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  • El hombre aproximativo, de Tristan Tzara
  • Ética y psicoanálisis, de Erich Fromm
  • La verdad de las mentiras, de Mario Vargas Llosa
  • Enlaza
    Sindicación
     
    Juego: Referencias y Alusiones
    He escrito un relatillo en el que hay escondidos unos cuantos guiños a diferentes obras y autores... ¡Busquen, busquen!

    El hecho ocurrió este mes de julio en una cafetería de Cálamo.
    Serían las diez de la mañana. Yo estaba sentada en una mesa de un rincón, hojeando y ojeando revistas de cuyos nombres no consigo acordarme.

    De pronto, por un leve movimiento del aire que me rodeaba, noté que alguien se había sentado a mi mesa. Iba a levantarme e irme, pues me gusta estar sola, pero al alzar la vista me apercibí de la presencia de alguien horriblemente parecido a mí.

    -¿Te molesta que me siente aquí? – me preguntó con un revoloteo cantarín de acentos norteños en la voz.
    -No, no, por supuesto. – mentí yo con un revoloteo cantarín en la voz sorprendentemente parecido al de mi interlocutora. - ¿Nos conocemos? – inquirí inquieta.
    -Me llamo J.L., dijo ella poniendo cara de perrillo juguetón y lanzándome una mirada irónica llena de chisporroteos.
    Tardé un poquito en reaccionar.
    -Ajá, dije yo, yo también soy J.L., añadí devolviendo la mirada con chisporroteos aún mayores.

    Le tendí la mano izquierda. Ella, sonriendo como sonreiría el gato de Cheschire si se mirase al espejo, me tendió su mano izquierda, enfundada en pulcro guante blanco y suave como el conejo de Alicia. Nos estrechamos las manos en una acrobacia anatómica, mezclando espontaneidad con investigación porosa.

    -¿Y qué haces tú aquí? Pregunté. En cuanto la última voluta de mi interrogante se materializó en el aire, me di cuenta de que ya sabía la respuesta:
    -Fingir. De hecho, finjo tan completamente, que hasta finjo que soy tú. Me contestó mirándome desde el fondo de sus ojos. Ilusa, parecía pensar.

    Aparté la mirada,incómoda, y la refugié en la inmensa bóveda de la cafetería. Ella miró hacia el mismo sitio. Bebí. Bebió. Suspiré. Suspiró. Parpadeé. Parpadeó. Volví a suspirar. Suspiró de nuevo. Si no me hubiese sentido tan incómoda, aquella situación me habría parecido francamente aburrida.

    -¿Puedo preguntar quién eres?
    -Puedes, respondió, dejando que la “ese” se descolgase lentamente de su boca, con una languidez digna de la reina de Saba.

    Empezó a rebuscar la respuesta en su bolso. Desordenadamente iba sacando sus pertenencias y las iba desperdigando por encima de la mesa: un disco de un solo lado; un librillo con la poesía completa de Albert Camus, unos saquitos de tila francesa, una pipa con una extraña inscripción y unos cubitos de hielo que parecían no derretirse nunca. Por fin extrajo un botecillo con un brebaje y me lo enseñó. “Aconitus Napellus”, rezaba la etiqueta.
    -¡Pues sí que sí! -dije yo enfadadísima.
    -¡Pues no que no! -dijo ella más enfadada aún, como saliendo del extremo de un espejo.
    -Tú siempre llevando la contraria, sentencié yo, confundidísima.
    -Tienes razón, añadió ella triunfantísima y displicente.

    Cerré los ojos. Cuando los abrí, fue como si despertase de un gran sueño. Y ella ya no estaba allí. O quizás era yo la que me había ido. No podré volver a verla pues se llevó su frasquito consigo. Por eso he decidido escribir esta historia: es la única inmortalidad que podremos compartir.

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    Una, que está traviesa ;-)

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    Acertijo de cita
    Me he encontrado un guiño fantástico en una novelita que vengo de leer... Un fragmentillo de dicha novelita es una cita de otra novela pero habiéndole dado la vuelta al sentido. Dice mi novelita:
    "Aprendí hace tiempo a situar mis relaciones a este nivel, superior y exclusivamente intelectual, en el que uno puede descansar de las penas del corazón no compartirlas."


    Y bien... las preguntas son: ¿de qué novelita os hablo? y ¿en qué otra novela está inspirada esta cita? ¿Necesitan pistas? Les doy unas cuantas sobre la novelita que vengo de leer:

    1. Es la primera novela de su autor.
    2. El autor no la escribió en su país.
    3. La protagonista de la novela tiene las mismas iniciales que el autor.
    4. La novela desarrolla una idea que recuerda a una novela de un autor italiano y a un cuento de un escritor argentino.
    5. Me compré el libro en la Semana Negra de Gijón.

    Suerte!

    Actualización: más pistas.
    6. El autor de la novela que he leído es español pero escribió la novela en París.
    7. Su casera era una escritora.
    8. El otro autor es ruso.

    Actualización del día 04 de agosto de 2005 a las 11:51
    Bueno, bueno, bueno... Al final Vigo tenía razón. El primer libro de Vila-Matas no es el que yo pretendía que era (y la mayoría de los que habéis participado too. Conste que esta vez había consultado y contrastado fuentes: por un lado, París no se acaba nunca, obra de Enrique; por otro, mi solapa de La asesina Ilustrada y por otro, esto.

