
- Enséñame tu vara de zahorí
- ¿?
- Si, esa que siempre busca humedades…
- No te entiendo
- Si, joder… la polla
Me obliga a ser “brutica”. Entiendo que cortar su disertación sobre política medioambiental de ese modo tan arbitrario descoloque a cualquiera, aunque bien pensado tiene cierta lógica… nada más natural que un buen polvo, y si, puede ser que quiera dejarle con el culo al aire… pero es que es tan sumamente tentador…
Vamos que cualquier depredador avispado sabe que la sorpresa y hasta el pasmo son una eficaz estrategia a la hora de asegurarse una buena pieza que llevarse a la boca.
Y es que así se conectan mis neuronas.. el pájaro del nido, el nido de las hojas, las hojas de la rama y por supuesto la rama del Tronco. Eureka!! Llegamos al punto interesante de la cuestión.
A ti te quiero yo “tronco”. Formidable, recio… de raíz impaciente, buscando tierra fértil donde hundirse y crecer, yo sabré darte la humedad justa para que esto suceda y lo mismo si pones atención puedes escuchar trinar de pájaros… (o vale tal vez tenga que ser mucha la imaginación para confundir mis salvajes gemidos y el lenguaje tórrido que suelo usar en determinados momentos, con el canto inocente de un pajarillo)…
- Ya tardas en enseñármela
- (se ríe)
- Eso tiene efecto afrodisiaco en mí y lo sabes…
- ¿Qué?
- Tu risa
- Búscala tu…
- ¿Si la encuentro tengo premio?
- Puede ser…
Estoy sedienta, no disimulo, a estas alturas sería una actitud pacata y yo tiendo a excesos sobre todo de “esos”; en el sexo se puede ser de todo menos parcos y austeros. Con lógica aplastante (la mía, claro) necesito la dichosa (de feliz, siempre) varita mágica para hallar humedades que calmen mi sed…
Mis manos de repente tienen alas, son como mariposas cachondas escarbando en su bragueta, él me mira apoyando las manos en su nuca, entre divertido y con orgulloso, seguro de sí… y sobre todo seguro de sus facultades zahoríes..
Y por fin al descubierto firme y caliente más que vara me parece estaca… y en la punta mi premio…
Me arrodillo (la ocasión lo merece) que ante semejante descubrimiento la Reina más altiva no duda en hincar rodillas y lo que sea menester. Abro la boca saco la lengua y ahí ante mí deslumbrante, caliente y dulce muy dulce… esa gota que saboreo con avidez, como presagio del torrente que más tarde sin duda sabrá calmar toda mi sed…