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Por la Boca Muere el Blog
Pensamientos poco profundos y comentarios sobre subcultura
Acerca de
Longinus, alias "el tipo ese alto que no para de gesticular", dibujante de cómics, novelista amateur, tío con mucho morro y sin un chavo. ¡Un buen partido, oiga! Eso sí, con novia ;)
Sindicación
 
El hogar que no fue
Y tal como vino se fue... para cambiarlo todo.


Nunca te das cuenta de los giros que puede dar la vida hasta que te encuentras retorcido dentro de uno de ellos. Y cuando consigues escapar de la cruel rueda del destino, ¿acaso eres la misma persona que sin darse cuenta entró en ella? Tal vez sí, tal vez no.
Lo único de lo que tienes una limitada certeza (pues la certeza absoluta es cosas de deidades y no de mortales) de lo que has sentido mientras girabas sin control (aparente).

Y así es como he salido yo, divagando sobre nada en particular y todo en general. Replanteándome el rumbo de una vida sobre la que dudo mucho que alguna vez tuviera yo las riendas. Y no por no haber tenido portunidad, sino más bien porque prefiero que alguien me guíe en la penumbra. Supongo que el resultado de mi naturaleza conformista es mi carencia de decisión.
Siempre empujado por otros. De hecho es una doble manipulación. No es que los demás me dirijan, sino que yo dejo que me empujen hacia el camino que yo quería seguir. Una dicotomía moral en la que supuestamente nadie sale perdiendo pues el esclavo es libre en realidad.

Creo que he vuelto a perder la perspectiva de lo que iba a contar y me he ido por la rama metafísica en pleno autoanálisis de mi conducta, así que volvamos a lo estrictamente anecdótico, y dejemos las autoreflexiones para mentes más elevadas que la mía.
Esta historia comienza como muchas otras, y acaba como la mayoría: de manera ambigua. Pero no acabemos con el relato nada más comenzarlo.
Una compañera del trabajo apareció de súbito en nuestra parte de la oficina con una noticia bastante interesante: una amigo suyo iba a mudarse y quería pasarle a alguien un piso céntrico de Madrid cuyo casero, que al parecer era un entrañable anciano de las costas levantinas, cobraba un alquiler irrisorio para lo que impone la moda por aquella zona, o un precio más o menos justo para una persona cabal.
Y empezó la revolución. Tal y como llegó mi puesto de trabajo aparecía de nuevo una oportunidad ¡para la independiencia! Impetuosamente arranqué el auricular de su pedestal y comencé a marcar frenético el teléfono de mi musa. Después de una confusión inicial, por fin pude dar mi mensaje. Y mientras hablaba me daba cuenta de que estaba dentro de la rueda. No había marcha atrás. El miedo se apoderó de mí por lo que aquello suponía: ¡el cambio! Un cambio se avecinaba y yo ¿qué hacía? Me acobardaba, pues el miedo a lo desconocido es innato en la naturaleza humana.

Aún así la rueda seguía girando y yo continuaba haciendo llamadas, más que en busca de consejo (cosa que no me gusta dar pues me resulta pernicioso darlos) sino en busca del "empuje". Ese empuje en la dirección que yo estaba decidido a seguir. Pero no llegó, ningún incentivo era lo suficientemente fuerte para que tomara una decisión final. En realidad, no sabía lo que quería. En cuanto me veía recogiendo mis bártulos para instalarme en un nuevo hogar junto a ella, me embargaba el miedo a perder todo lo que tengo. Y al sucumbir al no, me embargaba la pena por dejar escapar semejante futuro. Y así sucesivamente. Caos.
Finalmente, recibí una llamada de mi musa, y tras sincerarnos nos dimos cuenta de que no estábamos preparados para este cambio. Pero la emoción estaba allí. Tomamos nuestra primera decisión juntos y la emoción del momento se quedó en nosotros. Era una decisión difícil de tomar, pero en perspectiva intuyo que fue la correcta.
Y encontes llegó el desenlace. Una llamada nos puso en aviso de que definitivamente el piso ya había sido adjudicado a alguna amistad del susodicho ex-ocupante del mismo.

La fortuna juzgó correcto el dejar que los dos llegáramos a la conclusión antes de que la rueda del destino decidiera ratificar nuestra decisión.
Y es así como una simple anécdota se convirtió en un relato sobre el destino y lo bien que se lo pasa con nosotros.
 
Comentario:
DEUS*DIOS* Bendice*Longinus SamaelGnosis PAX*:)
Saludos Fraternales desde Madrid Longinus
 
Comentario:
Saludos

El fútbol es así. Aunque una ganga es una ganga, se coge y luego se ve qué se hace con ella (subarrendarla, por ejemplo, con el preceptivo permiso del dueño, para "mantener" la posesión de la ganga sin tener que pagar por la misma, o cederla temporalmente, a saber).

Pero bueno, al menos tomaron juntos la decisión, que en estos casos, casi casi, es lo más importante.

Hasta Luego ;)
 
Comentario:
Jejejeje, ahí está mi niña para defenderme (que yo ya pasaba de contestar al comentario)
 
Comentario:
Oye, perdona, tú, de patético nada. Fue una decisión conjunta. Aún no ha llegado nuestro momento. No es cuestión de no echarle huevos a la vida, es cuestión de que determinadas decisiones tomadas a la ligera pueden traer peores consecuencias, como..no sé, déjame pensar...yo no cobro un sueldo y con el suyo no llegaríamos a fin de mes.Te parece esa buena razón?Te podría dar más de este tipo, pero tampoco quiero perder el tiempo.
Lo único que me quedó claro es que tenemos unas ganas inmensar de irnos a vivir juntos y, aunque ahora no podamos por determinadas circunstancias, lo haremos más adelante porque nos queremos con locura.
 
Comentario:
Patetico. Mas gente q no se arriesga. Mas resolucion hombre. El mundo es de los q le exan huevos a la vida.
No