes de que yo bajara del auto, ella lo apagó y me miró a los ojos. Yo dentro de mi mente pensé “Ahora sí me va a besar” pero no fue así y me dijo: “¿Cómo te la pasaste?”, yo le dije que muy bien. Después me preguntó: “¿Quieres que volvamos a salir?, me pidió que por favor respondiera sinceramente, dijo que ella no se molestaría fuera cual fuera mi decisión, que ella la respetaría y que la comprendería perfectamente tomando en cuenta también que yo era “nueva” en esto. Pero a mi me había gustado mucho Paulina, no iba a perder la oportunidad de volverla a ver y le dije “Claro que quiero volver a salir contigo si es que tu también lo quieres”, ella me sonrió y me dijo que se alegraba de haber escuchado esa respuesta y que al día siguiente me llamaría para ver si hacíamos algo. Nos despedimos con un tierno beso en la mejilla y bajé del auto.
Al entrar a mi casa solté un suspiro de felicidad y una sonrisa por la increíble velada que había tenido con Paulina, ella realmente me había encantado, no sólo físicamente sino su persona, su manera de pensar y de sentir. Todo de ella me había gustado. No podía esperar el momento de verla de nuevo. Ya no me importó saber si lo que había hecho estaba bien o mal, y el darme cuenta de que ahora si estaba entrando en mi ambiente. En mi mente sólo estaba pensar en ella y nada más.
Continuaré en el próximo post. Gracias por leer. Te agradezco algún comentario, opinión o lo que desees compartir.
Lucía
Ese día llegó, era un viernes de verano, un día perfecto.
Desde la mañana que me levanté, estuve planeando qué me iba a poner, cómo me iba a peinar, en mi clóset parecía haber pasado un remolino, quería verme realmente hermosa e hice mi mayor esfuerzo para lograrlo. Finalmente llegó la hora de irme y arranqué... Llegué a la hora y al lugar dónde habíamos acordado vernos y ella se acercó caminando a mi auto, llevaba puesto un traje negro y unos lentes obscuros y traía el pelo recogido, se veía como toda una ejecutiva, yo estaba muy nerviosa y tenía mucho miedo porque su forma de vestir hacía que ella aparentara más edad de la que tenía en ese entonces (20 años) y yo siempre he aparentado menos edad (en ese entonces 18 años) y pensé que se notaría mucho la diferencia de edades, pero aún así la mujer se veía igual o más hermosa de cómo la había imaginado. Ella se acercó a mi ventana, se bajó los lentes y me miró a los ojos sonriendo, me extendió la mano y me dijo “Hola Lucía, yo soy Paulina mucho gusto” le tomé la mano casi temblando y le dije “Mucho gusto Paulina”. Después me preguntó: “¿Nos vamos en tu auto o en el mío?”, yo le dije que en el suyo, bajé del auto y caminamos juntas hacia el suyo. Mientras íbamos en su carro cruzamos muy pocas palabras, sólo hablábamos de dónde sería bueno ir a tomar unas cervezas y comentarios como “hace calor” o “cómo estás”, hasta que llegamos a un restaurante.
Nos sentamos, y ella ordenó dos cervezas, empezamos a platicarnos nuestras vidas, nuestras experiencias y un montón de cosas. Yo empecé a perder el miedo y a sentirme más en confianza con ella. Paulina tenía mucha más experiencia que yo, ella llevaba unos años en el ambiente y había tenido varias parejas (hombres y mujeres) las últimas eran sólo mujeres y por lo mismo la mayoría de sus amistades eran personas gays. En cambio yo llevaba una vida heterosexual y la única experiencia que había tenido con una chica no tenía mucha relevancia. Estuvimos platicando muy a gusto durante un par de horas más hasta que ella me hizo la proposición de que fuéramos a un bar gay, (más bien lésbico por que la mayoría que iban eran mujeres), que ella frecuentaba mucho para sentirnos más en nuestro ambiente y servía de que yo conocía un lugar gay, ya que nunca había estado en uno. Yo sinceramente no quería ir, jamás en mi vida había pisado un lugar así y todo era nuevo para mí, las cosas estaban pasando tan rápido que me estaba dando mucho miedo, además tenía miedo de encontrarme a alguien conocido en ese lugar, pero ella siguió insistiendo hasta que me convenció. Fuimos a dejar mi auto a mi casa y nos fuimos en el suyo.
