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Temen morir y no temen vivir
Acerca de
Un espacio en el que desplegarnos
Sindicación
 
(sin café)










Me despierto, me levanto, me ducho, me visto, voy a la cocina. No hay café. Tomo el abrigo, me lo pongo, cojo las llaves, bajo, camino, entro, pido, me sirven, bebo, como algo, leo, pago y salgo. Ando, miro, veo, observo, escucho, me indigno, voy. Digo, me dicen, vuelvo a decir, me chillan, me pongo nervioso y chillo yo también. Me empujan, empujo, me insultan, me enojo, no insulto, me callo, me lo pienso. Esa guerra no va conmigo, mejor me voy. Sigo, estoy nervioso, me relajo, me rio por dentro, me siento bien. Paso por allí y miro mi estado. He cobrado. Continúo. Las veo, son preciosas, ––qué carai––las compro, me las llevo, entro, subo, busco. No hay jarrón. Uso un barreño. Me dispongo a trabajar, enciendo, no funciona. Me enfado con el vendedor, con el técnico, con todos los técnicos, con todo el mundo menos conmigo mismo. Respiro, las miro, sonrío, no pasa nada. Telefoneo, me atienden y resuelven: tiene usted que traerlo. Con buen humor, lo cojo, lo trajino, lo entrego, me mandan a tomar otro café, hago caso y al rato ya se lo han mirado, no se lo quedan y dicen: ha muerto. Es una tragedia, pero no lloro. No grito, pero por dentro me pasan muchos pensamientos que no contaré. Regreso a casa. Busco y encuentro dos cds: copias de seguridad. Salvado. Pienso qué hago con lo que me queda del día. Decido tomar un papel y un lápiz. Anoto: café, jarrón, ordenador nuevo. ...






 

La usufructuaria







La vieja usufructuaria, incluso en el lecho de muerte, repasaba mentalmente sus rentas y arrendamientos, se ocupaba en la agonía de ordenar apagar las luces de la casa, aunque las visitas no vieran más allá de su narices, por no gastar. Amenazaba a sus deudos con llegar hasta el Supremo si alguno, mientras estaba postrada, tenía la ocurrencia de intervenir en la hacienda que producía los frutos que eran su derecho. La vieja usufructuaria murió como había vivido, austera o miserable, según se mire.




 

Aquellos maravillosos años








Dedicado a aquellas personas que nacieron antes del final de los 80.

La verdad es que no sé como hemos podido sobrevivir:
Fuimos la generación de la "espera"; nos pasamos nuestra infancia y juventud esperando.
Teníamos que hacer "dos horas de digestión" para no morirnos en el agua, dos horas de siesta para poder descansar, nos dejaban en ayunas toda la mañana del domingo hasta la hora de la comunión, los dolores se curaban esperando.

Mirando atrás, es difícil creer que estemos vivos:

Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad y sin airbag,hacíamos viajes de 10-12 h. con cinco personas en un 600 y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños.
Andábamos en bicicleta sin casco, hacíamos auto-stop, más tarde en moto, sin papeles.
Los columpios eran de metal y con esquinas en pico. Jugábamos a ver quién era el más bestia.
Pasábamos horas construyendo carros para bajar por las cuestas y sólo entonces descubríamos que habíamos olvidado los frenos.
Jugábamos a "churro va" y nadie sufrió hernias ni dislocaciones vertebrales.
Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y sólo volvíamos cuando se encendían las luces de la calle. Nadie podía localizarnos. No había móviles.
Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables.
Nos abríamos la cabeza jugando a guerra de piedras y no pasaba nada, eran cosa de niños y se curaban con mercromina y unos puntos.
Nadie a quién culpar, sólo a nosotros mismos.
Tuvimos peleas y nos "esmorramos" unos a otros y aprendimos a superarlo.
Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos.Si acaso alguno era gordo y punto.
Compartimos botellas de refrescos o lo que se pudiera beber y nadie se contagió de nada. Nos contagiábamos los piojos en el cole y nuestras madres lo arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente.
Quedábamos con los amigos y salíamos. O ni siquiera quedábamos, salíamos a la calle y allí nos encontrábamos y jugábamos a las chapas, a los cromos, a coger, al rescate, a la taba..., en fin, tecnología punta.
Íbamos en bici o andando hasta casa de los amigos y llamábamos a la puerta.
¡Imagínense!, sin pedir permiso a los padres, y nosotros solos, allá fuera, en el mundo cruel ¡Sin ningún responsable! ¿Cómo lo conseguimos?
Hicimos juegos con palos, perdimos mil balones de fútbol.
Bebíamos agua directamente del grifo, sin embotellar, y algunos incluso chupaban el grifo.
Íbamos a cazar lagartijas y pájaros con la "escopeta de perdigones", antes de ser mayores de edad y sin adultos, ¡¡DIOS MÍO!!
En los juegos de la escuela, no todos participaban en los equipos y los que no lo hacían, tuvieron que aprender a lidiar con la decepción. Algunos estudiantes no eran tan inteligentes como otros y repetían curso... ¡Qué horror, no inventaban exámenes extra!
Veraneábamos durante 3 meses seguidos, y pasábamos horas en la playa sin crema de protección solar ISDIN 15, sin clases de vela, de paddle o de golf, pero sabíamos construir fantásticos castillos de arena con foso y pescar con arpón.
Ligábamos con las chicas persiguiéndolas para tocarles el culo, no en un chat diciendo ": P"

Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello. No te extrañe que ahora los niños salgan gilipollas.

Si tú eres de los de antes...
¡Enhorabuena! ... Tuviste la suerte de crecer como un niño.