Aterrizo
Un avión aterriza cada treinta segundos y un autobús nos pasea por todas las pistas de aterrizaje (calientes, líquidas, cuando lo he pisado, como si el asfalto fuese un chicle pegado a mi suela número 42) y miro indiferente las caras de supositorio de los aviones. He llegado hasta aquí en un supositorio con alas, aunque podría haberse estrellado y que todo se acabase y este papel se hiciera cenizas y yo, aire. Pero confío en la ciencia, la misma ciencia que ha inventado la bomba atómica y móviles del tamaño de la palma de una mano.
Las ventanillas de la cabina de un supositorio están cubiertas con papel de periódico. Unos ingleses lo señalan y ríen. Ríen y lo señalan, unos ingleses de pelo blanco y piel rosada. Ríen mientras esperan de pie que abran las puertas del autobús y pisar el asfalto (como un chicle).
Y la verdad es que todo podía haberse acabado. Lo pensé (pensé que nunca llegaría a esta ciudad, que nunca volvería y menos sin ti, Laura. Y menos buscándote, Lau) cuando subía las escaleras del avión detrás de un gordo, obesidad mórbida, que zarandeaba una bolsa de deporte y no me asusté (porque sería un final menos doloroso) porque la llevaba con tal desgana que iba chocando contra todos los barrotes de la barandilla de la escalera del supositorio.
¿Si fuese una bomba explotaría? No lo sé. Imagino que la alarma de un móvil es más efectiva que un golpe, aunque no estoy seguro, a pesar de mi cara y disfraz de culpable.
Viajo junto a la ventana, pero al lado de la cocina. Huele a una mezcla de queroseno y comida de plástico que antes era gratis y en bandeja. La gente habla en voz alta de lo bien que se lo ha pasado estas vacaciones. Por fin el avión se pone en movimiento, pienso en la mochila, oteo por encima de un bosque de cabezas, a la caza del gordo, sin llegar a atraparlo. Aire.
Viajo sin equipaje, sólo con esta libreta, un libro que ya he leído, varios rotuladores de punta fina (miedo, miedo a quedarme sin tinta como me he quedado sin ti) y una camisa de manga larga con olor a embutido, marisco, medallones de merluza, ternera y tarta real. Café y puro. Plástico. Mentira.
Tengo cara de culpable y cuando paso por los detectores de metales sudo bajo la mirada estúpida y atenta de un tipo con uniforme que amenaza con ponerse sus guantes de látex.
Las ventanillas de la cabina de un supositorio están cubiertas con papel de periódico. Unos ingleses lo señalan y ríen. Ríen y lo señalan, unos ingleses de pelo blanco y piel rosada. Ríen mientras esperan de pie que abran las puertas del autobús y pisar el asfalto (como un chicle).
Y la verdad es que todo podía haberse acabado. Lo pensé (pensé que nunca llegaría a esta ciudad, que nunca volvería y menos sin ti, Laura. Y menos buscándote, Lau) cuando subía las escaleras del avión detrás de un gordo, obesidad mórbida, que zarandeaba una bolsa de deporte y no me asusté (porque sería un final menos doloroso) porque la llevaba con tal desgana que iba chocando contra todos los barrotes de la barandilla de la escalera del supositorio.
¿Si fuese una bomba explotaría? No lo sé. Imagino que la alarma de un móvil es más efectiva que un golpe, aunque no estoy seguro, a pesar de mi cara y disfraz de culpable.
Viajo junto a la ventana, pero al lado de la cocina. Huele a una mezcla de queroseno y comida de plástico que antes era gratis y en bandeja. La gente habla en voz alta de lo bien que se lo ha pasado estas vacaciones. Por fin el avión se pone en movimiento, pienso en la mochila, oteo por encima de un bosque de cabezas, a la caza del gordo, sin llegar a atraparlo. Aire.
Viajo sin equipaje, sólo con esta libreta, un libro que ya he leído, varios rotuladores de punta fina (miedo, miedo a quedarme sin tinta como me he quedado sin ti) y una camisa de manga larga con olor a embutido, marisco, medallones de merluza, ternera y tarta real. Café y puro. Plástico. Mentira.
Tengo cara de culpable y cuando paso por los detectores de metales sudo bajo la mirada estúpida y atenta de un tipo con uniforme que amenaza con ponerse sus guantes de látex.
Comentario:
Palabras que gritan amor, búsqueda, desconsuelo... y como colofón un poema de T.S. Eliot:
"Y todo es siempre ahora. Las palabras se esfuerzan,
se agrietan y a veces se rompen, bajo la carga,
bajo la tensión resbalan, se deslizan perecen,
se deterioran de imprecisión, no se quedan en su sitio,
no se quedan quietas. Voces chillonas
regañando, burlándose, o meramente charloteando,
las atacan siempre. La Palabra en el desierto
es atacada sobre todo por voces de tentación,
la sombra que grita en la danza funeral,
el ruidoso lamento de la quimera desconsolada".
"Y todo es siempre ahora. Las palabras se esfuerzan,
se agrietan y a veces se rompen, bajo la carga,
bajo la tensión resbalan, se deslizan perecen,
se deterioran de imprecisión, no se quedan en su sitio,
no se quedan quietas. Voces chillonas
regañando, burlándose, o meramente charloteando,
las atacan siempre. La Palabra en el desierto
es atacada sobre todo por voces de tentación,
la sombra que grita en la danza funeral,
el ruidoso lamento de la quimera desconsolada".
Comentario:
Yo también me sumo, aquí estamos, esperando...
Comentario:
Me sumo a lo que dice Kamikace, eso: junta letras y siembra palabras...
Comentario:
Últimamente este blog se actualiza menos que Cine de Barrio. Anímeseme, don Pedro. Junte letras.
Comentario:
Otro fin de semana...que llega y una semana que se va sin leerte...aún así disfrutalo! :D

Comentario:
Nunca me acostumbrare a que desaparezcas en un supositorio con alas, rumbo... muy lejos de aqui.
Comentario:
Buen fin de semana...mi queritdo escritor;)

Comentario:
me gusto,la esencia de paranoia es muy interesante, y el final inconcluso me gusta, pero creo que le faltan algunos detalles(por desgracia no se cuales ya que no soy muy bueno en esto)...suerte...
Comentario:
...un supositorio, que vuela, y encima con alas (pobre del culo...); de regreso en una ciudad de chicle, buscando el "algo" más importante perdido (verbo en primera persona que nos llena de culpa)... Son tiempos de tragedia amigo mío.
No sé..., tal vez si cambias "perdido" por un: "vuelvo a tu encuentro Lau"
saludos
No sé..., tal vez si cambias "perdido" por un: "vuelvo a tu encuentro Lau"
saludos
Comentario:
Nunca he podido acostumbrarme a ese paso...a ser revisada con la mirada, es algo que me puede, es algo que me enfría la piel, entre otras cosas.
Un biko.:)
Un biko.:)