    Pero, gracias a Vigo, me he planteado si no sería efectivamente la que él dice: Mujer en el espejo contemplando el paisaje. Me volví a fiar de los elefantes azules y he aquí lo que encontré:
    " Mi primer libro, en contra de lo que se dice en París no se acaba nunca no fue La asesina ilustrada, sino uno titulado Mujer en el espejo contemplando el paisaje (cuyo verdadero título era En un lugar aparte, pero en la editorial Tusquets me cambiaron el título), un libro raro y vanguardista, escrito, a lo largo de seis meses, en la trastienda de un colmado del norte de África."
    Lo que no supe es, si además de verosímil es cierto, porque la entrevista es "imaginaria"... ejem... pero mirando más, encontramos toda la historia. GENIAL.

    En tout cas, yo planteé el ejercicio partiendo del supuesto de que la primera novela de Enrique el Misterioso era La asesina ilustrada, así que en función de eso aclaro las pistas:

    1. Es la primera novela de su autor. Bueno, esto creo que ya está suficientemente aclarado, o quizás, no
    2. El autor no la escribió en su país. Sino que la escribió en París
    3. La protagonista de la novela tiene las mismas iniciales que el autor. Se llama Elena Villena
    4. La novela desarrolla una idea que recuerda a una novela de un autor italiano y a un cuento de un escritor argentino. La idea es la que vertebra El nombre de la rosa de Umberto Eco y "Continuidad de los parques", de Julio Cortázar. Es la idea del relato que asesina al lector.
    5. Me compré el libro en la Semana Negra de Gijón. Dice mi solapa que es un "misterioso e inquietante libro criminal".

    Segunda ronda de pistas
    6. El autor de la novela que he leído es español pero escribió la novela en París. Bueno, ahora está clarito, ¿no?
    7. Su casera era una escritora. Marguerite Duras, para más señas
    8. El otro autor es ruso. Efectivamente, se trata de Vladimir Nabokov, como bien apuntó Edus. La obra a la que me refiero es Pálido fuego y la cita está en una de las primeras páginas, en la introducción a la historia en sí (no tengo el libro a mano, lo siento).

    Bueno, creo que ha estado realmente interesante, ¿no?

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    Reseña: Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams.
    Toca un libro curioso. Y es que, originariamente, este libro fue en realidad una novela radiofónica. Fue tras el éxito de la radionovela que el autor decidió pasarla a libro convencional. Por lo visto, existen también series televisivas y teatrales en las que ha colaborado el autor, un juego de ordenador, cómics y una toalla de baño.

    La edición que tengo entre mis manos es un regalo y venía con lector por un periodo de tres días. Es la “Edición Definitiva” de la editorial Anagrama. ¿Y por qué definitiva? Et bien, porque además del texto de la Guía, incluye un epílogo de Robbie Stamp, uno de los productores ejecutivos de la película; una serie de entrevistas que este mismo autor ha hecho a los actores, así como la primera hoja de rodaje, del día 19 de abril de 2004 (para cinéfilos o maníacos) y una magnífica autoentrevista con Karey Kirkpatrick, guionista de la película.

    ¿Qué es la Guía del autoestopista galáctico? Pues bien:
  • "No se trata de un libro terrestre, pues nunca se publicó en la Tierra y, hasta que ocurrió la terrible catástrofe, ningún terrícola lo vio ni oyó hablar de él"
  • Probablemente, se trate del libro más notable que jamás publicaran las grandes compañías editoras de la Osa Menor, de las cuales tampoco ha oído hablar terrícola alguno."

  • Y además, en muchas civilizaciones, esta Guía ya ha sustituido a la gran Enciclopedia Galáctica como "la fuente de todo el conocimiento y la sabiduría", por dos razones: a) es un poco más barata y b)porque ostenta la simpática leyenda: NO SE ASUSTE. (Y aquí es cuando todos los lectores aspiran hacia dentro y dicen: OH!).

    Y ya aquí empieza la parodia, pues la Enciclopedia Galáctica es una creación de Isaac Asimov que aparece en su "Trilogía de la Fundación". ¿Quieren aún más parodia? Pues bien, la Guía del autoestopista galáctico pertenece a una "trilogía en cinco partes". Douglas Adams no pudo evitar añadir los libros 4 y 5, de ahí su nombre.

    Yo no sé mucho de Ciencia Ficción. La verdad es que nunca me han llamado la atención los planetas imaginarios, los monstruos de múltiples cabezas, las princesas peinas al ilicitano modo, las espadas láser o las transgresiones temporales que no se puedan hacer en un DeLorean. Así pues, tampoco puedo decir hasta qué punto es paródica la Guía del Autoestopista Galáctico. Pero no deja descanso a la mandíbula. Lo que me ha encantado de este libro (aparte de que me lo leyeran en voz alta en el Parque de San Francisco) es que, más que una parodia de la desbordante imaginación de los autores de ciencia ficción, parece una parodia del propio género humano.

    Adams utiliza todo tipo de monstruos y galaxias para reírse de los humanos. El método es sencillo, pero desternillante: ¿qué hay que hacer para reírse de algo? Apreciarlo con suficiente distancia, deshacerse de las categorías, romper las etiquetas, atreverse a mirar las cosas por primera vez. Adams no deja títere ni terrícola con cabeza: se ríe de la burocracia:
    ”- Pero los planos estaban a la vista...
    - ¿A la vista? Si incluso tuve que bajar al sótano para verlos.
    - Ahí está el departamento de exposición pública.
    - Con una linterna.”

