Reseña: La feria del progreso, de Gabriel Zaid
La feria del progreso es un libro que recoge el trabajo ensayístico del intelectual mexicano Gabriel Zaid. Como buen intelectual a la antigua usanza, Zaíd asiste a todos los palos y habla de muchos temas muy diferentes. Eso sí, siempre emitiendo opiniones argumentadas, contrastadas y basadas en datos. Bueno, muchas veces, las páginas de este libro son también terreno expedito para la ironía y la sana sonrisa para con el género humano.
El libro está dividido en seis partes. Casi todas ellas están dedicadas a la literatura, al arte de leer, a la corrupción editorial o a la ágrafa sociedad actual. Pero también dedica una parte a ensayos variados y otra llamada “El progreso improductivo”, a hablar de economía. No voy a hacer un análisis pormenorizado de esta parte porque me resultó bastante densa y farragosa. En parte debido a mi ignorancia, en parte a que las circunstancias descritas en el libro ya son pasto del pasado en México y en parte a que el propio Zaíd no supo hacerme entender sus ideas. (No iba a tener yo toda la culpa, oigan). De todas formas, es una parte pequeñita del libro que no hace desmerecer al conjunto.
Ya los títulos de las distintas secciones son bonitos, sugerentes, evocadores e incluso misteriosos: “La máquina de cantar”, “Los demasiados libros” o “Cómo leer en bicicleta”. Estos títulos revelan algo acerca del conjunto de artículos o ensayitos que acogen: y es la capacidad que éstos tienen para iluminar partes ocultas de temas manidos, para hacernos adoptar nuevas perspectivas sobre temas que, de tan sobados, ya teníamos arrinconados en la carpeta de lo asumido. Gabriel Zaid plantea, a cada página, un reto al lector, un desafío a romper con lo convencional, con las firmes asideras del pensamiento común; Zaid nos pide que caminemos solos y para ello, nos muestra cuántas de nuestras ideas son lo que los franceses llaman “idées reçues” (ideas recibidas) y a lo que nosotros decimos prejuicios.
“La máquina de cantar” aborda los temas de la escritura automática, la posibilidad de crear máquinas capaces de mezclar palabras que constituyan canciones; la posibilidad de conseguir una máquina que fabrique sonetos. Esto ya lo planteó el sabio Juan de Mairena y aún así se hizo realidad. Zaid plantea un sistema lógico que será capaz de escribir y ordenar todos los sonetos del mundo, por ejemplo, al mendeveliano modo. De las distintas aberraciones que surgen de las máquinas fabricadas y concebidas por distintos gurús de la literatura, Zaid pasa a hacer una defensa de la lectura personal, de lo que él llama una “lectura concreta”, que obedece a ciertas necesidades y es capaz de dar significados no mecánicos a lo escrito. “La literatura, dice Zaid, es el medio abstracto de alcanzarse a uno mismo como concreto”. Esto, parece lo mismo que “lo universal concreto” hegeliano, ¿verdad? Zaid une los actos de escritura y lectura y no los quiere disociar. Y es que, efectivamente, fundirse en lo literario, hallarse a uno mismo en lo concreto no es más que verse maravillosamente bien expresado en una obra de otro. Por eso las obras literarias son antorchas que nos iluminan el camino y también las causas de que caminemos. Nos hacen conocernos mejor y nos aportan la reconfortante sensación de que no estamos solos, puesto que hay quien es capaz de expresar lo que yo siento tal y como yo lo siento. Así, dice Zaid, “una de las más válidas razones para escribir es poder leer algo que uno necesitaba leer”. La verdad es que me parece una idea bastante cierta: escribimos para expresarnos porque no hemos encontrado la expresión exacta de lo que nos sucede en otros. (Y a veces, dice Zaid, se escriben cosas anodinas, poco interesantes y poco literarias, precisamente porque se ha leído poco y no se sabe que lo nuestro, lo que nos abre las carnes ya está expresado excelsamente en Dostoievski o en Flaubert).
Otra de las grandes ideas de Zaid en esta primera parte del libro habla de la naturaleza creadora de la literatura. Y es que cuando dudamos desesperadamente, ¿no pensamos siempre en Hamlet? Cuando acometemos hazañas en pos de un sentimiento anacrónico, ¿no nos acordamos de Alonso Quijano? Dice Zaid que la duda hamletiana o la noche oscura del alma son cosas que cobraron existencia con su verbalización, que fueron creadas e incorporadas a la naturaleza y por lo tanto, han pasado a formar parte del acervo humano.
En “Leer poesía”, Zaid aborda aspectos de eso tan controvertido que es “la lectura de poemas”. Y es que... ¿cuánta gente dice que no lee poesía porque no la entiende o porque no le transmite nada o porque le aburre? Para Zaid sólo hay una solución: la única manera de leer poesía es embarcándose. En esta parte del libro, el autor no se adentra sesudamente en los recovecos de lo que significa o deja de significar tener una experiencia poética al timón de un poema, sino que coge tres o cuatro versos que a él le encantan y nos los lee y nos enseña lo que ha encontrado en ellos, y se deja llevar por la corriente de belleza, y simplemente, al final, grita: ¡qué hermoso! Y a uno le quedan ganas de saber leer como él.
Resulta curioso el artículo “Un gato cruza el puente de la luna”, en el que se ofrecen diversas interpretaciones de distintos lectores sobre este verso de Octavio Paz. En el ensayo “Dicho sea con temor”, Zaid parte de la perogrullada: “Los textos de poesía... son más breves que los de prosa”, para demostrarnos que ni siquiera obviedades como ésta están exploradas a fondo y que, alguien como él, es capaz de decir muchas cosas nuevas acerca de la poesía partiendo de esta frase. Y efectivamente, la narrativa se mueve en espacios más amplios, abarca más, la poesía (e incluso el poema en prosa) ha de ser capaz de soltar el resplandor en un espacio más acotado, en un texto más breve, en definitiva, en un número muchísimo menor de sílabas. “La riqueza del poema es como la riqueza del dibujo: dibujar es omitir”. ¿Se puede prosificar un poema? Sí, claro, cómo no, se puede contar en prosa lo que viene dado en un poema. Imaginemos que en vez de “Enhiesto surtidor de sombra y sueño/que al cielo acongojas con tu lanza” alguien dice: en el centro de un claustro de piedra surge un ciprés tan natural y tan alto que parece que está pinchando el cielo. Pero no es la misma verdad la que opera en ambos casos. Los versos de Gerardo Diego son una verdad que depende del número de palabras que la expresan. Y ahí está la magia de la poesía. Parece casi un misterio pitagórico. Los siguientes ensayos de esta parte son lecturas de Zaid, desde “los azules que se caen de morados” hasta un soneto de Manuel Ponce. En este sentido, Zaid nos aporta su maleta llena de libros y nos deja conocer nuevos autores, pero además, nos da las claves para aprender a leer como él.
“Los demasiados libros” se mete con los libros en tanto objetos físicos. El primer ensayo de este grupito se llama “La superación tecnológica del libro” y es una defensa absoluta de la superioridad tecnológica del libro frente a otros soportes. Aporta los siguientes argumentos: 1. Los libros pueden ser hojeados. 2. Un libro se lee al paso que marca el lector. 3. Los libros son portátiles. 4. Los libros no requieren cita previa (lo abres cuando quieres). 5. Los libros son baratos. 6. Los libros permiten mayor variedad (a diferencia de los programas de televisión). Son todas ellas razones, que de tan obvias, quizás ni siquiera habíamos pensado. En otro ensayo aborda los porqués de que se lea tan poco, preocupación anual de nuestros ministerios.
En este grupo de artículos, Zaid también hace reflexiones muy certeras sobre la infinitud de libros editados, sobre las bibliotecas personales como “proyectos de lectura” y sobre el ansia de escribir pero no de leer. El artículo “La oferta y la demanda de la poesía” me llamó mucho la atención porque pone ejemplos de revistas que tienen la oferta de publicar poemas de un suscriptor que compre cuando menos cinco libros al año (por ejemplo). Dice, por ejemplo, que Plougshares “recibe 16.000 textos al año de unas 6.000 personas, de las cuales ni 200 están suscritas a la revista”. Por lo visto, si todos los que quieren escribir en la revista mencionada comprasen la revista, ésta triplicaría sus ventas. Es decir, que hay mucha gente que lo que quiere es escribir, no leer. Pero si todos queremos escribir y no leer, entonces, ¿quién leerá lo que escribimos? “Si todos los que quieren ser leídos leyeran, habría un auge nunca visto”. La solución que da Zaid para evitar esta proliferación de autores que no leen (que como hemos visto antes, hace que se escriba mucho texto inválido), es que el que quiera escribir demuestre que ha leído: por cada 1000 libros leídos, te daremos un cupón que vale por la publicación de un poema tuyo. O algo así. La solución que la sociedad moderna ha encontrado es otra. Seguro que sabéis cuál es... (hay premio, un cupón en blogs.ya.com, por ejemplo jeje).
Otra cosa que molesta a Zaid del mundo de los “demasiados libros” es la absurda necesidad que sienten algunos del show off, de presumir, de fardar de lector, de ir por ahí presumiendo de lo mucho que se lee: ”Bajo el Imperativo Categórico de Leer y Ser Culto, una biblioteca es una sala de trofeos. La montaña mágica es como una pata de elefante que da prestigio, sirve de taburete y permite conversar de peligrosas excursiones al África”. En realidad, esto no tiene ningún sentido, dice Zaid, dada la inmensa cantidad de libros que existen y que se publican cada año, no importa si uno ha leído todos los libros. Lo que importa es otra cosa:
La última parte dedicada al viaje de la literatura es “Cómo leer en bicicleta”, un batiburrillo de artículos más socarrones, más cínicos, destinados a destapar algunos convencionalismos que están asentados como matronas en nuestro pensamiento acerca de las letras. Se ríe de los críticos literarios, de los premios, de las ansias de publicación, del malditismo afectado de los poetas de ahora y de tantas otra dolencias de nuestros (i)letrados corazoncitos.
Personalmente, leo ese anuncio de “País sumamente importante de ejemplar y brillante subdesarrollo con una literatura en plena expansión al mercado internacional solicita crítico literario ideal” y, qué quieren, me ruborizo toda y me arrepiento de haber estado profanando y lapidando las ideas de Zaid con este texto...
