Problemas y posibles soluciones
Tras los asesinatos ocurridos en la pensión, decidimos que era mejor no comentar nada al respecto sobre lo ocurrido, sobre todo porque nos causaría un gran trauma recordar que uno de ellos escapó...
Volviendo a la vida "normal" de aquella pensión, desde aquellos encuentros fortuitos con animales (si se les puede llamar asi) comenzamos a hacer un círculo muy cerrado entre nosotros, nos llevábamos muy bien, y yo, al ser la única chica, no me podía quejar :p
Solíamos jugar al cabrón después de cenar, todos los días, así compartíamos unas horas juntos, ya que en todo el día apenas nos veíamos. Tras la cena era el único momento en el que de verdad estábamos todos juntos y despiertos.
Una noche, como otras tantas, estábamos echando unas cartas, cuando, de repente, a uno de mis compañeros le entró la vena salvaje y comenzó a hacer cosas extrañas. Todos nos reíamos de él y de sus gracias, pues no sabíamos el calibre que iba a tomar aquel momento. Empezamos a discutir en broma, nos reíamos unos de otros y el juego de cartas se fue perdiendo en el tiempo. Cada vez eran las bastadas más y más grandes, hasta que alguien se rebotó de tal forma que cogió una naranja del bol de la fruta y se la tiró a otro. Así empezó todo...
No os puedo relatar lo que pasó a continuación, la verdad es que no me acuerdo de todo; allí entramos todos en un ataque de shock y empezamos a naranjazos con todo el mundo, aquello parecía la cena de Jesucristo con los doce discípulos, pero a lo bestia.
Tengo momentos lúcidos y recuerdo vernos a todos alrededor de la mesa del comedor esquivando y tirando naranjas, hasta que se acabaron...
Cuando esto ocurrió, estábamos en un estado de histeria total, y ¡no podíamos parar! ¿qué hacer? nos preguntábamos, y nuestra vista se fue a clavar a una bandeja que había allí, en una esquinita escondida, rellena hasta el cogote de magdalenas. Nuestros corazones decían "nooo, no lo hagais" pero aquel día, la razón se interpuso entre las magdalenas y los sentidos, y comenzaron a volar.
Cuando la paz reinó de nuevo aquella noche y salimos de nuestro estado de shock nervioso, pudimos comprobar como quedara el comedor después de nuestra batalla campal a base de naranjas y magdalenas. Aquello no había por donde cogerlo, estaba todo lleno de migas, zumo de naranja, plásticos y algún que otro gajo suelto para pisarlo, resbalarse y matarse contra el armario.
Entonces tomé el mando. No podíamos dejar aquello así o la noche siguiente dormiríamos debajo de un puente, asi que, sin más dilación, me acerqué a la cocina y cogí un par de escobas (llenas de mierda) que había, y nos pusimos a barrer.
Quiero dejar constancia en este post que nuestra intención era barrer sin dejar huella.
Apartamos muebles, la televisión, los armarios, las bombonas... todo lo que allí había quedó como los chorros del oro, o eso creíamos.
Cuando terminamos, teníamos una bolsa de la basura llena de migajas de magdalena, naranjas estropeadas y unos cuantos kilitos de ovejas mutantes (algún día os contaré una historia sobre ellas). Ya sé que lo lógico sería bajarlas al contenedor y tirar la bolsa como es debido, pero allí la locura se apoderara de nuestros cerebros y no nos dejaba pensar lógicamente.
No sé de quien fue la idea, ni quien la hizo realidad al final, ya os digo que tengo un poco borroso todo lo ocurrido, lo único que os puedo decir es que de un momento a otro nos vimos todos en el balcón intentando apuntar con la bolsa a la cabeza de un gallo vecino.
La historia de ese gallo os la resumo:
Uno de mis compañeros de piso tenía la manía de dormir de día y hacer vida de noche, asi que a las horas a las que se solía quedar dormido apenas me quedaban a mi un par de horas de sueño (y yo no madrugaba).
Pero como en la vida nada es de color de rosas y este niño se acostaba a unas horas "relativamente raras" tan pronto como se quedaba medio dormido cantaba el gallo.
El pobre estaba del gallo hasta las mismísimas narices, le tenía muchas ganas, sobre todo teniendo sed de venganza (ver post anterior)...
Continuando con la historia...
