Prefacio al epílogo
Esta no es la cuarta y última parte. Es sólo un pequeño zaguán, una antesala.
Hoy me he levantado con una sonrisa. Sintiendo aún los dedos del cuerpo en mi espalda. Sus manos fueron ayer enredaderas y su aliento palió mi sed. Anclé sus piernas a la cama, mientras él enterraba su cabeza en la almohada. De mi boca dejé caer el sedal, para tirar de él y llevarle hacia el camino de las estrellas.
Parecía una fiera atada con cadenas, su cuerpo se movía debajo de mí, y mi piel hacía de enredadera de su piel. El calor y la energía, se traspasaba de uno a otro y nos hacía una única persona. Tras la tempestad, creo que encontró un lugar donde dormir sobre mi espalda, con sus manos en mi cintura y su respiración haciéndose hueco entre mi pelo.
Hoy “el cuerpo” ha sido mío. Más mío que nunca. Aunque él aún no lo sepa, no será nunca así de nadie. No encontrará a nadie que le quiera como yo, que le devore como yo. Aunque no estoy preparada para contestar si esto es bueno o malo.
A mi alrededor lágrimas. Tres puntos que forman una constelación, tres historias distintas que son una misma.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
“Amor mío”:
No me hagas seguirte. Porque te llevaré al rincón más oscuro y lo iluminaré con mi deseo. No me tientes, porque cada vez tienes menos escapatoria. Porque yo mando, y ahora eres tú quien se rinde a mis sábanas.
A veces dudo si me amas, y dudo aún más si me deseas. La duda dura tanto como dura tu mirada al suelo. En cuanto levantas los ojos me desvelas lo que quiero escuchar, lo que quiero leer. Descúbrete cuerpo. Te he dado vida, y ahora te hago libre. Libre para elegir si me amas, si me deseas, si quieres explorar mi cuerpo, y darme ese primer y último beso que está aún por nacer. Descubre mis lunares, uno al lado de mi epicentro, otro tras mi hombro, una luna cicatrizada en mi pierna, y una quemadura entre mis pechos. Átame a ti, que viene un terrible abismo donde del silencio tendré que adivinar qué es lo que deseas. Átame, marca tus besos con fuego. Desnuda tú alma y desnúdame. Márcame.
Hoy me he levantado con una sonrisa. Sintiendo aún los dedos del cuerpo en mi espalda. Sus manos fueron ayer enredaderas y su aliento palió mi sed. Anclé sus piernas a la cama, mientras él enterraba su cabeza en la almohada. De mi boca dejé caer el sedal, para tirar de él y llevarle hacia el camino de las estrellas.
Parecía una fiera atada con cadenas, su cuerpo se movía debajo de mí, y mi piel hacía de enredadera de su piel. El calor y la energía, se traspasaba de uno a otro y nos hacía una única persona. Tras la tempestad, creo que encontró un lugar donde dormir sobre mi espalda, con sus manos en mi cintura y su respiración haciéndose hueco entre mi pelo.
Hoy “el cuerpo” ha sido mío. Más mío que nunca. Aunque él aún no lo sepa, no será nunca así de nadie. No encontrará a nadie que le quiera como yo, que le devore como yo. Aunque no estoy preparada para contestar si esto es bueno o malo.
A mi alrededor lágrimas. Tres puntos que forman una constelación, tres historias distintas que son una misma.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
“Amor mío”:
No me hagas seguirte. Porque te llevaré al rincón más oscuro y lo iluminaré con mi deseo. No me tientes, porque cada vez tienes menos escapatoria. Porque yo mando, y ahora eres tú quien se rinde a mis sábanas.