PD. Esta reseñita también va con dedicatoria: para Seven, Don Mario y Oscar Cid, que para mí, le ponen la letra al México de Zaíd y que yo no conozco. Y, sin lugar a dudas, mis tres mexicanos favoritos :-)
Actualización del 27 de Agosto de 2005 a las 17:12
He corregido algunas erratillas que había por ahí. Mis disculpas...
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El libro está dividido en seis partes. Casi todas ellas están dedicadas a la literatura, al arte de leer, a la corrupción editorial o a la ágrafa sociedad actual. Pero también dedica una parte a ensayos variados y otra llamada “El progreso improductivo”, a hablar de economía. No voy a hacer un análisis pormenorizado de esta parte porque me resultó bastante densa y farragosa. En parte debido a mi ignorancia, en parte a que las circunstancias descritas en el libro ya son pasto del pasado en México y en parte a que el propio Zaíd no supo hacerme entender sus ideas. (No iba a tener yo toda la culpa, oigan). De todas formas, es una parte pequeñita del libro que no hace desmerecer al conjunto.
Ya los títulos de las distintas secciones son bonitos, sugerentes, evocadores e incluso misteriosos: “La máquina de cantar”, “Los demasiados libros” o “Cómo leer en bicicleta”. Estos títulos revelan algo acerca del conjunto de artículos o ensayitos que acogen: y es la capacidad que éstos tienen para iluminar partes ocultas de temas manidos, para hacernos adoptar nuevas perspectivas sobre temas que, de tan sobados, ya teníamos arrinconados en la carpeta de lo asumido. Gabriel Zaid plantea, a cada página, un reto al lector, un desafío a romper con lo convencional, con las firmes asideras del pensamiento común; Zaid nos pide que caminemos solos y para ello, nos muestra cuántas de nuestras ideas son lo que los franceses llaman “idées reçues” (ideas recibidas) y a lo que nosotros decimos prejuicios.
“La máquina de cantar” aborda los temas de la escritura automática, la posibilidad de crear máquinas capaces de mezclar palabras que constituyan canciones; la posibilidad de conseguir una máquina que fabrique sonetos. Esto ya lo planteó el sabio Juan de Mairena y aún así se hizo realidad. Zaid plantea un sistema lógico que será capaz de escribir y ordenar todos los sonetos del mundo, por ejemplo, al mendeveliano modo. De las distintas aberraciones que surgen de las máquinas fabricadas y concebidas por distintos gurús de la literatura, Zaid pasa a hacer una defensa de la lectura personal, de lo que él llama una “lectura concreta”, que obedece a ciertas necesidades y es capaz de dar significados no mecánicos a lo escrito. “La literatura, dice Zaid, es el medio abstracto de alcanzarse a uno mismo como concreto”. Esto, parece lo mismo que “lo universal concreto” hegeliano, ¿verdad? Zaid une los actos de escritura y lectura y no los quiere disociar. Y es que, efectivamente, fundirse en lo literario, hallarse a uno mismo en lo concreto no es más que verse maravillosamente bien expresado en una obra de otro. Por eso las obras literarias son antorchas que nos iluminan el camino y también las causas de que caminemos. Nos hacen conocernos mejor y nos aportan la reconfortante sensación de que no estamos solos, puesto que hay quien es capaz de expresar lo que yo siento tal y como yo lo siento. Así, dice Zaid, “una de las más válidas razones para escribir es poder leer algo que uno necesitaba leer”. La verdad es que me parece una idea bastante cierta: escribimos para expresarnos porque no hemos encontrado la expresión exacta de lo que nos sucede en otros. (Y a veces, dice Zaid, se escriben cosas anodinas, poco interesantes y poco literarias, precisamente porque se ha leído poco y no se sabe que lo nuestro, lo que nos abre las carnes ya está expresado excelsamente en Dostoievski o en Flaubert).
Otra de las grandes ideas de Zaid en esta primera parte del libro habla de la naturaleza creadora de la literatura. Y es que cuando dudamos desesperadamente, ¿no pensamos siempre en Hamlet? Cuando acometemos hazañas en pos de un sentimiento anacrónico, ¿no nos acordamos de Alonso Quijano? Dice Zaid que la duda hamletiana o la noche oscura del alma son cosas que cobraron existencia con su verbalización, que fueron creadas e incorporadas a la naturaleza y por lo tanto, han pasado a formar parte del acervo humano.
En “Leer poesía”, Zaid aborda aspectos de eso tan controvertido que es “la lectura de poemas”. Y es que... ¿cuánta gente dice que no lee poesía porque no la entiende o porque no le transmite nada o porque le aburre? Para Zaid sólo hay una solución: la única manera de leer poesía es embarcándose. En esta parte del libro, el autor no se adentra sesudamente en los recovecos de lo que significa o deja de significar tener una experiencia poética al timón de un poema, sino que coge tres o cuatro versos que a él le encantan y nos los lee y nos enseña lo que ha encontrado en ellos, y se deja llevar por la corriente de belleza, y simplemente, al final, grita: ¡qué hermoso! Y a uno le quedan ganas de saber leer como él.
Resulta curioso el artículo “Un gato cruza el puente de la luna”, en el que se ofrecen diversas interpretaciones de distintos lectores sobre este verso de Octavio Paz. En el ensayo “Dicho sea con temor”, Zaid parte de la perogrullada: “Los textos de poesía... son más breves que los de prosa”, para demostrarnos que ni siquiera obviedades como ésta están exploradas a fondo y que, alguien como él, es capaz de decir muchas cosas nuevas acerca de la poesía partiendo de esta frase. Y efectivamente, la narrativa se mueve en espacios más amplios, abarca más, la poesía (e incluso el poema en prosa) ha de ser capaz de soltar el resplandor en un espacio más acotado, en un texto más breve, en definitiva, en un número muchísimo menor de sílabas. “La riqueza del poema es como la riqueza del dibujo: dibujar es omitir”. ¿Se puede prosificar un poema? Sí, claro, cómo no, se puede contar en prosa lo que viene dado en un poema. Imaginemos que en vez de “Enhiesto surtidor de sombra y sueño/que al cielo acongojas con tu lanza” alguien dice: en el centro de un claustro de piedra surge un ciprés tan natural y tan alto que parece que está pinchando el cielo. Pero no es la misma verdad la que opera en ambos casos. Los versos de Gerardo Diego son una verdad que depende del número de palabras que la expresan. Y ahí está la magia de la poesía. Parece casi un misterio pitagórico. Los siguientes ensayos de esta parte son lecturas de Zaid, desde “los azules que se caen de morados” hasta un soneto de Manuel Ponce. En este sentido, Zaid nos aporta su maleta llena de libros y nos deja conocer nuevos autores, pero además, nos da las claves para aprender a leer como él.
“Los demasiados libros” se mete con los libros en tanto objetos físicos. El primer ensayo de este grupito se llama “La superación tecnológica del libro” y es una defensa absoluta de la superioridad tecnológica del libro frente a otros soportes. Aporta los siguientes argumentos: 1. Los libros pueden ser hojeados. 2. Un libro se lee al paso que marca el lector. 3. Los libros son portátiles. 4. Los libros no requieren cita previa (lo abres cuando quieres). 5. Los libros son baratos. 6. Los libros permiten mayor variedad (a diferencia de los programas de televisión). Son todas ellas razones, que de tan obvias, quizás ni siquiera habíamos pensado. En otro ensayo aborda los porqués de que se lea tan poco, preocupación anual de nuestros ministerios.
En este grupo de artículos, Zaid también hace reflexiones muy certeras sobre la infinitud de libros editados, sobre las bibliotecas personales como “proyectos de lectura” y sobre el ansia de escribir pero no de leer. El artículo “La oferta y la demanda de la poesía” me llamó mucho la atención porque pone ejemplos de revistas que tienen la oferta de publicar poemas de un suscriptor que compre cuando menos cinco libros al año (por ejemplo). Dice, por ejemplo, que Plougshares “recibe 16.000 textos al año de unas 6.000 personas, de las cuales ni 200 están suscritas a la revista”. Por lo visto, si todos los que quieren escribir en la revista mencionada comprasen la revista, ésta triplicaría sus ventas. Es decir, que hay mucha gente que lo que quiere es escribir, no leer. Pero si todos queremos escribir y no leer, entonces, ¿quién leerá lo que escribimos? “Si todos los que quieren ser leídos leyeran, habría un auge nunca visto”. La solución que da Zaid para evitar esta proliferación de autores que no leen (que como hemos visto antes, hace que se escriba mucho texto inválido), es que el que quiera escribir demuestre que ha leído: por cada 1000 libros leídos, te daremos un cupón que vale por la publicación de un poema tuyo. O algo así. La solución que la sociedad moderna ha encontrado es otra. Seguro que sabéis cuál es... (hay premio, un cupón en blogs.ya.com, por ejemplo jeje).
Otra cosa que molesta a Zaid del mundo de los “demasiados libros” es la absurda necesidad que sienten algunos del show off, de presumir, de fardar de lector, de ir por ahí presumiendo de lo mucho que se lee: ”Bajo el Imperativo Categórico de Leer y Ser Culto, una biblioteca es una sala de trofeos. La montaña mágica es como una pata de elefante que da prestigio, sirve de taburete y permite conversar de peligrosas excursiones al África”. En realidad, esto no tiene ningún sentido, dice Zaid, dada la inmensa cantidad de libros que existen y que se publican cada año, no importa si uno ha leído todos los libros. Lo que importa es otra cosa:
”Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calla y la nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente más reales”.
La última parte dedicada al viaje de la literatura es “Cómo leer en bicicleta”, un batiburrillo de artículos más socarrones, más cínicos, destinados a destapar algunos convencionalismos que están asentados como matronas en nuestro pensamiento acerca de las letras. Se ríe de los críticos literarios, de los premios, de las ansias de publicación, del malditismo afectado de los poetas de ahora y de tantas otra dolencias de nuestros (i)letrados corazoncitos.
Personalmente, leo ese anuncio de “País sumamente importante de ejemplar y brillante subdesarrollo con una literatura en plena expansión al mercado internacional solicita crítico literario ideal” y, qué quieren, me ruborizo toda y me arrepiento de haber estado profanando y lapidando las ideas de Zaid con este texto...
PD. Esta reseñita también va con dedicatoria: para Seven, Don Mario y Oscar Cid, que para mí, le ponen la letra al México de Zaíd y que yo no conozco. Y, sin lugar a dudas, mis tres mexicanos favoritos :-)
Actualización del 27 de Agosto de 2005 a las 17:12
He corregido algunas erratillas que había por ahí. Mis disculpas...