Como mi compañero le tenía ganas al gallo, lo decidimos por unanimidad, el gallo a aquellas horas estaba cantando y no era normal, asi que en nuestro arranque de locura temporal, alguno de nosotros (con mejor puntería que yo) tiró la bolsa desde la Cotrosa's mansion, usease desde un 2º piso.
De repente el gallo dejó de cantar. Hubo un silencio general, era de madrugada y no se escuchaba más que algún que otro coche pasar por la calle... El silencio se volvió eterno, el gallo no cantaba y empezamos a sospechar lo peor: lo habíamos matado.
¿Qué haríamos?¿Qué hará el dueño cuando lo vea?¿Descubrirá que fuimos nosotros?
El miedo se empezó a apoderar de los más débiles, pero hubo uno de nosotros que se levantó y nos hizo respirar tranquilos: nadie nos había visto, lo único que tenían era una bolsa con comida deshecha que no podrían probar que era nuestra.
Más tranquilos ya, decidimos dar un paseo por Ourense... pero eso es otra historia...
A la mañana siguiente, la cotrosa apareció por el piso como de costumbre, y no dijo nada. Podríais pensar que qué tiene eso de extraño... es que eso es lo raro, que se estuviera callada!!
Cuando estuvimos todos reunidos para comer, nos presentó una naranja y una magdalena todas deshechas... Medio cagaos del susto nos hicimos los suecos (y la mayoría no éramos rubios), pensando que sabría todo lo sucedido con el gallo, pero no fue así. La cuestión era que dejáramos tan mal barrido que cuando llegó vio todo tirado por el suelo (y mira que le debe costar ver la mierda...).
Nuestro castigo fue estar sin comer magdalenas y naranjas durante lo que quedó de curso, aunque bien pensado nos hizo un favor, ya que sabiendo que con eso habríamos matado a otro ser (el tercero en lo que llevábamos de curso), si nos hubiera puesto todos los días magdalenas y naranjas delante hubieramos acabado dementes perdidos (si acabamos igual ya es otra historia).
Sólo tengo que decir, que después de todo lo ocurrido aquella noche, decidimos dedicarle al gallo (que no se volvió a oir cantar) un minuto de silencio, que después se convirtió en una partida al cabrón, para no perder la costumbre :p
Señor Gallo, descanse en paz.
Volviendo a la vida "normal" de aquella pensión, desde aquellos encuentros fortuitos con animales (si se les puede llamar asi) comenzamos a hacer un círculo muy cerrado entre nosotros, nos llevábamos muy bien, y yo, al ser la única chica, no me podía quejar :p
Solíamos jugar al cabrón después de cenar, todos los días, así compartíamos unas horas juntos, ya que en todo el día apenas nos veíamos. Tras la cena era el único momento en el que de verdad estábamos todos juntos y despiertos.
Una noche, como otras tantas, estábamos echando unas cartas, cuando, de repente, a uno de mis compañeros le entró la vena salvaje y comenzó a hacer cosas extrañas. Todos nos reíamos de él y de sus gracias, pues no sabíamos el calibre que iba a tomar aquel momento. Empezamos a discutir en broma, nos reíamos unos de otros y el juego de cartas se fue perdiendo en el tiempo. Cada vez eran las bastadas más y más grandes, hasta que alguien se rebotó de tal forma que cogió una naranja del bol de la fruta y se la tiró a otro. Así empezó todo...
No os puedo relatar lo que pasó a continuación, la verdad es que no me acuerdo de todo; allí entramos todos en un ataque de shock y empezamos a naranjazos con todo el mundo, aquello parecía la cena de Jesucristo con los doce discípulos, pero a lo bestia.
Tengo momentos lúcidos y recuerdo vernos a todos alrededor de la mesa del comedor esquivando y tirando naranjas, hasta que se acabaron...
Cuando esto ocurrió, estábamos en un estado de histeria total, y ¡no podíamos parar! ¿qué hacer? nos preguntábamos, y nuestra vista se fue a clavar a una bandeja que había allí, en una esquinita escondida, rellena hasta el cogote de magdalenas. Nuestros corazones decían "nooo, no lo hagais" pero aquel día, la razón se interpuso entre las magdalenas y los sentidos, y comenzaron a volar.
Cuando la paz reinó de nuevo aquella noche y salimos de nuestro estado de shock nervioso, pudimos comprobar como quedara el comedor después de nuestra batalla campal a base de naranjas y magdalenas. Aquello no había por donde cogerlo, estaba todo lleno de migas, zumo de naranja, plásticos y algún que otro gajo suelto para pisarlo, resbalarse y matarse contra el armario.
