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Globalización y entorno internacional
Comentarios y reflexiones acerca de los conflictos económicos y políticos mundiales.
Acerca de
Soy Jesús Pérez, un estudiante de periodismo al que le interesa bastante la política y la economía internacional, los problemas del mundo en el que vivimos, y que piensa que entre todos algo podemos cambiar
Sindicación
 
Los desafíos de un mundo globalizado
En estos tiempos de globalización el primer fenómeno que se ha de destacar es la extensión universal del sistema capitalista. Los dirigentes de las economías occidentales han visto en el capitalismo, si no un buen sistema, el camino más viable hacia el progreso y el desarrollo económico de sus naciones, y las economías que no sepan competir son fuertemente penalizadas. Así lo hemos visto en casos como Cuba, el desmembramiento de la Unión Soviética o el conseguido anhelo de la inclusión de los países del bloque del este en la Unión Europea.

El capitalismo parte de la premisa de que el individuo es, por naturaleza, egoísta. Las conductas individuales se rigen por la posibilidad de obtener beneficios personales, y no sociales, como señala el comunismo. Si sabemos que obtendremos un beneficio económico de nuestros actos, nos esforzaremos más, tendremos más incentivos para participar en el mercado, lo que al fin redundará en una mayor producción y un mayor consumo y, en consecuencia, un mayor bienestar social.
Pero no todo son flores en la globalización liberal. En primer lugar, porque hay un importante grupo de damnificados: los países pobres que no se han subido al carro del libre comercio internacional. Muchos han visto en su inclusión en el sistema capitalista la mejor solución al subdesarrollo de esos países (véase el auge económico de China). Según esta perspectiva, si cada estado consigue ser competitivo en los productos en que esté mejor dotado de recursos y participa sin barreras en el comercio internacional, accederá progresivamente a un mayor desarrollo que acabe produciendo efectos sociales y políticos positivos. De ahí la labor de los organismos internacionales “globalizadores” por excelencia, FMI, OMC y Banco Mundial, que intentan dar impulso a las industrias locales de las economías subdesarrolladas con el fin de que se puedan beneficiar de las ventajas de la globalización. El objetivo es digno, pero los medios son más cuestionables, pues el sistema de créditos y ayudas tiene el riesgo, en muchas ocasiones, de ahogar a las economías de esos estados y convertirlos, en un futuro próximo, en esclavos financieros del mundo desarrollado.
Por otro lado, también en el seno de los estados la globalización puede tener consecuencias negativas. Los críticos de la globalización, entre los que destacan los movimientos anti-globalización (o, como alguno de ellos prefiere denominarse, movimientos por una “globalización alternativa”), consideran que, aunque el proceso resulte favorable para la prosperidad económica, es contrario a los objetivos de equidad social. Los riesgos de dejar actuar al mercado sin freno alguno se han visto en múltiples ocasiones. En los países desarrollados, algunos sectores se ven claramente perjudicados por la apertura de fronteras, pues entran al mercado nacional productos más competitivos. En nuestro país hemos sufrido problemas como la deslocalización, que lleva al desplazamiento de plantas industriales a países con costes de producción más bajos, el riesgo de quiebra por pérdida de competitividad de algunos sectores –como los astilleros-, o los brotes de xenofobia ante el triunfo comercial extranjero, como sucedió en Elche con empresarios chinos. También se perfila como un peligro los movimientos especulativos de capital, contra los que se ha propuesto la tasa Tobin, que penaliza los movimientos de capital a corto plazo. Por no hablar del dumping ambiental...
Pero la solución no es cerrarse a la globalización, sino controlar sus efectos y “humanizar” en lo posible el proceso, responsabilidad que compete a los estados y a las instituciones internacionales, cuyo papel debe ser reforzado. A escala nacional, se ha demostrado que la población en su conjunto alcanza un mayor bienestar aún a costa de esos sectores damnificados. Y en el ámbito internacional, los flujos internacionales de capital son un elemento vital para el desarrollo, y la movilidad de los trabajadores, además de ampliar las oportunidades, permite una sociedad más abierta y enriquecida. En este sentido, la globalización cultural, favorecida por los nuevos medios de masas, a la cabeza de los cuales está Internet, favorece la universalización de los derechos humanos y la configuración progresiva de una sociedad civil internacional que no permanezca impasible ante problemas que se producen en el otro extremo del globo terráqueo.