A veces dudo si me amas, y dudo aún más si me deseas. La duda dura tanto como dura tu mirada al suelo. En cuanto levantas los ojos me desvelas lo que quiero escuchar, lo que quiero leer. Descúbrete cuerpo. Te he dado vida, y ahora te hago libre. Libre para elegir si me amas, si me deseas, si quieres explorar mi cuerpo, y darme ese primer y último beso que está aún por nacer. Descubre mis lunares, uno al lado de mi epicentro, otro tras mi hombro, una luna cicatrizada en mi pierna, y una quemadura entre mis pechos. Átame a ti, que viene un terrible abismo donde del silencio tendré que adivinar qué es lo que deseas. Átame, marca tus besos con fuego. Desnuda tú alma y desnúdame. Márcame.
(SIN) EL CUERPO
Camino por las calles. Acaba de amanecer y las farolas aún están encendidas. Hace frío, aunque aún conservo en mi piel el calor y el olor del “cuerpo”. Llego a casa y casi a tientas subo las escaleras. Me meto en el cuarto de baño y comienzo a quitarme la ropa, que después de la libertad de la desnudez y las sábanas, sentía como barrotes de una celda. A pesar de mi timidez nunca he tenido reparo en desnudarme ante ojos extraños. Siempre que he sentido en ellos un destello de deseo, mi cuerpo ha ido moviéndose al compás de su mirada. Ahora me desnudo sola, con mis ojos como únicos testigos del espectáculo.
La ropa empieza a caer al suelo, y mientras cae deja el rastro de un aroma que ya siento mío. Abro los grifos de la bañera, necesito purificarme, no quiero que quede en mí ni una gota de nada que se parezca a amor. No quiero enamorarme cuando sé que no sería justo para nadie.
En mi mente varias escenas.
-- Duerme conmigo esta noche – aún escuchaba decir al cuerpo.
-- No puedo verte, pero no me olvides, por favor, porque yo pienso en ti – le dije en un arranque de sinceridad
--Yo también pienso y pensaré en ti -- y mientras me lo decía me besaba dulcemente.
Metí mi cuerpo herido en la bañera. Después de todo venía de librar no una, sino sendas batallas. Fui sumergiéndome poco a poco, hasta que mi piel quedó oculta bajo el agua y la espuma. Solamente algunas partes de mi cuerpo quedaban aún por encima del nivel del agua. Fácil adivinar cuales. Recliné la cabeza y comencé a hundirla, sintiendo el agua caliente desinfectando mis heridas. Suavemente limpié mi piel, que brillaba más que nunca, el cuerpo le había borrado su color gris a besos, aunque también había dejado zonas enrojecidas que ahora me hacían sonreír. Le imaginé ahí frente a mí, observando la escena. Le imaginé sumergiéndose en el agua, desapareciendo a mi vista, pero no a mi tacto. Buceando en mis profundidades. Cubriéndome como la espuma…Pensé en el sabor de sus besos descarnados, en sus labios… Me imaginé cubriéndole los ojos con un vendaje. Sus manos bailaban por mi cuerpo, sus labios se entreabrían buscando mi lengua y de vez en cuando también algo de oxígeno. Soñé despierta con el cuerpo y desee que estuviera pensando en mí. El agua se movía a mi alrededor, en pequeños remolinos, y mi pelo cubría y descubría mi piel bañada por el agua y también por el recuerdo de sus caricias.
Dulce tortura.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Esa misma noche volví a salir, buscando desesperadamente el calor de otros cuerpos, siendo infiel a mi misma, intentando disfrazar la realidad. Cualquier excusa era buena. Ambiente distendido, tranquilo e íntimo. Una velada que no pude rechazar y donde sabía tendría oportunidad de superponer emociones nuevas con otras viejas. Sabía que era objetivo desde que entré por la puerta, cuando vi a uno de mis otros cuerpos. Hice que bebía para tener coartada y poder perder las formas, pero no bebí ni una gota. Todo se fue a diversos lugares, pero nunca a mi estómago. Había más cuerpos, ninguno igual a ti, pero apreciablemente agradables. Gratos olores, pieles de colores distintos, ojos dulces y manos aparentemente hábiles. Y sobre todo palabras, palabras que se cambiaban por besos. El maravilloso juego de la seducción en el que caigo una y otra vez para sentirme viva y ahora para huir de ti.