Entonces tomé el mando. No podíamos dejar aquello así o la noche siguiente dormiríamos debajo de un puente, asi que, sin más dilación, me acerqué a la cocina y cogí un par de escobas (llenas de mierda) que había, y nos pusimos a barrer.
Quiero dejar constancia en este post que nuestra intención era barrer sin dejar huella.
Apartamos muebles, la televisión, los armarios, las bombonas... todo lo que allí había quedó como los chorros del oro, o eso creíamos.
Cuando terminamos, teníamos una bolsa de la basura llena de migajas de magdalena, naranjas estropeadas y unos cuantos kilitos de ovejas mutantes (algún día os contaré una historia sobre ellas). Ya sé que lo lógico sería bajarlas al contenedor y tirar la bolsa como es debido, pero allí la locura se apoderara de nuestros cerebros y no nos dejaba pensar lógicamente.
No sé de quien fue la idea, ni quien la hizo realidad al final, ya os digo que tengo un poco borroso todo lo ocurrido, lo único que os puedo decir es que de un momento a otro nos vimos todos en el balcón intentando apuntar con la bolsa a la cabeza de un gallo vecino.
La historia de ese gallo os la resumo:
Uno de mis compañeros de piso tenía la manía de dormir de día y hacer vida de noche, asi que a las horas a las que se solía quedar dormido apenas me quedaban a mi un par de horas de sueño (y yo no madrugaba).
Pero como en la vida nada es de color de rosas y este niño se acostaba a unas horas "relativamente raras" tan pronto como se quedaba medio dormido cantaba el gallo.
El pobre estaba del gallo hasta las mismísimas narices, le tenía muchas ganas, sobre todo teniendo sed de venganza (ver post anterior)...
Continuando con la historia...
Como mi compañero le tenía ganas al gallo, lo decidimos por unanimidad, el gallo a aquellas horas estaba cantando y no era normal, asi que en nuestro arranque de locura temporal, alguno de nosotros (con mejor puntería que yo) tiró la bolsa desde la Cotrosa's mansion, usease desde un 2º piso.
De repente el gallo dejó de cantar. Hubo un silencio general, era de madrugada y no se escuchaba más que algún que otro coche pasar por la calle... El silencio se volvió eterno, el gallo no cantaba y empezamos a sospechar lo peor: lo habíamos matado.
¿Qué haríamos?¿Qué hará el dueño cuando lo vea?¿Descubrirá que fuimos nosotros?
El miedo se empezó a apoderar de los más débiles, pero hubo uno de nosotros que se levantó y nos hizo respirar tranquilos: nadie nos había visto, lo único que tenían era una bolsa con comida deshecha que no podrían probar que era nuestra.
Más tranquilos ya, decidimos dar un paseo por Ourense... pero eso es otra historia...
A la mañana siguiente, la cotrosa apareció por el piso como de costumbre, y no dijo nada. Podríais pensar que qué tiene eso de extraño... es que eso es lo raro, que se estuviera callada!!
Cuando estuvimos todos reunidos para comer, nos presentó una naranja y una magdalena todas deshechas... Medio cagaos del susto nos hicimos los suecos (y la mayoría no éramos rubios), pensando que sabría todo lo sucedido con el gallo, pero no fue así. La cuestión era que dejáramos tan mal barrido que cuando llegó vio todo tirado por el suelo (y mira que le debe costar ver la mierda...).
Nuestro castigo fue estar sin comer magdalenas y naranjas durante lo que quedó de curso, aunque bien pensado nos hizo un favor, ya que sabiendo que con eso habríamos matado a otro ser (el tercero en lo que llevábamos de curso), si nos hubiera puesto todos los días magdalenas y naranjas delante hubieramos acabado dementes perdidos (si acabamos igual ya es otra historia).
Sólo tengo que decir, que después de todo lo ocurrido aquella noche, decidimos dedicarle al gallo (que no se volvió a oir cantar) un minuto de silencio, que después se convirtió en una partida al cabrón, para no perder la costumbre :p
Señor Gallo, descanse en paz.
El "gusano" que sobrevivió
Después del asesinato en serie de una familia de gusanitos, durante un tiempo reinó la paz en la "Cotrosa's mansion".
Poco duró aquel sitio tranquilo, ya que esa calma fue interrumpida por otro ataque gusánico, éste con menor importancia, pero igual de desagradable.
