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Los ángeles lloran
La realidad es bruta, y la vida PUTA: Crónica de vidas ansiosas.
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¿Llorar?. Sí, pero de pie y ¡trabajando! - Alejandro Casona -
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NUESTRA CANCIÓN
Nos convertimos en niños, jugando lejos de casa. Me llevaste al cine sin moverme de la cama y aquella noche estrellada, sí, esa noche, te dormiste prendida de mi cintura con el aliento del deseo caminando entre mi pelo. Tu cuerpo estilizado bajo el pijama se enredaba entre el mío. Cuando desperté, tú cantabas:

Eu sei que vou te amar
Por toda a minha vida, eu vou te amar
Em cada despedida, eu vou te amar
Desesperadamente
Eu sei que vou te amar
E cada verso meu ser
Pr te dizer que eu sei que vou te amar
Por toda a minha vida

Eu sei que vou chorar
A cada ausncia tua eu vou chorar
Mas cada volta tua h de apagar
O que esta ausncia tua me causou
Eu sei que vou sofrer
A eterna desventura de viver
espera de viver ao lado teu
Por toda a minha vida


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Una vez lejos, nos enseñamos nuestros mundos. Vino a ver mi vida, tal como la dejé antes de entrar en aquel reducto del tiempo donde la casualidad nos hizo encontrarnos.

Delante de la pantalla una escena subida de tono apareció de la nada para mordernos y envenenar nuestro pensamiento. En aquella silla, yo había experimentado lo que ahora veían mis ojos entre dos cuerpos extraños, en aquella silla me habían ya besado... Se amaban y desnudaban como lo hacen dos amantes tras largo tiempo de conocerse, con la experiencia y las nociones de dos cuerpos que ya son amigos. Sabían exactamente donde tocarse, y en sus manos una alianza atando sus dedos se deslizaba por sus pieles atando a la vez sus cuerpos. Se besaban incansables, como si fuera por vez primera. Sus labios jugaban a estar encima, uno del otro, cerrados y entreabiertos. Sus salivas se confundían haciendo de sus sabores uno solo. Sus lenguas jugaban a beberse la vida de sus alientos. Un cuerpo se sentó en la cama, el otro sobre el otro y empezaron a embestirse mirándose profundamente y reflejando su reflejo, como el mar refleja el color del cielo, que iban a alcanzar. El sudor hacía brillar sus figuras y sus manos entrelazadas con fuerza imprimían el rojo pasión a la escena.

Mi respiración ante aquella escena se vio entrecortada, mi corazón se aceleró y recordé cómo allí mismo, hacia una eternidad o un segundo, alguien me besaba. Ella estaba ahora tras de mi y yo luchaba por esconder mi excitación, apretando las piernas y apoyando mis manos sobre ellas. Ningunos labios saben igual que otros – pensé. En ese preciso instante, sin darme cuenta cerré los ojos y noté con sorpresa que sus labios se apoyaban en mi cuello y sus brazos rodeaban mis hombros. Por un momento, mi mente confundió su nombre con el de tantos otros. Siguió besándome y provocando en mi millones de suspiros contenidos.

--¿Sabes lo que me apetece? -- me dijo – Hacer el amor hasta las cuatro de la madrugada
--¿Sólo hasta las cuatro?
--Pensándolo mejor… toda la noche.

Intenté resistirme al deseo, no era el lugar, no era el momento pero, no había opción a sus besos. Por un momento la vi vestida con aquel pijama azul de nuevo y la desee tanto o más que aquellas veces, cuando dormimos tras largo tiempo de desvelo. La cogí de la mano y le indiqué el camino para salir de aquel lugar y llevarla donde debía estar. Una vez allí, recobré un poco la razón e intenté ser la parte sensata de esta historia de amor.

--Has de dormir
--Estoy cansada…tengo sueño – dijo con una voz dulce y pausada, como la de una niña
--Estás todavía enferma y para colmo constipada, déjame traerte algo
--Algo caliente, por favor – le escuché en algo así como un susurro

Al volver se había metido en la cama, vestida y suavemente traté de incorporarla. La desvestí sin evitar la tentación de posarme sobre las partes de su cuerpo más ocultas.

--Espera – le dije para que no se asustara – voy a echarte esto en el pecho y en el cuello, te hará bien.

Cogí un frasco del típico ungüento y mi mano sumergida en aquella pasta se deslizó por su pecho. Sus ojos se abrieron lentamente y sus pupilas fueron poco a poco in crecendo. Comenzó a mirarme casi al mismo tiempo que yo empecé a bajar haciendo de su pecho un plural delicioso. Sus pupilas no eran los únicas que crecían al paso de mis dedos y su palpitar fue una locura que me embriagaba sin remedio.

