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    Reseña: "Estos poetas son míos", de Mario Benedetti
    Uno de los editores de Bartleby (preferiría no tener que decir su nombre ;-) me hizo llegar hace unos meses el libro Estos poetas son míos, de Mario Benedetti. Lo cierto es que las pretensiones de no salvarse de Benedetti y sus extemporáneas piedritas en la ventana de mis cotidianeidades nunca me agradaron. Demasiado cúrsil yo, necesito una poesía que me desbrave las ternezas exageradas, que irrumpa con casi dolor en mis ensoñaciones. La poesía de Benedetti siempre me asalta con demasiada obviedad, fácilmente, como un cheque en blanco a cualquier portador. Me resulta demasiado halagüeña. El único poema suyo que adoro es aquel viceversa jodido y contento, e incluso esa adoración es más sentimental que poética.

    Quizás por todo esto valoro aún más la sorpresa que me depararon estos pequeños ensayos sobre otros poetas, pues Benedetti fue, con su prosa aventurera y espontánea, torciendo mi escepticismo y constatando que Mario concibe la poesía como ya la concibo, valora en ella lo que yo valoro y se encandila con los versos con que yo me encandilo. Además de eso, me ha descubierto poetas escondidos a los que yo no me había acercado. Y defiende algunos poetas que también son míos, con una lucidez mucho más poética que sentimental.

    Estos poetas son míos no deja de ser una invitación al compendio de poetas sobre los que Benedetti habla; por lo tanto, hay que ver el librito como una antología, en la que Benedetti ha ido coleccionando los poetas que le son más queridos, omitiendo otros que le son menos o que han ido encontrando de otro modo su lugar en el Parnaso. Antologar es aplicar un ojo y un criterio a la infinita materia sobre la que se opera y, por lo tanto, supone dejar impresa esa mirada crítica en la selección que resulta. La antología se firma con el nombre de los integrantes y con el metanombre del integrador. Es un esfuerzo inmenso pero de acotación, es un intento de darle particularidad a una informe generalidad. Las acotaciones, las selecciones, lo incluido y lo omitido, podrían correr en otra dirección, dependiendo del ojo y del criterio. Una antología dice también todo lo que no dice y nunca debería ser considerada más que como una posibilidad. En este sentido, Benedetti es tremendamente honrado, pues dedica el último artículo de su antología de artículos a “El olimpo de las antologías”. Y lo comienza admitiendo que “todas las antologías son objetables”. Claro que no se trata de un artículo escrito por Benedetti para justificar la selección de textos que conforman este librito (la selección de estos artículos no fue hecha por Benedetti, sino por los editores, rastreando cuarenta y dos años de artículos del uruguayo), pero su inclusión nos congracia nuevamente con todo lo expuesto en el libro por Benedetti, así como con la pretensión de construir el libro que tenemos entre manos.

    El primer artículo, “Rasgos y riesgo de la actual poesía latinoamericana” supone el otro lado del péndulo que hace oscilar al libro. Escrito en 1989, reflexiona acerca de las vertientes de la poesía latinoamericana y nos va trazando el mapa que luego poblarán los poetas de los próximos artículos. Si el último artículo supone un catálogo de las omisiones, el primero constituye una justificación de las inclusiones, así como una búsqueda de la generalidad subyacente a tanto verso perdido entre el Pacífico y el Atlántico. Además, este artículo le sirve a Benedetti para acercarnos a su modo de ver la poesía, que él concibe como “el género de la sinceridad última, irreversible” y de la que dice:
    “La poesía es el centro, el crisol, el espacio mágico en el que se produce la literatura verdadera, aunque nadie parezca enterarse de ello.”

    Por supuesto, Mario Benedetti no podía eludir la cuestión de la poesía comprometida. Y sin embargo, defiende que el primer compromiso de la poesía es “con la poesía en sí”. Y es que los poetas son, ante todo, seres que están atentos al mundo y que luego, con el alambique del lenguaje, lo estiran, lo destrozan, lo destilan, lo separan, y crean un mundo nuevo, poesía a través, a medida de la mano que lo ofrece.

    Continúa el libro abriendo almenas en el castillo inabordable de la poesía latinoamericana. Ante esta variadísima panoplia de autores, Benedetti va desempolvando criterios y versiones, dando lustre a versos olvidados o reivindicando la belleza de los versos que trae de la mano. Quizás existe una tendencia en todos los artículos a sacar a la luz el compromiso, explícito o más soterrado, que hay en todos los poetas escogidos por Benedetti. Pero en casi todas las ocasiones, esta búsqueda resulta acertada y el proceso de reflexión que la acompaña, delicioso. Al tratar de buscar algo más que un feísmo feroz en los antipoemas de Nicanor Parra, Benedetti se apoya en la propia concepción de Parra de su particular género, que conllevará un “nuevo amanecer poético”. Ante la decadencia del mundo, el mismo hecho de mirarlo sin descanso, la propia contemplación se convierte en un “implacable y comprometido hábito”.

    A continuación, Benedetti aborda la poesía de Juan Gelman, una vastísima obra, donde el poeta uruguayo intentará encontrar unidad e hilvanes que la hacen propia de su autor. Entre estas delicadezas se halla la tristeza, mencionada al comienzo “para no mencionarla” y que va calando en los libros de Gelman como una terca gota de lluvia solitaria.

    Sobre Pacheco, Benedetti se halla ante una gran contradicción: siendo una poesía de “lenguaje diáfano, de fácil captación, sin léxico rebuscado”, es, sin embargo, una poesía que deja mucho espacio a la interpretación. Una poesía de puertas abiertas. En este artículo, descubre Benedetti la vecindad pasmosa entre los conceptos usados por Pacheco, y el asombroso proceso de vida y extinción que está en el subsuelo de muchos de sus poemas.

    “Cortázar by night” es un canto maravilloso y nocturno al libro Salvo el crepúsculo, único compendio de poesía editado por Cortázar. La noche es, en Cortázar, el limo en el que hay que revolcarse para poder limpiarse y curarse durante el día. Es el ámbito en el le van creciendo los personajes y situaciones a Cortázar, que, al final, le toman la mano y se instalan en las cuartillas. Ya decía el propio Cortázar que “durmiendo se trabaja mejor”. Y Benedetti lo entiende a la perfección y lo desnuda en una frase breve y diáfana:
    “La vida diurna nutre los sueños, pero es de éstos que surgen las criaturas diurnas, los personajes.”

    Sigue una exploración concienzuda por la poesía de Claribel Alegría, “huésped de su tiempo”, o de Fernández Moreno, “poeta entre dos nostalgias” cuya mirada “descubre e inaugura”, o de Rubén Bareiro, el hombre de los dos exilios. Del talento de Circe Maia dice que logra “que las palabras comunes describan sensaciones nada comunes”.

    Estos poetas son míos es un paseo esforzado por algunas de las cumbres no conquistadas de la poesía latinoamericana. Benedetti sabe aferrarse a los versos de los autores que comenta como a los piolets que mejor le permitirán llegar al fondo de lo leído. Gracias a esta excursión variada y divergente, conocemos más y mejor a algunos poetas y nos adentramos en el Benedetti lector que, al final, busca lo mismo que nosotros en los poetas, una “sinceridad última e irreversible”, que deje flotando en el aire una verdad aprehendida por tantas pieles diferentes.

    PD. El título del libro está tomado de un versito de Carlos Drummond de Andrade, de este magnífico poema.

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