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Sindicación
 
Sábado en el centro comercial
Yo recomendaría la muy denigrada torre de marfil, no como prisión del escritor sino sólo como dirección estable, provista naturalmente de teléfono y ascensor por si a uno le apetece bajar un momento a comprar el periódico de la tarde o pedirle a un amigo que suba a jugar una partida de ajedrez, cosa ésta sugerida en cierto modo por la forma y la textura de la morada. Es un lugar fresco y agradable, con un inmenso panorama circular, y cantidades de libros y de aparatos prácticos. Pero antes de construirse uno su torre de marfil debe tomarse la inevitable molestia de matar algunos elefantes.
Vladimir Nabokov

Curso de literatura europea. Ediciones B. 1980

El sábado salté por la ventana, le fui infiel a mi librera y estuve en el cine. Hacía mucho tiempo que no hacía ninguna de las tres cosas. Quizá lo más triste fue lo de la infidelidad, pero no así lo más doloroso. ¿No me creen? Vayan a ver la película.
Todo el mundo piensa que ser infiel es algo divertido. A mí, no me pone. De verdad. Además, por si fuera poco, elegí el peor sitio que se puedan imaginar: un centro comercial, una gran superficie dentro de un centro comercial. Ella, mi librera, todavía no lo sabe. Todavía no sabe que le fui infiel, estoy tan nervioso, que no sé si consigo explicarme. El sábado, durante el acto, estuve tentado de mandarle un SMS, incluso me hubiese gustado cruzarme con algún conocido que corriera a contárselo y así evitarme el mal trago de tener que decírselo (yo mismo) o invitarle a que lo lea en estas líneas (lo cual me parece una cobardía que acabaré realizando).
La broma me costó 12 €, seis por cabeza.
Al principio tardé en ponerme. Había demasiada luz, las tapas duras, todas aquellas fotos mirándome… No sabía por dónde empezar. Por muchas veces que lo haya hecho, el primer acercamiento me sigue llenando de nervios el estómago, una sensación de montaña rusa, mezcla de peligro y placer... pero hay un momento, un instante distinto a todos los demás en el que ya no puedes volver atrás. Ese instante, una especie de clic cerebral para que me entiendan, marca que no hay retorno. Y ya, una vez que se tienen los pantalones bajados, no queda más que disfrutar de la experiencia e intentar sacar algo positivo de aquello. Lo cual (dicen) siempre es posible (¿qué sabrán ellos?). Tras un par de horas lo conseguí: en aquella montaña de papel higiénico con tapa dura, conseguí encontrar uno de Azcona y un Monterroso. La tarde estaba salvada. No los iba buscando, pero como les pasa a ustedes (a todos ustedes), acabé comprando (de eso se trata).
Una cajera, ni simpática ni lo contrario, más bien de plástico, pasó mi tarjeta de crédito por el lector y me hizo firmar un papel. Luego, entré en un sitio horrible y pequeño, al que el ruido y el tufo proveniente de los servicios lo hacían parecer todavía peor. Sencillamente, porque no había otra manera de hacer tiempo hasta la hora de la película. Si al menos hubiese encontrado un banco, o el suelo no estuviese tan sucio que daba asco pisarlo, no ya sentarse... Pensé que un poco de lectura (aún en ese antro) minimizaría la espera y me equivoqué. Una hora después, el café con hielo me costó 1.40 € (lo mismo que un paquete de un kilo importado de Brasil y tostado a mano por bellas indígenas comprado en el súper de debajo de mi casa) y no había conseguido avanzar ni una sola página.
Algo cabreado y con mal sabor de boca, salí y, cuando estaba a punto de bajar las escaleras para entrar al cine, vi una tienda de golosinas (están estratégicamente colocadas). Parecía que no todo iba a ser malo aquella tarde. Como antídoto a tanta amargura decidí tomar un chupachups, pero no uno cualquiera: uno de esos que tienen chicle por dentro y que cuando yo era joven (más joven) se llamban Kojak, como el célebre y calvo investigador privado. ¿Adivinan? Tuve que conformarme con una imitación (eso sí, Made in Alicante) ¿o es que ya nada es como antes?. A estas alturas ya no tenía fuerzas para preguntarle a la chica si ya no se fabricaban aquellas (ahora sí) añoradas bolas de caramelo con palo y corazón de chicle. Pagué (¡0.30 €!) y, por fin, me sumergí en la oscuridad de la sala.
De la película, mejor no hablemos.
 
Comentario:
Las pasiones como las borracheras, dejan grandes resacas; y el dolor es una experiencia que acartona el alma. Por eso, poco a poco, uno se va insensibilizando, retirando de las trincheras del mundo para ver como pasa la vida sin decirte nada. Todo transcurre hasta que un irresponsable mira más allá y descubre la morada de los genios, donde el placer y el dolor dejan de ser sensaciones y se funden en una misma emoción. Ahí te atrapa, porque el irresponsable no se conforma con su descubrimiento, también tiene que mostrártelo, y no de cualquier manera, claro; ha de hacerlo como ellos: genial.

Nos vemos después de la resaca, por si necesito pedirte explicaciones. Mientras tanto, conformate con la ¡enhorabuena! y un saludo.
 
Comentario:
Sigues demasiado pendiente de los números, cuando tú eres de letras: no se te dan bien. Además no te pega ese ramalazo machista: "...me costó 12€..." me preocupas.
 
Comentario:
Estoy segura...que son pequeños "placeres" de los que a veces se puede prescindir...pero entonces harían falta pero solo de vez en vez.

Un biko...:)biko azul
 
Comentario:
Para la siguiente pide el libro por internet, te preparas el café en casa, y ves la peli en tu televisión.
No