El principio es fácil de relatar: el mismo curso, la misma pensión, los mismos compañeros. Pero algo había cambiado en nosotros, no éramos los de antes; después de aquel accidente nos sentíamos asesinos en serie y teníamos sed de matar. Aquello nos había marcado la existencia y necesitábamos más y más.
Las oportunidades de volver a matar eran escasas, ya casi no se comía bacon por miedo a sufrir problemas gastrointestinales, asi que la cotrosa dejó de comprarlo en cantidades abusivas, ahora sólo se comía cada tres días.
Pero cada vez que eso ocurría, esa sensación que llevábamos dentro nos llevaba a buscar entre la comida algún indicio de que minutos antes (en la nevera) hubiera vida en aquella carne. Cabe destacar que siempre nos llevábamos un chasco de tres pares de narices (menos mal!!).
Un buen día, a la hora de comer, sentados todos alrededor de la mesa, que hasta parecíamos familiares, teníamos delante nuestra un excelente banquete: bacon, patatas y huevos fritos, todo esto adornado con una ensalada de calidad (sin aliñar). La verdad es que no estoy muy segura de cual era la comida aquel día, pero no habría de diferir mucho con la que acabo de describir (eso, seguro).
Ya que no existía el riesgo del bacon, nos decidimos a comer sin problemas, sin pensar en que los gusanos no solo proceden de la carne.
Allí estábamos, los seis, comiendo la "comida" que tan amablemente había hecho nuestra casera, cuando, de pronto, uno de nosotros pegó un chimpo para atrás y exhaló un gritito de nena amariconada (no voy a dar nombres...). Todos asustados, le preguntamos que le pasaba para hacer semejante ruido, cuando vimos que su brazo se extendía a lo largo de la mesa y señalaba algo encima de la misma.
Todos seguimos el rastro de su dedo "señalador" y comprobamos que era lo que tanto miedo/asco le producía. Quedamos boquiabiertos al comprobar que una vida no humana se movía encima de la mesa.
¿Qué era? Un gusano, por supuesto. Pero no era como los de antes, aquellos bichos asquerosos que no quiero ni que me pasen por la mente (que se me revuelve el estómago y acabo de desayunar).
Era de color verde. Desde un principio supusimos que saliera de la ensalada (esa fijo que la había, el resto de la comida ya no estoy tan segura), pues no había otro tipo de comida encima de la mesa de la que pudieramos sospechar, así que decidimos revisarla toda en busca de más vidas extrañas, no encontrando nada.
Pero en mitad de nuestra pésima búsqueda, nos dimos cuenta de un detalle: habíamos dejado al bicho sólo y sin vigilancia constante.
Buscamos por toda la mesa y no aparecía, el pobre bicho había tenido más suerte que sus "primos o familiares lejanos".
No tendrá tanta suerte la próxima vez...Nosotros nos quedamos con sed de venganza, asi que comunidad gusánica, tened cuidado, el día que esos 6 compañeros se vuelvan a juntar para comer, tened presente que alguno de vosotros va a morir, muajajaja.
Todo esto es producto de vuestra imaginación. No intenteis hacerlo en casa ya que es muy peligroso, sólo recomendado para gente que no padezca del corazón.
Hasta la próxima, si la hay...
Poco duró aquel sitio tranquilo, ya que esa calma fue interrumpida por otro ataque gusánico, éste con menor importancia, pero igual de desagradable.
El principio es fácil de relatar: el mismo curso, la misma pensión, los mismos compañeros. Pero algo había cambiado en nosotros, no éramos los de antes; después de aquel accidente nos sentíamos asesinos en serie y teníamos sed de matar. Aquello nos había marcado la existencia y necesitábamos más y más.
Las oportunidades de volver a matar eran escasas, ya casi no se comía bacon por miedo a sufrir problemas gastrointestinales, asi que la cotrosa dejó de comprarlo en cantidades abusivas, ahora sólo se comía cada tres días.
Pero cada vez que eso ocurría, esa sensación que llevábamos dentro nos llevaba a buscar entre la comida algún indicio de que minutos antes (en la nevera) hubiera vida en aquella carne. Cabe destacar que siempre nos llevábamos un chasco de tres pares de narices (menos mal!!).
Un buen día, a la hora de comer, sentados todos alrededor de la mesa, que hasta parecíamos familiares, teníamos delante nuestra un excelente banquete: bacon, patatas y huevos fritos, todo esto adornado con una ensalada de calidad (sin aliñar). La verdad es que no estoy muy segura de cual era la comida aquel día, pero no habría de diferir mucho con la que acabo de describir (eso, seguro).
