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Carta a una amiga que escribe
Una tarde de domingo triste, como buscar la última página del Babelia y que Lobo no esté, así es el espacio-tiempo desde el que escribo esta tarde.
El ser humano tiene tendencia a creer que el presente representa. Todo ha debido de ser siempre así, como lo estoy viviendo, ni mejor ni peor, en cualquier caso: mejor (ya lo dijo el poeta). Antes sí que se valoraba la Literatura (¿?) Y entonces llegó mi gato. Luego vendrán los niños y tendré que correr por el jardín intentando que no rompan el suplemento antes de leerlo, que no pringuen el portátil, que duerman toda la noche de un tirón. Ella me querrá siempre como me quiere ahora y seré feliz como mientras escribo estas líneas. Pero distinto. La tarde está gris y por la ventana se escucha el sonido de las (recurridas) gaviotas. Sobre los tejados, las nubes me amenazan, empapadas. Y es domingo. Sé que tendré que salir a pasear y pasearemos hasta La Dársena, porque somos de costumbres.
Ya estamos allí, pido una cerveza entre el tintineo de los aparejos de esos barcos, como de mentira, que miran, miran continuamente las galerías, que son la cara turista de esta ciudad. Abro el libro y me sumerjo en esas entrevistas que has hecho y has publicado y ahora han vuelto a publicarte y me enternezco al leerte a Saramago junto a Pilar. Y a Elvira sigo sin entenderla, pero ¿qué más da? Sampedro me sigue pareciendo el abuelo más tierno del mundo (¡Cómo disfruté La sonrisa etrusca!), su esposa parece un encanto. Bebo. Hubiese sido mejor pedirme un café (como ha hecho ella, Laura por encima de todas). La temperatura sigue bajando y vuelvo a coger la libreta, pero ya no recuerdo por dónde iba… Ah, sí: ¿Periodismo o Literatura? Ambas con mayúsculas, como lo que tú haces, porque la vida es otra cosa y todos vamos en el mismo barco, cargados con los mismos miedos: la vida es una puta que en cuanto te agachas aprovecha para darte por el culo.
Conociste a Lobo -me lo has contado tú misma en una de esas noches de cena y buen vino- y ayer no tuvo una buena columna, todos tenemos un mal día y hoy me puso triste leer al maestro (¿recuerdas "De la muerte y otras niñerías"?) y ver que no daba la talla. Leo la dedicatoria que me hiciste el otro día. Los garabatos rápidos con los que Laura sonrió agradecida. Yo también te doy las gracias. Gracias. Apuro la cerveza, esta rubia de melena fría que se me clava en el estómago, donde se instalan las mujeres que quieres (el corazón es un músculo tonto, mecánico), por eso las vacas tienen cuatro estómagos ¿y las moscas? No sé, Elena, no sé decirte, ni cómo, que tanto Laura como yo, tenemos suerte de ser tus amigos. Y que esto de El oficio de amar se merecía un libro.
 
Comentario:
"Descubro" con placer un pasillo, desde otra ventana, para leer.

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