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10 razones para escribir reseñas
No hace mucho, discutía con mi amiga Sandra sobre la utilidad de escribir reseñas. Muchas veces me he parado a pensar si no será inútil a la vez que estúpido. El otro día, bromeando con mi madre, le decía que escribir una reseña era sencillísimo: bastaba con decir de tres maneras distintas lo que uno cree que quiere decir el libro y luego recomendar su lectura. El caso es que llevo desde noviembre del año pasado escribiendo reseñas de muchos de los libros que leo. Y para algo tiene que valer, o al menos, algún sentido tiene que tener; si no, sería estúpida (no lo descarto, je). Pues bien, he aquí mis 10 razones para escribir estas reseñas. Todas ellas, como verán, muy egoístas:
Indudablemente, las reseñas pueden ser mejores o peores, pueden incitar a los demás a la lectura o pueden disuadirles, pueden ser pareceres sin argumentación, denuestos injustificados o loas sin medida; pueden haber supuesto un esfuerzo o pueden ser una andanada verbal que no se parece a una brújula; pueden dejar muchos territorios de un libro sin explorar, o pueden añadir significados extravagantísimos a lo escrito; pero, en mi caso, son una apuesta honrada por una lectura mejor.
Indudablemente, también, estas reflexiones pedantodónticas se las dedico a Sandra
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- Escribir sobre un libro leído es un buen antídoto contra el olvido. Me ayuda a fijar en la mente el título, el autor, la trama, las ideas, incluso el estilo. En este sentido, aprovecho mucho mejor lo leído, puesto que lo recuerdo.
- Me obliga a emitir un juicio sobre el libro, a tomar postura, a establecer un diálogo conmigo (o con otras personas), a buscar argumentos para apoyar ese juicio, o sea, que me obliga a pensar.
- Al empezar a escribir sobre el libro, tengo que trazar mi propio camino: elegir lo que más me ha llamado la atención de lo leído, parafrasearlo, explicarlo. Para todo esto, recurro al libro una y otra vez releyendo trocitos o tomando notas. Así pues, es casi como leerlo dos veces.
- Al ir escribiendo, se me va aclarando lo que yo pienso acerca del libro, lo que yo creo que se cuenta o se quiere decir. En este sentido, reseñar un libro es como establecer una conversación acerca de él, al pelearme con el papel, voy descubriendo cosas nuevas. En este sentido, escribir me es mucho más revelador que abandonarlo en un estante.
- Como intento obligarme a argumentar por qué me gusta o me disgusta e intento apoyarme en citas, me conozco y me conformo como lectora. Aprendo a ver qué mecanismos funcionan y cuáles no, aprendo los porqueses de que un libro me guste y no me guste. Y esto es una gran ayuda a la hora de elegir nuevos libros.
- Las reseñas son una especie de apuntes sobre los libros. En algunas me extiendo explicando todo lo que se cuenta en el libro, intentando poner en mis palabras las ideas del autor. Esto me garantiza que asimilo dichas ideas. Además, en ocasiones, me obligo a mí misma a buscar información sobre el autor, con lo cual aprendo todavía un poco más.
- Me obliga a escribir, cosa que quizás no haría y que no está nada mal ejercitar. Y no sólo a escribir, sino a producir un texto completo.
- En ocasiones, escribir acerca de un libro es empezar a tirar de un hilo que proviene de un magnífico ovillo. Esto me pasó, por ejemplo, con La asesina ilustrada; me permite multiplicar el infinito camino de “lo por conocer”.
- Es un ejercicio de disciplina muy higiénico para el alma.
- ¿Para qué negarlo? Es divertido.
Indudablemente, las reseñas pueden ser mejores o peores, pueden incitar a los demás a la lectura o pueden disuadirles, pueden ser pareceres sin argumentación, denuestos injustificados o loas sin medida; pueden haber supuesto un esfuerzo o pueden ser una andanada verbal que no se parece a una brújula; pueden dejar muchos territorios de un libro sin explorar, o pueden añadir significados extravagantísimos a lo escrito; pero, en mi caso, son una apuesta honrada por una lectura mejor.
Indudablemente, también, estas reflexiones pedantodónticas se las dedico a Sandra
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Reseña: Un vasto y desierto paisaje, de Kjell Askildsen
Voy a hablaros de un libro bastante cortito. Se trata de un conjunto de relatos. El autor es el escritor noruego Kjell Askildsen (Mandal 1929). Yo he leído dos libros de suyos: Últimas notas de Thomas F para la humanidad y este que ahora reseño: Un vasto y desierto paisaje. Ambos son libros de relatos y están publicados en Ediciones Lengua de Trapo. Ambos libros presentan, a través de sus relatos, a un conjunto de personajes que no logran comunicarse.
En “No soy así, no soy así”, un hombre está sentado en las escaleras de la casa de su hermana traba conocimiento con un extraño hombre. Su hermana le revelará en otra visita posterior, que este hombre ha matado a su mujer.
“La colisión” es un brevísimo relato en el que Anton se da de bruces con su mujer y ésta con él; están separados por unas barreras hechas de palabras cuyo significado atribuido es siempre el contrario del que pretende el emisor. En “Allí está enterrado el perro” retoma el mismo tema de la incomunicación en la pareja, tomando como hilo conductor el cadáver de un perro encontrado en el garaje. “El clavo en el cerezo”, en cambio, retrata la incomunicación entre una madre y su hijo. “El comodín” vuelve a las palabras que separan personas. Pero en este caso, las consecuencias son más reales que mentales.
En “El estimulante entierro de Johannes” un hombre que se considera a sí mismo la oveja negra de la familia, e incluso de toda la población, va dando bandazos por la ciudad y tiñéndolo todo con su oscuro punto de vista.
Por último, en “Un vasto y desierto paisaje”, Askildsen une todos los elementos de lo sórdido y retrata una familia en la que el hijo está impedido debido a un accidente, la madre sufre una gran caída y la hija va y viene intentando mantener vivo un diminuto hilo de (in)comunicación.
Aunque no todos los relatos están escritos en primera persona, sin embargo, da la sensación de que todos lo están. Creo que esto se debe a lo que se relata: todos lo temas y todas las acciones se abordan desde el punto de vista mental del individuo que narra o del individuo que las ejecuta (cuando no es un relato en primera persona): Askildsen da todos los pasos argumentativos para abrir una ventana que ocurren en el interior de la amargada cabecita de su protagonista; el lector recorre todos y cada uno de los sucesivos sentimientos de rechazo que despiertan en el narrador los andrajosos pies de su hermana, la quejumbrosa voz de su mujer o la altanería desinhibida de su hermano. Leer un relato de Askildsen es como ver una película rodada con cámara subjetiva. Askildsen no describe paisajes, ni situaciones, sino el estado de ánimo de quien está inmerso en ella.
Otra curiosidad de los relatos es la gran confusión que rodea a estos personajes por las cosas más bobas y más nimias. Se trata de personas que se viven a sí mismas muy adentro en la cabeza y que tienen conflictos con un vaso mal colocado, un visitante inesperado, una puesta de sol o una visita rutinaria a la hermana. Son personas que van vadeando la vida saltando de disyuntiva en disyuntiva; todo lo someten a juicio, todos los caminos, por tanto, se les bifurcan, todo para ellos puede ser contemplado desde dos perspectivas diferentes: la extraña a ellos, exterior y malvada y la suya propia, desgraciada y resignada. El único desquite que se permiten contra esta resignación ante tanta negatividad es su denodada rebelión verbal interior. Dentro de sí mismos se permiten todo repudio, toda burla, toda maldición. Pero no se dejan llevar por el fragor de lo malsonante, sino que todo está argumentado, todos estos rechazos surgen de un hilo larguísimo que conecta al personaje pensativo con algo ajeno a él por la vía más negativa: los personajes establecen una suerte de causa efecto siempre negativa entre sí mismos y las personas y eventos que les rodean.
Además, muchos de los personajes de Askildsen son hombres entrados en años que asisten, casi impávidos, al lento derrumbarse de la vida. Son juez y parte en un lento acabamiento. Personas de 80 años que andan casi a rastras por la calle, conscientes de su torpeza; hombres que ya no pueden contener las ganas de hacer pis, hombres que no soportan la bebida, pero que lo explican con pelos y señales mezclando el plano fisiológico y carnal con el plano mental, con las lentas consideraciones que ellos mismos hacen acerca de su progresiva incapacidad, su incipiente derrumbe y el desperdicio de haber vivido. En este sentido, recuerdan un poco al doctor Borg de Fresas Salvajes, hombre rudo y arisco que hace repaso de su vida desde un inquietante e incesante temblor de manos.
El estilo es, además, seco, frío, contundente, duramente racional. Pero en este aparente racionalismo se esconden sentimientos oscuros, tristes, tan humanos que resultan dolorosos de asumir. El levísimo sentido del humor y la autocrítica alivian un poco la carga que transporta Askildsen y que, ya entrado en años, ha decidido compartir con los lectores. Gracias a Lengua de Trapo, los que no sabemos noruego podemos acceder a este pequeña caja de Pandora en la que estamos escondidos todos.
Kjell Askildesen nació en Mandal en 1929. Dice mi solapa que el primer libro que publicó fue Desde ahora seré yo quien te lleve a casa en 1953, y que fue prohibido por inmoral. Últimas notas de Thomas F. para la humanidad fue, por lo visto, Premio de la Crítica en Noruega en 1983. Este Un vasto y desierto paisaje es el último libro traducido al español (creo).
PS: Esta reseñita va con dedicatoria para Inma por haberme dado a conocer al autor, haberme prestado las notas de Thomas F. y haberme regalado el paisaje tan vasto. Gracísimas, chata.
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En “No soy así, no soy así”, un hombre está sentado en las escaleras de la casa de su hermana traba conocimiento con un extraño hombre. Su hermana le revelará en otra visita posterior, que este hombre ha matado a su mujer.
“La colisión” es un brevísimo relato en el que Anton se da de bruces con su mujer y ésta con él; están separados por unas barreras hechas de palabras cuyo significado atribuido es siempre el contrario del que pretende el emisor. En “Allí está enterrado el perro” retoma el mismo tema de la incomunicación en la pareja, tomando como hilo conductor el cadáver de un perro encontrado en el garaje. “El clavo en el cerezo”, en cambio, retrata la incomunicación entre una madre y su hijo. “El comodín” vuelve a las palabras que separan personas. Pero en este caso, las consecuencias son más reales que mentales.
