¿Es sucio el sexo?. Únicamente si se hace bien. (Woody Allen)A muchos hombres les excita sobremanera una buena felación “hasta el final”. Como he dicho otras veces, una como táctica no solo en estas lides además como actitud ante la vida, siempre escucha atentamente, cualquier detalle es importante, y luego… simplemente aplico según la información que me han dado.
Aunando criterios, sus gustos y los míos. Se me ocurrieron algunos juegos como mínimo interesantes, si a él le gustaba que no dejaran caer ni gotita a mi me gustaba la idea de que fuese él quien no dejara que esto sucediera. Porque bien es sabido, que nada mejor que aplicarse uno los propios consejos o tomar de tu propia medicina, que viene a ser lo mismo.
Su casi fanatismo por las “mamadas” con finales “glotones”, su pericia como macaco onanista, y es que según me contaba el día que no se masturbaba lo pasaba fatal, lo necesitaba como respirar, unido a mi capacidad maquiavélica dieron como resultado una serie de juegos bastante “nutritivos”.

Faltaba una semana para que nos viéramos, durante ese tiempo debía masturbarse a diario guardando el semen en el congelador… en una cubitera, por cada paja quería un cubito, debía añadirle un poco de agua hasta rellenar el hueco, y por supuesto al final de la semana quería toda la cubitera completita. El añadió el detalle de comprarla para que el hielo tuviera forma de corazoncitos, muy apropiado.
Cuando llegué a su casa portando un bolsito nevera, me miró algo extrañado, preguntó claro, yo simplemente me limité a decirle que también quería aportar mi granito de arena, en este caso … era una receta magistral, cosecha propia… para mineralizarle y super-vitaminarle (como diría mi héroe Super Ratón).
Besos, caricias.. pasión, sudor.. saliva.. los cuerpos semidesnudos, humedad en mi entrepierna y dureza en la suya, la temperatura ya era la adecuada, había llegado la hora de echar mano al congelador y dar cuenta de esos corazoncitos helados.
El primero de ellos recorrió mis labios, se coló en mi boca, lo saboreé .. la verdad es que apenas sabía a nada, después lo saqué e hice camino con el sobre mis pechos, los pezones se empinaron al contacto.. seguí bajando hasta mi sexo.. llegado a ese punto y supongo que por el calor que desprendía el cubito era casi inexistente.. así que lo volví a meter en mi boca.. hasta que no quedó nada. Lamí uno a uno mis dedos, mientras le miraba golosa.. y fui a por más cubitos.. al acercarle el primero a sus labios, dio un respingo, una cosa es que yo fuera la glotona y otra bien distinta que él estuviera dispuesto a seguir mis pasos. Bien, si no estaba dispuesto a que entrara en su boca había que buscar otro orificio más receptivo… y uno a uno.. hasta llegar a un total de tres, fueron penetrando en su culo.
Empezó a inquietarse, supongo que por la idea (que tampoco iba muy descaminada) de que si no me hacía parar proponiendo algún “canje” que me convenciera, todos y cada uno de los cubitos que quedaban acabarían siendo recibidos por su culo. Así que acabó accediendo a probarlos, me costó, apenas sacaba un poquito la lengua …
- Veo que te sigue dando bastante reparo probar tu semen…pero si apenas saben a nada..
- Pues yo la verdad si que les encuentro sabor..
- Bueno, se me ocurre que podías probar mi polo.
- Tu polo?
- Si, lo que traía en la el bolsito nevera, una receta preparada por mi. Está hecho con una infusión refrescante de menta… te gustará…
Dio mucho juego el polo, su forma cilíndrica la manera en que se lo di a probar, introduciéndolo un poquito en mi sexo le puso a mil, lo lamió con verdadero apetito, hasta que no dejó ni rastro. Estaba muy salido, tenía unas ganas terribles de correrse. Los cubitos prácticamente derretidos, ahora si era buen momento para que por fin los saboreara en condiciones, vertí el contenido de la cubitera en una copa tomé un sorbo, me observaba con los ojos muy abiertos, dejando un poquito en mi boca le besé, pasándole el líquido, que por fin tragaba ansiosamente…

Comencé a masturbarle, a duras penas podía aguantar.. y cuando llegó el momento acerqué la copa, se vació dentro de ella… el aspecto era realmente excitante, con el dedo removí su contenido y después de su boca a la mía, hasta dejar el dedo totalmente limpio.
Ya poco le importaba beberse a sí mismo, así que como generosa que soy, repartí en dos copas el “licor vitae”, brindamos y lo bebimos de un trago… No dejamos perder ni gota.
Unos días después, rememorando aquella noche, sintió curiosidad por el polo, sobre todo porque cada vez que lo mencionaba yo no podía evitar la sonrisa perversa que se me escapaba. Le expliqué con cierta sorna que a mi también me gustaba que me “bebieran” y es que efectivamente, el polo no era otra cosa que mi “deliciosa” lluvia dorada con unas gotitas de menta.