Me llevó a una habitación y yo me dejé creer ingenua. Me acorraló contra la pared y se quedó a un milímetro de mi boca, quizás esperando a que yo le besara. No lo hice. Aún así, hubo beso. Su sabor era distinto, pero no sabría explicarlo. Me agarró por la cintura y comenzó a empujarme. Caminé de espaldas hasta que topé con algo. Una cama. Se abalanzó sobre mí y mis manos fueron solas, igual que mi mente, que pensaba en … ti.
Comenzamos a desnudarnos, yo casi por inercia. Me hizo una plegaria.
Resbalé hasta llegar donde me pedía. Ya sabes en lo que pensaba. Cada vez me encontraba más nerviosa, con el corazón yendo más deprisa, cada vez más ansioso de correr a tu lado. Cerré los ojos e imaginé que era tu cuerpo, imaginé tu sonrisa, imaginé tus manos accediendo a mis secretos.
--Espera –escuché – para
--¿Qué pasa? -- pregunté
--Dímelo tú. ¿Dónde estás?
Me levanté y volvimos al salón. Me abrazó y volvimos de la mano.
Prometí que iba a llamarte. No lo hice. Ahora te lo cuento. Callas, como siempre en un silencio que me confunde. No sé qué piensas, qué sientes. A veces me pregunto si eres cuerpo o eres alma. A veces necesito dejar de llamarte cuerpo y llamarte simplemente “mi amor”.
La ropa empieza a caer al suelo, y mientras cae deja el rastro de un aroma que ya siento mío. Abro los grifos de la bañera, necesito purificarme, no quiero que quede en mí ni una gota de nada que se parezca a amor. No quiero enamorarme cuando sé que no sería justo para nadie.
En mi mente varias escenas.
-- Duerme conmigo esta noche – aún escuchaba decir al cuerpo.
-- No puedo verte, pero no me olvides, por favor, porque yo pienso en ti – le dije en un arranque de sinceridad
--Yo también pienso y pensaré en ti -- y mientras me lo decía me besaba dulcemente.
Metí mi cuerpo herido en la bañera. Después de todo venía de librar no una, sino sendas batallas. Fui sumergiéndome poco a poco, hasta que mi piel quedó oculta bajo el agua y la espuma. Solamente algunas partes de mi cuerpo quedaban aún por encima del nivel del agua. Fácil adivinar cuales. Recliné la cabeza y comencé a hundirla, sintiendo el agua caliente desinfectando mis heridas. Suavemente limpié mi piel, que brillaba más que nunca, el cuerpo le había borrado su color gris a besos, aunque también había dejado zonas enrojecidas que ahora me hacían sonreír. Le imaginé ahí frente a mí, observando la escena. Le imaginé sumergiéndose en el agua, desapareciendo a mi vista, pero no a mi tacto. Buceando en mis profundidades. Cubriéndome como la espuma…Pensé en el sabor de sus besos descarnados, en sus labios… Me imaginé cubriéndole los ojos con un vendaje. Sus manos bailaban por mi cuerpo, sus labios se entreabrían buscando mi lengua y de vez en cuando también algo de oxígeno. Soñé despierta con el cuerpo y desee que estuviera pensando en mí. El agua se movía a mi alrededor, en pequeños remolinos, y mi pelo cubría y descubría mi piel bañada por el agua y también por el recuerdo de sus caricias.Dulce tortura.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Esa misma noche volví a salir, buscando desesperadamente el calor de otros cuerpos, siendo infiel a mi misma, intentando disfrazar la realidad. Cualquier excusa era buena. Ambiente distendido, tranquilo e íntimo. Una velada que no pude rechazar y donde sabía tendría oportunidad de superponer emociones nuevas con otras viejas. Sabía que era objetivo desde que entré por la puerta, cuando vi a uno de mis otros cuerpos. Hice que bebía para tener coartada y poder perder las formas, pero no bebí ni una gota. Todo se fue a diversos lugares, pero nunca a mi estómago. Había más cuerpos, ninguno igual a ti, pero apreciablemente agradables. Gratos olores, pieles de colores distintos, ojos dulces y manos aparentemente hábiles. Y sobre todo palabras, palabras que se cambiaban por besos. El maravilloso juego de la seducción en el que caigo una y otra vez para sentirme viva y ahora para huir de ti.
