En una clase cualquiera...
Es difícil tarea permanecer al 100% de concentración en un aula cualquiera, a cualquier hora, con cualquier materia y con cualquier profesor. El aburrimiento, el sueño o simplemente el interés nulo que se tiene del tema, suelen ser las causas. De modo que cada uno se entretiene como va pudiendo en el latoso día a día escolar.
Volteando a la derecha, se puede observar a uno que le hace gracia todo cuanto dice el pobre (pero a la vez pesado) profesor. Sus ocultas pero sin querer resonantes carcajadas terminan por ser escuchadas, y entonces el desdichado termina con bronca o castigado. Un panorama que se repite siempre, y la verdad es que a veces sus risas están justificadas, pues las innumerables paridas que sueltan los profesores son material para escribir un libro del tamaño de la Biblia.
Si se posa la mirada un poco más adelante, se observa a alguien que, sin molestar a nadie, pasa olímpicamente de la clase, ya sea haciendo dibujitos o escribiendo poemas o haciendo sudokus. Al menos no interrumpe nada ni a nadie, y lo único que le debe preocupar es que al sujeto que esté en ese momento dando lecciones (el que sea a nuestro amigo en cuestión le trae sin cuidado) no se le dé por rondar por las mesas y descubrir su divertido pasatiempo distinto al de escucharle a él sus sermones.
Y como no, hay que mencionar las ya míticas “notitas”. Existen infinitos métodos para traspasarlas, siendo algunos de estos enrolladas en un boli, dentro de un subrayador, o directamente escritas en un cuaderno. La notita sola, a secas, es algo que casi ha pasado a ser historia.
Son este el más peligroso remedio contra el aburrimiento escolar, pues hay más posibilidades de ser descubierto que haciendo ninguna otra cosa.
Pero esto es algo que a los alumnos les trae sin cuidado. Charlar a escondidas con el de al lado (o con el de la otra punta) durante horas lectivas es una infracción que llega a convertirse en placer por saltarse las normas. Y los profesores, tan ingenuos o tan buenazos, no se enteran de nada, y si lo hacen, se lo callan. Saben que no pueden hacer nada contra la indiferencia del alumnado, así que se resignan a continuar con su labor, por si aun quedara alguien que tuviera algo de interés en sus palabras.
Pero ellos, parte en venganza, parte por fastidiar o simplemente porque son así, se limitan a mandar porquería para hacer en casa y a poner exámenes a diestro y siniestro. Y a pesar de que saben que esto propaga aun más su odio entre los alumnos, lo hacen, pues no tienen más remedio que realizar bien su trabajo, manteniendo así la interminable e histórica guerra de profesorado y alumnado.
Entre las conductas de indiferencia, atención, burla o aburrimiento está claro cual es la ideal. Sin embargo, lo cierto es que es la menos común, siendo esta una realidad cruel que analizando la situación, se puede llegar a comprender con claridad
Aunque haya que tener en cuenta que a veces los aprendices se pasan con sus superiores, hay que ponerse también en su lugar. Madrugar todos los días para cumplir una obligación que odian y por la que ni siquiera, al menos a corto plazo, reciben ni un solo beneficio, es algo para lo que hay que tener una gran fuerza de voluntad para hacerlo como cabe esperar. Es normal que cueste, pues no es nada agradable ir a escuchar a un grupo de individuos hablar por largo tiempo de cosas que más de la mitad no servirán para nada en esta vida. Además es algo que lleva luego a pasar horas estudiando en su casa y de ese modo sacar una nota considerable para pasar de año y seguir con el futuro. Esto conlleva hacer cientos y cientos de exámenes en la vida, desgraciadas pruebas traicioneras que por un mal día, poco tiempo o una mala interpretación te llevan los puntos al traste y con ellos la validez de tus conocimientos. Un pésimo invento este, frente al que nadie puede hacer nada más que asumir y aguantar.
Pero, como todo en esta vida, no lo elegimos, y no nos queda más que continuar con lo que nos tocó con la mayor ilusión y optimismo posibles. Y pensemos que luego, nuevos tiempos llegarán, otro futuro se determinará.
Saludos amigos bloggeros. Gracias por leer mis humildes palabras.

