Mi querida ciudad, mi preciada bici
No ha tenido mucho éxito mi encuesta de abajo, así que hasta que obtenga alguna opinión, seguiré dedicándome a escribir lo que me nace, lo que veo, lo que siento.
Hoy, Jueves Santo, nuevamente lo paso en mi querida ciudad de Madrid. Y, una vez más, paso mi tiempo junto a mi preciada bici. La calle, debido a la masiva huida de la gente por estas fechas y al tetrico frío , es un perfecto circuito para este vehículo de dos ruedas. Tan sólo se divisa al final de alguna acera alguna persona a la que le dio igual el frío y prefirió airearse en la solitaria ciudad. Pero son pocos. Y por ello es cómodo deslizarse a bordo del ligero y sencillo aparato. Con poco ruido. Sin obstáculos. Sin barreras. Con alguna mirada de desconfianza, pero con libertad al fin y al cabo. Olvidándome de las preocupaciones, deshaciendo los pormenores amargos de esta vida a menudo sin encanto. Tan sólo pendiente de la brisa del aire sobre mis mejillas, y del nuevo pero conocido paisaje que encontraré al doblar la siguiente esquina. Sin nada más en la mente que pedalear y sentir por un segundo que soy capaz de volar. Una sensación que por desgracia es irreal, pasajera y poco usual. Es algo que siempre tengo dentro de mí, pero que no siempre puedo llegar a sentir. Mi rutina, mi ambiente, mi vida me impide con frecuencia vivirla. Pero al menos, mi corazón recordarla me permite con amor.

Saludos y felices vacaciones a todos.
Hoy, Jueves Santo, nuevamente lo paso en mi querida ciudad de Madrid. Y, una vez más, paso mi tiempo junto a mi preciada bici. La calle, debido a la masiva huida de la gente por estas fechas y al tetrico frío , es un perfecto circuito para este vehículo de dos ruedas. Tan sólo se divisa al final de alguna acera alguna persona a la que le dio igual el frío y prefirió airearse en la solitaria ciudad. Pero son pocos. Y por ello es cómodo deslizarse a bordo del ligero y sencillo aparato. Con poco ruido. Sin obstáculos. Sin barreras. Con alguna mirada de desconfianza, pero con libertad al fin y al cabo. Olvidándome de las preocupaciones, deshaciendo los pormenores amargos de esta vida a menudo sin encanto. Tan sólo pendiente de la brisa del aire sobre mis mejillas, y del nuevo pero conocido paisaje que encontraré al doblar la siguiente esquina. Sin nada más en la mente que pedalear y sentir por un segundo que soy capaz de volar. Una sensación que por desgracia es irreal, pasajera y poco usual. Es algo que siempre tengo dentro de mí, pero que no siempre puedo llegar a sentir. Mi rutina, mi ambiente, mi vida me impide con frecuencia vivirla. Pero al menos, mi corazón recordarla me permite con amor.

Saludos y felices vacaciones a todos.