Llegamos al lugar y yo estaba muerta de miedo, volteaba sorprendida a todas partes y no podía creer lo que veía, había un montón de mujeres lesbianas sin pena alguna, unas abrazadas, otras besándose o tomándose las manos, en fin, sentía un miedo normal como cualquier persona que va empezando a entrar en el ambiente. Paulina notó que yo estaba muy nerviosa e incómoda y me dijo “Tranquila no te preocupes, no pasa nada, ya te acostumbrarás... Finalmente es tu ambiente ¿no?” yo sólo me reí y le dije “Esta bien”. Nos sentamos en una mesa y Paulina pidió dos cervezas, yo seguía volteando sorprendida a todas partes mientras ella saludaba a todo mundo, parecía que conocía al bar entero, a cada chica que saludaba me presentaba. Poco a poco me fui acostumbrando a ver a todas esas chicas tan liberales y me empecé a sentir un poco más cómoda y seguimos platicando. Entre más platicábamos, más me daba cuenta de la maravillosa persona que era. Yo empecé a ponerme un poco nerviosa porque pensé que en algún momento de la noche, Paulina me tomaría la mano o quizá trataría de besarme, para ella no sería nada nuevo, ella ya estaba acostumbrada y seguramente lo habría hecho ya varias veces. Sin embargo, nunca lo intentó, me respetó toda la noche y en ningún momento me puso en una situación incómoda.
Más tarde nos retiramos del lugar y ella me dejó en mi casa. Antes de que yo bajara del auto, ella lo apagó y me miró a los ojos. Yo dentro de mi mente pensé “Ahora sí me va a besar” pero no fue así y me dijo: “¿Cómo te la pasaste?”, yo le dije que muy bien. Después me preguntó: “¿Quieres que volvamos a salir?, me pidió que por favor respondiera sinceramente, dijo que ella no se molestaría fuera cual fuera mi decisión, que ella la respetaría y que la comprendería perfectamente tomando en cuenta también que yo era “nueva” en esto. Pero a mi me había gustado mucho Paulina, no iba a perder la oportunidad de volverla a ver y le dije “Claro que quiero volver a salir contigo si es que tu también lo quieres”, ella me sonrió y me dijo que se alegraba de haber escuchado esa respuesta y que al día siguiente me llamaría para ver si hacíamos algo. Nos despedimos con un tierno beso en la mejilla y bajé del auto.
Al entrar a mi casa solté un suspiro de felicidad y una sonrisa por la increíble velada que había tenido con Paulina, ella realmente me había encantado, no sólo físicamente sino su persona, su manera de pensar y de sentir. Todo de ella me había gustado. No podía esperar el momento de verla de nuevo. Ya no me importó saber si lo que había hecho estaba bien o mal, y el darme cuenta de que ahora si estaba entrando en mi ambiente. En mi mente sólo estaba pensar en ella y nada más.
Continuaré en el próximo post. Gracias por leer. Te agradezco algún comentario, opinión o lo que desees compartir.
Lucía
Comentario:
Entro todos los dias con la esperanza de que hayas continuado con tu historia..me tienes enganchada!
Gracias por tus comentarios y por enlazar mi blog.
BESOS! =)
Gracias por tus comentarios y por enlazar mi blog.
BESOS! =)
Comentario:
Esta muy interasante la historia..a ver si la continuas ^^
Comentario:
''Antes de que yo bajara del auto, ella lo apagó y me miró a los ojos. Yo dentro de mi mente pensé “Ahora sí me va a besar” pero no fue así y me dijo: “¿Cómo te la pasaste?”, ''
Es en esos momentos, donde realmente, distingues entre el comienzo de una posible buena amistad y quizá algo más.. o ver que es igual que los demás. Son esos pequeños momentos en que al dudar te puedes llevar una gran satisfacción.
Es en esos momentos, donde realmente, distingues entre el comienzo de una posible buena amistad y quizá algo más.. o ver que es igual que los demás. Son esos pequeños momentos en que al dudar te puedes llevar una gran satisfacción.