
Saber escuchar siempre es una buena cualidad, hacerlo además sin juzgar desde la tolerancia y el respeto es una virtud, a veces por desgracia, bastante escasa. Creo que un buen Dominante debe contar con ésta cualidad, y es todo un arte, porque es algo más que oír, escuchar es también observar los gestos los cambios de tono… incluso también se puede “escuchar” leyendo, viendo entre líneas. El mensaje verdadero, el más profundo casi siempre está entre ellas. Y… no sólo hay que quedarse en la persona, no se puede aislar de su entorno, hay que tener también en cuenta cuales son sus circunstancias, como ha sido su vida, como se enfrenta a diversas situaciones… Como resuelve sus problemas, que le hace reír o llorar, que es lo que le conmueve. En definitiva, saber escuchar es un ejercicio muy enriquecedor, no es sencillo, tendemos a ocultar lo que nos hace vulnerables, pero si se quiere llegar al fondo, vivir sensaciones intensas… es algo imprescindible.
Muchas veces me toca dar palos de ciego, plantear situaciones y esperar reacciones, hacer preguntas que a priori pueden resultar bastante absurdas y luego desgranar con paciencia las respuestas, incluso me toca representar un papel que no es el mío, forzando un poquito la máquina, aparentando a veces una frialdad que no me corresponde, incluso una crueldad que no comparto, llevar al otro al límite, puede que del enfado o directamente enfurecerlo, con calma y despacito, hay diversos grados de enfado y no es cuestión de acabar a bofetadas, sino más bien de sondear límites, saber por donde puedo ir y por donde mejor no.
Cuando un sumiso llega a mi, generalmente me habla de sus fantasías o prácticas más superficiales, esas de las que no se avergüenza, poquito a poco va abriéndose algo más y me cuenta las más oscuras, o al menos las que él tiene noción de que están ahí, pero muy rara vez habla de aquellas más turbias, a veces por pudor o temor y otras porque sencillamente no sabe ni que las tiene.
Y yo con el paso del tiempo y sabiendo “escuchar”, he acabado descubriendo que hay algo bastante más común de lo que pudiera parecer… el masoquismo emocional.

La forma más leve de masoquismo emocional, es quizá la excitación que a la mayoría les produce el que se utilice “contra” ellos el lenguaje obsceno, en forma de insultos, humillación verbal en determinadas circunstancias, también la actitud de desprecio alejamiento o frialdad, ridiculizar su masculinidad a través del travestismo, o directamente reírse de su minúsculo pene (aunque a veces éste de minúsculo no tenga nada), burlarse de su torpeza en cualquier “trabajito” ya sea sexual o simplemente “poner una bombilla”, y en algunos casos y éste es el tipo de masoquismo emocional que más se tiende a ocultar, lo que les excita es ser unos auténticos cornudos.
Es fácil entender que sea algo que se oculta, sobre todo se oculta y se niega en muchas ocasiones rotundamente, cuando hay cierta implicación sentimental, porque evidentemente es cuando duele. Y ahí es donde aparece el sentimiento paradójico, complicado de encajar, si duele … ¿Por qué me excita?
Como sentimiento o situación difícil de entender y de encajar, puede haber infinidad de reacciones casi siempre totalmente imprevisibles, en la escala del simple coqueteo con el muchacho guapo de turno hasta el flagrante “Me lo follo en tus narices y tu a mirar y a callar”, hay que seguir “escuchando”, para saber en que punto parar. Donde la cuerda se puede romper, es difícil, pero como todas las prácticas intensas, si se consigue llegar al punto exacto, el resultado puede ser realmente espectacular.