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366 palabras para decir hasta septiembre
Aquí, en junio, y este año ha sido a finales, las gaviotas hacen sus nidos en los tejados de enfrente de mi casa. Con la llegada definitiva del calor, ellas continúan con su ciclo vital y nosotros nos despojamos de la ropa y nos tumbamos en la arena, mostramos nuestras vergüenzas y esperamos que el sol nos produzca un cáncer o, al menos, nos queme la piel (aquí, en esta ciudad, el agua está demasiado fría y casi nadie se baña). Desenterramos los bártulos, incluido el sombrero de paja, compramos un nuevo bañador porque el del año pasado está pasado de moda – en las REBAJAS, que acaban de empezar, ¡todo está tan barato!– y volvemos a tumbarnos frente al agua. Sacamos a pasear las glándulas mamarias con el objetivo lícito de demostrar que vivimos en un país libre y que poseemos un moreno uniforme. ¿Se ha dado cuenta? La mayoría ya está más morena que usted el primer día que baja a la playa. SOLARIUM. Yo prefiero la fruta del tiempo, aunque ahora se lleva la de invernadero, como también prefiero, ya se habrá notado, contemplar las gaviotas y, luego, sus polluelos. Esos primeros pasos, perplejos, sus primeros amagos de echar a volar bajo la atenta mirada de los progenitores, aterrorizados por la vertical de un cuarto piso sin ascensor, ignorantes de que, en septiembre, cuando esta ciudad vuelva a quedarse vacía y vuelvan a bajar las temperaturas, ellos/ellas volarán tan alto como un rascacielos, o más alto incluso, y se lanzarán estilo kamikaze sobre los barcos que regresan a puerto –no sobre los barcos, que aquí Hitchcock no tiene nada que ver– se lanzarán sobre el ronsel de los barcos (Ronsel, palabra bonita, somos palabras). Y luego reposarán la digestión sobre la arena o sobre los tejados que hay enfrente de mi casa y yo podré seguirlas/seguirles mirando. Pero la mayoría de ustedes se habrán ido, todos habremos vuelto al trabajo, las palabras volverán a juntarse y todo tendrá significado. O no, pero una cosa es segura: se habrá acabado el verano. Y ojalá yo siga mirando por esta ventana y ustedes me dejen contarlo.
No