El Anciano y sus Palomas.
El joven estaba sentado en el parque cuando vio aparecer a aquel hombre por el fondo del paseo, el anciano iba mirando los árboles y cuando llegó al banco situado enfrente del joven se paró, lo miró sonriendo, y observó su reloj y luego el cielo; se sentó y en aquel instante aparecieron una veintena de palomas, se pusieron por todas partes, sobre las rodillas, en el hombro, al lado sobre el banco, en el suelo; las palomas parecían contentas de que aquel hombre hubiese llegado. Entonces el anciano sacó una bolsa de plástico que llevaba en un bolsillo y lentamente fue ofreciendo las miguitas de pan duro que había en el interior.
El chico pensó entonces que esa era la razón de la alegría de las aves, pero aún haciendo mucho tiempo que no quedaban miguitas de pan, las palomas seguían contentas y alrededor del anciano. Se levantó y se acercó al banco del anciano despacio, para no asustar a las palomas.
- Hola joven.
- Hola señor... Perdón pero ¿puedo preguntarle algo?
- ¡Claro hijo! Pregunta lo que quieras -dijo el anciano.
- Llevo un rato observando como trata a estas palomas y estoy extrañado.
- ¿Qué es lo que te extraña?
- Me extraña que cuando usted llegó, esperaba que vinieran, que ellas estaban contentas de que usted hubiese venido y que después de comerse todas las miguitas de pan, todavía siguen aquí con usted.
- Ja, ja, ja, ja, ¿Es eso?
El chico miró asombrado al anciano, por un momento pensó que quizás estaba loco, aunque parecía cuerdo en realidad...
- Mira hijo, continuó el hombre, hace mucho tiempo que vengo a este lugar, siempre a la misma hora, en el mismo banco, con la misma bolsita de pan. Aunque no tuviese ganas o mi estado de ánimo no fuese el mismo que el día anterior, nunca he faltado a mi cita con ellas. A las palomas las quiero, las cuido, las protejo...
- ¿Cómo puede querer a unas palomas?
- Las quiero porque se han convertido en algo especial para mí. Cuándo estoy solo están conmigo, cuándo estoy alegre comparten mi alegría con su revolotear, cuándo se termina el pan, no me abandonan y cuándo las busco siempre las encuentro.
- Señor, perdone, ¡¡pero son simples palomas!!
- ¡No!... Palomas si, simples no; en cada una de mis amigas encontrarás algo que las distingue entre sí, igual que pasa con tus amigos.
El joven siguió mirando al anciano y a sus palomas, y afirmó
- Yo las veo todas iguales...
- Querido y joven amigo, te invito a que vengas un tiempo por aquí, a esta misma hora y las observes detenidamente.
El chico fue cada día durante tres meses a aquel lugar, vigilaba cada movimiento del anciano y de cada paloma, cada día las contaba, siempre había 20. El hombre les cantaba, les hablaba, les daba el pan, incluso las reñía si se picoteaban entre ellas.
Finalmente un día el chico le dijo al anciano:
- Señor, durante 90 días he venido y he visto como usted les canta, les habla, las alimenta...y las cuida, pero sigo sin entender porqué las quiere tanto...
- Mira hijo, las quiero simplemente porque ellas me quieren a mí, simplemente porque son mis amigas.
Hijo, si buscas un porqué a la amistad, nunca hallarás su verdadero significado...
El anciano se levantó como cada día y sonriéndole, se alejó por el paseo...
AkeSha.





