Mejorando las cosas.
Ahora todo parece seguir un cauce. Hay pequeñas cosas sueltas, desgarros de asuntos que sin embargo ya no la turban tanto. Él es ya su amigo, ambos confían en el otro, intentan no hacerse daño. Al fin.
Ha vuelto a los tiempos de diarios, cuando todo se contaba a unas páginas que después serían leídas para comprender mejor que pasaba por su cabeza cuando aquel suspiro brotaba de sus labios, cuando sus ojos se fijaban en el horizonte y las palabras no acertaban a salir de su alma, donde la guardaba celosamente. Con orgullo, en este caso para mal. Orgullo que no le permitió reconocer que estaba mal, que veía que las cosas volvían a derrumbarse. Orgullo que forjó en un mes, sin quererlo, sin notarlo, por no tenerlas allí, con ella, repitiéndole qué mal compañero de juegos es ese maldito orgullo.
Quiso afrontar las cosas, volver a dejar que la tinta en un papel explicase el porqué de su comportamiento. Piensa que quizá ese sea el comienzo de una solución, de volver a los tiempos de risas bajo la lluvia, de lágrimas escondidas, enmascaradas en sonrisas tristes de comprensión, cuando un sólo movimiento podía contar la historia de todo el sufrimiento que escondían sus corazones.
Ahora hay alguien más ahí, alguien que le ayuda a ser fuerte, a poder llevar la carga de todas si es necesario, porque sabe que partede su sufrimiento se fue cuando él llegó. No va a cambiar lo que somos, no va a llevarse nuestra amistad, no va a destruir lo que ella siente por sus niñas. Quiere que lo comprendan por encima de todo. Es alguien más, no es quien vencerá a lo que han construido y ahora reparan.
Desde aquí, desde cualquier lugar, en cualquier tiempo, sabed que os quiero, y que nada va a cambiar eso. Por mucho que haya cmabiado a otros, no a nosotras. Lo sabéis, ¿verdad?
Ha vuelto a los tiempos de diarios, cuando todo se contaba a unas páginas que después serían leídas para comprender mejor que pasaba por su cabeza cuando aquel suspiro brotaba de sus labios, cuando sus ojos se fijaban en el horizonte y las palabras no acertaban a salir de su alma, donde la guardaba celosamente. Con orgullo, en este caso para mal. Orgullo que no le permitió reconocer que estaba mal, que veía que las cosas volvían a derrumbarse. Orgullo que forjó en un mes, sin quererlo, sin notarlo, por no tenerlas allí, con ella, repitiéndole qué mal compañero de juegos es ese maldito orgullo.
Quiso afrontar las cosas, volver a dejar que la tinta en un papel explicase el porqué de su comportamiento. Piensa que quizá ese sea el comienzo de una solución, de volver a los tiempos de risas bajo la lluvia, de lágrimas escondidas, enmascaradas en sonrisas tristes de comprensión, cuando un sólo movimiento podía contar la historia de todo el sufrimiento que escondían sus corazones.
Ahora hay alguien más ahí, alguien que le ayuda a ser fuerte, a poder llevar la carga de todas si es necesario, porque sabe que partede su sufrimiento se fue cuando él llegó. No va a cambiar lo que somos, no va a llevarse nuestra amistad, no va a destruir lo que ella siente por sus niñas. Quiere que lo comprendan por encima de todo. Es alguien más, no es quien vencerá a lo que han construido y ahora reparan.
Desde aquí, desde cualquier lugar, en cualquier tiempo, sabed que os quiero, y que nada va a cambiar eso. Por mucho que haya cmabiado a otros, no a nosotras. Lo sabéis, ¿verdad?