Ya que no existía el riesgo del bacon, nos decidimos a comer sin problemas, sin pensar en que los gusanos no solo proceden de la carne.
Allí estábamos, los seis, comiendo la "comida" que tan amablemente había hecho nuestra casera, cuando, de pronto, uno de nosotros pegó un chimpo para atrás y exhaló un gritito de nena amariconada (no voy a dar nombres...). Todos asustados, le preguntamos que le pasaba para hacer semejante ruido, cuando vimos que su brazo se extendía a lo largo de la mesa y señalaba algo encima de la misma.
Todos seguimos el rastro de su dedo "señalador" y comprobamos que era lo que tanto miedo/asco le producía. Quedamos boquiabiertos al comprobar que una vida no humana se movía encima de la mesa.
¿Qué era? Un gusano, por supuesto. Pero no era como los de antes, aquellos bichos asquerosos que no quiero ni que me pasen por la mente (que se me revuelve el estómago y acabo de desayunar).
Era de color verde. Desde un principio supusimos que saliera de la ensalada (esa fijo que la había, el resto de la comida ya no estoy tan segura), pues no había otro tipo de comida encima de la mesa de la que pudieramos sospechar, así que decidimos revisarla toda en busca de más vidas extrañas, no encontrando nada.
Pero en mitad de nuestra pésima búsqueda, nos dimos cuenta de un detalle: habíamos dejado al bicho sólo y sin vigilancia constante.
Buscamos por toda la mesa y no aparecía, el pobre bicho había tenido más suerte que sus "primos o familiares lejanos".
No tendrá tanta suerte la próxima vez...Nosotros nos quedamos con sed de venganza, asi que comunidad gusánica, tened cuidado, el día que esos 6 compañeros se vuelvan a juntar para comer, tened presente que alguno de vosotros va a morir, muajajaja.
Todo esto es producto de vuestra imaginación. No intenteis hacerlo en casa ya que es muy peligroso, sólo recomendado para gente que no padezca del corazón.
Hasta la próxima, si la hay...
Despedida de una familia (D.E.P.)
Bien, lo que voy a tratar de relatar ahora no es una historia de las que una se alegra recordar, más que nada porque le afecta a amigos mios y es un asco!!
Corre el curso 01/02 en Ourense, como ya sabréis, yo por esas fechas vivía en la denominada "Cotrosa's Mansion", con cinco chicos más.
La señora de la casa es un poco tiquismiquis a la hora de las comidas, ya que siempre hay que estar a su hora y ella siempre está dispuesta a hacerte llevar un bocado a la boca.
Nunca falla, por no dejarnos a nosotros sin darnos de comer, creo que hasta pasaría de comer muchas veces ella (comprobado científicamente), no había manera de escaquearnos a las horas puntas en esa pensión.
Pero un buen día, llega una invitación de una cena a la mansión, "comida gratis", pensaría, y por no perderse tal acontecimiento decidió dejar sin su cuidado a sus 6 pupilos, por una noche no pasa nada, no?
Hay dos grandes razones por las que no nos debería haber dejado allí solos, una porque era yo la única chica de la casa y me iba a tocar hacer la cena, y otra porque no sabía lo bien que nos lo ibamos a pasar (y eso que no cenamos...)
El día transcurrió de lo más normal para todos los habitantes de la mansión. Al llegar la hora de la cena, la cotrosa no estaba (evidentemente), así que yo me hice la sueca todo lo que pude para no cargar yo con el muerto de hacer de cenar para todos, cosa que me resultó bastante bien, ya que no me tocó a mi :P
Mi compañero "cocinero por una noche" se decidió a pasarnos a la plancha unas rodajitas de bacon para hacernos unos bocatas, (dios mio, que en esa casa NUNCA se comen bocadillos, esto era un sacrilegio!!), claro, conociéndome al personal me decidí a ayudarlo en la laboriosa preparación del bacon a la plancha.
Pero cuál fue nuestra sorpresa cuando sacamos el bacon de la nevera (sucia) y nos encontramos con una familia de gusanitos saliendo de las carnes del mismo (cada vez que lo recuerdo me entran arcadas). Decidimos no corromper la cena familiar de los gusanitos y los dejamos en su sitio como si tal cosa, se lo comentamos a los demás del piso para prevenirlos de posibles ataques gusaníticos y pasamos del tema de cenar (véase estómago revuelto).
