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Lo que nos toca vivir
Reflexiones de todo aquello que pienso... y también de todo aquello que soy.
Acerca de
Me aburría. Y por eso creé este blog, además de porque creo que esto de escribir, redactar y demás se me da bien. Espero que os guste, ese es mi objetivo. Acerca de mi... bueno eso ya es muy complicado de explicar. Seguro que con el tiempo os ireis enterando.
Sindicación
 
El autobús de la línea 61
Son las ocho menos cuarto, y suena el despertador. Vaya, ya es la hora, que mal, en cama arropadita por el edredón se está divinamente. Además, pensaba que hoy era domingo, por lo que es especialmente desagradable levantarme de la cama. Como un zombi, me arrastro a la cocina y embullo rápidamente los Frosties con leche. Están buenos, pero comerlos todos los días laborales llega a ser agobiante. Me visto, me lavo los dientes, me peino y andando a la parada.
Hace un frío que pela, y en ese momento pienso "debí ponerme el pantalón más abrigado", aunque ya es tarde para meditar. Al rato llega el autobús 61, que justamente hoy venía lleno hasta las trancas. Qué asco. Toca ir apretujado entre un montón de gente que posiblemente esté tan dormida como yo. Además el olor que se respira es insoportable. Da la impresión que no conocen la existencia de desodorantes.
Por fin, y después de un tiempo que me parece infinito, llego a mi parada, y a empujones, consigo bajarme. Ahora, también llueve. Bendita sea. No llevo paraguas. Cuando salí no llovía, y en el tiempo no habían mencionado nada (para que luego digan que nunca falla). Así que atravieso la calle más bien rápido, para mojarme lo menos posible. Sin embargo, la cola de mendigos que está allí cada mañana, no parece disminuida por la lluvia. Me da una pena... al verlos, valoro un poco más mi vida.
Y después de correr una calle mojándome, llego por fin al colegio. Allí están los mismos de todas las mañanas que como yo, llegamos muy pronto. Y recostándonos medio dormidos, charlamos de qué clase nos toca ahora. Conforme pasa el tiempo, la gente va aumentando, y el corrillo aumenta e incluso se divide. Pero esto no impide que la gente siga igual de empanada.
Por fin, suena la campana, que a esas horas es como un tarro de agua fría cayendo en ropa limpia y recién planchada. Los alumnos suben hasta llegar cada uno a su correspondiente clase, y allí, espera la oración de la mañana con el correspondiente profesor. La mayoría de los días (por no decir todos), estamos más allá, que acá. No todos aguantan de misma manera, y muchas veces el profesor/a nos tiene que decir algunas cosas para espabilarnos, aunque a esas horas es difícil tarea...
Después, la mañana transcurre como cualquier otra. Cada profesor, con sus correspondientes manías, nos hacen a veces la vida difícil a los alumnos. Aunque en el fondo, creo que no llevan malas intenciones...
Luego llega el recreo. La gente muere por salir, y llegan incluso a perder los nervios. Pero es que dos horas sentado, tullen a cualquiera. Como no, a la hora de salir, viene a ser lo mismo, e incluso peor... pero es que estamos a esa hora ya, ansiosos de ser libres. Aunque eso es algo que solo puedo decir hoy, martes, mi único día sin clase por la tarde, y para mí, el mejor.
Camino hasta la parada con algunos colegas, y después de esperar un largo rato, aparece el 61. Ver que viene a lo lejos es muy reconfortante. Además, vienen dos seguidos, así que decido montarme el en segundo y... sorpresa! Va vacío. Qué gustazo... es bastante difícil que venga así, y me llena de alegría y paz. Por fin, me bajo tras seis paradas, y al rato, llego a mi dulce hogar.
Allí, me espera la comidita recién hecha, que aunque algunas veces me guste más que otras, siempre cae muy bien.

Y antes de sentarme a estudiar, me distraigo un poco en el ordenador, la mayoría de las veces, en el messenger. La verdad es que muchas veces, es para hablar con las personas que ves cada día, pero es que no es lo mismo... además, matas el rato entretenidamente.
Pero a las cinco, a pesar de que esté muy concentrada. Lo dejo todo, porque es la hora de Yo soy Bea. Me enganché a ella en tiempos muertos del verano, y no la he dejado de ver desde entonces. Aunque solo la puedo ver hoy, ya mi madre me cuenta lo que va pasando. Y estoy al día. El caso es que, además de que me gusta verla, es una hora que utilizo para relajarme. Me sienta bien.
Después de que acaba, meriendo, hablo un poco con la familia y hago un poco el vago, vuelvo al tema. Cuesta, pero en fin: es lo que hay. Esa es la base de mi vida.

Sobre las ocho lo dejo. Mi cabeza no da para más, y me voy de nuevo al messenger. Aunque no lo parezca, es algo relajante... después me tiro un rato en el sofá a ver ¿Quién quiere ser millonario? Es muy divertido. Y se aprende viéndolo.
Luego, toca ayudar a poner la mesa, para después degustar la cena. Suele estar muy buena. Solemos ver las noticias mientras cenamos, y es de los pocos momentos en los que estamos toda la familia. Aunque en martes, son más. Porque a las diez nos espera una cita con House. Toda la familia, al íntegro, la seguimos. Nos encanta. Y punto.
Con esto, se matan otras dos horas, y ya , a las doce, es muy tarde para seguir viendo el tercer capítulo (me da igual que sea refrito. Si pudiera, lo vería). Así que me ducho, y a la cama. Es de los mejores momentos del día. Qué gustito.
Y, casi sin darme cuenta, me encuentro ya en un nuevo día. Y me veo de nuevo subiendo al autobús de la línea 61.