Me llevó a una habitación y yo me dejé creer ingenua. Me acorraló contra la pared y se quedó a un milímetro de mi boca, quizás esperando a que yo le besara. No lo hice. Aún así, hubo beso. Su sabor era distinto, pero no sabría explicarlo. Me agarró por la cintura y comenzó a empujarme. Caminé de espaldas hasta que topé con algo. Una cama. Se abalanzó sobre mí y mis manos fueron solas, igual que mi mente, que pensaba en … ti.
Comenzamos a desnudarnos, yo casi por inercia. Me hizo una plegaria.
Resbalé hasta llegar donde me pedía. Ya sabes en lo que pensaba. Cada vez me encontraba más nerviosa, con el corazón yendo más deprisa, cada vez más ansioso de correr a tu lado. Cerré los ojos e imaginé que era tu cuerpo, imaginé tu sonrisa, imaginé tus manos accediendo a mis secretos.
--Espera –escuché – para
--¿Qué pasa? -- pregunté
--Dímelo tú. ¿Dónde estás?
Me levanté y volvimos al salón. Me abrazó y volvimos de la mano.
Prometí que iba a llamarte. No lo hice. Ahora te lo cuento. Callas, como siempre en un silencio que me confunde. No sé qué piensas, qué sientes. A veces me pregunto si eres cuerpo o eres alma. A veces necesito dejar de llamarte cuerpo y llamarte simplemente “mi amor”.
EL CUERPO II
El cuerpo estaba ahora despierto. Sin embargo, aún no podía hablar, su respiración entrecortada denotaba que su corazón aún seguía luchando entre el deseo y el deleite. El campo de batalla era desolador, nada quedaba en su sitio, a nuestro alrededor las bajas del choque de dos ejércitos que habían combatido hasta la extenuación.
No quería irme, pero sabía que mi tiempo se había acabado. Ya no tenía sentido que permaneciese en su cama. Me levanté y le dirigí una última mirada.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hacía unas horas el cuerpo me había hablado sin mover los labios que yo había violado hacía tan poco tiempo. Con palabras mudas, nunca escritas, no había dicho ni alto ni claro, algo que no por ello había sido menos pronunciado.
Werden wir wieder zussamen schlafen? – dijeron sus ojos poco después de despertar. Palabras nunca pronunciadas ni en ese idioma ni en ninguno. Lo hubiese dicho como lo hubiese dicho, lo habría entendido, porque sabía lo que iba a preguntarme mucho antes de que él mismo lo supiera.
Mi respuesta tampoco fue pronunciada. Fue consumida, saboreada y gozada, pero jamás proferida.
Ahora sus ojos volvían a preguntarme: Werden wir wieder zussamen schlafen?
No hubo respuesta.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Nada más despertar me había encontrado con tus ojos, frente a frente, y no pude ignorar lo que me preguntaban. Te miré y sabiendo la tristeza contenida en la respuesta, elegí besarte, en lugar de contestar. Algo frío rozó mi rostro y sobresaltada abrí los ojos, una lágrima estaba surcando tu mejilla y, por ende, la mía. Mis labios se entreabrieron y fueron continente de todo un océano encerrado en una gota de lluvia.