En “El estimulante entierro de Johannes” un hombre que se considera a sí mismo la oveja negra de la familia, e incluso de toda la población, va dando bandazos por la ciudad y tiñéndolo todo con su oscuro punto de vista.
Por último, en “Un vasto y desierto paisaje”, Askildsen une todos los elementos de lo sórdido y retrata una familia en la que el hijo está impedido debido a un accidente, la madre sufre una gran caída y la hija va y viene intentando mantener vivo un diminuto hilo de (in)comunicación.
Aunque no todos los relatos están escritos en primera persona, sin embargo, da la sensación de que todos lo están. Creo que esto se debe a lo que se relata: todos lo temas y todas las acciones se abordan desde el punto de vista mental del individuo que narra o del individuo que las ejecuta (cuando no es un relato en primera persona): Askildsen da todos los pasos argumentativos para abrir una ventana que ocurren en el interior de la amargada cabecita de su protagonista; el lector recorre todos y cada uno de los sucesivos sentimientos de rechazo que despiertan en el narrador los andrajosos pies de su hermana, la quejumbrosa voz de su mujer o la altanería desinhibida de su hermano. Leer un relato de Askildsen es como ver una película rodada con cámara subjetiva. Askildsen no describe paisajes, ni situaciones, sino el estado de ánimo de quien está inmerso en ella.
Otra curiosidad de los relatos es la gran confusión que rodea a estos personajes por las cosas más bobas y más nimias. Se trata de personas que se viven a sí mismas muy adentro en la cabeza y que tienen conflictos con un vaso mal colocado, un visitante inesperado, una puesta de sol o una visita rutinaria a la hermana. Son personas que van vadeando la vida saltando de disyuntiva en disyuntiva; todo lo someten a juicio, todos los caminos, por tanto, se les bifurcan, todo para ellos puede ser contemplado desde dos perspectivas diferentes: la extraña a ellos, exterior y malvada y la suya propia, desgraciada y resignada. El único desquite que se permiten contra esta resignación ante tanta negatividad es su denodada rebelión verbal interior. Dentro de sí mismos se permiten todo repudio, toda burla, toda maldición. Pero no se dejan llevar por el fragor de lo malsonante, sino que todo está argumentado, todos estos rechazos surgen de un hilo larguísimo que conecta al personaje pensativo con algo ajeno a él por la vía más negativa: los personajes establecen una suerte de causa efecto siempre negativa entre sí mismos y las personas y eventos que les rodean.
Además, muchos de los personajes de Askildsen son hombres entrados en años que asisten, casi impávidos, al lento derrumbarse de la vida. Son juez y parte en un lento acabamiento. Personas de 80 años que andan casi a rastras por la calle, conscientes de su torpeza; hombres que ya no pueden contener las ganas de hacer pis, hombres que no soportan la bebida, pero que lo explican con pelos y señales mezclando el plano fisiológico y carnal con el plano mental, con las lentas consideraciones que ellos mismos hacen acerca de su progresiva incapacidad, su incipiente derrumbe y el desperdicio de haber vivido. En este sentido, recuerdan un poco al doctor Borg de Fresas Salvajes, hombre rudo y arisco que hace repaso de su vida desde un inquietante e incesante temblor de manos.
El estilo es, además, seco, frío, contundente, duramente racional. Pero en este aparente racionalismo se esconden sentimientos oscuros, tristes, tan humanos que resultan dolorosos de asumir. El levísimo sentido del humor y la autocrítica alivian un poco la carga que transporta Askildsen y que, ya entrado en años, ha decidido compartir con los lectores. Gracias a Lengua de Trapo, los que no sabemos noruego podemos acceder a este pequeña caja de Pandora en la que estamos escondidos todos.
Kjell Askildesen nació en Mandal en 1929. Dice mi solapa que el primer libro que publicó fue Desde ahora seré yo quien te lleve a casa en 1953, y que fue prohibido por inmoral. Últimas notas de Thomas F. para la humanidad fue, por lo visto, Premio de la Crítica en Noruega en 1983. Este Un vasto y desierto paisaje es el último libro traducido al español (creo).
PS: Esta reseñita va con dedicatoria para Inma por haberme dado a conocer al autor, haberme prestado las notas de Thomas F. y haberme regalado el paisaje tan vasto. Gracísimas, chata.
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Nos vamos de librerías
Por ahí repartidas en la piel de toro hay "algunas cuantas" librerías que me encantan... Por la atmósfera, por la oferta, por el librero... Son las que suivent:
Mi librería fagorita de Oviedo es Ojanguren. Es verdad que no tienen "tous les livres", pero para mí es la de toda la vida. Allí compraba los libros cuando era cría, allí me llevaban mis padres algunos sábados por la mañana, y allí me encanta perderme entre el crujido de las escaleras y la marabunta de libros de todo tipo. Algunos dependientes llevan allí toda mi vida. Otros son nuevos, pero apasionados de los libros. Hace poco comentaba con una amiga que una persona llamada "Nélida Piñón" no podía escribir bien, decíamos que con ese nombre estaba destinada a escribir novela rosa depauperada. Una de las dependientas nos oyó y corrió en su defensa, diciendo que teníamos que leer algo de ella porque doch escribía muy bien. Estar en una librería como en casa, eso es impagable ;-)
Mi librería fagorita de Pontevedra es Michelena. Aquí sí que hay de todo. Todos los libros de todas las colecciones, con el precio en pesetas y en alguno, si te descuidas, en maravedíes. Está desordenadamente ordenada: aquí por colecciones, aquí por autor, aquí no se sabe... El librero, el señor Micheleno (me gusta llamarlo así) es encantador. Tiene su mesa camilla hogareñísima donde apunta sus cositas; tiene su perrillo que duerme ahora al calor de Henry James, luego cobijado por Dostoievski, después bajo la vigilante mirada de Flaubert; tiene su paquete de tabaco y de vez en cuando se fuma un cigarro. Es feliz, vamos. El otro día le pregunté dónd estaban los libros de Oscar Wilde. "Vete tú a saber", me contestó, jeje. Pero lo mejor fue cuando estaba colocando unos libros de Cortázar. No encontraba la estantería. "A ver, Barbitas, dónde eres, Barbitas mentiroso, ¿dónde te has metido?" Eso me gusta de una librería ;-)
En Madrid hay más de una librería que me gusta: está la Librería Social de Lavapiés, con su perrito y su señora jovial de revoloteo extranjero en la voz. Puedes hurgar, hay libros de viejo, y multitud de cositas. En las estanterías vas de sorpresa en sorpresa. Que una librería me sorprenda me encanta;-)
La Librería Áurea también está en Madrid y sólo se dedica a la venta de libros relacionados con la Antigüedad GrecoLatina. Ya hablé en su día de ella aquí porque me parece que es uno de mis rincones favoritos en Madrid. Un sitio de ésos a los que voy poco para no gastarlo. Esther es simpatiquísima y tiene aquello como un feudo fantástico, perdido en el tiempo. Me encantan las librerías con la personalidad del dueño ;-)
Librería Follas Novas, en Santiago de Compostela, en la calle Montero Ríos... También es genial, un sitio para perderse, con muchísimas plantas, todas ellas cayéndose de viejas, con estanterías abarrotadísimas, de las que parece que los libros van a empezar a caer en un imparable efecto dominó... Un sitio para perderse la tarde entera. Me encanta pasar una tarde entera entre libros ;-)
La Central, de Barcelona. En especial, la que está en la calle Mallorca. También tienen todos los libros, en esas discretas estanterías negras... Además, tienen escaleras a las que hay que subirse para ir a encontrarse con Rostand o con Huidobro, según pille la letra. Y lo de ser dueño de la escalera en una librería, me encanta ;-)
Eso sí, seguro que hay otras muchas que me sescapan...
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Eso sí, seguro que hay otras muchas que me sescapan...
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Charles Bukowski, un par de poemas
Charles Bukowski es el maldito poeta maldito de Norteamérica. (Vale, es verdad, también escribió novelas, pero a mí me gusta pensar en él como poeta: en la pluma, y en la actitud). Nació en Alemania por casualidades militares de su padre, pero vivió casi toda su extraña vida en América. Su primera novela fue Post Office y en ella ya aparece su alter ego, Henry Hank Chinaski, el gran narrador.
¿Qué me gusta de la poesía de Bukowski? Pues todo: su insolencia llena de significado, los versos cortos, casi estrangulados, su bendita manía de caminar por el margen de lo convencional y que siempre hay que dar dos vueltas en torno a ellos antes de apropiarse de ellos por completo.
He aquí algunos de mis favoritos. Si quieres leer más en español, existe un gran archivo de textos de Bukowski en esta página. Si los prefieres leer en versión original, pues pincha aquí.
Oh Yes
there are worse things than
being alone
but it often takes decades
to realize this
and most often
when you do
it's too late
and there's nothing worse
than
too late.
Oh Sí
hay cosas peores que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde
*************************************************************************
A poem is a city
a poem is a city filled with streets and sewers
filled with saints, heroes, beggars, madmen,
filled with banality and booze,
filled with rain and thunder and periods of
drought, a poem is a city at war,
a poem is a city asking a clock why,
a poem is a city burning,
a poem is a city under guns
its barbershops filled with cynical drunks,
a poem is a city where God rides naked
through the streets like Lady Godiva,
where dogs bark at night, and chase away
the flag; a poem is a city of poets,
most of them quite similar
and envious and bitter...
a poem is this city now,
50 miles from nowhere,
9:09 in the morning,
the taste of liquor and cigarettes,
no police, no lovers, walking the streets,
this poem, this city, closing its doors,
barricaded, almost empty,
mournful without tears, aging without pity,
the hardrock mountains,
the ocean like a lavender flame,
a moon destitute of greatness,
a small music from broken windows...
a poem is a city, a poem is a nation,
a poem is the world...
and now I stick this under glass
for the mad editor's scrutiny,
the night is elsewhere
and faint gray ladies stand in line,
dog follows dog to estuary,
the trumpets bring on gallows
as small men rant at things
they cannot do.
