
Quiero que no esperes nada de mí, haré lo propio contigo.
Imagina que tú y yo somos un libro en blanco, dos cabezas huecas sin recuerdos y por tanto sin alegrías que recordar ni penas de las que lamentarse, todo por vivir… por descubrir.
Ven a mí limpio, sin perfumes ni máscaras de ningún tipo, que cuando por primera vez escuche tu voz, mire tus ojos y bese tu mejilla al acercar mis labios a tu cara, por un momento pueda cerrar los ojos y embriagarme con tu aroma, que no es como el de nadie y a nadie me recuerda.
No hagas preguntas, ni siquiera las más triviales… solo camina a mi lado, dejaremos que el azar decida por nosotros, a su capricho iremos a parar a cualquier sitio, que lo importante amigo es la compañía.
Siéntate frete a mí, déjame mirarte, se generoso y no intentes desviar mi atención con palabras banales, o si… habla de cosas insustanciales, deja que me centre en lo que no dices, que si subes un poco el puño de tu camisa pueda admirar la fortaleza de tus muñecas e imaginar el resto de tu brazo sospechando como son tus abrazos. Que si te acaloras y desabrochas un botón, intuya la calma del sonido de tu corazón.
Yo haré por levantarme en cualquier momento y con alguna excusa, para que tú puedas intuir mi silueta debajo de la ropa… estoy segura de que me gustará la caricia silenciosa de tus ojos.
Puede que todo suceda o que nada pase, pero si acaso fuese el principio de algo…
Deseo que esa primera vez, sea todo maravilla, como tener la evidencia de que algunas fábulas si son reales, que a cada caricia se le puede poner un nombre, impronunciable eso si, solo podrás deletrearlo con los dedos… tal vez ayudándote con el roce de los labios.
Si al desnudarme por casualidad descubres mis alas rotas y antiguas heridas de guerra, pálpalas con suavidad y luego memorízalas. Reconfórtame susurrando esperanzas al oído.
Deseo además, admirar y enamorarme de la belleza de tu imperfección, tú y yo sabemos que esas pequeñas o grandes imperfecciones son las que nos hacen únicos y hermosos.
Mírame… que si juntas lunares puedes descubrir constelaciones.
Balanceándome con suavidad mientras besas mis caderas no tendré nombre para ti, puedo ser cualquiera o puedo ser todas .
Que no tenemos otra vida más que esos preciosos minutos. Que después no hay nada o hay todo.
No me hagas promesas y no esperes las mías.
Si llega el momento si todo esto sucediera, deja que me marche sin más.
Con la mutua sensación de haber vuelto a nacer.
Que si por casualidad o quizá por disposición y deseo volvemos a encontrarnos . Será pronunciando en voz alta yo tu nombre tu el mío.