Te sequé esa lágrima con mis besos, y como no sabía hacer otra cosa que amarte, decidí desarmarte de tu pena, desnudándote de cada uno de tus pensamientos, que fueron cayendo uno a uno sobre la alfombra. Verdadera necesidad de ver tu piel desnuda, pálida como la cáscara de la luna. El placer de desnudarte me estaba volviendo loca. No pararía hasta ver el cuerpo que hacía poco más de seis horas amé y que, sin embargo, ya echaba de menos y ansiaba de nuevo con más pasión que antes. Acceder a tus rincones, volver a tocar y notar crecer entre mis dedos tu excitación. Perderme en tu sabor, probarte lentamente hasta ahogarme en tu esencia. Estaba huyendo, pero en lugar de correr te besaba, cada vez más rápido y más intenso, irracional y salvaje. Mis dientes se quedan enganchados a tus labios, tanto que te muerden. No pienso bajarte la luna esta noche, pienso subirte a-Marte.
Me metamorfosee en un abrazo, y mi cuerpo envolvió al tuyo como un papel a un caramelo. Cuando quise darme cuenta estaba encima de ti, con mis brazos y mis piernas apoyadas a ambos lados de tu figura, convirtiendo mi cuerpo en tu celda. Mi mirada parecía provocarte a intentar huir, sólo para demostrarte que no había escapatoria. Mis ojos veían pecado y mis labios recorrían tus hombros desnudos. Escalón a escalón, beso a beso, subí por tu cuello, vampiro embriagado del sabor de tu cuerpo. Al llegar a tu mejilla te beso, un beso inocente, de cariño entre tanto deseo. Cambio de ritmo. Te miro, y te beso tus ojos cerrados. Te echaría de menos aún sin conocerte. Te echaré de menos cada día de mi vida.
Mis manos bajaron resbalando escurridizas por entre tus piernas. Te dejas hacer y yo no dejo de hacerte. Llevo hasta ahí mis labios, y mis cabellos reposan sobre tu estómago. Me convierto en energía pura. Mis mejillas vuelven a mojarse, aunque ahora ya no lloras. Gritas. Vuelves a gritar, desgarrando el silencio sólo roto por nuestros alientos. Sigo sin parar. Tendrás que pararme.
Mi cuerpo ardía en fiebre. Amazona de nuevo armada con besos por espadas y caricias por escudo. Me voy incorporando, y la sábana resbala por mi espalda y queda adherida a mi cintura. Me clavaste una lanza, dulce dolor convertido en puro placer. Me rendí a ti porque ninguna otra cosa te habría provocado más goce en ese momento. Te dejé llevar la iniciativa, agarrándote de las muñecas para que no olvidases quien mandaba. Y, cuerpo a cuerpo comenzamos de nuevo el camino.
-- Nunca te tendré tan cerca – pienso -- Dentro de mi misma. Confundiendo pieles y sabores. Un solo cuerpo: el nuestro. Una sola pregunta sin contestar: Werden wir wieder zussamen schlafen?.
No quería irme, pero sabía que mi tiempo se había acabado. Ya no tenía sentido que permaneciese en su cama. Me levanté y le dirigí una última mirada.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hacía unas horas el cuerpo me había hablado sin mover los labios que yo había violado hacía tan poco tiempo. Con palabras mudas, nunca escritas, no había dicho ni alto ni claro, algo que no por ello había sido menos pronunciado.
Werden wir wieder zussamen schlafen? – dijeron sus ojos poco después de despertar. Palabras nunca pronunciadas ni en ese idioma ni en ninguno. Lo hubiese dicho como lo hubiese dicho, lo habría entendido, porque sabía lo que iba a preguntarme mucho antes de que él mismo lo supiera.
Mi respuesta tampoco fue pronunciada. Fue consumida, saboreada y gozada, pero jamás proferida.
Ahora sus ojos volvían a preguntarme: Werden wir wieder zussamen schlafen?
No hubo respuesta.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Nada más despertar me había encontrado con tus ojos, frente a frente, y no pude ignorar lo que me preguntaban. Te miré y sabiendo la tristeza contenida en la respuesta, elegí besarte, en lugar de contestar. Algo frío rozó mi rostro y sobresaltada abrí los ojos, una lágrima estaba surcando tu mejilla y, por ende, la mía. Mis labios se entreabrieron y fueron continente de todo un océano encerrado en una gota de lluvia.
