Cuenta atrás
10
- Podemos ir a un hotel.
- Conozco uno aquí al lado.
- ¿Lo has hecho otras veces?
- Nunca.
- ¿Cuánto llevas con tu novio?
- Más de nueve años. ¿Y tú?
- Cinco.
Mario y Raquel caminan por la arena. La noche es oscura, ninguna estrella, ningún satélite; las únicas luces provienen de los coches, escasos, que a esas horas circulan por el Paseo. Los faros iluminan intermitentemente la playa, la espuma de las olas que se rompe y se cuela hacia el subsuelo, empapando la arena.
9,5
- Ha hecho buen día.
- Sí, parece que llega la primavera.
- Hoy había gente en la playa.
- ¿Estuviste?
- No, que va. A la hora de comer…
- ¿Estás seguro?
- ¿De qué?
- De lo del hotel.
- Bueno, sí… no.
- Y si…
- ¿Y si…?
- Total…
- Podíamos dejarlo para otro día.
- ¿Tú crees?
- Tienes razón.
Mario es un poco más alto que ella, ella camina a pasos un poco más cortos que él y mueve la nariz como una ardilla. Cuando hablan no se miran y, en los silencios, furtivamente, aprovechan sin que el otro se llegue a dar cuenta.
- ¿Entonces?
- No sé.
Ríen, nerviosos. No tienen nada que perder. Parece fácil: dos desconocidos que se atraen, dos desconocidos que no volverán a verse y van a compartir una noche de hotel.
- ¿Tu ciudad es parecida?
- ¿En qué? La gente es muy distinta: allí todos caminan mirando el suelo y con prisas. Hace calor y, en verano, es imposible estar en la calle de día.
Mario la mira. Espera que ella diga hacia donde ir. Se han recorrido toda la playa, un muro de piedra les impide seguir avanzando. Pueden volver sobre sus pasos, hacer el camino de vuelta hasta la discoteca. Otra vez.
- Yo estuve. De pequeña. Vivíamos en casa de una tía mía. Recuerdo que había un parque cerca y cacas de perro.
- ¿Cacas de perro? Conozco el parque.
Raquel no se ríe, gira sobre sí misma y empieza a caminar en dirección contraria. Mario la sigue, algo desilusionado.
- Lo que más me gusta de aquello es que nadie te conoce.
- Lo que más me gusta de esto es que nadie me conoce.
- Claro, llegaste ayer.
- Hoy.
- Y te vas mañana por la mañana.
- Y no creo que vuelva. ¿A ti te gustaría visitarme?
- ¿Y tu novia?
9
Sus miradas chocan, a medio camino de sus rostros, en un punto insignificante en la oscuridad de la noche, en una playa iluminada a ráfagas por coches que no van a ninguna parte.
- ¿Aquello qué es?
Mario señala un disco de luz que aparece periódicamente por encima de los edificios hacia los que caminan.
- La Torre. ¿La conoces?
- No me ha dado tiempo. Apenas he tenido tiempo de comer.
- ¿Te gusta tu trabajo?
- Sí. ¿Y a ti?
- También… creo.
- ¿Sí o no?
- A veces. No me creo eso que dicen de que el trabajo realiza y demás. Es un invento de los jefes. Lo único que quieren es que te metas en una hipoteca para que no puedas dejar el trabajo. Los bancos son unos ladrones.
- ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
- Seis años, ¿por?
- No hablas como los demás que he conocido.
- Lo sé. ¿Y eso te gusta?
- Eso y más cosas. Tu iniciativa… y que puedo hablar contigo como si te conociera de siempre.
- A mi me pasa lo mismo.
- Eso es peligroso.
- ¿Por?
- Me podrías romper el corazón.
- Eres muy gracioso.
- Lo digo en serio.
- Podemos ir a un hotel.
- Conozco uno aquí al lado.
- ¿Lo has hecho otras veces?
- Nunca.
- ¿Cuánto llevas con tu novio?
- Más de nueve años. ¿Y tú?
- Cinco.
Mario y Raquel caminan por la arena. La noche es oscura, ninguna estrella, ningún satélite; las únicas luces provienen de los coches, escasos, que a esas horas circulan por el Paseo. Los faros iluminan intermitentemente la playa, la espuma de las olas que se rompe y se cuela hacia el subsuelo, empapando la arena.
9,5
- Ha hecho buen día.
- Sí, parece que llega la primavera.
- Hoy había gente en la playa.
- ¿Estuviste?
- No, que va. A la hora de comer…
- ¿Estás seguro?
- ¿De qué?
- De lo del hotel.
- Bueno, sí… no.
