En alguna ocasión he afirmado que no tengo un tipo claro y definido de hombre ideal, que si juntase a los hombres que han estado en mi vida el batiburrillo, podría ser un cóctel tremendo, dando como espécimen único, un ser monstruoso.
Bien, pues mentí… no fue intencionadamente, claro está, supongo que más bien, lo que sucede es que mi EL, ya peina muchísimas canas, si bien sigue siendo un hombre guapísimo, yo me quedé anclada en sus años mozos. Cuando en mi más tierna infancia, los domingos vestida con mis mejores galas, acudía con absoluto fervor al cine de los salesianos, para ver a mi amor en pantalla un gallardo Sean Connery , en su papel de agente 007.

Cuando por adversidades del destino, me cambiaban a mi Sean por Roger Moore, sencillamente me sentía estafada, por Dios, no hay color. Ya presentía que el resto de la semana y hasta llegar el próximo domingo iba a ser nefasta, si… creo que el bueno de Roger hasta me daba mala suerte.
Así que tomé una costumbre, bastante normal en mi, dado mi carácter rebelde .. sencillamente cuando me timaban cambiándome de agente secreto, yo.. me perdía por el resto del colegio, recorriendo las aulas desiertas..
Era una aventura increíble, jamás sabía que me podía encontrar por aquellos pasillos despejados y con esa especie de gusanillo en el estómago, mezcla de enojo y de emoción. A veces conseguía arrastrar conmigo alguna de mis amigas, otras veces era imposible, lo cual tampoco me hacía desistir, es más, mis andanzas aunque ellas no me acompañasen, jamás eran en solitario, EL estaba conmigo, charlábamos, nos besábamos, nos mirábamos El apasionadamente .. yo.. tímidamente, e incluso cambiábamos las tornas y yo rescataba a mi super agente de diversos peligros.
Hasta ahí, todo normal, una niña enamoradísima de un estupendo actor. Sin embargo en una de esas correrías, sucedió algo que hizo que mi orientación sexual, acabase siendo lo que es a día de hoy (rarita.. si, para que engañarnos), conocí el otro lado, el lado oscuro.
Generalmente, las clases estaban cerradas, yo intentaba siempre abrirlas, algunas veces con suerte conseguía entrar, otras no. Aquella vez el destino quiso que la manivela de la puerta girase totalmente y ahí ante mi.. estaba el Otro, totalmente descarnado.. más desnudo imposible.. el esqueleto de la clase de ciencias.
El primer impulso fue alejarme, miedo.. pero pudo más la curiosidad, después de observarlo largo y tendido, de ponerme a su lado para comprobar la diferencia de estaturas, alargué el dedito y poco a poco fui recorriendo cada uno de sus huesos.. mi dedo era mágico, por donde pasaba iba dejando un rastro de vida y los huesos limpios se iban colmando de carne y de energía (confieso que hubo una parte de la anatomía de mi Otro que me costó más trabajo “rellenar” y es que era muy niña, aquellos eran otros tiempos y una apenas tenía según que datos).
El resultado fue el opuesto a mi ángel blanco, si 007 era un morenazo de pelo en pecho, ojos oscuros y risa picarona, éste Otro, era un rubio imberbe de pelo largo y mirada azul gélido, .. y sobre todo.. de pensamientos oscuros, tan oscuros como los que en aquellos momentos recorrieron mi mente… ya no tan infantil. Y es que el ángel negro, vino pisando con fuerza.

Tal vez por eso, muchos años después, acabé liándome con un traumatólogo, del que en un principio me atrajo su mente “sucia”, tan sucia como la de mi Otro y con una profesión que lo evocaba, pero eso si, de pelo en pecho y sonrisa picarona, como mi EL.
No fue una gran historia tal vez porque la pistola del traumatólogo nunca fue tan eficaz como la de EL ni tuvo la destreza de la espada de fuego del Otro…
O quizá fuera, que semejante antagonismo, es difícil aunarlo con justeza y congruencia en un solo ser.