El hogar que no fue
Nunca te das cuenta de los giros que puede dar la vida hasta que te encuentras retorcido dentro de uno de ellos. Y cuando consigues escapar de la cruel rueda del destino, ¿acaso eres la misma persona que sin darse cuenta entró en ella? Tal vez sí, tal vez no.
Lo único de lo que tienes una limitada certeza (pues la certeza absoluta es cosas de deidades y no de mortales) de lo que has sentido mientras girabas sin control (aparente).

Y así es como he salido yo, divagando sobre nada en particular y todo en general. Replanteándome el rumbo de una vida sobre la que dudo mucho que alguna vez tuviera yo las riendas. Y no por no haber tenido portunidad, sino más bien porque prefiero que alguien me guíe en la penumbra. Supongo que el resultado de mi naturaleza conformista es mi carencia de decisión.
Siempre empujado por otros. De hecho es una doble manipulación. No es que los demás me dirijan, sino que yo dejo que me empujen hacia el camino que yo quería seguir. Una dicotomía moral en la que supuestamente nadie sale perdiendo pues el esclavo es libre en realidad.
Creo que he vuelto a perder la perspectiva de lo que iba a contar y me he ido por la rama metafísica en pleno autoanálisis de mi conducta, así que volvamos a lo estrictamente anecdótico, y dejemos las autoreflexiones para mentes más elevadas que la mía.
Esta historia comienza como muchas otras, y acaba como la mayoría: de manera ambigua. Pero no acabemos con el relato nada más comenzarlo.
Una compañera del trabajo apareció de súbito en nuestra parte de la oficina con una noticia bastante interesante: una amigo suyo iba a mudarse y quería pasarle a alguien un piso céntrico de Madrid cuyo casero, que al parecer era un entrañable anciano de las costas levantinas, cobraba un alquiler irrisorio para lo que impone la moda por aquella zona, o un precio más o menos justo para una persona cabal.
Y empezó la revolución. Tal y como llegó mi puesto de trabajo aparecía de nuevo una oportunidad ¡para la independiencia! Impetuosamente arranqué el auricular de su pedestal y comencé a marcar frenético el teléfono de mi musa. Después de una confusión inicial, por fin pude dar mi mensaje. Y mientras hablaba me daba cuenta de que estaba dentro de la rueda. No había marcha atrás. El miedo se apoderó de mí por lo que aquello suponía: ¡el cambio! Un cambio se avecinaba y yo ¿qué hacía? Me acobardaba, pues el miedo a lo desconocido es innato en la naturaleza humana.

Aún así la rueda seguía girando y yo continuaba haciendo llamadas, más que en busca de consejo (cosa que no me gusta dar pues me resulta pernicioso darlos) sino en busca del "empuje". Ese empuje en la dirección que yo estaba decidido a seguir. Pero no llegó, ningún incentivo era lo suficientemente fuerte para que tomara una decisión final. En realidad, no sabía lo que quería. En cuanto me veía recogiendo mis bártulos para instalarme en un nuevo hogar junto a ella, me embargaba el miedo a perder todo lo que tengo. Y al sucumbir al no, me embargaba la pena por dejar escapar semejante futuro. Y así sucesivamente. Caos.
Finalmente, recibí una llamada de mi musa, y tras sincerarnos nos dimos cuenta de que no estábamos preparados para este cambio. Pero la emoción estaba allí. Tomamos nuestra primera decisión juntos y la emoción del momento se quedó en nosotros. Era una decisión difícil de tomar, pero en perspectiva intuyo que fue la correcta.
Y encontes llegó el desenlace. Una llamada nos puso en aviso de que definitivamente el piso ya había sido adjudicado a alguna amistad del susodicho ex-ocupante del mismo.
La fortuna juzgó correcto el dejar que los dos llegáramos a la conclusión antes de que la rueda del destino decidiera ratificar nuestra decisión.
Y es así como una simple anécdota se convirtió en un relato sobre el destino y lo bien que se lo pasa con nosotros.
Meme literario
No lo he podido evitar, ha sido verlo y decir... ¡este lo tengo que hacer! No suelo hacerlos normalmente, pero este me ha llamado la atención por su sencillez y por el tema del que trata.
