El árbol de la noche triste
Hoy he estado ante un árbol muy viejo, un luchador que soportó un cañón en una guerra por la libertad, y que ha aprendido a vivir muy lejos de su casa. Leyendo advertí que un antepasado suyo fue llamado el Arbol de la noche triste, donde Hernán Cortés por un momento bajó la guardia y lloró como solamente los grandes hombres y mujeres se permiten hacer.
Y a mi lado escuchaba la historia de una noche muy triste, una noche dura de tensiones, de lágrimas, de sollozos y de lamentos, donde también se libraba una batalla por la libertad. Yo recordaba, muchas otras noches tristes mías que tenía prohibido recordar. Noches de desesperación, donde el único sabor en mi boca era el de la sal que perdían mis lágrimas, arrastrándose por mi rostro, como imaginé que se habrían arrastrado por el semblante de mi confidente.
Dicen que las pesadillas no pueden salir de las noches en las que soñamos, pero ¿qué ocurre cuando las pesadillas son precisamente esas noches? ¿qué ocurre cuando la luz del alba nos encuentra escondidos entre nuestras sábanas empapadas de llanto y sudor?.
Esta tarde un ángel lloraba a mi lado, sin lágrimas y sin quejas, con el rostro enjuto y cansado, pero con una luz en la mirada que hacía tiempo que ya no tenía. Y yo no tenía suficientes brazos para abrazarla, ni suficientes besos para besarla, ni suficientes miradas para decirle: no te rindas, yo lucharé y lloraré contigo.
De regreso a mi cueva, en un tren que surcaba una noche sin estrellas, recordé la letra de una canción
Cuanto duele sentir
Que uno está perdido (…)
Recuerda lo que aquí un día perdiste
Yo soy el Árbol de la Noche Triste
Comentario:
Los milagros existen.
Para probarlo, con permiso de Descartes, voy a dudarlo. Puedo dudar de todo, pero la experiencia además de muchas cosa me deja una certeza: después de cada noche sale el sol. También después de las noches más tristes.
Es un milagro que en Madrid contemos con ese árbol superviviente. Un héroe vegetal que contempló, contempla y contemplará en silencio las azarosas idas y venidas de los habitantes de una ciudad cada vez + inhóspita (gracias, Gallardón) buscando un poco de paz... sólo un poco
de
paz
Las noches tristes son propicias para los encuentros con ángeles. Yo encontré uno en una de esas noches. Y empezó a salir el sol. Desde entonces me guarda y me guía, me cura y me cuida. Me reserva un banco para sentarnos, a salvo de aspersores y otros peligros. Una orilla de calma con un rayito de sol.
Gracias por ser mi ángel.
Gracias por cuidar el mylagro.
Gracias por ahí, allí y en todas partes.Continua nuestro abrazo eterno. ¿Que puedo hacer para alegrar tu noche?.
Para probarlo, con permiso de Descartes, voy a dudarlo. Puedo dudar de todo, pero la experiencia además de muchas cosa me deja una certeza: después de cada noche sale el sol. También después de las noches más tristes.
Es un milagro que en Madrid contemos con ese árbol superviviente. Un héroe vegetal que contempló, contempla y contemplará en silencio las azarosas idas y venidas de los habitantes de una ciudad cada vez + inhóspita (gracias, Gallardón) buscando un poco de paz... sólo un poco
de
paz
Las noches tristes son propicias para los encuentros con ángeles. Yo encontré uno en una de esas noches. Y empezó a salir el sol. Desde entonces me guarda y me guía, me cura y me cuida. Me reserva un banco para sentarnos, a salvo de aspersores y otros peligros. Una orilla de calma con un rayito de sol.
Gracias por ser mi ángel.
Gracias por cuidar el mylagro.
Gracias por ahí, allí y en todas partes.Continua nuestro abrazo eterno. ¿Que puedo hacer para alegrar tu noche?.





