El porqué

Los días bailan en mi cabeza, no sé si fue ayer o antes de ayer… pero sé que salí por la mañana y era de noche y sé que volví de madrugada y volvía a ser de noche, porque algunos ángeles somos vampiros y algunos vampiros somos ángeles. Estuve escondiéndome entre las sombras de la noche, porque no quería que la luz del día descubriese mi alma y mi cuerpo rotos. Caminaba escondiéndome en callejones y columnas, detrás de palabras y sonrisas temerosas, demasiado asustada para contarme la verdad.
Tú me hiciste ángel un día. Me dijiste: Eres mi ángel. Y yo, que hasta entonces no había tenido alma, yo, que hasta entonces había sido un ser de tinieblas, asumí la orden sin cuestionarme nada. Te cuidé tanto como te dejaste cuidar, y estuve siempre y nunca donde te hacía falta. Revoloteando, a veces dejándome ver, a veces ocultando mi presencia. Hasta que llegó un momento en el que me evaporé como una gota de agua que cae en el desierto, y subí y subí y subí.
Y de repente volviste a aparecer en mi vida y me pediste ser ángel de otra persona. Me reí casi sin poder evitarlo, porque hacía tiempo que ya era de nuevo un ser de sombras y no podía aceptar la misión de cuidar a un desconocido. Me dejaste resbalar su teléfono y su dirección por mi piel, me susurraste mientras dormía su nombre, y antes de que me diera cuenta estaba expiando su dolor, y antes de que me diera cuenta él me había abierto el corazón con ganzúa.
Es todo culpa mía, todo es culpa mía. Y por eso anoche, o antes de anoche me escondía por la negrura de esta ciudad maldita que es Madrid. Se me había olvidado que los ángeles están condenados a estar solos, que tienen prohibido enamorarse, al igual que la gente se sienta en los bancos, pero los bancos no pueden sentarse. Y, sin embargo, o por eso mismo, los ángeles lloran.
Comentario:
Vaya, ¿quien tendrá tanta suerte de tener un ángel como tu?
Tc, ta, ya sabes...
P.D. Si fueras demonio daría igual, también me iría contigo.
Tc, ta, ya sabes...
P.D. Si fueras demonio daría igual, también me iría contigo.
Comentario:
Bueno, muy bueno. Nada que añadir, salvo que los angeles no lloramos, drenamos el dolor de otros, que se refugia en nuestras alas. Y bajar al averno es continuamente, tirando de manos alzadas. Lo malo de todo eso, es que a algunos se nos vuelven negras las alas, ya lo sabes.
Un puñado de plumas negras y un abrazo.
Un puñado de plumas negras y un abrazo.