Merodeando por la red (no se puede llamar de otra manera a lo que hago mientras intento hacer creer a los demás que trabajo) me he encontrado que en algunos blogs se ha iniciado un meme cuya temática central no es ni más ni menos que la literatura. Es más, no se trata de una de esas encuestas larguísimas que te preguntan sobre nimiedades de tu vida cotidiana, de esos que recibimos de tanto en tanto en nuestra bandeja de entrada y que aún más tardíamente decidimos contestar. No. Se trata de un meme con una premisa simple y escueta:
"Es fácil: hay que copiar el párrafo segundo de la página 139 del libro que estés leyendo en ese momento. Se presupone, pues, que te gusta leer y que tienes tiempo para ello."
Por supuesto lo suyo es que pongas un enlace al blog que te incluyó para que así la gente pueda desandar el camino y descubrir párrafos de diferentes libros ;)
Así que ahí va mi cita que pertenece a "Hijos de la Mente" de Orson Scott Card, la cuarta novela de la saga de Ender.
"-Así que yo soy el malo -dijo Miro-. Ninguna de vosotras hizo nada al respecto, pero como yo soy quien emprende la acción, soy el malo y vosotras las víctimas."
Vaya, el párrafo viene ni que pintado para la ocasión, pues soy el que va a iniciar este meme y el que eligirá a las primeras víctimas. En este caso serán Javi Hache, Velasco (alias Javivi), Bea y, por supuesto, Jomra.
Bueno, espero que no me odiéis mucho por esta iniciativa ^^
Salu2!
Merodeando por la red (no se puede llamar de otra manera a lo que hago mientras intento hacer creer a los demás que trabajo) me he encontrado que en algunos blogs se ha iniciado un meme cuya temática central no es ni más ni menos que la literatura. Es más, no se trata de una de esas encuestas larguísimas que te preguntan sobre nimiedades de tu vida cotidiana, de esos que recibimos de tanto en tanto en nuestra bandeja de entrada y que aún más tardíamente decidimos contestar. No. Se trata de un meme con una premisa simple y escueta:
"Es fácil: hay que copiar el párrafo segundo de la página 139 del libro que estés leyendo en ese momento. Se presupone, pues, que te gusta leer y que tienes tiempo para ello."
Por supuesto lo suyo es que pongas un enlace al blog que te incluyó para que así la gente pueda desandar el camino y descubrir párrafos de diferentes libros ;)
Así que ahí va mi cita que pertenece a "Hijos de la Mente" de Orson Scott Card, la cuarta novela de la saga de Ender.
"-Así que yo soy el malo -dijo Miro-. Ninguna de vosotras hizo nada al respecto, pero como yo soy quien emprende la acción, soy el malo y vosotras las víctimas."
Vaya, el párrafo viene ni que pintado para la ocasión, pues soy el que va a iniciar este meme y el que eligirá a las primeras víctimas. En este caso serán Javi Hache, Velasco (alias Javivi), Bea y, por supuesto, Jomra.
Bueno, espero que no me odiéis mucho por esta iniciativa ^^
Salu2!
El fin de los secretos
DRAMATIZACIÓN: PUEDE QUE EL AUTOR DE ESTE ARTÍCULO ESTÉ EXAGERANDO LOS HECHOS
Estaba yo pensando: ¿cuándo volveré a escribir en este insípido blog que casi nadie visita ya? ¿Acaso tiene algún sentido hacerlo después de permanecer tanto tiempo en el más absoluto mutismo?
Y una voz me dijo: eres un pedazo de perro, a ver si te pones a escribir un poco que estás perdiendo la práctica en ese trabajo alienante y maquinal del cual te averguenzas hablar.
Me pregunté si realmente la dejadez mostrada hacia este blog era realmente por epreza o es que realmente me daba miedo dar a conocer el lugar donde ahora trabajo. La respuesta era obvia: tengo miedo.
Ay, Aarón, siempre viviendo a la sombra del miedo. Deberías hacer como el celebérrimo Jack de la serie Perdidos y contar hasta cinco para ahuyentar esos fantasmas que te atormentan.
Todo esto me replicaba mi otro yo y, qué voy a decir, cuando tengo razón, tengo razón. Basta ya de esconderme. Vamos por la vida danod tumbos sin elegir las cosas que nos ocurren. Pocos son los que tienen un mínimo control sobre su existencia y tú no eres quién para pensar que este trabajo lo elegiste tú. Es el trabajo el que me escogió.
Ahora soy un simple auxiliar administrativo del Eje del Mal. Sólo soy una herramienta, un trabajador de la Luthor Corp. ¿De qué te avergüenzas? No eres el brazo ejecutor, no tomas las decisiones, no eres importante. Soy un simple currito que se mantiene sentado en una silla usando un ordenador las 8 horas de trabajo (si las trabajo) y cuya aspiración es encontrar un empleo que amplíe mis aptitudes creativas.