Con una mano desabrochó su pantalón y cogió y paró la mía, creo que me pedía tiempo. Sólo puedo decir que aquel ungüento se mezcló por entre nuestros cuerpos y mi boca bebió de sus adentros lo que nunca me había sabido tan dulce. En mi mente sonaba resonaba su voz en aquella noche que desperté entre sus brazos…hechos querencia desde aquel instante.

Eu sei que vou te amar
Por toda a minha vida, eu vou te amar
Em cada despedida, eu vou te amar…....
 
EL ESPÍRITU O LA PALOMA
Me dijiste: “gracias por mi premio”. No era suficiente. Y no quiero decir que con esto baste… pero mi voz se eleva y se hace prosa para darte a ti las gracias. A ti, por luchar, por arriesgar, por ser fuerte y no rendirte un día más. El mundo entero confabulado se rinde ante ti esta noche. Yo, he regresado. Gracias por esperarme,
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Cuando desperté no sabía donde estaba. Sólo veía un color, que apenas podría describir. Un tono que nunca antes había visto. Entre azul, verde y gris. Escuchaba sonidos confusos, voces, rostros poco nítidos que fueron tomando forma hasta tener sentido.
--Mamá…
Y de respuesta una sonrisa. Soy una chica afortunada.

Los días pasaban vestida de pijama, como los presos en su celda yo estaba en mi cama. Curioso porque en realidad no era la mía. Y mi madre empeñada:
--Hija, tú ponte guapa.
--¡Mamá! ¿No deberías decir ponte buena?
--También, pero hazme caso, ponte guapa.

Una luna, otra luna, pequeña, grande, enorme…¡completa! Agujeros en mi piel y una mano colgando que nadie apresaba. Miré mi brazo del color de la semana santa, miré mis dedos flotando en el aire y no los sentí más míos que el suelo que hacía más de una semana que no pisaba.
Conté los azulejos del techo, los del suelo, las ramas de los árboles que se veían desde las ventanas. Conté historias en silencio hasta que el silencio se vio roto por un murmullo que se convirtió en palabras. Al otro lado de la pared, al otro lado de mi universo, había vida y ahora gritaba.

Te oí hablar y me quedé enganchada a tu voz, aun cuando no distinguía qué decías en la distancia. Hablabas con alguien, alguien te hablaba. Y con el tiempo aprendí a distinguir tu voz de entre toda la maraña. Una noche te oí moverte y supe que estábamos solos, tú en tu silencio, yo en mi calma. Decidí desgarrar ambos y romper la pequeña barrera que nos separaba.
-- ¡Ey, los del quinto, dejad de armar escándalo con esa música demoníaca! ¡Domingueros! – dije golpeando el tabique y riéndome de mi propia gracia.
-- ¿Qué? – dijo tu voz, dirigiéndose por primera vez en dirección a mi alma.
-- ¿Hay algo con vida ahí al lado?
-- ¿A qué llamas tú con vida?
-- ¿A la comida de esta mañana? – y tu silencio me hizo imaginar una sonrisa en tus labios, en tu rostro sólo imaginado – Oye – continué – ¿puedes andar o tienes cables amarrados?
--Lo segundo, ¿y tu?
--Lo mismo

Cada noche y cada mañana, cuando nadie observaba, cuando todo estaba en silencio yo te hablaba y tú me hablabas. Las enfermeras desde el pasillo se reían y amenazaban con traer unas walkie-talkies para dejar de molestar a las momias que reposaban.

Hasta que un día me dormí y tardé en despertar más de lo que todo el mundo esperaba. No sé cuantas lunas pasaron, ni cuantas noches te tuve en silencio, sin contestar a tus llamadas. Y, cuando yo quise, cuando estaba preparada abrí los ojos para ver el mismo color que vi la otra vez y que todo lo rodeaba. Entre el color y los destellos vi una figura iluminada por la luz de la ventana. Alguien estaba sentado en el sillón de al lado de mi cama.
--¿Cuerpo?
--Bueno, no lo tengo mal…
--¡Ey, eres mi voz, eres mi espíritu santo, mi paloma mensajera que ha atravesado el tabique y se ha posado junto a la ventana!
--¿Cómo sabes que soy yo si nunca antes me has visto?
--¿Quién más podrías ser? Una figura desconocida sentada en mi butaca..
--No sé si estaba ocupada
--Sí, por ti
--¿Vamos al cine esta noche? No tendrás que moverte, te llevaré volando si hace falta….