    Se ríe de las máquinas ultraperfectas que somos capaces de construir mediante dos personajes metálicamente entrañables: Eddie, un ordenador de pareado perfecto: tan inteligente como insolente; y Marvin, un robot deprimidísimo que deprime a quien lo tenga al lado. Se ríe de la política y de las parafernalias de los gobiernos:
    ”Sólo seis personas en toda la Galaxia sabían que la función del Presidente galáctico no consistía en ejercer el poder, sino en desviar la atención de él.”

    Se ríe de todo y de todos a la vez; de la onomastia alucinante de los libros de Ciencia Ficción utilizando nombres como Prostetnic Vogon Jeltz, (monstruo monstruoso capaz de hacer monstruosa poesía pero dispuesto a escuchar críticas metafísicas acerca de ella), la Voraz Bestia Bugblatter de Traal, o Slartibartfast; de los mundos posibles mediante la creación de un planeta cuya principal fuente de ingresos es precisamente, la construcción de planetas; se ríe de los humanos haciendo que los ratones se rían de ellos; se ríe consigo mismo utilizando absurdos y lógicas ilógicas, así por ejemplo , se dice de un anciano solitario que “declaró repetidas veces que nada era verdad, aunque más tarde se averiguó que mentía”. También se ríe de los delirios enrevesados de la Biblia y de las exégesis grotescas que todo hijo de vecino está dispuesto a acometer antes o después. De hecho, aporta un argumento para demostrar la no existencia de Dios que haría reventar de risa a San Anselmo: “Me niego a demostrar que existo”, dice Dios, “porque la demostración anula la fe y sin fe no soy nada”.

    Por eso me gusta, porque utiliza el mundo de la ciencia ficción para reírse un poquito de ella. Y también para reírse sanamente de nosotros mismos. Además, gracias al distanciamiento que surge de contemplarnos a nosotros mismos a través de los ojos (acuosos, verdosos, sanguinolentos, sopocientos, digitales...) de los monstruos de la galaxia, Adams ilumina las regiones más asumidas del comportamiento humano, esas que nunca se someten a crítica, de tan interiorizadas como las tenemos. De hecho, creo que todas las citas que hasta ahora he utilizado no tienen por qué atribuirse única y exclusivamente a un libro de ciencia ficción...

    ¿La trama? La trama es bien sencilla. La tierra es destruida y Arthur Dent, un humano humanísimo, con preocupaciones humanísimas se encuentra fuera de la esfera del humano y se ve obligado a sentir como ajeno todo lo humano (por hacerle un esguince a Terencio). Consigue salvarse gracias a Ford Prefect (sic), con el que se ve arrojado al espacio exterior. Allí, primero sufre una serie de peripecias de la mano (no recuerdo exactamente si tienen este tipo de extremidades) de los vogones, raza extraterrestre contra la que conviene precaverse. Finalmente son recogidos por la nave robada por Zaphod Beeblebrox y sus dos cabezas, que utiliza la energía de la improbabilidad para funcionar (¿qué esto es altamente improbable? Claro, pues por eso). Se dirigen a Magrathea, a buscar un tesoro (no podía faltar). No os cuento lo que sucede al final por no estropearlo; eso sí: es digno de Ingmar Bergmann...

    Un viaje definitivamente alucinante, divertidísimo, pero muy sabio; para amantes y no amantes de la Ciencia Ficción, para amantes del humor absurdo, de los juegos de palabras y de los disparates... ¿Se animan? Pues cojan la toalla... y cuidado con los hooloovoos..., que en vez de ser a whiter shade of pale son a smart shade of blue ;-)

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    Índice de noticias, reportajes y entrevista publicados en este blog
    He aquí un índice de las noticias, reportajes y entrevista que he publicado en este blog. Este post es meramente funcional y aunque carece de interés, a mí me sirve para revolverme mejor por mi casa. (Nota mental: Publiqué noticias de forma sistemática hasta febrero de 2005, cuando me decidí a centrarme más en las reseñas.)

    Noticias
  • Booket apoya la lectura entre los universitarios. Sábado, 27 Noviembre 2004


  • Félix Grande, Premio Nacional de las Letras. Miércoles, 1 Diciembre 2004


  • Rafael Sánchez Ferlosio, premio Cervantes de Literatura 2004. Jueves, 2 Diciembre 2004


  • Encuentro en la Librería Rafael Alberti. Jueves, 9 Diciembre 2004


  • Los hábitos de lectura se mantienen. Viernes, 10 Diciembre 2004


  • Presentación del libro-disco "Voz que soledad sonando". Lunes, 13 Diciembre 2004


  • Círculo de Lectores presenta la obra literaria completa de Gérard de Nerval. Miércoles, 15 Diciembre 2004


  • Muere Susan Sontag, una gran defensora de la democracia. Miércoles, 29 Diciembre 2004


  • Don Quijote escala puestos en las listas de ventas navideñas. Miércoles, 5 Enero


  • Fallados el Premio Nadal de Novela y el Josep Plá de narrativa en catalán. Viernes, 7 Enero 2005


  • RENFE y la Universidad de Alcalá, por la lectura del Quijote. Lunes, 10 Enero 2005


  • Dos obras de Valle Inclán conmemoran el 125 Aniversario del Círculo de Bellas Artes. Jueves, 13 Enero 2005


  • Nuevos ciclos de conferencias en la Biblioteca Nacional. Miércoles, 19 Enero 2005


  • Presentación del segundo libro de memorias de Carlos Castilla del Pino. Viernes, 21 Enero 2005


