Muchas veces pienso que solo me apetece que me llenes de besos, si, de esos pequeñitos y suaves que tu sabes dar, cerrar los ojos y simplemente dejarme ir. Sentir.
Ya sin murallas, la fortaleza al descubierto sin asedio y en cualquier caso de haberlo siempre fue de dentro a fuera. Ni me importó que me sorprendieras tantas veces en paños menores, ni darte las llaves de la ciudad, todo iba junto.. era mi ofrenda mi rendición. Curiosa, no obstante, porque a pesar de dar a manos llenas de dejar a la vista y sin pudor lo más íntimo tengo la estúpida sinvergonzonería de un tentetieso. Si mil veces me tumbas mil una me levanto. Yo, como el aceite siempre salgo por encima.
No te confundas, tanto tiene eso de ser luchadora como de estupidez, que como diría aquel, todo depende del cristal con que se mire.
Sentada la base. Me echo a las espaldas el deseo de ser nadie y todo en tus manos. Y vuelvo a tomar las riendas, también de lo íntimo, o quizá sólo de eso.

Y me vestiré con el traje de matar.
No se trata de que tu seas yo y yo tu, porque si así fuera estaríamos más cerca de lo opuesto, tu y tu manera quieta de darte y yo con toda la artillería los cañones bien dispuestos cercándote, tomándote… se trata esta vez de multiplicar esas formas llevándolas al extremo (o casi).
Imagínatelo:
Ante ti un Rodolfo Valentino, un tanto extraño por lo esmirriado, de espalda estrecha, hombros delicados (se que te gustan, lo he notado) y culo redondo, bajito, pero “oigausté” eso no socava un férrea voluntad, la de hacerte mío sin dilación, sin contemplaciones y con firmeza, la firmeza que notarás en mi entrepierna, un bulto extraño, un postizo que no hace juego con los dos bultos naturales que me nacen en el pecho. Si, deja que te cuente, que justo en eso está el morbo.
Te voy a meter mano a diestra y siniestra (se que es lo que hago siempre) pero esta vez más, me gustará que te resistas un poco, solo un poco, un mucho me podría lanzar al otro extremo de la habitación, recuerda que soy un Rodolfo enclenque. Respirando con la nariz pegada a la pared me notarás trastear en tu retaguardia, iré recitando obscenidades en tu oído, con voz grave y excitada. Esas preguntas obvias de las que se la respuesta, y sin embargo insisto en escuchártelo decir… di que si, dilo..
No te vuelvas no me mires, solo siénteme. Ya empiezas a ser mío, estás acorralado, rehén consentido, tengo la evidencia de esa entrega tuya en mis manos, caliente y dura evidencia que meneo de manera tosca adrede, No hay delicadezas hoy. Ni tienes escapatoria, me da de cualquier forma que tampoco deseas escapar. Me lo dice tu manera rápida de abrir las piernas cuando notas mis dedos acariciando tu ano, ensalivados se hunden.. uno y luego dos, preparando el camino para lo que vendrá después.
Te cogeré por las caderas obligándote a hincar las rodillas, el cuerpo apoyado en la cama y tu culo ofrecido a mi, y a mi falo postizo…
Ni se te ocurra no vuelvas la vista, sigue así con la cara pegada al colchón, las manos retorciendo las sábanas, nota mis embestidas, estás siendo sometido, no te da vergüenza que te guste tanto? (contéstame.. hazlo)

Mi victoria se hará evidente cuando salpiques el suelo, o espera no… no dejaré que te derrames ni un poquito, prefiero ese triunfo en mi mano, para después justo antes de salir de ti, llevarla llena de ti, a tu boca, mi famosa generosidad, ya sabes, me hace compartir todo contigo… chúpala…
Y ahora dime… a qué sabe la gloria?