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Los Miserables
"Notese la sutil ironía..."
Acerca de
Piden una descripcion de mí en un máximo de 1000 caracteres... yo les digo que caracter, lo que se dice caracter, sólo tengo uno y que no hacen falta tantas palabras para decir a alguien que no me conoce que ya me conoce: hacen falta muchas más y aun así no es fácil. Por eso pido a quien me quiera conocer que leea entre lineas.
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Sindicación
 
"La persistencia de la memoria en un recuerdo anecdótico escatológico y actual a titulo surrealista"

Venía de Barcelona, iba en autocar y el trayecto era de los que te permiten conocer al compañero de asiento, escuchar parte de la conversación de la parejita de atrás y ver algo de la película entre cabezada y cabezada. El hombre por naturaleza cree que nace con dos depósitos bien puestos, equilibrados y un espíritu luchador capaz de afrontar cualquier derrame… pero en cuestión de aguas mayores la cosa cambia y el que antes presume ahora se consume. Venía mirando el relojito de las narices con la sensación de que el chisme estaba mal, los segundos no parecían segundos y los minutos no parecían… eso, sesenta segundos. En Barcelona, será por aquello del meridiano, el tiempo iba mas rápido… el chicle reseco de la butaca frente a mi era la asquerosa imagen daliniana de lo informe que es el tiempo. Yo iba con eso, chupando un caramelo para pensar en todas las cosas que el chute de glucosa inspirase a mis neuronas, y es que dicen que el que no quiere sentir el dolor del interior se auto inflinge dolor en el exterior… dicen mal, porque lo del chicle no ayudó en nada mas que aumentar el sofoconzazo. Ni que decir tiene que cuando el conductor paro su monstrovolumen yo acogí la iniciativa con optimismo, me levanté de un respingo y casi no noté el golpe con el brazo levadizo de el asiento del pasillo. La gente que todo lo curiosea y siempre esta a todo y esta a nada me daban palmaditas en la espalda y me preguntaban, ¿Qué tal chaval? Se te nota mala cara, a ver si con el aire…

Tras diez minutos de cola atranque la puerta… el higiénico estaba tan desaparecido como sucio el trono del señor Roca. Paso de todo y dejo el regalito, y es que el hombre nació del barro. El vértice apenas traga la isla del mar caribe del mar de los sargazos (Un hurra por Don Clinex)… Mientras abro la ventana, respiro… sobran las palabras y me lavo las manos, el siguiente que apechugue… en el fondo al abrir la ventana les hago un favor, otros harían menos si les hubieran aporreado la puerta en esas circunstancias… dichosas prisas. Embotono subo y cierro ¿todo bien? Miro al espejo, el que entró hace un cuarto de hora y el que sale son dos hombres distintos.

Al subir al ómnibus y librarme de un frío que raspa la gente me espera con sus ojitos clavados y el conductor de pómulos sonrojados por esperar con la puerta abierta me reprende con un ¿Qué tal estaba el plato combinado?... (¡Para combinados estaba yo!) Le regalo una sonrisa y una frase, ¿qué tal el chupito para quitar el frío?... y continuamos.



Paso del frío al calor, y luego a un sudor que se me queda frío…. Dichoso aire acondicionado… no me viene bien, me revuelvo, dentro de mi se reanuda un proceso doloroso… el tiempo adquiere otra vez sus propiedades elásticas y yo no aguanto mas… tenemos que parar, debemos parar… aviso al conductor… le digo, es la hora del carajillo… me dice que no con un gesto a lo Carlos Sobera, alguien debería atar a esa ceja. Le digo que es necesario y busco los cuartos para invitarle al chupito o a la botella, me detiene y me pide que vuelva al asiento, que en un cuarto de hora volveremos a parar cinco minutos, pero sólo cinco.

Un cuarto de hora eterno. Paramos. Salgo corriendo y el conductor me advierte que en cinco minutos esté o no esté se va (¿por el este?) nadie mas baja. Corro a una cafetería y sin pedir nada entro. Omito lo que encontré por se parecido a lo que dejé. Miro al reloj… el tiempo otra vez se expande… se expande… se expande… hasta el extremo de estar parado y no saber exactamente el tiempo consumido ¡me c*** en la pila del señor Galvan!. Salgo como una exhalación. Voy a donde el bus, me subo pero me equivoco, el conductor no es el mío, la gente no es la misma y el autocar es otro… tres de tres.

El autocar al que me había subido estaba aparcado donde había aparcado mi autocar, y mi autocar no estaba… el conductor se había ido… ¡se había ido!

Me estremezco al oír un pitido de autocar, solo faltaba que me atropellasen, maldigo mi estampa y me echo a un lado fuera del tráfico rodado; no estaba en mi plan perder el billete de vida además del de vuelta. El autocar que me ha pitado abre su puerta y un señor de sonrojadas mejillas se ríe… cuando subo al autocar, a mi autocar, se llena de hilaridad riendo la broma pesada; incluso yo me río a coro, aunque bastante más bajito.

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