PARA ESTAR CUANDO NO ESTOY
Cuando notes que te falta el aire, cuando pienses que nada tiene sentido, cuando ninguna pieza del puzzle encaje y cada segundo se convierta en un cristal roto que se clava en tu piel, recuerda que estoy, que nunca me he ido. Sigo en tu cama, abrazándote con todo mi cuerpo, metamorfoseándome en un manto que te envuelve, sin dejar un resquicio de ti vulnerable al frío.
A cada paso, por más que te cueste darlo, acompaño a tu sombra, incluso cuando ésta ha huido. No te dejo ni un instante. Soy la voz del viento, soy cada rayo de sol que te toca, cada gota de lluvia que salpica, soy la sangre que te recorre las venas, y estoy en cada cosa que miras.
Estoy dentro de ti, y somos una sola alma que avanza con paso firme, haciendo frente a las inclemencias de un corazón que va más rápido que el tiempo. Te dibujo con mis besos la forma de mi alma en tu piel, para que puedas rozarla con las yemas de tus dedos y me sientas en ti.
Dejé mi sabor recorriendo cada uno de tus suspiros, y cuando hablas, tus palabras me llevan, porque tú ya me llevas contigo.
Sólo tienes que recordar respirar para tenerme a tu lado. Porque aquí, yo a tu lado y tu al mío, es como vivimos. Nada ni nadie consigue separarnos. Ni las alegrías ni las tristezas las vivimos sin nuestra mirada. Y sólo tengo que abrir y cerrar los ojos para verte antes y después de cada parpadeo. Porque dormida y también despierta te sueño y me acerco despacio para cogerte la mano y acompañarte en cada segundo de vida.
Aguanta, que a una palabra tuya yo te secuestro y te llevo a mi lugar favorito del universo. Sólo tienes que decir mi nombre y te llevaré a ese barco varado que pondrá rumbo a nuestros deseos. Y echará el ancla en una playa desierta, donde me tumbaré a tu lado y te hablaré sin romper el silencio. Aguanta, que todo pasa menos el sentimiento que nos une, para el que aún no se ha inventado nombre.
Te recitaré con voz suave los versos más bellos mientras te acaricio y poco a poco te duermo. Calma, mi vida, calma. Aguanta, que ya pasa. Agárrame más fuerte la mano, abrázame con más intensidad, aprieta los labios como si me tuvieras entre ellos, clava los pies firmes en la tierra y recuerda….no tengas miedo, vayas a donde vayas, yo voy contigo.
A cada paso, por más que te cueste darlo, acompaño a tu sombra, incluso cuando ésta ha huido. No te dejo ni un instante. Soy la voz del viento, soy cada rayo de sol que te toca, cada gota de lluvia que salpica, soy la sangre que te recorre las venas, y estoy en cada cosa que miras.
Estoy dentro de ti, y somos una sola alma que avanza con paso firme, haciendo frente a las inclemencias de un corazón que va más rápido que el tiempo. Te dibujo con mis besos la forma de mi alma en tu piel, para que puedas rozarla con las yemas de tus dedos y me sientas en ti.
Dejé mi sabor recorriendo cada uno de tus suspiros, y cuando hablas, tus palabras me llevan, porque tú ya me llevas contigo.
Sólo tienes que recordar respirar para tenerme a tu lado. Porque aquí, yo a tu lado y tu al mío, es como vivimos. Nada ni nadie consigue separarnos. Ni las alegrías ni las tristezas las vivimos sin nuestra mirada. Y sólo tengo que abrir y cerrar los ojos para verte antes y después de cada parpadeo. Porque dormida y también despierta te sueño y me acerco despacio para cogerte la mano y acompañarte en cada segundo de vida.
Aguanta, que a una palabra tuya yo te secuestro y te llevo a mi lugar favorito del universo. Sólo tienes que decir mi nombre y te llevaré a ese barco varado que pondrá rumbo a nuestros deseos. Y echará el ancla en una playa desierta, donde me tumbaré a tu lado y te hablaré sin romper el silencio. Aguanta, que todo pasa menos el sentimiento que nos une, para el que aún no se ha inventado nombre.
Te recitaré con voz suave los versos más bellos mientras te acaricio y poco a poco te duermo. Calma, mi vida, calma. Aguanta, que ya pasa. Agárrame más fuerte la mano, abrázame con más intensidad, aprieta los labios como si me tuvieras entre ellos, clava los pies firmes en la tierra y recuerda….no tengas miedo, vayas a donde vayas, yo voy contigo.
MALDITA
Ayer me dieron las buenas noches: Te quiero, maldita – me dijeron
¿Maldita, yo? SÍ. Maldita desde que me embrujaste con tu mirada. Maldita desde que tu voz se coló por mis adentros, recorriéndome como el veneno que sabía habría de matarme. Maldita, maldita desde entonces y hasta ahora.