  • El año del Libro de Barcelona también celebrará el IV Centenario del Quijote. Domingo, 23 Enero 2005


  • Presentación del libro La regla del juego, de José Luis Pardo. Jueves, 27 Enero 2005


  • Muere el dramaturgo Arthur Miller, premio Príncipe de Asturias de las Letras. Sábado, 12 Febrero 2005


  • Presentación de "De las cenizas". Lunes, 14 Febrero 2005


  • Fallece el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante. Martes, 22 Febrero 2005


  • El español José Ovejero, galardonado con el Premio Primavera de Novela. Miércoles, 2 Marzo 2005


  • Aparece "Eñe", una nueva revista literaria. Domingo, 3 Abril 2005


  • Trece por docena. Miércoles, 7 Diciembre 2005



  • Reportajes
  • Actividades y ediciones para el Quijote. Domingo, 12 Diciembre


  • La Librería Áurea de Madrid. Sábado, 18 Diciembre 2004


  • Primo Levi: entre la química y la literatura. Viernes, 31 Diciembre 2004


  • En torno a la metáfora. Lunes, 3 Enero 2005


  • Literatura en torno a Berlín I. Domingo, 9 Enero 2005


  • Literatura en torno a Berlín II. Viernes, 14 Enero 2005


  • Entrevista
  • Lorenzo Silva. Lunes, 20 Diciembre 2004


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    Reseña: Suave es la noche de Scott Fitzgerald
    Dice mi solapa de Suave es la noche que Francis Scott Fitzgerald "ha retratado como nadie a la clase alta estadounidense en el periodo de entreguerras".

    Si pensamos bien esta frase, creo que habría que aplicársela más bien a un buen fotógrafo profesional, a un redactor de artículos de serie b en la columna de un periódico de la época o en un grabador con piedra y cincel. Pero no en un "clásico del siglo XX" (bajotítulo de la colección). Siempre he pensado que la verdadera literatura, el "arte literario" o los "clásicos" son aquellos que sobreviven al paso del tiempo y trascienden el tema del que parten. Decir lo ut supra mencionado de Scott Fitzgerald es casi como decir de Goya que "retrató como nadie a la familia de Carlos IV durante su reinado". Los que conozcan a fondo la obra de Goya sabrán el sentido del "como nadie", pero no arroja luz ninguna en la oscura estepa mental del ignorante...

    Suave es la noche no es, para mi gusto, un retrato de la clase alta estadounidense en el periodo de entreguerras, por más que la novela esté ambientada en dicho periodo y por más que sus protagonistas pertenezcan a ese oscuro segmento poblacional que es la clase alta estadounidense. Si así hubiese sido, no me habría encandilado desde el principio hasta el final a lo largo de 526 páginas. Cambien el título por: "Estudios inéditos acerca del comportamiento de la clase social alta estadounidense en el periodo 1914-1939". La verdad es que no creo que fuese muy interesante.

    Suave es la noche es un pausado retrato del género humano, no te importe la raza ni el color de la piel. Las inquietudes, sinvivires y sin amares de los personajes son los de los seres humanos, no los de la clase alta norteamericana. Dick Diver es un hombre que, en su empalabrado camino de 526 páginas pasa de ser un joven prometedor con el futuro que desee a sus pies, a un hombre entrado en años, que no ha conseguido completar ninguno de los proyectos con que soñaba de joven y que se ve, cuando echa la vista atrás con ojos de diacrónica melancolía, como la versión errada y defectuosa de lo que fue antes. El lector asiste con él, lenta e casi imperceptiblemente a este cambio. El declive de Dick Diver se va insinuando en sus acciones, en su lenta escisión con el mundo que le rodea -y en el que tan bien se desenvolvía al principio-, en su incapacidad para acometer hazañas y enderezar entuertos al final de su vida y en el conocimiento que traba con palabras como "renunciar", "ceder", "resistir" y "soportar".

    Nicole, su mujer, es una joven estupenda y maravillosa pero que estuvo ingresada en un hospital psiquiátrico durante su juventud, debido a las secuelas que en ella habían dejado los abusos sexuales de su padre. Nicole tiene dos caras: la enferma y la recuperada, que se entretejen en torno a su marido, Dick, formando una red tensa y resistente de la que él no es capaz de (querer) escapar. Nicole tiene comportamientos de pasiva-agresiva al más puro estilo Mia Farrow, pero también tiene arrebatos adolescentes, dudas más femeninas que una tienda de ropa interior, ansias de ser siempre hermosa, preocupaciones acerca de lo que los demás piensen de ella... El retrato de esta pareja es tan humano que llega a hacerse doloroso a través de las palabras.

    Además, tenemos a Rosemary, la lánguida, ingenua e impávida actriz; al alcohólico señor North, a Mary la trepadora; al escritorzuelo de masas McKisco y a algún impasible americano más que pasa sin hacer ruido por el relato. Todos estos personajes, descritos y concretados hasta el más íntimo detalle, son en realidad, vehículos que Scott Fitzgerald utiliza para lanzar a la cara del lector reflexiones sobre el ser humano, descripciones preciosas y perfectas de algunos sentimientos, argumentaciones más que lógicas sobre las causas de posibles comportamientos... en definitiva, utiliza a todos estos personajes para “retratar como nadie al género humano de cualquier época”. Leída hoy, parece casi una defensa de la inmutabilidad del ser humano. Miren si no, la riqueza de las descripciones de lo que ocurre en el interior de cada ser (y qué plausibles son):
    ”El príncipe Chillicheff salió de su ensimismamiento –tal vez estaba estudiando una vez más las posibilidades que tenía de salir de Rusia algún día, pensamiento al que había dedicado tanto tiempo que era dudoso que pudiera abandonar de inmediato – y se dispuso a marcharse con ellos.