Te sequé esa lágrima con mis besos, y como no sabía hacer otra cosa que amarte, decidí desarmarte de tu pena, desnudándote de cada uno de tus pensamientos, que fueron cayendo uno a uno sobre la alfombra. Verdadera necesidad de ver tu piel desnuda, pálida como la cáscara de la luna. El placer de desnudarte me estaba volviendo loca. No pararía hasta ver el cuerpo que hacía poco más de seis horas amé y que, sin embargo, ya echaba de menos y ansiaba de nuevo con más pasión que antes. Acceder a tus rincones, volver a tocar y notar crecer entre mis dedos tu excitación. Perderme en tu sabor, probarte lentamente hasta ahogarme en tu esencia. Estaba huyendo, pero en lugar de correr te besaba, cada vez más rápido y más intenso, irracional y salvaje. Mis dientes se quedan enganchados a tus labios, tanto que te muerden. No pienso bajarte la luna esta noche, pienso subirte a-Marte.
Me metamorfosee en un abrazo, y mi cuerpo envolvió al tuyo como un papel a un caramelo. Cuando quise darme cuenta estaba encima de ti, con mis brazos y mis piernas apoyadas a ambos lados de tu figura, convirtiendo mi cuerpo en tu celda. Mi mirada parecía provocarte a intentar huir, sólo para demostrarte que no había escapatoria. Mis ojos veían pecado y mis labios recorrían tus hombros desnudos. Escalón a escalón, beso a beso, subí por tu cuello, vampiro embriagado del sabor de tu cuerpo. Al llegar a tu mejilla te beso, un beso inocente, de cariño entre tanto deseo. Cambio de ritmo. Te miro, y te beso tus ojos cerrados. Te echaría de menos aún sin conocerte. Te echaré de menos cada día de mi vida.
Mis manos bajaron resbalando escurridizas por entre tus piernas. Te dejas hacer y yo no dejo de hacerte. Llevo hasta ahí mis labios, y mis cabellos reposan sobre tu estómago. Me convierto en energía pura. Mis mejillas vuelven a mojarse, aunque ahora ya no lloras. Gritas. Vuelves a gritar, desgarrando el silencio sólo roto por nuestros alientos. Sigo sin parar. Tendrás que pararme.Mi cuerpo ardía en fiebre. Amazona de nuevo armada con besos por espadas y caricias por escudo. Me voy incorporando, y la sábana resbala por mi espalda y queda adherida a mi cintura. Me clavaste una lanza, dulce dolor convertido en puro placer. Me rendí a ti porque ninguna otra cosa te habría provocado más goce en ese momento. Te dejé llevar la iniciativa, agarrándote de las muñecas para que no olvidases quien mandaba. Y, cuerpo a cuerpo comenzamos de nuevo el camino.
-- Nunca te tendré tan cerca – pienso -- Dentro de mi misma. Confundiendo pieles y sabores. Un solo cuerpo: el nuestro. Una sola pregunta sin contestar: Werden wir wieder zussamen schlafen?.
EL CUERPO
Abrí los ojos y me di cuenta al instante que ese no era mi techo. Esa no era mi cama. Esa no era mi casa. Me levanté y me quedé sentada. De repente una nausea me recorrió de principio a fin. Salí corriendo al pasillo y giré a la derecha hacia el baño. El baño no estaba ahí. Investigué puerta por puerta tan rápido como pude, hasta que lo encontré. Una vez dentro la nausea se había marchado. Me quedé pensativa. Comencé a recordar retazos de la noche anterior. Volví a la cama donde me había despertado y bajo las mantas atisbé un bulto. Levanté lentamente las sábanas y ahí estaba, efectivamente, un cuerpo. Me quedé mirándolo. Estaba inmóvil. Podría haberme ido en ese momento, podría haber hecho infinidad de cosas, pero hice lo que realmente me apetecía en ese momento. Me metí debajo de las sábanas y me abracé al cuerpo para seguir durmiendo.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------
El agua cayó por mi cuerpo, perfilando con cada gota las curvas de mi figura. Una liberación, una catarsis, el nacimiento de Venus. Al salir de la ducha sentí tu presencia detrás de mí, abriste un albornoz de algodón que hizo de mi segunda piel. Al volverme me encontré de frente con tus ojos, con tu mirada encendida, diciéndome sin palabras lo que buscabas de mí.