Así que después de esta perorata he decidido que os lo voy a confesar. El oscuro secreto que hasta ahora os he estado ocultado.
Sí, yo trabajo en la AIE, la asociación de Artistas, Intérpretes y Ejecutantes.
Lo veo en vuestra mirada. Sé que muchos os preguntáis: ¿y eso qué es? Y cosas por el estilo. Pues os diré que es el nombre del lobo con piel de oveja; pues no puedo llamar de otra manera a una asociación que trabaja conjuntamente con el verdadero demonio del siglo XXI: la SGAE.
Sí, amigos, no os mentía cuando os dije que trabajaba para el Eje del Mal. Me he unido a los villanos de la historia.
Por eso os persuadí de que había vendido mis principios, por eso me confesé hipócrita. Ahora se cae el telón y me tenéis ante vosotros desnudo, sin más vestimentas que la vergüenza de haberos fallado. Y desde el escenario alzo mis manos implorando perdón, no por buscar una salida económica para la independización en brazos de la morada de la ambiciosa factoría del vil metal, sino por haberme vendido a vosotros como algo que no soy. Soy un maldiyo vástago del capitalismo, y me siento compungido por haberme mostrado como algo distinto.

Y eso es todo por hoy. Si he conseguido persuadiros de que merezco ser perdonado estaré feliz. Si no... tendréis motivos para despreciarme.
Hasta la próxima (o no), amigos míos.
Estaba yo pensando: ¿cuándo volveré a escribir en este insípido blog que casi nadie visita ya? ¿Acaso tiene algún sentido hacerlo después de permanecer tanto tiempo en el más absoluto mutismo?
Y una voz me dijo: eres un pedazo de perro, a ver si te pones a escribir un poco que estás perdiendo la práctica en ese trabajo alienante y maquinal del cual te averguenzas hablar.
Me pregunté si realmente la dejadez mostrada hacia este blog era realmente por epreza o es que realmente me daba miedo dar a conocer el lugar donde ahora trabajo. La respuesta era obvia: tengo miedo.
Ay, Aarón, siempre viviendo a la sombra del miedo. Deberías hacer como el celebérrimo Jack de la serie Perdidos y contar hasta cinco para ahuyentar esos fantasmas que te atormentan.
Todo esto me replicaba mi otro yo y, qué voy a decir, cuando tengo razón, tengo razón. Basta ya de esconderme. Vamos por la vida danod tumbos sin elegir las cosas que nos ocurren. Pocos son los que tienen un mínimo control sobre su existencia y tú no eres quién para pensar que este trabajo lo elegiste tú. Es el trabajo el que me escogió.
Ahora soy un simple auxiliar administrativo del Eje del Mal. Sólo soy una herramienta, un trabajador de la Luthor Corp. ¿De qué te avergüenzas? No eres el brazo ejecutor, no tomas las decisiones, no eres importante. Soy un simple currito que se mantiene sentado en una silla usando un ordenador las 8 horas de trabajo (si las trabajo) y cuya aspiración es encontrar un empleo que amplíe mis aptitudes creativas.
Así que después de esta perorata he decidido que os lo voy a confesar. El oscuro secreto que hasta ahora os he estado ocultado.
Sí, yo trabajo en la AIE, la asociación de Artistas, Intérpretes y Ejecutantes.
Lo veo en vuestra mirada. Sé que muchos os preguntáis: ¿y eso qué es? Y cosas por el estilo. Pues os diré que es el nombre del lobo con piel de oveja; pues no puedo llamar de otra manera a una asociación que trabaja conjuntamente con el verdadero demonio del siglo XXI: la SGAE.
Sí, amigos, no os mentía cuando os dije que trabajaba para el Eje del Mal. Me he unido a los villanos de la historia.
Por eso os persuadí de que había vendido mis principios, por eso me confesé hipócrita. Ahora se cae el telón y me tenéis ante vosotros desnudo, sin más vestimentas que la vergüenza de haberos fallado. Y desde el escenario alzo mis manos implorando perdón, no por buscar una salida económica para la independización en brazos de la morada de la ambiciosa factoría del vil metal, sino por haberme vendido a vosotros como algo que no soy. Soy un maldiyo vástago del capitalismo, y me siento compungido por haberme mostrado como algo distinto.

Y eso es todo por hoy. Si he conseguido persuadiros de que merezco ser perdonado estaré feliz. Si no... tendréis motivos para despreciarme.
Hasta la próxima (o no), amigos míos.