    La trama carece totalmente de importancia, pero es el columpio que utiliza Scott Fitzgerald para mecernos en el vaivén de las decisiones que una persona cualquiera debe tomar a lo largo de su vida. Quizás soy demasiado reiterativa si digo que la novela es una linterna, una antorcha para andar entre la gente. Discutía hace poco con mi dios de las pequeñas cosas sobre si en una novela importaba más el qué se dice o el cómo se dice. Suave es la noche es el ejemplo perfecto de la fusión de ambas both cosas: el cómo se dice es totalmente relevante porque ilumina los rincones de la historia sacando de ella aspectos desconocidos, convirtiendo a los hechos en únicos por la forma en que están contados. Con Dick Diver pasa como con Raskolnikov: somos todos pero no es nadie. Y es que Scott Fitzgerald utiliza comparaciones y descripciones tan explicativas, tan lúcidas y tan gráficas para describir lo que le pasa a sus personajes que, al leerlas, uno piensa que es algo que ya ha sentido en sus propias carnes o que podría llegar a sentir (o lo siente en el instante en que lo lee):
    ” Siempre estaba perfectamente relajado, preparado para el combate, como ocurre con los buenos deportistas que, cuando están de suplentes, están realmente descansando la mayor parte del tiempo, mientras que alguien menos preparado hace creer que está descansando pero la constante tensión nerviosa le deja físicamente agotado.”


    Y bien, se preguntará el lector de reseñas, ¿cómo utiliza don Scott Fitzgerald el lenguaje para conseguir todo eso? Aunque gusta de la frase larga, Scott Fitzgerald consigue un ritmo muy fluido gracias a la precisa construcción de las acciones: cada frase tiene sentido completo (por supuesto), pero deja abierto un interrogante que se contestará en la frase o trozo de frase siguiente.
    “No es desacertado que se diga de los esquizofrénicos que tienen doble personalidad.” (y aquí el lector se pregunta por qué no es desacertado) “Nicole era alternativamente una persona a la que no hacía falta explicar nada y otra a la que nade se le podía explicar”

    O bien esta otra escena:
    ” En cuanto salió Abe con su paso vacilante, Dick y Rosemary se abrazaron precipitadamente. Les cubría a ambos una especie de polvillo de París a través del cual percibían sus respectivos olores (...) Durante medio minuto más, Dick se aferró a aquel estado. Rosemary fue la primera en volver a la realidad. “

    Como podemos ver el “en cuanto” nos remite a algo que sucederá después, así como el “durante medio minuto más” nos da la idea de que sea lo que sea lo que describe la frase que se inicia así, enseguida se verá abortado por otra cosa; es decir, nos hace albergar dos expectativas distintas. Finalmente, “fue la primera en volver a la realidad”, nos abre el interrogante de cómo volvió a la realidad, no nos deja todos los nudos atados.
    Pero además, Scott Fitzgerald tiene algunas frases que parecen casi juegos de palabras conceptistas pero que en realidad, son abrasadoramente descriptivas: “tenía la arrogancia propia de los hombres altos de un país de bajos” y “no soy más que un conjunto de muchas personas diferentes, todas ellas muy sencillas” son dos de mis preferidas.

    Es cierto que todos los personajes principales de la novela pertenecen a la clase alta norteamericana, es cierto que Scott Fitzgerald fue un conocidísimo juerguista en París; pero lo que no es cierto es que sus novelas sean un retrato de la clase alta estadounidense en el periodo de entreguerras: Scott Fitzgerald retrata al género humano de una forma certera y tan sagaz, que a veces nos duele vernos reconocidos. Es un pulidor de espejos descarnadamente reales. Por eso es un clásico del siglo XX.

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    Yehuda Amijai
    Os dejo dos poemas de Yehuda Amijai (Würzburg, Alemania, 1923-Israel, 2000).

    A veces

    A veces Jerusalén es ciudad de cuchillos,
    y hasta las esperanzas de paz más afiladas para cortar
    la dura realidad se embotan o mellan.
    Las campanas de la iglesia se afanan tanto por sonar
    con acento redondo y quieto
    pero se vuelven pesadas como maja que bate en un mortero,
    voces pesadas y sordas y hollantes. Y el chantre
    y el muecín tratan de deleitar con su canto
    pero al final estalla el alarido punzante:
    Señor Dios de todos nosotros, Único Señor, Uno,
    Ejad, jad, jad, jad.

    De Un toque de gracia.


    Acompáñame
    Acompáñame al aeropuerto
    no vuelo, no me alejo, no me voy.
    Pero acompáñame a un avión blanco
    entre la niebla de los olivos,

    dime palabras que transformen las esetaciones
    en el breve instante de una despedida,

    cuando las manos van a
    los ojos que lloran como a
    un abrevadero para beber y beber.

    De Detrás de todo esto se oculta una gran felicidad.

    Puedes leer más poemas aquí, pero en inglés.

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    ¿Por qué no conozco a Félix de Azúa?
    Los Reyes me trajeron a Azúa el 28 de enero de este año. Vino a Madrid a presentar el libro La regla del juego, de José Luis Pardo. Pero Azúa y yo ya nos conocíamos, jeje.