Un poema es una ciudad
un poema es una ciudad llena de calles y cloacas,
llena de santos, héroes, pordioseros, locos,
llena de banalidad y embriaguez,
llena de lluvia y truenos y períodos
de ahogo, un poema es una ciudad en guerra,
un poema es una ciudad preguntando por qué a un reloj,
un poema es una ciudad ardiendo,
un poema es una ciudad bajo las armas
sus barberías llenas de borrachos cínicos,
un poema es una ciudad donde Dios cabalga desnudo
por las calles como Lady Godiva,
donde los perros ladran en la noche y persiguen
la bandera; un poema es una ciudad de poetas,
muchos de ellos muy similares
y envidiosos y amargados...
un poema es esta ciudad ahora,
a 50 millas de ninguna parte
a las 9:09 de la mañana,
el sabor a licor y cigarrillos,
sin policía, sin amantes, caminando en las calles,
este poema, esta ciudad, cerrando sus puertas,
fortificada, casi vacía,
enlutada sin lágrimas, envejecida sin pena,
las montañas rocosas,
el océano como una llama de lavanda,
una luna carente de grandeza,
una leve música de ventanas rotas...
un poema es una ciudad, un poema es una nación,
un poema es el mundo...
y ahora pongo esto bajo el cristal
para el loco escrutinio del editor
y la noche está en cualquier lado
y lánguidas damas grises se alinean
el perro sigue al perro al estuario
las trompetas anuncian los patíbulos
mientras los hombrecillos deliran sobre cosas
que no pueden hacer.
****************************************************************************
well, that's just the way it is
sometimes when everything seems at
its worst
when all conspires
and gnawls
and the hours, days, weeks
years
seem wasted –
stretch there upon my bed
in the dark
looking up at the ceiling
i get what many will consider an
obnoxious thought :
it’s still nice to be bukowski.
Bien, así es la cosa...
a veces cuando todo parece ir de mal
en peor
cuando todo conspira
y corroe
y las horas, días, semanas
años
parecen desperdiciados-
tendido sobre mi cama
en la oscuridad
mirando hacia el techo
concibo lo que muchos considerarán un
detestable pensamiento:
aún es agradable ser Bukowski.
*****************************************************************************
PD: Este post van con brindis de champán para Luvina y burbujas que se escapan del Freixenet (que no es champán, pero por eso) bajo la protección de los abades más prelados o de los prelados más abades... ya tu sabés ;-)
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¿Qué me gusta de la poesía de Bukowski? Pues todo: su insolencia llena de significado, los versos cortos, casi estrangulados, su bendita manía de caminar por el margen de lo convencional y que siempre hay que dar dos vueltas en torno a ellos antes de apropiarse de ellos por completo.
He aquí algunos de mis favoritos. Si quieres leer más en español, existe un gran archivo de textos de Bukowski en esta página. Si los prefieres leer en versión original, pues pincha aquí.
Oh Yes
there are worse things than
being alone
but it often takes decades
to realize this
and most often
when you do
it's too late
and there's nothing worse
than
too late.
Oh Sí
hay cosas peores que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde
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A poem is a city
a poem is a city filled with streets and sewers
filled with saints, heroes, beggars, madmen,
filled with banality and booze,
filled with rain and thunder and periods of
drought, a poem is a city at war,
a poem is a city asking a clock why,
a poem is a city burning,
a poem is a city under guns
its barbershops filled with cynical drunks,
a poem is a city where God rides naked
through the streets like Lady Godiva,
where dogs bark at night, and chase away
the flag; a poem is a city of poets,
most of them quite similar
and envious and bitter...
a poem is this city now,
50 miles from nowhere,
9:09 in the morning,
the taste of liquor and cigarettes,
no police, no lovers, walking the streets,
this poem, this city, closing its doors,
barricaded, almost empty,
mournful without tears, aging without pity,
the hardrock mountains,
the ocean like a lavender flame,
a moon destitute of greatness,
a small music from broken windows...
a poem is a city, a poem is a nation,
a poem is the world...
and now I stick this under glass
for the mad editor's scrutiny,
the night is elsewhere
and faint gray ladies stand in line,
dog follows dog to estuary,
the trumpets bring on gallows
as small men rant at things
they cannot do.
Un poema es una ciudad
un poema es una ciudad llena de calles y cloacas,
llena de santos, héroes, pordioseros, locos,
llena de banalidad y embriaguez,
llena de lluvia y truenos y períodos
de ahogo, un poema es una ciudad en guerra,
un poema es una ciudad preguntando por qué a un reloj,
un poema es una ciudad ardiendo,
un poema es una ciudad bajo las armas
sus barberías llenas de borrachos cínicos,
un poema es una ciudad donde Dios cabalga desnudo
por las calles como Lady Godiva,
donde los perros ladran en la noche y persiguen
la bandera; un poema es una ciudad de poetas,
muchos de ellos muy similares
y envidiosos y amargados...
un poema es esta ciudad ahora,
a 50 millas de ninguna parte
a las 9:09 de la mañana,
el sabor a licor y cigarrillos,
sin policía, sin amantes, caminando en las calles,
este poema, esta ciudad, cerrando sus puertas,
fortificada, casi vacía,
enlutada sin lágrimas, envejecida sin pena,
las montañas rocosas,
el océano como una llama de lavanda,
una luna carente de grandeza,
una leve música de ventanas rotas...
un poema es una ciudad, un poema es una nación,
un poema es el mundo...
y ahora pongo esto bajo el cristal
para el loco escrutinio del editor
y la noche está en cualquier lado
y lánguidas damas grises se alinean
el perro sigue al perro al estuario
las trompetas anuncian los patíbulos
mientras los hombrecillos deliran sobre cosas
que no pueden hacer.
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well, that's just the way it is
sometimes when everything seems at
its worst
when all conspires
and gnawls
and the hours, days, weeks
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i get what many will consider an
obnoxious thought :
it’s still nice to be bukowski.
Bien, así es la cosa...
a veces cuando todo parece ir de mal
en peor
cuando todo conspira
y corroe
y las horas, días, semanas
años
parecen desperdiciados-
tendido sobre mi cama
en la oscuridad
mirando hacia el techo
concibo lo que muchos considerarán un
detestable pensamiento:
aún es agradable ser Bukowski.
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PD: Este post van con brindis de champán para Luvina y burbujas que se escapan del Freixenet (que no es champán, pero por eso) bajo la protección de los abades más prelados o de los prelados más abades... ya tu sabés ;-)
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Reseña: Música para Camaleones, de Truman Capote
”Al principio fue divertido. Dejó de serlo cuando averigüé la diferencia entre escribir bien y mal; y luego hice otro descubrimiento más alarmante todavía: la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil, pero brutal.”
Esto dice Capote en el prefacio de Música para Camaleones, una partitura donde reúne textos iguales en la diversidad. Como director de orquesta, el estilo creado con A sangre fría, un reportaje sobre dos asesinos que le costó años de trabajo, que cobró vida propia y se convirtió en una novela al tiempo que de la soga, pendían los cuerpos de los asesinos.
El propio Capote explica muy bien en qué consiste este estilo y cómo llegó a él. La forma de escribir de Capote se basa en el hallazgo de “una estructura dentro de la cual podía integrar todo lo que sabía acerca del escribir” (que no era poco, puesto que llevaba escribiendo sin parar, ejercitándose, desde que tenía 8 años). Esta estructura integradora exige la salida del autor por la puerta de atrás, de puntillas, en silencio. El autor es un recopilador, un observador, un reconstructor ausente; no es un intermediario, no es el correveidile que une los hechos con el lector, no es el presentador show-man que introduce al lector en la historia, que lo guía a través de ella como por un museo, que le indica hacia dónde mirar y dónde están los baños; tampoco es un prestidigitador que te encanta con la magia de una acrobacia literaria, de una metáfora magnífica, de un objeto imposiblemente borgiano, para luego negarte su explicación o para envolverte en paradojas. El estilo de Capote es no ser Capote, no estar, haber salido por la puerta de servicio a beberse un güisqui, es haber dejado solo al lector enfrente de las cosas; el estilo de Capote es la página que se pasa sola, es la ausencia. El estilo de Capote son las burbujas que quedan después del champagne; el estilo de Capote es ser Houdini, conseguir desaparecer apareciendo: hacer un texto para deshacerse en él. ¿Buscan a Capote en un texto? No encontrarlo es encontrarlo. No saber verlo es la confirmación de que está ahí detrás, agazapado a la vuelta de una coma.
Música para Camaleones se divide en tres partes diferentes. La primera se llama Música para Camaleones y está formada por una serie de relatos cortos en los que las concesiones a la ficción son pocas o nulas. Y es que no son necesarias. La realidad mirada de un modo minucioso proporciona más elementos de sorpresa y conmoción de los que pueda inventar un escritor. Y es que un escritor es, ante todo, un gran observador, alguien que sabe seleccionar el sofá donde ocurre algo especial; alguien cuya mirada sabe ver hasta las más ínfimas migas de pan escondidas en él; alguien que, finalmente, atribuye con su pluma, un significado inevitable a aquellas miguitas en aquel sofá. Así, esta primera parte son una serie de cuentos cortos que en realidad son viajes repentinos: Capote nos planta en una casa de La Martinica, donde nos recibe una aristócrata; luego nos lleva a una casa en mitad de la noche, donde vive una señora aislada con un millón de gatos; luego nos planta en medio de la cama de un matrimonio y nos hace asistir a su lento naufragio... Capaz de hacernos saltar de un chigre perdido en un estado perdido, a un tren de los suburbios; Capote nos suelta en medio de una escena. En este sentido, nos planta siempre “en mitad de la cosa”, nos hace irrumpir en medio de la vida de alguien y nos pone la mano en la boca, como diciendo: “Shhh! Mira, escucha y calla”.
La segunda parte de este libro la constituye la novela corta “Ataúdes tallados a mano”, una espeluznante historia criminal. Aquí se aleja totalmente del estilo de A sangre fría puesto que se decide a formar parte de la historia. Sin embargo, aunque el hecho de incluirse a sí mismo como personaje de la trama puede dar la impresión de que conlleva la pérdida de ese estilo invisible, de ese poner al lector ante los hechos, no es así. Por un lado, “Ataúdes tallados a mano” es una evolución del estilo descriptivo y ausente de A sangre fría; por otra parte, cuando Capote se mete en la historia lo hace elaborando el material de tal forma que parezca que no está elaborado. El lector vuelve de nuevo a vivir la historia, a estar en medio de ella, pero esta vez, Capote le ha prestado sus gafas. En este sentido, no hay avanzadillas respecto de lo que ocurrirá después ni juicios de un narrador omnisciente. “Ataúdes tallados a mano” es la misma técnica que A sangre fría pero con un giro de cámara. Claro, Capote ya tenía dominada la técnica y se decidió a darle otra vuelta de tuerca. Capote nos vuelve a poner ante los hechos como en un reportaje; pero nos hace mirar con sus ojos, es un reportaje más íntimo:
”Vi el coche oscuro bajo un sol ardiente, el torbellino de los crótalos, las cabezas humanas volviéndose verdes, hinchándose por el veneno. Escuché el viento, dejando que borrara la escena.”
