Fundiendo renglones
Fundiendo renglones
te escondes,
detrás
de la barra de
algún bar.
Y miro y no estás
¡joder! yo te sueño
la ginebra, el olvido,
pero nunca llega.
Y no me enamoro de ti
más bien de lo que no me das
de lo que me enseñas de reojo,
despacio, poco a poco.
Y corres por el mar de tus lágrimas,
recuerda que las mías, arden igual
y yo continúo, con los dedos
fundiendo renglones.
¿Dónde vas? Te espero
y te sueño, solo despierta
cuando no me asusta el miedo.
¿No me ves? Estás ciego
el humo de mi cigarro
empaña los negros versos.
Y ya van tres,
y te espero, otra vez.
Yo garabateo los versos
fundiendo renglones con mis dedos.
te escondes,
detrás
de la barra de
algún bar.
Y miro y no estás
¡joder! yo te sueño
la ginebra, el olvido,
pero nunca llega.
Y no me enamoro de ti
más bien de lo que no me das
de lo que me enseñas de reojo,
despacio, poco a poco.
Y corres por el mar de tus lágrimas,
recuerda que las mías, arden igual
y yo continúo, con los dedos
fundiendo renglones.
¿Dónde vas? Te espero
y te sueño, solo despierta
cuando no me asusta el miedo.
¿No me ves? Estás ciego
el humo de mi cigarro
empaña los negros versos.
Y ya van tres,
y te espero, otra vez.
Yo garabateo los versos
fundiendo renglones con mis dedos.
737
Palparé tu piel a tienetas,
buscando que no me mientas
y que no me hagas llorar.
Dibujaré tus labios rojos
mientras pongo mi vida a remojo
para evaporar su sal.
Porque en dos ciudades vivo yo:
bajo dos soles me levanto
y en ambas me abruma el llanto
desde que mi luna quebró.
Me coso las palabras que pierdo
porque se me escapa el alma
si el viento me roba la calma
y la esconde donde no la encuentro.
Recojo las basuras tiradas
y me las fumo en tres caladas
degustando bien su sabor.
Que lo saben los sordos,
se lo han dicho los locos,
que no me amarga el licor.
Pero me queda lejos el puerto,
y me mareo en mar abierto
y tampobo sé nadar.
buscando que no me mientas
y que no me hagas llorar.
Dibujaré tus labios rojos
mientras pongo mi vida a remojo
para evaporar su sal.
Porque en dos ciudades vivo yo:
bajo dos soles me levanto
y en ambas me abruma el llanto
desde que mi luna quebró.
Me coso las palabras que pierdo
porque se me escapa el alma
si el viento me roba la calma
y la esconde donde no la encuentro.
Recojo las basuras tiradas
y me las fumo en tres caladas
degustando bien su sabor.
Que lo saben los sordos,
se lo han dicho los locos,
que no me amarga el licor.
Pero me queda lejos el puerto,
y me mareo en mar abierto
y tampobo sé nadar.
2004 -x-9
Silbando una melodía espero estar
despierta cuando se haga día.
Me muero por que se repita la historia
de esta cancioncilla, por perder esta sortija.
Mientras tanto, me observo dueña de cuerpo
me imagino musa de tu poesía.
Voy barriendo poco a poco las horas muertas,
voy limpiando con tu nombre las aceras viejas.
Camino mirando al suelo, perpleja
enjuagando las viejas tristezas,
deslumbrada por una aurora incierta.
Me descubro escaneando tu sombra en la calle
respirando tu aliento que sabe a menta,
que de tus latidos rítmicos estoy sedienta.
Me pregunto en que islas desiertas sueñas,
quiero que llores mis ojos a tu antojo
quiero volar en las letras que vuelas.
Me pierdo en tu cabellera de dulce caramelo
cuando la noche me deja sola.
Y el reloj entonces detiene el tiempo
porque empieza la función en mi cabeza
La esperanza me arde la sangre cuando
me enveneno con tu imaginario consuelo.
Se me derrite el hielo cuando te veo
y cada noche te espero en mis sueños,
dónde al tiempo le han robado el minutero
y las arenas del desierto han cubierto el cielo.
Donde tú te paseas descalzo pos mis recovecos,
nos asomamos desnudos a mil balcones
contando estrellas de mar.
Saboreamos licores de bombón añejos
regados de pasiones y salteados con miel.
Y al despuntar la mañana, ya despierta todo es nada
yo me escondo en mis cuentos de hadas
para asustar los malos miedos.
Espero a que se haga otra vez de noche,
para degustar de nuevo, mi mentira,
mi húmedo enredo.
Esperaré a la próxima luna
para que vuelvas decidido a tatuar tu apellido
en mi cuerpo de imaginación y sueño.
Es mi pecado soñarte sin permiso,
mecerme cada anochecer en tu cuna.
Y tú sin quejarte siquiera
vuelves cada noche a que te sueñe sumiso.