    A mí me lo presentó mi padre un día en el diario El País. Desde entonces, lo anduve persiguiendo al tiempo que me decepcionaba cada vez más mi aprendizaje; le rezaba al Diccionario de las Artes para que no se acabara nunca y, finalmente, de la mano de Azúa bailé con los hidalgos más hidalgos de las letras en el salón de sus Lecturas Compulsivas.

    ¿Cómo no iba a quererlu ya? Su bailarín que tiene que jugar con la ley de la gravedad para abolirla me ha velado los pasos durante tres años, cuidando de mí y de mis torpezas; la grasa de salchicha alemana que chorrea de algún poema suyo me sirve de balancín para irme a Freiburg siempre que quiero; gracias a su desocultación pude por fin volver a mirar a Van Gogh a la cara sin pensar en lo andrajoso de sus botas. Azúa tradujo en un lenguaje que se ajusta perfectamente a la horma de mi cabecita a Kant y su juicio criticón y a Heiddeger y su meticulosidad exasperante. ¿Cómo no iba a quererlu?

    Tras haberme quitado los miedos al famoseo literario con Lorenzo Silva, me decidí a escribirle a Félix y contarle lo mío. Encontré su correo electrónico en la página de no recuerdo qué universidad. Tardó en contestarme. Cuando por fin me contestó fue monísimo (jeje). Le alegré la mañana, dice el mail. Me dijo que podía hacerle la entrevista por correo electrónico o en Barcelona, delante de un café, cuando fuera por allí. Además, me mandaba un saludo MUY cariñoso (que es lo mismo que darme un abrazo pero salvando las fronteras con palabras jeje).

    Aquí ya me morí de miedo delante del ordenador. No hacía más que pensar: ahora, cuando le envíe las preguntas de la entrevista, es cuando sabrá que soy realmente tonta. Me leí un montón de entrevistas que hay por Internet (cosa que según mi amigo Miguel, no debe hacerse bajo ningún concepto). Cosí todos los botones inseguros de mi ropa, cociné postres, entremeses y demás festines y paseé por los hielos de toda Madrid con tal de no enfrentarme al folio en blanco... Finalmente me envalentoné y le envié unas cuantas preguntas que no llegaron nunca. Cuando, habiendo dejado pasar un tiempo más que prudencial y navideño, le volví a escribir, apelando, eso sí a mis consejeros (Le escribí un correo en el que sólo hablaban ellos, jeje), él ya había hecho una bolita con mis ansias de fan adolescente y me había borrado de su portentosa cabecita. Despiste Azúa no recordaba nada de nada pero, valiente y aventurero me conminaba a llamarle por teléfono y dejarme invitar a un café en cuanto posara mis lindos pies en su ciudad.

    ¡Temblor! Yo, que soy todita explicaciones, argumentos y charlatenería variada, le volví a escribir, tiñendo cada palabra con todo el rubor de mis incautas mejillas (¡qué vergüenza, por Dios!). Ahí es cuando me llamó “alteza” y me instó a que me “sosegara”... (más vergüenza aún). Me quedé como si me hubiese hecho pis en la cama...
    Bueno, pues finalmente, cuando iba a ir a Barcelona lo llamé por teléfono para decírselo... Él, que es muy educado, tenía pensado irse a su pueblo pero se calló. Yo, que soy muy simpática y empática, me di cuenta enseguida y ante el dilema le di permiso para irse a su pueblo tranquilamente y con la conciencia tranquila y recogidita. Por cierto, por teléfono tiene una voz profunda y poderosa; no sé, habla y parece que anochece.

    Me resigné a esperar al día 28 (ya estaba avisada gracias a mi amigo Miguel). Y esperé, esperé. Entretanto, leí los Cortocircuitos. Lo que me encanta de Azúa es que me ordena las ideas, me las conecta, me las aclara... pero siempre hace parecer que ya estaban allí... Me electrizaron sus Cortocircuitos y me los llevé a ver si me los firmaba.

    El salón de actos estaba llenísimo. Muchos de ellos se empezaron a impacientar cuando Miguel Morey se puso a explicar no recuerdo qué (lo siento, pero yo había ido a ver a Azúa, así que me entretuve espiándole, mientras él dibujaba inquieto en un papel). Lo que decía Miguel Morey tenía mucho sentido, pero era demasiado abstracto para aquella horda de curiosos. Félix sí que había conseguido captar la atención intercalando ventanas, pajaritos y trópicos tristísimos en sus reflexiones. Otra cosa que me encanta de Félix: consigue hacer parecer que los libros –objetos esencialmente cuadrangulares- tienen la perfección y la magia de un círculo.

    Cuando acabó el acto y los literatos se reunieron con los literatos, los cotillas con los cotillas y los cantautores perdidos con sus canciones, sólo sobraba yo; exageradamente presente y carnal en aquel mar de intelectualidad. Y Azuíta que se demoraba, todo educación, en hablar con no sé quién. Y yo con mi libro que “me me moría de casta y de sencilla”... Estuve a punto de irme cuatro o cinco veces. Finalmente le dije hola y le tendí, con mi carita de lesbiana socialista militante, el librito de marras. Monísimo él, me pidió el nombre, para hacerlo aún más personal: y entonces fue cuando yo aproveché para decirle que era Miss Correo Electrónico 2005; la pesadilla de su teléfono fijo; los labios del otro lado de un nunca compartido Cacaolat. Si se rió, su risa se perdió en su jersey negro de cuello vuelto de director de cine francés. Nos pusimos ambos both de puntillas sobre nuestra perplejidad; le recité su agenda para el mes de febrero (tenía que venir una vez más) y quedamos, tan amigos como siempre hemos sido, en vernos en febrero en Barcelona.