La trama es sencilla: un asesino en serie se dedica a matar a todos los miembros de un jurado pero les advierte antes enviándoles un pequeño ataúd. Capote le da empaque gracias a las conversaciones con el encargado del caso, gracias a los lapsos temporales provocados por sus viajes, gracias a las conversaciones con el presunto asesino... Poco a poco, de los ataúdes pasamos a una historia llena de personas tan únicas e irrepetibles que uno no podría pensar que son inventadas.
La última parte del libro se llama “Conversaciones y retratos” aunque quizás podría llamarse “Conversaciones-retratos” y es que Capote consigue retratar a diferentes personas a través de su forma de hablar. Simplemente, les pone el micrófono delante. Primero Mary Sánchez, una limpiadora a la que Capote acompaña durante todo un día de trabajo, la deja hacer, la deja hablar, la deja guiarlo por la ciudad hasta que queda perfectamente retratada por sí misma. Después, tenemos la magnífica historia de George Claxton, un supuesto pederasta que nos cuenta (bueno, perdón, se la cuenta a Capote) una bizarra historia de una “mise en bouteille” y una niña solitaria. Tenerlo tan cerca, apestándole el aliento al Wild Turkey ese que bebe sin parar nos provoca el mismo rechazo que le provocó a Capote, seguramente. También hay aquí una historia sobre cómo Capote escapó de la policía en la que no creo que haya retratado más que el tráfago del aeropuerto de Los Ángeles. Eso sí, viene a ser una historia contada “cámara al hombro”, como un reportaje en primera línea de acontecimientos. Que Capote sea el protagonista es, probablemente, un capricho que se concedió a sí mismo.
Bajo el título “Una adorable criatura”, Capote nos ofrece un retrato de Marilyn Monroe, tan complejo, extraordinario e inexplicable como debió de ser la rubia. Nuevamente, Capote la deja hablar a ella. Si nosotros nos hacemos una idea de cómo es Marilyn es por lo que ella dice y también, por los sentimientos de Capote, por sus reacciones (que pueden ser considerados juicios en segundo término, pero que nunca lo son directamente). En esta parte de “Conversaciones y retratos” Capote aparece como personaje, pero en realidad él está presente como disculpa para que cada uno de sus personajes teja su propia historia; Capote es “el otro”, el micrófono, el escuchante, el que propicia la historia y la desencadena con su presencia ausente.
El último retrato es de sí mismo. “Vueltas Nocturnas. O experiencias sexuales de dos gatos siameses”. Poco hay que decir, es mejor leerlo. Capote desaparece en Capote. “Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual”, confiesa. “Soy un genio”, remata.
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Para leer en agosto: El País
Me encanta leer el periódico en agosto. No hay prisas, no hay casi noticias... en cambio, hay muchos contenidos que o no son de actualidad, o han conseguido trascenderla y por eso (re)-aparecen...
El periódico con que más familiarizada estoy es El País, tanto por el formato como por las personitas que escriben en él.
¿Cosas que merece la pena leer todos los días? Siempre hay altibajos, claro, para eso estamos en el mes de las mareas ;-)
Buenafuente dijo. Un monólogo de Buenafuente que toma como pretexto una noticia cualquiera para hilar las bromas con las veras y retorcer la mezcla un poco. Utiliza de forma sublime ese recurso de saltar del plano mental al real, lo que yo llamo "el síndrome de la sierra del vecino". Podéis verlo hoy con los camioneros. Eso sí, el más hilarante de los que ha escrito, creo que ha sido el dedicado al edificio Windsor.
Mujeres y hombres. Perfiles y semblanzas de algunos grandes artistas: Francisco Ayala, María Félix, Marilyn Monroe... Para el que le guste el género, merece la pena leer el de Virginia Woolf que escribió Juan Luis Cebrián (Mist! Está bloqueado. Os dejo el enlace por si alguno es suscriptor) o el de Truman Capote escrito por Elvira Lindo.
Ciencia recreativa. Sección diaria escrita por el gran Javier Sampedro en la que consigue aclarar lo que para los profanos son "grandes misterios de la ciencia" ;-) Léase un ejemplito aquí. (Algunos están bloqueados).
Pie de foto. Juan José Millas destripa una foto cada día. A veces es satírico, otras veces se pone lírico, otras hace uso de la sabiduría popular... Pero siempre es certero y siempre ilumina rincones que permanecían ocultas... Las fotos son de este año, así que te hace retomar temas que quizás ya habían caído en el cajón del olvido. Desternillante es el comentario a la foto de Zaplana y precioso el de la foto de Naomi Campell.
Filmoteca de verano. Sergi Pamiès se dedica a pasar revista a películas. Me encantó la reseña de "Paulina en la playa", aunque aún más me gustó la del señor Otis ;-) . También era simpática la de "Aterriza como puedas".
Cuando soy buena, soy mejor. La columna (espacio de libertad, ella dixit) de Maruja Torres. No es de mis preferidos, pero le suelo echar un vistazo y a veces, saco cosas en claro.
Emergentes y divergentes. La entrevista de la contraportada. La hacen Jesús Ruiz Mantilla y Miguel Mora. El título está muy bien puesto. Entre las "emergentes", me encantó la que le hicieron a Carla Marrero, una violinista de 10 añitos. De los "divergentes", la que viene hoy al grandísimo Leopoldo María Panero.
Como veis, muchas de las cosas se pueden consultar en la versión digital de El País. De todas formas, yo prefiero extender el periódico en la mesa y desayunármelo con un buen café, un zumo y unas galletas.
¿Y vosotros, qué leéis? A ver si así amplío mi horizonte, caray ;-)
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El periódico con que más familiarizada estoy es El País, tanto por el formato como por las personitas que escriben en él.
¿Cosas que merece la pena leer todos los días? Siempre hay altibajos, claro, para eso estamos en el mes de las mareas ;-)
Como veis, muchas de las cosas se pueden consultar en la versión digital de El País. De todas formas, yo prefiero extender el periódico en la mesa y desayunármelo con un buen café, un zumo y unas galletas.
¿Y vosotros, qué leéis? A ver si así amplío mi horizonte, caray ;-)
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Reseña: La asesina Ilustrada, de Enrique Vila-Matas
La asesina ilustrada es un “inquietante y misterioso libro criminal” que Enrique Vila Matas escribió en París en 1975. Aunque el propio Vila Matas dice en París no se acaba nunca que La asesina ilustrada es su primera novela, en realidad hay una anterior: Mujer en el espejo contemplando el paisaje. Pero esto no nos importa mucho.
Por qué escribió Vila Matas un “inquietante libro criminal”? La intención de Vila-Matas (nunca me ha gustado aventurar cuáles son las intenciones de un escritor para trazar una u otra historia, pero aquí la solapa me lo ha dejado clarísimo) era conseguir escribir un libro asesino, un libro que provocase la muerte del lector.
La primera clave de La asesina ilustrada es precisamente ésa, es una narración que está construida en torno a un libro asesino. Es decir la historia pretende presentar un libro que provoca la muerte del lector. Esa es la premisa de la que partió Vila-Matas para escribir su libro (y no murió en el intento ;-).
Existen otros textos que tratan el tema del texto asesino. El ejemplo más claro es El nombre de la rosa, del italiano Umberto Eco. Umberto Eco, antes de descubrirnos el prístino nombre de su rosa, abre las puertas de la abadía a un psicópata asesino de monjes. O eso creemos nosotros. Eco utiliza la estructura narrativa y el juego de espejos y retrospectivas para conseguir envolver al lector en el misterio. Finalmente, se descubre (no leas la siguiente frase si no te has leído el libro o visto la película) que el verdadero asesino era un libro que estaba envenenado. Así pues, Eco establece una causa directa, física, material entre el libro y las muertes. No hay que huir a un espacio metafísico, a un espacio mental o acudir a una muerte ultraterrena, del alma o algo así. Efectivamente, el libro es el “arma homicida”, que diría Nero Wolfe.
Otro texto que quiere ser un texto asesino es el relato de Julio Cortázar “Continuidad de los parques”. Este relato es un ejercicio perfecto de muñecas rusas literarias. Un hombre lee una novela de misterio arrellanado en un sillón de terciopelo verde. En la novela, dos amantes preparan un asesinato. El amante corre, siguiendo las instrucciones de su amada, a la casa, busca al hombre que ha de matar, que, casualmente, está sentado en un sillón de terciopelo verde leyendo una novela. Quizás en otro post podría detenerme más en este cuento, que es una auténtica maravilla de literatura, metaliteratura y literaturatravés. Lo que hace aquí Julio Florencio para conseguir que el libro se convierta en un asesino es entremezclar el plano de la realidad con el plano de la ficción. Lo hace de forma sutil, con balanceos de frases en las que se alude a ambos planos o sólo a uno, intercalando unas en otras, de tal forma que el lector (esta vez nosotros, no el hombre del sillón), quede atrapado a la vez en las dos tramas: la del hombre que lee, y la de lo que el hombre lee. Quizás esto no sería imposible que ocurriese en la realidad, pero al menos, digamos que es altamente improbable. En cambio, en el palacio literario, no es sólo posible, sino probable y, finalmente, inevitable. Cortázar da un salto mortal de lo real a lo literario y ni siquiera se lastima el cuello.
¿Cuál de los dos textos es más logrado si lo pensamos desde el punto de vista del "libro asesino"? Lo magnífico del relato de Eco es que consigue que el libro sea realmente un arma homicida; es decir, se esforzó por idear una trama y una forma en que el libro (como objeto físico) se convierta en cuchillo, cuerda o winchester 73. Cortázar, en cambio, entendió utiliza “libro” en otro sentido, como la historia que contiene. Y fue esa historia la que Cortázar convirtió en arma. Digamos que el uno lo planea desde el punto de vista que podría adoptar un asesino culto y el otro desde el punto de vista que podría adoptar un intelectual ante un pasatiempo.
