Estoy en la bañera, relajada con los ojos cerrados, muy cansada ya casi amanece y la noche ha sido movidita, me encanta escucharle trapichear recogiendo la ropa que hace un momento dejé caer despreocupadamente, me hace algo para desayunar antes de irme a la cama, pienso en lo rico que sabe el zumo cuando él me lo prepara, sonrío.
No se me ocurre sitio mejor dónde estar ni compañía más agradable que la suya. Pero de momento me guardaré de decírselo… sólo de momento.
No sé muy bien como llegamos a esto. Supongo que a ambos nos sorprendió, la primera vez que después de una bronca monumental, a la que nos había llevado un tonto coqueteo por mi parte y una desmesurada reacción suya, provocada por los celos, acabásemos haciendo el amor como animales, con pasión y furia.
A partir de ahí, todo fue una progresión. Y ahora cada dos sábados seguíamos el ritual religiosamente. Desde por la mañana el se encargaba de elegir la ropa, la que usaría en mi noche de caza.. lo hacía con mucho esmero cuidando el más mínimo detalle, desde la delicada lencería, que también el se encargaba de comprarme hasta los zapatos, pasando por el maquillaje que me pondría, incluso el peinado.
Cuando llegaba el momento de arreglarme.. él hacía las veces de doncella.. preparando mi baño .. y después enjabonando cada rincón de mi cuerpo, con suma delicadeza. Tras eso, iba vistiéndome.. las medias, la ropa interior, el vestido.. los zapatos..
En todo ese proceso, yo no dejaba de humillarle, mientras el asentía con cierta congoja.
- Enjabóname bien en la entrepierna, que ésta noche otros labios beberán de ahí, vamos imbécil.
- ¿Te gusta como me sientan éstas braguitas? ¿Si?. Pues es una pena, porque seguramente me las romperán a bocados esta noche, y eso que tu las has elegido con tanto mimo.
- Vamos atontado!! Que no tenemos todo el día, y estoy caliente como una zorra pensando en el pedazo de polla que me voy a calzar esta noche.. Uff por fin podré estar con un hombre en condiciones!!
Después de perfumar, todo mi cuerpo de besar mis pies yo salía cerrando de un portazo y reteniendo en mi pupila su imagen de rodillas y con la cabeza agachada.
Y ante mi la ciudad y yo con las alas recién puestas.. la noche, el bullicio, la fiesta.
Al volver le encontraba justo como le había dejado, siempre le llamaba media hora antes:
- Estoy genial, satisfecha, hasta escocida, he follado como una loca y ahora estoy cansada, ten todo dispuesto, cabrón.

Abría la puerta y le encontraba ahí de rodillas, con los ojos llorosos, desnudo y empalmado, levantaba mi falda y le dejaba ver mi sexo húmedo, “ven mi cornudo, huele” … se acercaba lloriqueando a oler mi sexo, mientras yo le hostigaba con palabras crueles “huele a hombre verdad? No sabes lo bien que me han follado, hasta por el culo, huele ahí también mariconazo que fijo te gusta el olor a polla y semen que encontrarás”.
En el bolso las braguitas manchadas que metía en su boca y el sujetador, también manchado que le tiraba a la cara, después … mi regalito, algunos condones usados, que me encargaba de vaciar en su cabeza mientras le iba relatando el tamaño y la eficacia de los enormes pollones que un rato antes habían albergado.
- Hoy ha sido un negrazo, de cuerpo perfecto, parecía me iba a partir en dos con cada embestida, vengo destrozadita, ni se las veces que me he corrido, claro que antes del negro… ¿Ves este otro preservativo? Pues es de un chaval guapísimo y jovencísimo un espécimen lleno de testosterona que me ha puesto las pilas a fuerza de pollazos… Es una pena querido que tu no hayas estado allí, para verlo, aunque tal vez la próxima vez te deje mirar, harías las veces de mamporrero!!
Me reía mientras tiraba de su pelo y le forzaba a mirarme a los ojos, sacando la lengua me relamía, describiendo el rico sabor de aquellos lustrosos miembros, después le hacía ver lo poco hombre que era, y que claro teniendo tan poquita cosa con él, era lógico que buscara fuera un buen macho que supiera hacerme gozar.

Ahora después de haberme quitado el resto de la ropa, de haberle humillado hasta hacerle llorar, después que ha repetido muchas veces cuanto me ama, incluso me ha pedido perdón por ser tan poco hombre.. aquí en la bañera, con una sonrisa recuerdo mi noche.
Una noche bastante aburrida, al menos cada dos sábados… eso si, veo el mar de noche, me relajo en el coche, mientras escucho música, tomo alguna copa en cualquier bar de la costa, y antes de volver a casa, preparo el atrezzo, restriego algún condón en mi sexo, los relleno con aquella leche facial que tiene un olor tan “peculiar”… me despeino, algunas veces rompo las braguitas.. froto mis ojos hasta que el rimel me da un aspecto bastante lamentable.
Y vuelvo a tu lado…