Esta historia se podría haber acabado aquí si hubieramos tirado el bacon, pero como no queríamos aguantar las estúpidas broncas del ama de llaves no lo hicimos, con las terribles consecuencias que esto nos produjo. Los siguientes días fueron de lo más asqueroso que os podeis imaginar, TODOS los días a la hora de cenar, nuestra cocinera nos presentaba un plato a rebosar de bacon a la plancha; no hará falta comentar que nadie probó dicho bacon, no?
Nadie? no!! al quinto día apareció otro compañero (que esos días no estaba allí) y a nadie se le ocurrió la idea de comentarle lo que pasaba con la familia (ya decapitada) de gusanitos que teníamos en la nevera., así que estaba indefenso contra el arma masiva que acechaba al anochecer.
Lo suponía, esa noche se volvió a comer bacon, sólo él, porque los demás estábamos a dieta estricta, y el resto de gente decidimos no decirle nada hasta unos días después, no fuera a hacerle más daño del que podía haberle hecho ya.
Quiero pedir disculpas a mi compañero hambriento por no haberle dicho nada en su momento, ya era toda una rutina que nadie comiera y no pensamos en los que no estaban presentes el día del hallazgo.
Desde este blog, recemos una oración por la pobre familia gusanita, que tanto quisimos cuidar y no pudimos hacer nada por ellos. (Requiem In Pace)
En próximos capítulos, "La amenaza gusánica prosigue", esto es el cuento de nunca acabar :p
Corre el curso 01/02 en Ourense, como ya sabréis, yo por esas fechas vivía en la denominada "Cotrosa's Mansion", con cinco chicos más.
La señora de la casa es un poco tiquismiquis a la hora de las comidas, ya que siempre hay que estar a su hora y ella siempre está dispuesta a hacerte llevar un bocado a la boca.
Nunca falla, por no dejarnos a nosotros sin darnos de comer, creo que hasta pasaría de comer muchas veces ella (comprobado científicamente), no había manera de escaquearnos a las horas puntas en esa pensión.
Pero un buen día, llega una invitación de una cena a la mansión, "comida gratis", pensaría, y por no perderse tal acontecimiento decidió dejar sin su cuidado a sus 6 pupilos, por una noche no pasa nada, no?
Hay dos grandes razones por las que no nos debería haber dejado allí solos, una porque era yo la única chica de la casa y me iba a tocar hacer la cena, y otra porque no sabía lo bien que nos lo ibamos a pasar (y eso que no cenamos...)
El día transcurrió de lo más normal para todos los habitantes de la mansión. Al llegar la hora de la cena, la cotrosa no estaba (evidentemente), así que yo me hice la sueca todo lo que pude para no cargar yo con el muerto de hacer de cenar para todos, cosa que me resultó bastante bien, ya que no me tocó a mi :P
Mi compañero "cocinero por una noche" se decidió a pasarnos a la plancha unas rodajitas de bacon para hacernos unos bocatas, (dios mio, que en esa casa NUNCA se comen bocadillos, esto era un sacrilegio!!), claro, conociéndome al personal me decidí a ayudarlo en la laboriosa preparación del bacon a la plancha.
Pero cuál fue nuestra sorpresa cuando sacamos el bacon de la nevera (sucia) y nos encontramos con una familia de gusanitos saliendo de las carnes del mismo (cada vez que lo recuerdo me entran arcadas). Decidimos no corromper la cena familiar de los gusanitos y los dejamos en su sitio como si tal cosa, se lo comentamos a los demás del piso para prevenirlos de posibles ataques gusaníticos y pasamos del tema de cenar (véase estómago revuelto).
Esta historia se podría haber acabado aquí si hubieramos tirado el bacon, pero como no queríamos aguantar las estúpidas broncas del ama de llaves no lo hicimos, con las terribles consecuencias que esto nos produjo. Los siguientes días fueron de lo más asqueroso que os podeis imaginar, TODOS los días a la hora de cenar, nuestra cocinera nos presentaba un plato a rebosar de bacon a la plancha; no hará falta comentar que nadie probó dicho bacon, no?
Nadie? no!! al quinto día apareció otro compañero (que esos días no estaba allí) y a nadie se le ocurrió la idea de comentarle lo que pasaba con la familia (ya decapitada) de gusanitos que teníamos en la nevera., así que estaba indefenso contra el arma masiva que acechaba al anochecer.