¿Por qué? ¿Por qué querrías robarme mi alma? Que aunque herida, era mía. Y ahora, mi puto amor, mi alma duerme entre tus sábanas. ¿Por qué? ¿Por qué no me la devuelves? ¿Por qué no me olvidas y olvidamos que alguna vez nos amamos? ¿Por qué no todo silencio es olvido, ni toda ausencia distancia? ¿Por qué mi amor no se marcha con mis lágrimas?
Sé que querrías matarme, como Verlain a Rimbaud, para poder llorarme y liberarte de este amor que te aniquila cada día un poco más. Y te alejas, y te callas, pero nada consigue consumirlo ¿verdad? Yo sigo siendo el deseo en tus besos, sigo siendo la imagen imborrable en tus noches, sigo siendo el rostro de la luna y tú…. Tu sigues siendo mi maldición.
¿Perdida? Sí, estoy perdida…perdidamente endemoniada. ¿Cómo no voy a estar perdida si hiciste de tus brazos mi casa? ¿Quieres que paguemos? ¿Quieres que vivamos en el infierno? Pues ahí fijaré mi morada. Ahora bien, escucha lo que hoy te escribo, aunque sea por última vez. El amor es la peor de las maldiciones, y será nuestra condena. Lucha tanto como quieras, pero el amor que no es mentira, ese que no entiende de oportunismos ni momentos, perdura en el tiempo y en la distancia, sin que nada pueda destruirlo. Así que adelante, destruyámonos tú y yo, luchando contra lo inquebrantable. Porque a los pequeños amores el viento los apaga y a los grandes los enciende aún más. Y en lugar de una razón para extinguirse, es una razón para seguir viviendo.
Pagar, pagar…¿hasta cuando nos harás pagar nuestro pecado? ¡Recorre el camino más largo! ¡Piérdete en el dolor, sangra, grita, llora y desespérate! ¡Muere cada día y resucita en mi recuerdo, llorando en silencio una pena que no pasa! ¡Hazlo y destrúyeme de una vez! ¿A qué esperas? ¿Por qué callas? Dime de una vez que me amas y que quieres matarme, que yo misma me clavaré el puñal si hace falta, porque no muero de amor, muero de ti.
¿Maldita, yo? SÍ. Maldita desde que me embrujaste con tu mirada. Maldita desde que tu voz se coló por mis adentros, recorriéndome como el veneno que sabía habría de matarme. Maldita, maldita desde entonces y hasta ahora.
¿Por qué? ¿Por qué querrías robarme mi alma? Que aunque herida, era mía. Y ahora, mi puto amor, mi alma duerme entre tus sábanas. ¿Por qué? ¿Por qué no me la devuelves? ¿Por qué no me olvidas y olvidamos que alguna vez nos amamos? ¿Por qué no todo silencio es olvido, ni toda ausencia distancia? ¿Por qué mi amor no se marcha con mis lágrimas?
Sé que querrías matarme, como Verlain a Rimbaud, para poder llorarme y liberarte de este amor que te aniquila cada día un poco más. Y te alejas, y te callas, pero nada consigue consumirlo ¿verdad? Yo sigo siendo el deseo en tus besos, sigo siendo la imagen imborrable en tus noches, sigo siendo el rostro de la luna y tú…. Tu sigues siendo mi maldición.
¿Perdida? Sí, estoy perdida…perdidamente endemoniada. ¿Cómo no voy a estar perdida si hiciste de tus brazos mi casa? ¿Quieres que paguemos? ¿Quieres que vivamos en el infierno? Pues ahí fijaré mi morada. Ahora bien, escucha lo que hoy te escribo, aunque sea por última vez. El amor es la peor de las maldiciones, y será nuestra condena. Lucha tanto como quieras, pero el amor que no es mentira, ese que no entiende de oportunismos ni momentos, perdura en el tiempo y en la distancia, sin que nada pueda destruirlo. Así que adelante, destruyámonos tú y yo, luchando contra lo inquebrantable. Porque a los pequeños amores el viento los apaga y a los grandes los enciende aún más. Y en lugar de una razón para extinguirse, es una razón para seguir viviendo.
Pagar, pagar…¿hasta cuando nos harás pagar nuestro pecado? ¡Recorre el camino más largo! ¡Piérdete en el dolor, sangra, grita, llora y desespérate! ¡Muere cada día y resucita en mi recuerdo, llorando en silencio una pena que no pasa! ¡Hazlo y destrúyeme de una vez! ¿A qué esperas? ¿Por qué callas? Dime de una vez que me amas y que quieres matarme, que yo misma me clavaré el puñal si hace falta, porque no muero de amor, muero de ti.
