
Es cierto que para tener un maletín bien surtido de juguetes y demás aparatos, hay que gastarse bastante dinero, suelen ser caros. Sin embargo a veces con un una cuerda se puede hacer milagros. Todo está en la imaginación y en el punto de “cabronez” que se tenga para idear ciertos jueguitos. Yo creo estar dotada de ambas cosas.
Aquella tarde unas diligencias que tenía que hacer, me habían llevado cerca de la casa de Miguel. Sinceramente no tenía pensado verle, pero al mirar esos zapatos desde el escaparate no pude evitar pensar en él. Le entusiasmaba todo lo relacionado con los pies femeninos y calzado .. si era de tacón alto mejor.
Una llamada a su móvil y la suerte estuvo de mi parte, estaba libre e ilusionado con la idea de acompañarme en esa compra a la vez que algo perplejo el sabía perfectamente que a mi nunca me ha gustado que me adoren los pies ni nada relacionado con ese fetichismo. Tengo demasiadas cosquillas para eso.
Estuvo muy atento, probándome varios modelitos arrodillado ante mi con una sonrisa de oreja a oreja, aunque desde el principio yo supiera cuales quería, eso no importaba el me probó muchos, salí de la tienda con ellos puestos. Tomamos un café.. lógicamente con ellos puestos.. Miguel más que mirar mi cara o mi escote miraba mis pies. Fuimos dando un paseo a su casa… con ellos puestos y Miguel como Pulgarcito no dejaba de mirar al suelo, solo que en lugar de seguir un rastro de migas de pan.. seguía el de mis tacones. Esa actitud suya iba aumentando la “cabronez” que llevo en lo más hondo y comenzaron a surgir las ideas..
Parada en una tienda de chinos y compra rápida: cuerdas. Salimos de la tienda yo con mi compra, Miguel con la suya…. Un calzador, por si me costaba no fuera a estropearlos, por un momento pensé que si no hacía algo acabaría odiando a mis preciosos zapatos y a Miguel y no precisamente por ese orden.
Ya en su casa, él desnudo ante mi.. yo prácticamente desnuda ante él…… pero con zapatos.
Até la base de sus testículos y pene, me sobraba mucha cuerda dejé caer el sobrante en el suelo lo estiré.. arrastraba.. llegaba justo hasta mis recién estrenados zapatos, entre su verga y el objeto de su adoración (los susodichos) había dos metros de cuerda.. que fui pisando.. mientras me acercaba a él, como una funambulista por la cuerda, que conforme me iba acercando a él cada vez era menos floja, mis pasos sobre la misma tiraban de su miembro.. de tal manera que en un momento dado le obligaron a arrodillarse por el dolor.. ahora estaba más cerca de su tótem, un pasito más y arqueó totalmente el cuerpo hacia delante, intentando que la tensión de la cuerda pisada por mi.. se hiciera más liviana.
Estaba ya a escasos centímetros de mis pies.. intentaba chuparlos.. no se lo permití.. hice que se tumbara en el suelo y comencé a pisarle con un pie, procurando dejar la marca de mis tacones en sus muslos, pisé su pene duro.. su pecho.. su vientre, con cuidado. Miguel cada vez estaba más excitado suplicaba. Quería lamerlos.
Pero para eso debería pagar tributo..

Fuimos hasta su habitación.. le ordené ponerse a cuatro patas, até la cuerda que seguía arrastrando de su pene a la pata de la cama, yo detrás de él.. le obligué a tensar la cuerda clavando los tacones en su trasero, dándole alguna que otra patada, aún así en cuanto me descuidaba hacia un poco de trampa y se echaba para atrás con el fin de aflojar un poco… así que…
Me puse delante de él… “ven perrito lámeme los zapatos” cuando Miguel diligente se acercaba a ellos yo daba un pasito atrás… la cuerda tiraba.. el gemía de dolor.. estiraba el cuello la lengua.. y yo.. me alejaba otro poquito más, eso hacia que obviamente volviera a tirar.. otro quejido de dolor… era imposible que la cuerda tirase más.. así que por fin le dejé dar unas pequeñas lamiditas, se afanó especialmente en los tacones “sigue.. sigue lamiéndolos perro, te irá bien que estén lubricados para lo que te espera”.
Desaté su sexo que estaba ya morado.. y con unas marcas muy bonitas, le di un masaje para restablecer un poquito la circulación, no paraba de lubricar.. se le puso bien duro.
Ambos estábamos excitados, quise que su lengua se ocupara en lamer partes de mi cuerpo que sin duda son mucho más placenteras… así que… con el tacón de uno de mis lindos zapatos metido en su culo .. me hizo llegar al orgasmo dándome placer con su lengua.
Fui buena.. y puesto que mi perrito lame-zapatos, se había portado bien… le dejé alcanzar su clímax, adorando aquello que tanto le excitaba de rodillas con un zapato en la boca y el otro a modo de recipiente para su néctar, se masturbó dejando caer el semen dentro y luego …. Obviamente lo limpió con su lengua.
Todavía cuando me pongo esos zapatos no puedo dejar de pensar en Miguel y una sonrisa se me escapa cuando al meter mi pié aún me parece sentir el calor de su esperma y cierta sensación pegajosa, claro que.. después de tanto tiempo solo son figuraciones mías…