- Y si…
- ¿Y si…?
- Total…
- Podíamos dejarlo para otro día.
- ¿Tú crees?
- Tienes razón.
Mario es un poco más alto que ella, ella camina a pasos un poco más cortos que él y mueve la nariz como una ardilla. Cuando hablan no se miran y, en los silencios, furtivamente, aprovechan sin que el otro se llegue a dar cuenta.
- ¿Entonces?
- No sé.
Ríen, nerviosos. No tienen nada que perder. Parece fácil: dos desconocidos que se atraen, dos desconocidos que no volverán a verse y van a compartir una noche de hotel.
- ¿Tu ciudad es parecida?
- ¿En qué? La gente es muy distinta: allí todos caminan mirando el suelo y con prisas. Hace calor y, en verano, es imposible estar en la calle de día.
Mario la mira. Espera que ella diga hacia donde ir. Se han recorrido toda la playa, un muro de piedra les impide seguir avanzando. Pueden volver sobre sus pasos, hacer el camino de vuelta hasta la discoteca. Otra vez.
- Yo estuve. De pequeña. Vivíamos en casa de una tía mía. Recuerdo que había un parque cerca y cacas de perro.
- ¿Cacas de perro? Conozco el parque.
Raquel no se ríe, gira sobre sí misma y empieza a caminar en dirección contraria. Mario la sigue, algo desilusionado.
- Lo que más me gusta de aquello es que nadie te conoce.
- Lo que más me gusta de esto es que nadie me conoce.
- Claro, llegaste ayer.
- Hoy.
- Y te vas mañana por la mañana.
- Y no creo que vuelva. ¿A ti te gustaría visitarme?
- ¿Y tu novia?
9
Sus miradas chocan, a medio camino de sus rostros, en un punto insignificante en la oscuridad de la noche, en una playa iluminada a ráfagas por coches que no van a ninguna parte.
- ¿Aquello qué es?
Mario señala un disco de luz que aparece periódicamente por encima de los edificios hacia los que caminan.
- La Torre. ¿La conoces?
- No me ha dado tiempo. Apenas he tenido tiempo de comer.
- ¿Te gusta tu trabajo?
- Sí. ¿Y a ti?
- También… creo.
- ¿Sí o no?
- A veces. No me creo eso que dicen de que el trabajo realiza y demás. Es un invento de los jefes. Lo único que quieren es que te metas en una hipoteca para que no puedas dejar el trabajo. Los bancos son unos ladrones.
- ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
- Seis años, ¿por?
- No hablas como los demás que he conocido.
- Lo sé. ¿Y eso te gusta?
- Eso y más cosas. Tu iniciativa… y que puedo hablar contigo como si te conociera de siempre.
- A mi me pasa lo mismo.
- Eso es peligroso.
- ¿Por?
- Me podrías romper el corazón.
- Eres muy gracioso.
- Lo digo en serio.
Comentario:
8......?
7.....?6....?5....?4....?3...?2....?1....?0..?...serán los corazones los que atan a los lugares?
7.....?6....?5....?4....?3...?2....?1....?0..?...serán los corazones los que atan a los lugares?
Comentario:
Aún quedan unos cuantos números para agotar la cuenta atrás... No sé, a mí la idea me estaba gustando...
Comentario:
Me gusta mucho.También a mí como a Ber me parece escrito desde "otro lugar" de tí. No estaría mal que una vez que ya disfrutamos del final abierto nos dijeses como sigue...Un beso.
Comentario:
Me gustó. me parece que has escrito con otra parte del cuerpo/del cerebro que otras veces.
Conjugar el verbo "amor" no es fácil. Éste lo bajo y lo guardo,...
más!
...
besos y abrazos
Conjugar el verbo "amor" no es fácil. Éste lo bajo y lo guardo,...
más!
...
besos y abrazos
Comentario:
me gustó lo del final abierto, así cada uno le arma su final.
como siempre es un placer leerte.
beso
como siempre es un placer leerte.
beso
Comentario:
Muy bueno Pedro!!!
¿A quien no le han roto el corazón? ¿Pero acaso eso es motivo para evitar el riesgo y lanzarse a la aventura? El corazón tiene la capacidad de resistir muchos remiendos.
¿A quien no le han roto el corazón? ¿Pero acaso eso es motivo para evitar el riesgo y lanzarse a la aventura? El corazón tiene la capacidad de resistir muchos remiendos.
Comentario:
... y como sigue?
Comentario:
Me gusta, creo que es el que más me gusta. No me preguntes porqué, pero es el que más me gusta. Muy bueno.
Comentario:
Curioso...muy curioso. :)