CONDENAD@S
Me enfrento a la hoja en blanco y de tantas cosas que tengo que decirte no puedo escribir nada. Me has destruído para luego volver a armarme. Has hecho tambalear todos mis cimientos. Te has reído de Neruda, de Salinas...y los has sustituido por poetas tan malditos como tú y como yo. Me has enseñado a decir: "hij@ de puta" con la boca llena y el corazón palpitante. Con la destrucción ha llegado mi catarsis. Contigo me he reído de todo por lo que antes lloraba y he gritado aquello que lloraba en silencio. He aprendido que la verdad mata, pero hace libres, y eso aún cuando tú no crees en la libertad. Gracias a ti he descubierto que cuando ya no te queda nada, al menos tienes la tranquilidad de saber que no vives en el engaño.
"Estamos condenados a la libertad" dijo Sartre. Somos esclavos, precisamente por ser libres. Condenados a nuestros errores y a nuestras decisiones, añado yo. Sartre...debería argumentarse.
El peor de los pecados es mentirse a uno mismo, el principio para mentir a los demás. Mentir es de cobardes y yo nunca me he sentido tan valiente. La verdad os hará libre si tenéis el valor de preguntar.
Tu voz me quema, me produce un deseo inmenso cada vez que me dices que me quieres, porque creo que nunca nadie ha sido tan sincero al decírmelo. Me clavas la verdad como un puñal, aquel con el que escribiste mi nombre en la arena. Y eres tan valiente como para reconocer que tienes miedo, que algo te dice que mi pasado vendrá a buscarme y me llevará de tu lado.
El otro día intenté masturbarme, pensaba en ti, en tu voz y en tu cuerpo. Y, de repente, se coló en mi cabeza un recuerdo que no era tuyo. Lloré amargamente porque te estaba traicionando y me sentí preñada de la semilla del diablo.
Conozco tu sexo y por ahí quiero empezar a tragarte. Me sacas de quicio, pero hagas lo que hagas sólo puedo desearte. Con la boca abierta como mi alma desnuda quiero morder, lamer y gritar, introduciéndote en mi más si cabe.
Te digo que quiero follar contigo y me dices que tendré que enseñarte, porque conmigo sólo sabes hacer el amor. Me dices que tendré que violarte porque no eres capaz de pensar más que en abrazarme a la sombra de un cerezo, pero lo que no sabes es que no hay mayor abrazo que el sexo.
Como los vampiros se condenan y pierden su alma con el "Abrazo" yo perdí la mía cuando me acostumbré a dormir desnuda y despertar mojada contra tu piel.
Me he prohibido tocarme, no quiero serte infiel ni conmigo misma, no quiero otras manos que las tuyas dibujando mi piel. La quemaría con tu fuego para purificarla de otras manos que me han tocado antes de hacer parada en ti.
Más que nunca comprendo que nunca me han querido, y mientras esperaba que viniesen a salvarme, tú me condenaste. No te resignes a la tristeza.
"Estamos condenados a la libertad" dijo Sartre. Somos esclavos, precisamente por ser libres. Condenados a nuestros errores y a nuestras decisiones, añado yo. Sartre...debería argumentarse.
El peor de los pecados es mentirse a uno mismo, el principio para mentir a los demás. Mentir es de cobardes y yo nunca me he sentido tan valiente. La verdad os hará libre si tenéis el valor de preguntar.
Tu voz me quema, me produce un deseo inmenso cada vez que me dices que me quieres, porque creo que nunca nadie ha sido tan sincero al decírmelo. Me clavas la verdad como un puñal, aquel con el que escribiste mi nombre en la arena. Y eres tan valiente como para reconocer que tienes miedo, que algo te dice que mi pasado vendrá a buscarme y me llevará de tu lado.
El otro día intenté masturbarme, pensaba en ti, en tu voz y en tu cuerpo. Y, de repente, se coló en mi cabeza un recuerdo que no era tuyo. Lloré amargamente porque te estaba traicionando y me sentí preñada de la semilla del diablo.
Conozco tu sexo y por ahí quiero empezar a tragarte. Me sacas de quicio, pero hagas lo que hagas sólo puedo desearte. Con la boca abierta como mi alma desnuda quiero morder, lamer y gritar, introduciéndote en mi más si cabe.
Te digo que quiero follar contigo y me dices que tendré que enseñarte, porque conmigo sólo sabes hacer el amor. Me dices que tendré que violarte porque no eres capaz de pensar más que en abrazarme a la sombra de un cerezo, pero lo que no sabes es que no hay mayor abrazo que el sexo.
Como los vampiros se condenan y pierden su alma con el "Abrazo" yo perdí la mía cuando me acostumbré a dormir desnuda y despertar mojada contra tu piel.
Me he prohibido tocarme, no quiero serte infiel ni conmigo misma, no quiero otras manos que las tuyas dibujando mi piel. La quemaría con tu fuego para purificarla de otras manos que me han tocado antes de hacer parada en ti.
Más que nunca comprendo que nunca me han querido, y mientras esperaba que viniesen a salvarme, tú me condenaste. No te resignes a la tristeza.