    La verdad es que no creo que pensase que era una pesada (I hope), porque fue amabelérrimo. El caso es que cuando fui a Barcelona un mes después a ver a mi hermana, le escribí un correo avisándole de mi llegada... Nunca obtuve respuesta. Al principio pensé: “malo, malo, no me quiere”. Luego pensé que él, todo despistes y franquezas, había vuelto a olvidarse de mí (no me extraña, a veces yo misma me miro al espejo y me veo tentada a pedirme el DNI). Pero no... creo que ésas no son explicaciones correctas. En realidad, Félix se dio cuenta de que es mucho mejor en mi imaginación, donde yo lo tengo instalado en un panteón para él solo, maravilloso, ilimitado, poderoso e infinito. Y además, no quiso quitarme el deseo de conocerlo, tan elegante él, tan delicado, cuidándome como se cuida de un jardín, con la mirada puesta en el futuro. Quizás se lo agradezco, aunque de esa parte aún no estoy muy segura ;-)

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    Lavar y peinar
    Ya soy una señora Licenciada en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Supongo que debería correr a celebrarlo... Pero el caso es que ahora no sé qué hacer con mi vida.

    De momento, me he dedicado a lavar y peinar este cuadernillo, que lo tenía un poco abandonado. A saber:

  • He ordenado los buscadores: primero aparece el buscador que me hizo Palimp para encontrar cosas en este cuaderno; luego aparece el buscador para encontrar palabras en el DRAE, cortesía de Iván Humanes.


  • Transmutándome en Mrs. Claypool, le he copiado a Otis B. Driftwood su ingeniería intelectual de poner el libro que está leyendo... (con permiso, Otis.)


  • He cambiado la plantilla. (Tanto verde aburría ya, ¿no?). He cogido ésta del blog que Azulica ha creado con montones de plantillas distintas.


  • Dejo un enlace al índice de reseñas, para que sea más fácil consultarlas. Procuraré mantener dicho índice actualizado.


  • He incluido un nuevo enlace en la sección de enlaces: Lumbre Culebra: un nuevo blog sobre, por, para la literatura...


  • Creo que, de momento, eso es todo... Prometo volver pronto, pero a ver si decido qué leches hago ahora... Se admiten sugerencias.

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    Reseña: El dardo en la palabra, y El nuevo dardo en la palabra de Fernando Lázaro Carreter
    Fernando Lázaro Carreter era un conocido lingüista y un real académico de la lengua española; de hecho, dirigió nuestra esplendente y fijadora Institución entre 1991 y 1998.

    Entre 1975 y 1996 se dedicó a aportar pruebas fehacientes de su capacidad para fijar y dar esplendor a la lengua española a través de sus "dardos". Están recopilados en El dardo en la palabra. Sus desvelos por la salud de la lengua española entre 1999 y 2002, aparecen en El nuevo dardo en la palabra. Los dardos son artículos publicados en la prensa española e hispanoamericana, punzantes cual escorpión lingüístico en el desierto de la incomunicación, y que si dirigen contra la mala utilización de la lengua. Son protagonistas de los dardos usos erróneos, construcciones gramaticales aberrantes, innovaciones inadecuadas... Los periodistas (en especial, los deportivos), los jueces y los políticos le aportan a don Lázaro Carreter multitud de motivos para sentir ofendido su gramático ego; pero tampoco escapa la parla de la calle de las estocadas ágiles, irónicas y certeras del maestro. Defender la lengua, viene bordado en el estandarte de don Lázaro Carreter:
    "Procurar que el idioma matenga una cierta estabilidad interna es sin duda un empeño por el que vale la pena hacer algo, si la finalidad de toda lengua es la de servir de instrumento de comunicación dentro del grupo humano que la habla."

    Dice J. Millán que los dardos de Lázaro Carreter cumplen, básicamente, dos funciones: por un lado, introducir "una fuerte dosis de sentido común lingüístico en una forma de hablar frecuentemente hinchada por la presunción o desviada por la ignorancia" y por otro, suministrar "a los lectores unos rudimentos de la ciencia del lenguaje." Que no es poco. Y es cierto. Por un lado, gracias al conocimiento de que dispone, Lázaro Carreter es capaz de ilustrar y argumentar los usos correctos e incorrectos de determinadas palabras; también nos ayuda a comprender qué palabras de nueva creación son adecuadas y cuáles no (por violar las reglas normales de composición, por disponer nuestra lengua ya de palabras que dicen lo mismo...). La tesis final que parece desprenderse de los dardos es que "habla bien aquel que utiliza el sentido común" (hablar bien es casi pensar bien, que decía Thomas Mann).