Lo suponía, esa noche se volvió a comer bacon, sólo él, porque los demás estábamos a dieta estricta, y el resto de gente decidimos no decirle nada hasta unos días después, no fuera a hacerle más daño del que podía haberle hecho ya.
Quiero pedir disculpas a mi compañero hambriento por no haberle dicho nada en su momento, ya era toda una rutina que nadie comiera y no pensamos en los que no estaban presentes el día del hallazgo.
Desde este blog, recemos una oración por la pobre familia gusanita, que tanto quisimos cuidar y no pudimos hacer nada por ellos. (Requiem In Pace)
En próximos capítulos, "La amenaza gusánica prosigue", esto es el cuento de nunca acabar :p
Año 2001: Nace el movimiento "anti-cotrosa"
Bienvenidos al curso 01/02 en esta pensión, aquí podréis recibir un trato agradable y amistoso de la ama de llaves, su marido (que es un santo) y vuestros nuevos compañeros de piso, de los cuales no tendréis nunca ninguna queja, a menos que la tenga la señora del piso, en cuyo caso, todos estaréis de acuerdo con ella y nadie nunca le protestará alguna cosa que diga.
Esto es lo que debería haber puesto el contrato el día que llegamos todos a Orense, si hubiésemos leído la letra pequeña seguramente nos hubiésemos ahorrado muchos quebraderos de cabeza. También sería muy útil que existiera algún contrato…
Todo parece muy bueno al principio, pronto descubriríamos que no es oro todo lo que reluce.
Pues bien, después de todos los malos rollos del primer año entre compañeras de piso, este es el año de la calma entre mujeres (dentro de un rato sabréis porqué), llega el momento de que la paz resurja y encontremos un minuto de paz en la pensión, no?
Pues noooo!!! Si fuera así, como podríamos nosotros escribir este blog?
Tengo que reconocer que este año es uno de los más pacíficos en cuanto a problemas con la dueña, pero haberlos los hay.
Septiembre de 2001, casa de la cotrosa, curso nuevo vida nueva (era algo así, no?) compañeros que se unen a esta especie de calvario, personajes que no saben donde se meten.
Este curso somos 6, no cambia mucho la situación de un año para otro, si bien este año es muuuuuuy distinto al anterior y posteriores, ¿por qué?, muy sencillo, porque YO soy la única mujer del piso (jOjOjOjO) por lo tanto también soy la niña mimada y consentida del piso (esto me empieza a gustar xDD) todo era para mi, cariños, gracias, amabilidad, tanto era así que me acostumbré y desde aquella soy más mimosa de lo que era antes (muchos de vosotros lo notaréis).
Aquel año, todos los que habitábamos esa casa éramos completamente distintos, uno era profesor, otro era repetidor, otro insoportable, otro parecía mudito, otro dormilón, pero sin duda alguna, el que más nos llamó la atención a todos fue “El desaparecido”. Este compañero (si se le puede llamar así) fue como César, “llegó, vio y venció”, y en una semana desapareció sin dejar huella, no sabemos nadie de él, ni lo volvimos a ver más, fue el que menos duró en esa pensión, una semana, ni más ni menos.
Aquel año todo fue a la perfección, salvando algún que otro roce con la dueña. Yo, como niña mimada y consentida, no tuve ningún problema con nadie, y defendí a mis compañeros a capa y espada, porque éstos sí que tuvieron bullas miles con la cotrosa.
Y todo porque se enteró de que uno de ellos fumaba porros. Eso no es nada, pensaréis todos (y con gran acierto), hasta que a la dueña se le dio por contar que no hacía solo eso, sino que se metía de todo en el cuerpo, cosa que no es cierta.
Ahhhh, pero… como se lo quitas de la cabeza? Pues si leyerais la letra pequeña del contrato, veríais que es imposible, que todo lo que piensa es cierto y no hay vuelta de hoja.
Así pasamos la mitad de ese curso, a vueltas con lo que se metían y dejaban de meter mis compañeros. No hay mucho más que decir de éstos, sólo que son unas grandísimas personas y que fueron mi 2º familia aqui en Ourense (la primera fueron los del año anterior xDD).
Desde aquella siempre supimos en ese piso quien era la mala y quienes los buenos, por supuesto, la mala no era yo :p
Y aqui termina este post, ya me llevó un rato largo escribirlo, pero creo que ha merecido la pena.