Y bien, ¿qué es lo que hace Vila-Matas? Yo creo que Vila-Matas intenta un triple salto mortal: por un lado, pretende conseguir escribir la historia de un libro cuya lectura, efectivamente, provoque la muerte del lector. Ni en “Continuidad de los Parques” ni en El nombre de la rosa, el lector de a pie puede leer (o tocar) el texto asesino. Aquí es donde Vila-Matas intenta la doble pirueta con rizo, y es que La asesina ilustrada es una historia que se cuenta a través de diversos textos: notas, cartas... Uno de estos textos es precisamente el texto que previamente ha sido presentado como sospechoso de asesinato.
La novela La asesina ilustrada está formada por un conjunto de textos distintos: en primer lugar, tenemos un prólogo de Elena Villena, una escritora que estuvo casada con Juan Herrera (otro escritor). Aquí, Elena Villena nos narra cómo encontró el cadáver de otro escritor, Vidal Escabia, al que le había enviado por correo un relato suyo. En segundo lugar, aparece la carta que Elena Villena la escribió a Vidal Escabia presentándole su relato (que viene acompañado por una serie de notas). El siguiente texto que encontramos es una nota de Ana Cañizal (una jovencita que va a escribir el prólogo de las memorias de Juan Herrera), en la que cuenta lo que ella vio (antes de leer el relato) estando en casa de Juan Herrera. A continuación aparece el relato de Elena Villena que se llama “La asesina ilustrada”. Siguen las otras notas que escribió Ana Cañizal sobre la obra de Elena Villena. En estas notas, la sospecha de que Elena Villena consiguió asesinar a Juan Herrera al hacerle leer su relato toma forma en la conciencia de Ana Cañizal, hasta que se hace tan insoportable que... Finalmente, hay un suplemento firmado por E.V. en el que ésta (¿o éste?) se decide a hacer circular la novela para comprobar si, efectivamente, se trata de un libro asesino.
Aquí es donde Vila-Matas exprime al lector a la perfección, sumiéndolo en una perfectísima aporía que también habla mucho acerca de la literatura. Y es que cuando por fin, tras un par de avisos y un par de muertes de lectores inquietantes y misteriosas, aparece el texto íntegro de “La asesina ilustrada”, el lector que realmente haya hecho con Vila-Matas el pacto de ficción y que haya dejado su juicio sobre la realidad suspendido en la cuerda de la literatura, se encuentra ante una disyunción difícil de resolver: ¿Leer o no leer? Y es que, si el lector, realmente acepta el pacto de ficción, no debería leer el texto “La asesina ilustrada”, puesto que podría causarle la muerte ;-). Pero, si no lo lee, abandona el libro y rompe el pacto de ficción y guarda la ropa si haber nadado un metro en el río de lo imposible. Por otro lado, si decide seguir leyendo y no se muere... parece que el relato no es realmente asesino. Así pues, Vila-Matas juega con los conceptos que acotan la literatura, para meterlos subrepticiamente en el relato y poner al lector en jaque desde el principio hasta el final. No le pone puertas al campo de lo literario, sino que aprovecha las que ya están puestas y hace pasar al lector por ellas sin que él se dé cuenta. Eso es lo mágico de La asesina ilustrada
En realidad, leyendo el libro de Vila-Matas, uno se da cuenta de que hay una causa plausibilísima para explicar las muertes (dos de ellas suicidios) y es que, el clima de terror que la propia autora de “La asesina ilustrada” consigue crear no en el relato, sino en torno a su relato, es tan tenso y tan insoportable, que el que se ve sumido en ello, acaba por suicidarse. En este sentido, el lector de a pie queda libre totalmente puesto que no conoce a Elena Villena, porque está fuera de todo el entramado de suspicacias, mentiras que parecen verdades, verdades que son mentira y amenazas veladas que ella ha creado.
Cuando lo leí, pensé que no me convencía en absoluto la forma en que el libro se convertía en asesino, puesto que dos de las muertes eran dos suicidios y la otra era un infarto. No veía la conexión con el libro, ni con el relato. Como he dicho más arriba, quizás la forma de asesinar que tiene el libro es a través del clima que crea (o que la autora crea en torno a él); por otra parte, Vila-Matas no se ha esforzado en crear un libro-arma homicida (¿o quizás sí y tengo los minutos contados? ¡Tiemblo!), sino más bien en hacer creer a los lectores de dicho libro que es, efectivamente, un libro-arma homicida. Entonces, los lectores no pueden soportar la presión, la tensión, la brutalidad de la idea y o bien, se suicidan, o bien sus pobres corazoncillos abdican. Y entonces, claro, el libro se convierte en libro-arma homicida. Una paradoja perfecta. (Ya lo decía Kipling: “Todo está en el estado mental” ;-)
Para terminar de crear la confusión y de difuminar las fronteras entre realidad y ficción, entre lector real y lector in fabula, entre lector in fabula y lector-personaje, Enrique Vila-Matas ha creado a una autora que tiene sus mismas iniciales: E.V. Así, finalmente, cuando el lector ya ha suspirado aliviado porque el libro que él está leyendo no es el libro asesino sino la historia-del-libro-asesino, se encuentra con un epílogo firmado por E.V. que lo vuelve a intranquilizar. Y todo esto en apenas 90 páginas.
Otro de los guiños de Enrique Vila-Matas es (creo) la veladísima alusión a Pálido Fuego, de Nabokov. Y es que Pálido Fuego, el escritor John Sade... muere...asesinado. Ya hice alusión a esta referencia aquí.
¿Qué más puedo contar de esta novela? Obviamente, esta novela es también un reto para su autor por la multiplicidad de textos que contiene. Y es que hay dos autoras de los textos: Ana Cañizal y Elena Villena. Y más allá, Enrique Vila-Matas que convierte su mano en la de una u otra según haga falta. La diferencia de estilos es patente y es muy de alabar que Vila-Matas haya sido capaz de combinar dos narradoras diferentes y que se haya esforzado en darles un estilo distinto a cada una.
Por otra parte, ya aquí se empieza a ver al Vila-Matas apasionado de los textos sobre literatura, de la literatura dentro de la literatura, de la falsedad que consigue parecer verdad o viceversa... Menciona la Poética de Ignacio de Luzán, autor que efectivamente existe, pero crea a Juan Herrera y a Vidal Escabia y un montón de títulos de estos escritores que, por supuesto (o no tan por supuesto ;-) no existen... Acorralar al lector en un mundo a caballo entre la realidad, y la ficción es un ejercicio que Vila-Matas domina desde su primera novela y que, además, parece que le priva.
Y es que -parece pensar Vila-Matas- si lo puedo pensar, ya basta para que exista ;-)
PS. Nota para despistados. Cada vez que aludo a La asesina ilustrada y la nombro en cursiva, me refiero al libro de Vila-Matas. Cuando hablo en cambio de "La asesina ilustrada" y utilizo comillas, me refiero al relato de Elena Villena.
PS. Nota para ávidos. Puedes leer otra reseña en Lector Ileso.
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Por qué escribió Vila Matas un “inquietante libro criminal”? La intención de Vila-Matas (nunca me ha gustado aventurar cuáles son las intenciones de un escritor para trazar una u otra historia, pero aquí la solapa me lo ha dejado clarísimo) era conseguir escribir un libro asesino, un libro que provocase la muerte del lector.
La primera clave de La asesina ilustrada es precisamente ésa, es una narración que está construida en torno a un libro asesino. Es decir la historia pretende presentar un libro que provoca la muerte del lector. Esa es la premisa de la que partió Vila-Matas para escribir su libro (y no murió en el intento ;-).
Existen otros textos que tratan el tema del texto asesino. El ejemplo más claro es El nombre de la rosa, del italiano Umberto Eco. Umberto Eco, antes de descubrirnos el prístino nombre de su rosa, abre las puertas de la abadía a un psicópata asesino de monjes. O eso creemos nosotros. Eco utiliza la estructura narrativa y el juego de espejos y retrospectivas para conseguir envolver al lector en el misterio. Finalmente, se descubre (no leas la siguiente frase si no te has leído el libro o visto la película) que el verdadero asesino era un libro que estaba envenenado. Así pues, Eco establece una causa directa, física, material entre el libro y las muertes. No hay que huir a un espacio metafísico, a un espacio mental o acudir a una muerte ultraterrena, del alma o algo así. Efectivamente, el libro es el “arma homicida”, que diría Nero Wolfe.
Otro texto que quiere ser un texto asesino es el relato de Julio Cortázar “Continuidad de los parques”. Este relato es un ejercicio perfecto de muñecas rusas literarias. Un hombre lee una novela de misterio arrellanado en un sillón de terciopelo verde. En la novela, dos amantes preparan un asesinato. El amante corre, siguiendo las instrucciones de su amada, a la casa, busca al hombre que ha de matar, que, casualmente, está sentado en un sillón de terciopelo verde leyendo una novela. Quizás en otro post podría detenerme más en este cuento, que es una auténtica maravilla de literatura, metaliteratura y literaturatravés. Lo que hace aquí Julio Florencio para conseguir que el libro se convierta en un asesino es entremezclar el plano de la realidad con el plano de la ficción. Lo hace de forma sutil, con balanceos de frases en las que se alude a ambos planos o sólo a uno, intercalando unas en otras, de tal forma que el lector (esta vez nosotros, no el hombre del sillón), quede atrapado a la vez en las dos tramas: la del hombre que lee, y la de lo que el hombre lee. Quizás esto no sería imposible que ocurriese en la realidad, pero al menos, digamos que es altamente improbable. En cambio, en el palacio literario, no es sólo posible, sino probable y, finalmente, inevitable. Cortázar da un salto mortal de lo real a lo literario y ni siquiera se lastima el cuello.
¿Cuál de los dos textos es más logrado si lo pensamos desde el punto de vista del "libro asesino"? Lo magnífico del relato de Eco es que consigue que el libro sea realmente un arma homicida; es decir, se esforzó por idear una trama y una forma en que el libro (como objeto físico) se convierta en cuchillo, cuerda o winchester 73. Cortázar, en cambio, entendió utiliza “libro” en otro sentido, como la historia que contiene. Y fue esa historia la que Cortázar convirtió en arma. Digamos que el uno lo planea desde el punto de vista que podría adoptar un asesino culto y el otro desde el punto de vista que podría adoptar un intelectual ante un pasatiempo.
Y bien, ¿qué es lo que hace Vila-Matas? Yo creo que Vila-Matas intenta un triple salto mortal: por un lado, pretende conseguir escribir la historia de un libro cuya lectura, efectivamente, provoque la muerte del lector. Ni en “Continuidad de los Parques” ni en El nombre de la rosa, el lector de a pie puede leer (o tocar) el texto asesino. Aquí es donde Vila-Matas intenta la doble pirueta con rizo, y es que La asesina ilustrada es una historia que se cuenta a través de diversos textos: notas, cartas... Uno de estos textos es precisamente el texto que previamente ha sido presentado como sospechoso de asesinato.