    Hablar bien no tiene más secreto: basta con utilizar el sentido común y basta con conocer las herramientas de que nos servimos, o sea, la lengua. Esto es lo que denuncia don Fernando más a menudo: la supina ignorancia de muchos periodistas que "traducen mocosuena" (jiji) y que pretenden innovar desde el desconocimiento. Lo que más me gusta de libro es su carácter inductivo: los ejemplos no son meras ilustraciones de una hipótesis, de una teoría o de una norma de partida. No. Don Fernando recoge usos erróneos o controvertidos de determinados/as palabros/as y explica el porqué de estos yerros. Así, se nos quedan mejor en la memoria porque vienen unidos a la anécdota que los contiene, porque están contextualizados y porque, a la postre, son cosas que oímos muy a menudo. Pero por otra parte, la explicación que, como académico, nos brinda (¡chinchin!), es la que nos ayuda a comprender realmente las causas de que eso sea erróneo y nos ayuda, con este conocimiento más sistemático a no cometer ese error ni otros semejantes.
    Por cierto, el mejor zapatazo al diccionario que me he encontrado:
    "Porque según el experto disertante, "hay pocos alimentos que estén ausentes de acrilamida". Lo de menos es aquí ese extraño aliño de las comidas, sino la noticia de que nada de cuanto ingerimos está ausente de él. Créase que lo dijo así; y que el susodicho es capaz de advertir a alguien: "No te contesté porque mi casa estaba ausente de mí en agosto"


    Pero los dardos de don Lázaro Carreter son algo más. Son un regalo de la inteligencia para la inteligencia. Son, además, un tesoro lingüístico. Leyéndolos, uno se da cuenta de lo incorrecto de muchas aseveraciones vertidas desde los medios de comunicación; pero por otra, se da cuenta de cuantísimas y cuantísimas palabras desconoce, o no utiliza, o tiene enterradas en el cerebro al lado de la regla de Ruffini. Así, don Lázaro Carreter sirve de testimonio de la riqueza de nuestra lengua; tanto desde el punto de vista del contenido, por su capacidad para decirlo casi todo, como desde el punto de vista estructural, por su capacidad para crecer e introducir innovaciones.

    Además, la fina ironía que se cuela por las frases, el abanico de adjetivos que tiene siempre en el cargador para referirse a los periodistas y políticos que no cuidan su forma de hablar y la contundencia con que, finalmente, asesta el golpe, le hacen a uno gozar como con las cosas bien hechas. Da un gusto leer algo taaaan bien escrito, algo taaaan bien argumentado y a alguien taaaan convencido... (Ya ven, yo no me sé expresar taaaaaaaan bien y tengo que recurrir a psicografías tipo "taaaan" jejeje). Pero miren él, qué bien lo hace:
    "Hoy no es habitual que quienes escriben sobre la fiesta orlen de caspa sus dichos o escritos; pero bastantes de ellos los nievan con algo peor: la ignorancia agresiva. Sigo asombrado de que empresas periodísticas y audiovisivas, algunas de ellas públicas, esto es, nuestras, miren con indiferencia cómo muchos de los asalariados comen mientras carcomen el idioma del cual viven."

    Pero tengo un pero que ponerle a nuestro querido académico, fijador esplendente en mano. Él mismo dice en ambos both libros (El dardo en la palabra y El nuevo dardo en la palabra)que la lengua es un ser vivo. Y a veces se muestra en contra de innovaciones que no siguen los cauces correctos (desde el punto de vista gramaticolexicoetimologicoderivacional), contra palabras que no le suenan bien o contra palabras que vienen del inglés por el mero hecho de venir del inglés (al que considera un gran corruptor del latín). En mi modesta y nada esplendorosa opinión, la lengua la hacemos entre todos y aunque a veces, la hagamos mal, el resultado es bueno: aparecen nuevas palabras con las que nos entendemos mejor, con las que designamos nuevas realidades, al inventar palabras, a veces inventamos cosas... la lengua es también un juego, creo yo, y los hablantes tenemos derecho a jugar con ella: a retocerla un poquito para ver hasta dónde podemos estirar... no creo que los hablantes estén para servir a la lengua, sino ella a nosotros. Es cierto que tampoco se la puede ir violando de callejón en callejón, pero creo que innovar requiere cierta libertad. Y si no... ¿qué me dicen del "estentóreo" del señor Gil? ¿No es un hallazgo maravilloso?

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    El cuestionario Proust
    El cuestionario Proust se llama así porque Marcel fue el primero en responderlo. He aquí las preguntas y sus respuestas. La verdad es que hay muchas que yo no habría sabido responder. ¿Y vosotros?
    ¿Cuál es, para usted, el colmo de la desdicha?
    Estar separado de mamá.

    ¿Su idea de la felicidad completa?
    Vivir cerca de todos aquellos que amo, con los encantos de la naturaleza, una cantidad de libros y partituras y, no lejos, un teatro francés.

    ¿Cuál es su personaje histórico favorito?
    Un término medio entre Sócrates, Pericles, Mahoma, Musset, Plinio el joven, y Agustín Thierry.

    ¿Sus heroínas favoritas en la vida real?
    Una mujer genial que lleve la existencia de una mujer corriente.

    ¿Su músico favorito?
    Mozart.

    ¿La cualidad que prefiere en un hombre?
    La inteligencia, el sentido moral.

    ¿Quién le habría gustado ser?
    Puesto que no tengo que plantearme la cuestión, prefiero no resolverla. Sin embargo, me habría gustado mucho ser Plinio el joven.

    ¿El rasgo principal de su carácter?
    La necesidad de que me amen y, para precisar, la necesidad de que me acaricien y consientan mucho más que la necesidad de que me admiren.

    ¿La cualidad que desearía en un hombre?
    Los encantos femeninos.

    ¿Su ocupación preferida?
    Amar.

    ¿El color que prefiere?
    La belleza no está en los colores, sino en su armonía.

    ¿Sus poetas favoritos?
    Baudelaire y Alfred de Vigny.

    ¿Cómo le gustaría morir?
    Mejor y amado.


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    ¿Cuál es para usted el colmo de la desdicha?
    Cristina: Que alguien me pregunte por el colmo de la desdicha.


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