Volteando a la derecha, se puede observar a uno que le hace gracia todo cuanto dice el pobre (pero a la vez pesado) profesor. Sus ocultas pero sin querer resonantes carcajadas terminan por ser escuchadas, y entonces el desdichado termina con bronca o castigado. Un panorama que se repite siempre, y la verdad es que a veces sus risas están justificadas, pues las innumerables paridas que sueltan los profesores son material para escribir un libro del tamaño de la Biblia.
Si se posa la mirada un poco más adelante, se observa a alguien que, sin molestar a nadie, pasa olímpicamente de la clase, ya sea haciendo dibujitos o escribiendo poemas o haciendo sudokus. Al menos no interrumpe nada ni a nadie, y lo único que le debe preocupar es que al sujeto que esté en ese momento dando lecciones (el que sea a nuestro amigo en cuestión le trae sin cuidado) no se le dé por rondar por las mesas y descubrir su divertido pasatiempo distinto al de escucharle a él sus sermones.
Y como no, hay que mencionar las ya míticas “notitas”. Existen infinitos métodos para traspasarlas, siendo algunos de estos enrolladas en un boli, dentro de un subrayador, o directamente escritas en un cuaderno. La notita sola, a secas, es algo que casi ha pasado a ser historia.
Son este el más peligroso remedio contra el aburrimiento escolar, pues hay más posibilidades de ser descubierto que haciendo ninguna otra cosa.
Pero esto es algo que a los alumnos les trae sin cuidado. Charlar a escondidas con el de al lado (o con el de la otra punta) durante horas lectivas es una infracción que llega a convertirse en placer por saltarse las normas. Y los profesores, tan ingenuos o tan buenazos, no se enteran de nada, y si lo hacen, se lo callan. Saben que no pueden hacer nada contra la indiferencia del alumnado, así que se resignan a continuar con su labor, por si aun quedara alguien que tuviera algo de interés en sus palabras.
Pero ellos, parte en venganza, parte por fastidiar o simplemente porque son así, se limitan a mandar porquería para hacer en casa y a poner exámenes a diestro y siniestro. Y a pesar de que saben que esto propaga aun más su odio entre los alumnos, lo hacen, pues no tienen más remedio que realizar bien su trabajo, manteniendo así la interminable e histórica guerra de profesorado y alumnado.
Entre las conductas de indiferencia, atención, burla o aburrimiento está claro cual es la ideal. Sin embargo, lo cierto es que es la menos común, siendo esta una realidad cruel que analizando la situación, se puede llegar a comprender con claridad
Aunque haya que tener en cuenta que a veces los aprendices se pasan con sus superiores, hay que ponerse también en su lugar. Madrugar todos los días para cumplir una obligación que odian y por la que ni siquiera, al menos a corto plazo, reciben ni un solo beneficio, es algo para lo que hay que tener una gran fuerza de voluntad para hacerlo como cabe esperar. Es normal que cueste, pues no es nada agradable ir a escuchar a un grupo de individuos hablar por largo tiempo de cosas que más de la mitad no servirán para nada en esta vida. Además es algo que lleva luego a pasar horas estudiando en su casa y de ese modo sacar una nota considerable para pasar de año y seguir con el futuro. Esto conlleva hacer cientos y cientos de exámenes en la vida, desgraciadas pruebas traicioneras que por un mal día, poco tiempo o una mala interpretación te llevan los puntos al traste y con ellos la validez de tus conocimientos. Un pésimo invento este, frente al que nadie puede hacer nada más que asumir y aguantar.
Pero, como todo en esta vida, no lo elegimos, y no nos queda más que continuar con lo que nos tocó con la mayor ilusión y optimismo posibles. Y pensemos que luego, nuevos tiempos llegarán, otro futuro se determinará.
Saludos amigos bloggeros. Gracias por leer mis humildes palabras.

Comentario:
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Comentario:
Yo he tenido muchos profesores que estarían encantados con el segundo tipo que has mencionado... Mientras estés callado, les daba igual lo que hiciéramos...
Un besitooo
Un besitooo
Comentario:
No es lo que nos dicen lo que aburre sino como nos lo dicen.