En la próxima entrega de la saga de la cotrosa, contaré como alguien se puede comer gusanos sin darse cuenta xDDD
Tiene su gracia, pero no creo que tenga mucha para el que los comió, sorry!!
Esto es lo que debería haber puesto el contrato el día que llegamos todos a Orense, si hubiésemos leído la letra pequeña seguramente nos hubiésemos ahorrado muchos quebraderos de cabeza. También sería muy útil que existiera algún contrato…
Todo parece muy bueno al principio, pronto descubriríamos que no es oro todo lo que reluce.
Pues bien, después de todos los malos rollos del primer año entre compañeras de piso, este es el año de la calma entre mujeres (dentro de un rato sabréis porqué), llega el momento de que la paz resurja y encontremos un minuto de paz en la pensión, no?
Pues noooo!!! Si fuera así, como podríamos nosotros escribir este blog?
Tengo que reconocer que este año es uno de los más pacíficos en cuanto a problemas con la dueña, pero haberlos los hay.
Septiembre de 2001, casa de la cotrosa, curso nuevo vida nueva (era algo así, no?) compañeros que se unen a esta especie de calvario, personajes que no saben donde se meten.
Este curso somos 6, no cambia mucho la situación de un año para otro, si bien este año es muuuuuuy distinto al anterior y posteriores, ¿por qué?, muy sencillo, porque YO soy la única mujer del piso (jOjOjOjO) por lo tanto también soy la niña mimada y consentida del piso (esto me empieza a gustar xDD) todo era para mi, cariños, gracias, amabilidad, tanto era así que me acostumbré y desde aquella soy más mimosa de lo que era antes (muchos de vosotros lo notaréis).
Aquel año, todos los que habitábamos esa casa éramos completamente distintos, uno era profesor, otro era repetidor, otro insoportable, otro parecía mudito, otro dormilón, pero sin duda alguna, el que más nos llamó la atención a todos fue “El desaparecido”. Este compañero (si se le puede llamar así) fue como César, “llegó, vio y venció”, y en una semana desapareció sin dejar huella, no sabemos nadie de él, ni lo volvimos a ver más, fue el que menos duró en esa pensión, una semana, ni más ni menos.
Aquel año todo fue a la perfección, salvando algún que otro roce con la dueña. Yo, como niña mimada y consentida, no tuve ningún problema con nadie, y defendí a mis compañeros a capa y espada, porque éstos sí que tuvieron bullas miles con la cotrosa.
Y todo porque se enteró de que uno de ellos fumaba porros. Eso no es nada, pensaréis todos (y con gran acierto), hasta que a la dueña se le dio por contar que no hacía solo eso, sino que se metía de todo en el cuerpo, cosa que no es cierta.
Ahhhh, pero… como se lo quitas de la cabeza? Pues si leyerais la letra pequeña del contrato, veríais que es imposible, que todo lo que piensa es cierto y no hay vuelta de hoja.
Así pasamos la mitad de ese curso, a vueltas con lo que se metían y dejaban de meter mis compañeros. No hay mucho más que decir de éstos, sólo que son unas grandísimas personas y que fueron mi 2º familia aqui en Ourense (la primera fueron los del año anterior xDD).
Desde aquella siempre supimos en ese piso quien era la mala y quienes los buenos, por supuesto, la mala no era yo :p
Y aqui termina este post, ya me llevó un rato largo escribirlo, pero creo que ha merecido la pena.
En la próxima entrega de la saga de la cotrosa, contaré como alguien se puede comer gusanos sin darse cuenta xDDD
Tiene su gracia, pero no creo que tenga mucha para el que los comió, sorry!!
Continuación: Primera Semana
Septiembre 2003. De la primera semana no hay mucho que contar. Nosotros eramos 7 completos desconocidos que teniamos que comenzar a vivir. No fue agradable. Todos me miraban raro, no se atrevian a preguntar, tendrian miedo de ofenderme o algo por el estilo, algo que como todos sabeis ahora, es casi imposible. Yo me tomo las cosas con mucho humor, es lo que deberiais hacer todos. Aun a esas alturas de curso la "señora" de la casa me parecía rara. Habla demasiado, quizás se mete donde no le importa, pero no le hacía mucho caso.
Tarde o temprano descubriria que ese año iba a ser el peor de mi vida con mucha diferencia.....
Tarde o temprano descubriria que ese año iba a ser el peor de mi vida con mucha diferencia.....





