Hubo una época en nuestra infancia donde se puso de moda levantarse temprano los sábados para ver la tele. Era un momento de libertad en nuestro universo infantil, unas horas donde mandabas de algo. Y no de cualquier cosa. Mientras tu familia dormía, te instalabas en el mejor sitio del sofá y te apoderabas del electrodoméstico más importante de la casa: la tele era tuya.
Los avispados programadores televisivos debían intuir este anhelo infantil por ser mayor y mandar de la tele. Aprovechaban para llenar la parrilla de series para niños, aderezadas con su buena dosis de publicidad para los más pequeños (¿no creéis que deberían prohibir los anuncios especialmente dedicados a los chiquillos? En fin, este es otro tema).
El caso es que esas horas en soledad de cara a la tele han sido parte importante de nuestra cultura popular. Sin olvidar momentos más ortodoxos de consumo televisivo, como la merienda mientras veías una serie detrás de otra. Aquellos sándwich de Nocilla, aquellos bocadillos de mortadela con la silueta de la cabeza de Mickey Mouse en color más claro (en mi casa esta mortadela sólo se compró una vez, pero me impactó lo suficiente como para recordarlo hoy).
Las series para niños y sus míticas sintonías siguen siendo muy recordadas cuando uno crece. Hoy en día es muy frecuente oír entre la gente de 20 años que los pequeños de ahora ven dibujos que no valen nada en comparación a los nuestros. No sé si esto es así, o es que nos estamos haciendo viejos y cualquier tiempo pasado ya nos parece mejor.
Sea como sea, ¿a quién no le apetece volver a tener 8 años y sentarse a ver su serie favorita? Aquí no te podemos volver a hacer pequeño, pero si te podemos recordar las series que te apasionaban.
SALTO EN EL TIEMPO... hasta tus SERIES INFANTILES!