--Hazlo ya – me dijiste casi implorando
Apoyé mis labios en los tuyos, aún sin besarte, sin hacer ningún movimiento. Te tuve ahí durante un segundo, el suficiente para que desearas más que nunca el beso que iba a venir. Mis labios atraparon entre ellos los tuyos y mi lengua los separó lentamente para encontrar el sabor de tu interior. Me dijiste que nunca te habían besado así. Mi mano te agarró por la nuca, no te iba a dejar escapar y ahora lo sabías, mi otra mano ayudó a desnudarte.
-- Espera – conseguí oírte decir entre gemidos – vamos a otro lugar.
-- No … aquí.
Te llevé contra la pared, sin escapatoria. Tu cuerpo rendido al mío. Noté tu excitación y no pude evitar abrir los ojos y mirarte sorprendida. Tu mirada, sobrecogida, pareció ruborizarse. Sonreí y continué acariciándote buscando erizar cada poro de tu piel. Te dibujé una y otra vez con mis manos y fui allá donde habita tu perdición. Me acurruqué entre tus piernas, me hice sitio para sentirnos. Mis besos resbalaron desde tu cuello hasta tus pies, mis labios rodaban más allá de la fuerza de la gravedad, y mi lengua bosquejaba un camino prohibido. Besos, labios, y de vez en cuando dientes que se escapan en un arranque imparable de pasión.
--Dejará marca – constaté tomando cierta perspectiva
Dejé caer el albornoz al suelo y me regalé a ti, mis cabellos escondían parte de mi cuerpo. Te cogí la mano y la llevé a mí, allá donde sabía que tú querías. Me sabes complaciente, busco tu placer sobre cualquier otra cosa y nada me detiene. Amante incansable. Buceando en tu cuello perdí mi aroma, me perdí en el tuyo. Hemos disipado toda prudencia. Fuego.
No puedo más – pienso -- No pares. Yo marco el ritmo, lo marca mi aliento. Hazme el amor lentamente, no tengas piedad ni compasión de mí.
Busqué encajarme contigo, una máquina perfectamente engranada, que no paraba de moverse como las olas del mar, arrastrándonos dentro y fuera de una espiral de sensaciones. Más y más, más velocidad, más movimiento, más fuerza, tu voz taladrando mi deseo.
Si supieras cuantas veces te imaginé así, si supieras cuantas veces me prohibí desearte, cuanto callé para no ser para ti tentación de un amor prohibido. Y no habrá segundas partes. Dormiré y cuando despierte me habré obligado a olvidarte. Serás para mi cuerpo sin nombre, que da calor y abrigo en noches frías y oscuras, un cuerpo más en una lista de nombres.
Podría haberme ido en ese instante, podría haber hecho infinidad de cosas, pero hice lo que realmente me apetecía en ese momento. Me metí debajo de las sábanas y me abracé al cuerpo para seguir durmiendo. Susurrando te dije una última cosa que creo nunca llegaste a oír:
-- Sálvame.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------
El agua cayó por mi cuerpo, perfilando con cada gota las curvas de mi figura. Una liberación, una catarsis, el nacimiento de Venus. Al salir de la ducha sentí tu presencia detrás de mí, abriste un albornoz de algodón que hizo de mi segunda piel. Al volverme me encontré de frente con tus ojos, con tu mirada encendida, diciéndome sin palabras lo que buscabas de mí.