La novela La asesina ilustrada está formada por un conjunto de textos distintos: en primer lugar, tenemos un prólogo de Elena Villena, una escritora que estuvo casada con Juan Herrera (otro escritor). Aquí, Elena Villena nos narra cómo encontró el cadáver de otro escritor, Vidal Escabia, al que le había enviado por correo un relato suyo. En segundo lugar, aparece la carta que Elena Villena la escribió a Vidal Escabia presentándole su relato (que viene acompañado por una serie de notas). El siguiente texto que encontramos es una nota de Ana Cañizal (una jovencita que va a escribir el prólogo de las memorias de Juan Herrera), en la que cuenta lo que ella vio (antes de leer el relato) estando en casa de Juan Herrera. A continuación aparece el relato de Elena Villena que se llama “La asesina ilustrada”. Siguen las otras notas que escribió Ana Cañizal sobre la obra de Elena Villena. En estas notas, la sospecha de que Elena Villena consiguió asesinar a Juan Herrera al hacerle leer su relato toma forma en la conciencia de Ana Cañizal, hasta que se hace tan insoportable que... Finalmente, hay un suplemento firmado por E.V. en el que ésta (¿o éste?) se decide a hacer circular la novela para comprobar si, efectivamente, se trata de un libro asesino.
Aquí es donde Vila-Matas exprime al lector a la perfección, sumiéndolo en una perfectísima aporía que también habla mucho acerca de la literatura. Y es que cuando por fin, tras un par de avisos y un par de muertes de lectores inquietantes y misteriosas, aparece el texto íntegro de “La asesina ilustrada”, el lector que realmente haya hecho con Vila-Matas el pacto de ficción y que haya dejado su juicio sobre la realidad suspendido en la cuerda de la literatura, se encuentra ante una disyunción difícil de resolver: ¿Leer o no leer? Y es que, si el lector, realmente acepta el pacto de ficción, no debería leer el texto “La asesina ilustrada”, puesto que podría causarle la muerte ;-). Pero, si no lo lee, abandona el libro y rompe el pacto de ficción y guarda la ropa si haber nadado un metro en el río de lo imposible. Por otro lado, si decide seguir leyendo y no se muere... parece que el relato no es realmente asesino. Así pues, Vila-Matas juega con los conceptos que acotan la literatura, para meterlos subrepticiamente en el relato y poner al lector en jaque desde el principio hasta el final. No le pone puertas al campo de lo literario, sino que aprovecha las que ya están puestas y hace pasar al lector por ellas sin que él se dé cuenta. Eso es lo mágico de La asesina ilustrada
En realidad, leyendo el libro de Vila-Matas, uno se da cuenta de que hay una causa plausibilísima para explicar las muertes (dos de ellas suicidios) y es que, el clima de terror que la propia autora de “La asesina ilustrada” consigue crear no en el relato, sino en torno a su relato, es tan tenso y tan insoportable, que el que se ve sumido en ello, acaba por suicidarse. En este sentido, el lector de a pie queda libre totalmente puesto que no conoce a Elena Villena, porque está fuera de todo el entramado de suspicacias, mentiras que parecen verdades, verdades que son mentira y amenazas veladas que ella ha creado.
Cuando lo leí, pensé que no me convencía en absoluto la forma en que el libro se convertía en asesino, puesto que dos de las muertes eran dos suicidios y la otra era un infarto. No veía la conexión con el libro, ni con el relato. Como he dicho más arriba, quizás la forma de asesinar que tiene el libro es a través del clima que crea (o que la autora crea en torno a él); por otra parte, Vila-Matas no se ha esforzado en crear un libro-arma homicida (¿o quizás sí y tengo los minutos contados? ¡Tiemblo!), sino más bien en hacer creer a los lectores de dicho libro que es, efectivamente, un libro-arma homicida. Entonces, los lectores no pueden soportar la presión, la tensión, la brutalidad de la idea y o bien, se suicidan, o bien sus pobres corazoncillos abdican. Y entonces, claro, el libro se convierte en libro-arma homicida. Una paradoja perfecta. (Ya lo decía Kipling: “Todo está en el estado mental” ;-)
Para terminar de crear la confusión y de difuminar las fronteras entre realidad y ficción, entre lector real y lector in fabula, entre lector in fabula y lector-personaje, Enrique Vila-Matas ha creado a una autora que tiene sus mismas iniciales: E.V. Así, finalmente, cuando el lector ya ha suspirado aliviado porque el libro que él está leyendo no es el libro asesino sino la historia-del-libro-asesino, se encuentra con un epílogo firmado por E.V. que lo vuelve a intranquilizar. Y todo esto en apenas 90 páginas.
Otro de los guiños de Enrique Vila-Matas es (creo) la veladísima alusión a Pálido Fuego, de Nabokov. Y es que Pálido Fuego, el escritor John Sade... muere...asesinado. Ya hice alusión a esta referencia aquí.
¿Qué más puedo contar de esta novela? Obviamente, esta novela es también un reto para su autor por la multiplicidad de textos que contiene. Y es que hay dos autoras de los textos: Ana Cañizal y Elena Villena. Y más allá, Enrique Vila-Matas que convierte su mano en la de una u otra según haga falta. La diferencia de estilos es patente y es muy de alabar que Vila-Matas haya sido capaz de combinar dos narradoras diferentes y que se haya esforzado en darles un estilo distinto a cada una.
Por otra parte, ya aquí se empieza a ver al Vila-Matas apasionado de los textos sobre literatura, de la literatura dentro de la literatura, de la falsedad que consigue parecer verdad o viceversa... Menciona la Poética de Ignacio de Luzán, autor que efectivamente existe, pero crea a Juan Herrera y a Vidal Escabia y un montón de títulos de estos escritores que, por supuesto (o no tan por supuesto ;-) no existen... Acorralar al lector en un mundo a caballo entre la realidad, y la ficción es un ejercicio que Vila-Matas domina desde su primera novela y que, además, parece que le priva.
Y es que -parece pensar Vila-Matas- si lo puedo pensar, ya basta para que exista ;-)
PS. Nota para despistados. Cada vez que aludo a La asesina ilustrada y la nombro en cursiva, me refiero al libro de Vila-Matas. Cuando hablo en cambio de "La asesina ilustrada" y utilizo comillas, me refiero al relato de Elena Villena.
PS. Nota para ávidos. Puedes leer otra reseña en Lector Ileso.
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Microrrelato con escondites: Soluciones
Bueno, aprovechando que tengo un día más de interior que un potos, os dejo las referencias y guiños que yo, deliberadamente, había metido en mi relatín... Igual hay más, pero eso se lo dejamos a Freud y su ojo enlupado... ;-)
"El hecho ocurrió" (Así comienza el relato de Borges "El Otro", que está en El libro de Arena. Hay alguna frase más como "serían las diez de la mañana" que también pertenece al relato. En este relato, Borges se encuentra con Borges en un banco que está a la vez en Cambridge y en Ginebra y en dos momentos diferentes. El otro guiño a Borges son las iniciales J.L. que intercambiamos yo y yo en nuestro relato, y por supuesto, la idea del relato. (Subraya la palabra "relato" y coméntala con tu compañero)
"Cálamo" es un anagrama de Comala, que es el nombre de la ciudad fantasma de Pedro Páramo, de Juan Rulfo.
El pulcro guante blanco y el acrobático apretón de manos desparejadas es un guiño a un poema de Cortázar (de los dedicados a Cris) y que dice así:
"Creo que no te quiero,
que solamente quiero la imposibilidad
tan obvia de quererte
como la mano izquierda
enamorada de ese guante
que vive en la derecha."
"Fingir. De hecho, finjo tan completamente, que hasta finjo que soy tú". Esto es un guiño al archiconsabido poema de Fernando Pessoa, "Autopsicografía.":
O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente.
E os que lêem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só a que eles não têm.
E assim nas calhas de roda
Gira, a entreter a razão,
Esse comboio de corda
Que se chama coração.
(Pincha aquí para leer la traducción al castellano.)
Por eso también decidí incluir el adjetivo "ilusa" que quiere decir (jejeje mediante) "no-portuguesa"
"Un disco de un solo lado". Es otro guiño a Borges. Es el disco de Odín. De hecho, es la única cosa de toda la tierra que tiene un solo lado. Aparece en el relato "El disco", que también está en El libro de arena
"Un librillo con la poesía completa de Albert Camus". No me consta que Camus haya escrito poesía... este libro también quería ser un objeto imposible.
"Unos saquitos de tila francesa". Tierno homenaje a Marcel Proust y a la tila en que mojaba aquellas magdalenas del recuerdo. Y es que el olvido está lleno de memoria ;-)
"Una pipa con una extraña inscripción". Es una pipa con la inscripción "Ceci n'est pas une pipe". La pipa de Magritte, vaya.
El brebaje. Está hecho de una planta que se llama "acónito". Es un brebaje como el que prepara Úrsula en Cien años de Soledad, que no provoca el sueño sino que lleva a soñar despiertos y además, los sueños de otros. Ideal para mi relatillo, jeje.
"Cuando los abrí, fue como si despertase de un gran sueño. Y ella ya no estaba allí. " Es o quiere ser un guiño al cuento de Augusto Monterroso del dinosaurio: "Cuando despertó,
el dinosaurio todavía estaba allí".
"Es la única inmortalidad que podremos compartir". Con una frase semejante termina el libro Lolita, de Vladimir Nabokov: "Y ésta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir, Lolita".
Bueno, eso es todo (creo). Como véis, muchas de las que habéis propuesto eran acertadas. Palimp, como siempre, dando la nota más sostenida :-)
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que solamente quiero la imposibilidad
tan obvia de quererte
como la mano izquierda
enamorada de ese guante
que vive en la derecha."
O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente.
E os que lêem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só a que eles não têm.
E assim nas calhas de roda
Gira, a entreter a razão,
Esse comboio de corda
Que se chama coração.
(Pincha aquí para leer la traducción al castellano.)
Por eso también decidí incluir el adjetivo "ilusa" que quiere decir (jejeje mediante) "no-portuguesa"
el dinosaurio todavía estaba allí".
Bueno, eso es todo (creo). Como véis, muchas de las que habéis propuesto eran acertadas. Palimp, como siempre, dando la nota más sostenida :-)
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