--Hazlo ya – me dijiste casi implorando
Apoyé mis labios en los tuyos, aún sin besarte, sin hacer ningún movimiento. Te tuve ahí durante un segundo, el suficiente para que desearas más que nunca el beso que iba a venir. Mis labios atraparon entre ellos los tuyos y mi lengua los separó lentamente para encontrar el sabor de tu interior. Me dijiste que nunca te habían besado así. Mi mano te agarró por la nuca, no te iba a dejar escapar y ahora lo sabías, mi otra mano ayudó a desnudarte.
-- Espera – conseguí oírte decir entre gemidos – vamos a otro lugar.
-- No … aquí.
Te llevé contra la pared, sin escapatoria. Tu cuerpo rendido al mío. Noté tu excitación y no pude evitar abrir los ojos y mirarte sorprendida. Tu mirada, sobrecogida, pareció ruborizarse. Sonreí y continué acariciándote buscando erizar cada poro de tu piel. Te dibujé una y otra vez con mis manos y fui allá donde habita tu perdición. Me acurruqué entre tus piernas, me hice sitio para sentirnos. Mis besos resbalaron desde tu cuello hasta tus pies, mis labios rodaban más allá de la fuerza de la gravedad, y mi lengua bosquejaba un camino prohibido. Besos, labios, y de vez en cuando dientes que se escapan en un arranque imparable de pasión.
--Dejará marca – constaté tomando cierta perspectiva
Dejé caer el albornoz al suelo y me regalé a ti, mis cabellos escondían parte de mi cuerpo. Te cogí la mano y la llevé a mí, allá donde sabía que tú querías. Me sabes complaciente, busco tu placer sobre cualquier otra cosa y nada me detiene. Amante incansable. Buceando en tu cuello perdí mi aroma, me perdí en el tuyo. Hemos disipado toda prudencia. Fuego.
No puedo más – pienso -- No pares. Yo marco el ritmo, lo marca mi aliento. Hazme el amor lentamente, no tengas piedad ni compasión de mí.
Busqué encajarme contigo, una máquina perfectamente engranada, que no paraba de moverse como las olas del mar, arrastrándonos dentro y fuera de una espiral de sensaciones. Más y más, más velocidad, más movimiento, más fuerza, tu voz taladrando mi deseo.
Si supieras cuantas veces te imaginé así, si supieras cuantas veces me prohibí desearte, cuanto callé para no ser para ti tentación de un amor prohibido. Y no habrá segundas partes. Dormiré y cuando despierte me habré obligado a olvidarte. Serás para mi cuerpo sin nombre, que da calor y abrigo en noches frías y oscuras, un cuerpo más en una lista de nombres.
Podría haberme ido en ese instante, podría haber hecho infinidad de cosas, pero hice lo que realmente me apetecía en ese momento. Me metí debajo de las sábanas y me abracé al cuerpo para seguir durmiendo. Susurrando te dije una última cosa que creo nunca llegaste a oír:
-- Sálvame.
ININTEangeLIBLE
Doña Inés:
¿Qué le amo, dices?.... Pues bien,
si esto es amar, sí, le amo;
pero yo sé que me infamo
con esa pasión también.
(Páginas después...)
Don Juan:
Su amor me torna en otro,
regenerando mi ser,
y ella puede hacer ángel
de quien un demonio fue.
Don Juan Tenorio, José Zorrilla
El amor, libera y condena. Como Doña Inés y Don Juan. Uno perdio su alma, el otro la recuperó. El problema es que, como me dijeron una vez, si una persona sufre, para que otra no sufra.. la tragedia sigue existiendo, solamente ha cambiado el papel del protagonista. Y en caso como éste, los dos acaban siendo víctimas de su amor.
Amor, amor, amor. La palabra se queda atrapada en mis labios, he perdido el tren con destino tus brazos. Así tenía que ser. Caí en una trampa y tardé mi tiempo en salir de ella. Para cuando salí ya no estabas. No estuviste nunca. Te he perdido. ¿Dónde estás, amor?. Y ¿Dónde está mi ropa? La habré perdido junto al miedo...





